El altar de muertos es una dádiva muy particular que sirve para dar la bienvenida a las almas que vendrán a recoger las memorias de olores y sabores que disfrutaban en vida. Estos altares van cargados de muchos recuerdos, misticismo, luz, color y devoción, pero además llevan elementos significativos que deben estar presentes.
Veladoras. El significado de las velas es la luz. Se considera a la flama como la guía para las ánimas, la fe y la esperanza. La forma y color en que se colocan también puede llevar cierto significado. Hay quienes ponen en cruz las velas para representar los puntos cardinales y pueden ser moradas o blancas, e incluso en algunos altares se coloca una vela para cada difunto.
Flores. El aroma y los colores de las flores simbolizan la festividad y la armonía, el olor que despiden los pétalos se considera un bálsamo para el alma que llega de visita.
Agua. Su significado tiene que ver con la pureza y simboliza la vida. Además se dice que se ofrece agua para mitigar la sed del ánima que emprendió su travesía.
Papel picado. El elemento aire se representa con el papel de colores, así como la alegría y la festividad.
Copal e incienso. La oración se sublima con las fragancias del incienso o copal que además, limpian el ambiente para que el alma visitante pueda volver a su antigua morada sin ningún contratiempo.
Petate. Este se coloca a manera de mantel, y representa la mesa y la cama donde el alma puede descansar.
Pan de muerto. El alimento por excelencia que no puede faltar. Su forma circular simboliza el ciclo de la vida y las protuberancias los huesos y la forma en cruz en la que están colocados, son los cuatro puntos cardinales.
Calaveritas de azúcar. Representan a la muerte.
Sal. Se coloca generalmente una cruz de sal y representa la purificación.
Figura de izcuintle. Con la ayuda del perro izcuintle, las almas cruzan el caudaloso río antes de llegar al Mictlán. Es el compañero guía, que acompaña a las ánimas en su último viaje.
Fotografía. La foto del difunto generalmente se coloca para dedicar la ofrenda a la persona o personas que ya murieron y vendrán a disfrutar de su altar.
Licor. Las bebidas preferidas de las personas, que generalmente degustaban para brindar, también se colocan en las ofrendas como símbolo de festividad.
Cada comunidad o familia le agrega algún otro elemento, pero estos se consideran los imprescindibles, igual que las viandas que se preparan para este singular festejo.
























Sin embargo la Noche de las Ánimas en Janitzio, Michoacán va mucho más allá de una celebración.
La fusión de creencias entre la vida y la muerte cobra un significado mucho más profundo en el interior de un cementerio porque no son ritos momentáneos los que se hacen, sino creencias muy arraigadas que las familias preparan con meses de anticipación.
Lo que se ve sobre tumbas y mausoleos son obsequios y honores cargados de recuerdos, de reflexión y cariño que los vivos ofrecen a sus deudos. Por más fulgurante y bello que se note el panorama, lo que hay debajo de esas lápidas son restos de personas que yacen, que amaron y fueron amados, que alguna vez fueron padres, madres, hermanos o hijos.
Hay mucha expectación por ser costumbres cargadas de energías y lo que puede ser para algunos un ritual lógico que se haga una vez al año, para otros nos puede parecer conmovedor e impresionante. La convicción de todas esas personas llevando la imagen y viandas preferidas de sus seres queridos, para que en esencia disfruten por única vez en el año lo que les gustaba comer y hacer en vida… ¡es extraordinario!
Aquella vez, al pasar junto a una de las sepulturas cubierta de flores y memorias, una de esas familias nos invitó a mi esposo y a mí a escuchar historias de quien en carne y hueso ya no estaba presente pero que con los recuerdos estaba más vivo que nunca. Nos sentimos profundamente honrados de que a nosotros, un par de extraños con cámara en mano, nos hubieran invitado para compartir con ellos un café y muchos relatos.
El culto a la muerte en Janitzio es distinto, parece más hermético… más dramático. El espacio es muy breve, ni siquiera suficiente para los propios familiares que velan a sus difuntos.
El camposanto se ve luminoso oliendo a flores y frutas pero esas tumbas vestidas de fiesta, parecen llorar en silencio. Algunos esperaban la hora de las ánimas tapados de pies a cabeza y recostados sobre la lápida de su ser querido, sin reparar en los ajenos visitantes que pisoteaban el poco espacio que quedaba para pasar.
Ya en punto de las 12 de la noche el sonido de la campana de bronce repica por toda la isla, anunciando la hora de los muertos. Más gente llega al panteón a esa hora y se amontona para presenciar el momento. Las veladoras bailan al son del viento que pasa helando los rostros de los que estamos ahí mientras una luna acuosa mira callada desde lo alto.




















