A la mañana siguiente, temprano, Navarro llegó a la casa de Ramón, tocando la puerta, sin respuesta alguna. Desconcertado, Raúl vio el chat con Ramón donde solo venía su mensaje de «Ya voy pa'llá» de él, y un «Va! :D» de Ramón, por lo que decidió llamarle de inmediato y, aunque entraba la llamada, nadie respondía.
Preocupado, el fortachón sacó la llave que don Mario le entregó el día anterior y abrió la puerta, viendo la casa vacía, pero escuchando que había música a todo volumen al final del pasillo, justo en la recámara del tigre. Raúl cerró la puerta y caminó rápido hacia aquel espacio.
Al entrar, se encontró con Ramón, sobre el suelo, haciendo lagartijas con fuerza y rapidez. El tigre estaba desnudo, salvo por un bóxer ajustado, su cola estaba erizada y algunas gotas de sudor caían por su cara al suelo. El felino jadeaba con fuerza mientras subía y bajaba con los brazos.
— ¿Compa? — expresó Raúl, confundido.
— ¡Bro! — se emocionó el tigre, girando para ver a su amigo, casi saltando para ponerse de pie y mostrar que tenía las pupilas dilatadas y una enorme erección bajo sus calzoncillos.
Raúl se impresionó mientras Ramón, notándose ansioso, se acercó de inmediato a su amigo para abrazarlo con fuerza, incluso frotó su cara contra la del hombre, una y otra vez de forma insistente, mientras que Raúl, al tocar la piel del tigresote, percibió algo extraño.
— Mi papá me dijo que te dio una llave de la casa — mencionó Ramón, sin soltar a Navarro —. Qué chido que la usaste ahorita, porque la verdad no escuché que tocaras.
— Será por la música — Raúl estiró la mano y logró apagar el mini estéreo de Ramón —. ¿Te sientes bien?
— Como nunca — Ramón jadeaba al oído de su amigo —, quiero bañarme contigo, bro — sin esperarlo, Raúl sintió que le lamían el cuello con lujuria.
— Wow, quieto ahí tigre, estás... — Raúl se soltó del abrazo, dejando sus manos en el pecho de Ramón — éstas muy caliente y... — su mirada se posó en la virilidad del tigre — rígido.
— No sé qué me pasa — Ramón luchaba por controlarse —, ya me la jalé tres veces, pero sigo cachondo. Ayer mi 'apá pensó que tenía fiebre y me dio un paracetamol, dormí bien, pero hoy amanecí así de duro — el bóxer tenía una mancha obscura y densa de líquido preseminal —. Estoy haciendo ejercicio desde hace rato pa' distraerme, creo que ya hice doscientas lagartijas, pero no se me pasa.
— Esto es muy extraño — consideró Raúl posando una mano en su barbilla —. Si fuera fiebre estarías cansado, en cama — Raúl sintió como Ramón le abrazaba por atrás y frotaba su cara y verga contra su cuerpo, preocupándolo — Aguanta, campeón — rió con nervios, separándose — No creo que esto sea normal, pero ahora que lo recuerdo... — Raúl sacó su celular —. La doctora me dio el contacto de un médico, guardé su número, le marcaré de una vez.
— Bro... — el felino intentó acercarse, pero Raúl le detuvo con una mano en la cara.
— Intenta tomar asiento, campeón. Cuenta hasta cien. Ya estoy marcando.
Ramón se sentó en la cama, abriendo y cerrando las piernas con insistencia, mientras su amigo llamaba.
— Bueno, hablo con... — el hombre se despegó el celular de la oreja y revisó el nombre del contacto — ¿el doctor Flavio? ¿Sí? Saludos, doctor, habla Raúl Navarro, — se presentó — Obtuve su número de la doctora Benítez y necesito de su ayuda. Tengo un amigo que se convirtió en agreste hace poquito, unos días atrás, y hoy amaneció con el cuerpo muy caliente, pero no es fiebre, de hecho, se nota muy activo y... — Raúl miró a Ramón, jadeando, mirándolo con deseo — y está un tanto... cachondo, demasiado excitado, incluso tiene una prominente erección que no se baja con nada — pausó — Sí, aquí está. Permítame — Navarro alejó el celular de su oído y puso el altavoz —. Listo, doctor. Mi amigo lo escucha, se llama Ramón.
— ¡Ramón Martín, pa' servirle, doc! — gritó enérgico el tigre al celular.
— Saludos, señor Ramón, me comenta su amigo Raúl sobre sus síntomas. ¿Desde cuándo está así? — preguntó Flavio, analítico.
— Empecé desde la madrugada — respondió Ramón tallándose el pene por arriba del bóxer.
— Comprendo, ¿y hace cuantos días que se volvió agreste?
— Tendrá unos dos días, doctor — respondió Raúl.
— Entiendo. Bueno, por fortuna no es nada grave — aseguró Flavio con tono serio —. El señor Ramón Martín está entrando en estrus. Por lo general, es una etapa con la que lidian todos los agrestes jóvenes y que aprenden a controlar conforme crecen, como usted se volvió agreste de golpe, puede que sienta que la sensación le supera.
— ¿Estrus? — preguntó Raúl.
— Sí, es algo que solo ocurre con los machos agrestes. Está en celo, para ser concretos. Son tres días en los que estará así — informó Flavio, desconcertando al par.
— ¿Tres días en celo? — cuestionó Ramón, jadeando, con el pene comenzando a dolerle de lo duro que estaba.
— No se preocupe, con un simple calmante ligero estará más cómodo, hay pastillas de valeriana que son muy eficaces en los agrestes, se venden en cualquier farmacia y con una sola al día podrá sentirse mejor. Otra opción, según su caso es que, si se tiene a alguien dispuesto, una sesión de apareamiento ayudará a tranquilizarlo — Raúl y Ramón se miraron fijo, sonrojándose —. El primer estrus es el más complicado, pero una vez superado, ya no tendrá inconveniente alguno y será solo un día más, con mucha energía, para usted.
El par se miró y antes de decir nada, Raúl retomó.
— ¿Me repite el nombre de las pastillas para anotarlas?
Raúl apuntó mientras que, Ramón reflexionaba, pensativo, ensimismado.
— Gracias por su tiempo, doctor Flavio. Disculpe la molestia — agradeció Navarro.
— Para nada, ser agreste es una característica única, pero puede tener algunos desafíos para adaptarse, cualquier cosa puede llamarme o visitarme, junto con mis compañeros, a PecariaCo, somos una asociación sin fines de lucro que se encargan de ayudar a los agrestes. Una vez que estén más tranquilos, no olvide considerar una desparasitada y vacunas contra la rabia.
— Lo tendré en mente, doctor. Muchas gracias.
La llamada terminó y al girar el rostro, Raúl encontró a su amigo, quieto, con cientos de ideas en la mente.
— ¿Estás bien, campeón? — preguntó viendo el repentino cambio de su compañero.
— Si... sí, estaré bien — mencionó el tigre a su amigo, fingiendo tranquilidad.
Entre el par, un momento incómodo de silencio emergió.
— Tu caso parece simple, campeón — Raúl intentó bromear — ¿No tienes una novia que pudiera ayudarte para... relajarte?
Ramón soltó una leve carcajada, desconcertando a su amigo.
— Nunca he tenido novia, bro — expresó el tigresote.
Raúl lo miró a los ojos, reflexionando, y notó que la cola de su amigo se había ocultado alrededor de la cintura, sus orejas estaban caídas y sus manos temblaban con cierta vergüenza. Navarro, comprendiendo, tomó asiento en la cama, junto a Ramón y, con respeto, le abrazó pasando un brazo por su cuello.
— Creo que el beso de la otra vez debió darme una pista — reflexionó —, pero, solo para estar seguro... ¿Eres de los machos que le gustan otros machos? — preguntó con cortesía.
Ramón tomó aire y asintió, un poco apenado.
— Eso explica muchas cosas — el hombre soltó un par de risas suaves mientras acariciaba la espalda de su amigo.
— ¿No te molesta?
Raúl soltó a Ramón y cruzó los brazos, levantando la cara para pensar.
— Al principio fue... raro — reconoció —, pero... conforme pasaba más tiempo contigo, pensé que solo era un tonto juego entre machos. Ya sabes, para sacar el estrés y así.
Ramón al fin sonrió.
— Bueno, pues... ¿Qué te parece si... yo te ayudo? — sugirió Navarro, sorprendiendo al tigre.
— ¿A ti te atraen los machos? — cuestionó Ramón Martín a su amigo.
Raúl volvió a pensar.
— No negaré que siempre he sentido curiosidad — se sinceró —. Cuando era morrito jugué con algunos de mis compañeros — continuó —, nada de besos, solo masturbadas — intentó explicarse —, me la pasaba bien, la verdad — sonrió —. Luego, en el gimnasio, en las duchas pasaba de todo, nos agarrábamos las vergas, nos las tallábamos en el trasero, nos toqueteábamos los huevos o a veces agarrábamos a uno y lo masturbábamos a la fuerza para ver que tanto disparaba — recordó con cierta pena, después bajó la mirada y su voz adquirió seriedad ——. Pero, con lo de ayer... — pausó, meditativo.
— Bro... — Ramón tomó aire, sacó el pecho y miró a su amigo directo a los ojos — tú me gustas.
Raúl escuchó las palabras, sereno, paciente, reflexivo, después, miró a Ramón, el tigre le había abierto su corazón y la verdad estaba expuesta. El hombre tomó un momento para pensar mientras que el tigre, impaciente, esperaba una respuesta de aquel que tanto admiraba. Sin soportar más el largo silencio, Ramón bajó las orejas y giró el rostro, lejos de su amigo.
— Perdona... No... no debí decir eso — el tigre estaba muy avergonzado.
— Nunca consideré mi vida al lado de un vato — la declaración golpeó el corazón de Ramón Martín, quien luchaba por fingir que nada ocurría —. De hecho, yo ya he tenido sexo con mujeres, y la idea de hacerlo con un hombre, no me llama la atención — esta vez el tigre no pudo ocultar su tristeza, cuando, para su asombro, sintió que Raúl le tomaba de la mano mientras le abrazaba —. Pero... siendo sincero, he disfrutado mucho de las experiencias que he tenido contigo, y no me refiero solo a las duchas y las deslechadas — de nuevo, el par se miró a los ojos, frente a frente —. Al parecer no dejas de poner mi mundo patas pa'rriba, campeón. No importa cuantos muros alce, siempre encuentras la forma de romperlos — con calma, pasó de nuevo su brazo por el cuerpo de su amigo y le abrazó con cariño.
— No quiero obligarte a nada, bro. Ni que lo hagas por lástima.
Raúl vió que Ramón agachaba la cabeza y, de inmediato, con suavidad, le tomó del mentón y le levantó para verse a los ojos.
— Jamás haría algo así — le aseguró —. Si quieres, considéralo como un favor entre amigos.
— Ya no quiero amigos — Ramón se levantó de la cama con firmeza, miró a Raúl confundido y, dispuesto a todo, se arrodilló frente a él y le tomó la mano, desconcertándolo — Bro, yo sé que eres un macho hetero, pero... — Ramón tragó saliva y, mirándole a los ojos, se llenó de valor — ¿Quieres ser mi novio?
Raúl permaneció sereno, su amigo iba por todo y lo demostraba con una inmensa determinación. Tras un breve instante, respondió.
— Yo... Necesito pensarlo, compa — Ramón Martín agachó la cabeza, pero, al momento, Raúl se levantó y jalándolo, lo puso de pie, junto a él, sonriéndole con sinceridad — Dame hasta esta noche, pero, pase lo que pase, no te desharás de mi tan fácil — confesó, haciéndole una llave, despeinando y haciendo reír a su amigo —. Tengo que irme, compa, tengo un cliente aquí cerca, y de paso te compraré los calmantes que te recetó el doctor Flavio.
Navarro soltó al tigre, se miraron y ambos se abrazaron con fuerza, oliendo el aroma natural del uno del otro. La cola de Ramón se movía, mientras su miembro punzaba ante la erección que no cesaba. El par podía oler el deseo del otro.
— Tendré tu respuesta esta noche — repitió —, solo dame un poco de tiempo, por favor.
— Gracias, bro.
Raúl partió y dejó solo a Ramón, quien al poco rato retomó sus ejercicios y su erección de campeonato. El tigre hizo lagartijas, series de veinte y, antes de llegar a la meta, una llamada entró a su teléfono, sorprendiéndolo al ver el nombre en la pantalla.
— ¿Mauricio? — se preguntó, para luego contestar con una sonrisa — ¿Bueno? ¡Mau! ¡Que milagro, wey! ¿Cómo estás?
— ¡Hey! Súper bien, cabrón. ¿Tú qué tal? ¿Ya me olvidaste?
— ¿Cómo me voy a olvidar del mejor levantador de pesas de la escuela? — preguntó, feliz, distrayéndose, echándose de espaldas contra la cama.
— Me parece bien que no lo hayas hecho, pooooorque, estoy de regreso en la ciudad.
— ¿Neta? ¡Qué chido! — exclamó Ramón con felicidad.
— ¡A huevo! Es solo por unos días y por eso te llamaba. ¿Tienes tiempo para una chela?
— Ufff, hace rato que no tomo, eh, no me tientes — respondió el tigre, animoso.
— Una no es ninguna, Ramoncito. Ándale, te vas a sorprender cuando nos veamos.
— Pues... creo que no seré el único — consideró Ramón viendo su mano naranja.
— Anda, cabrón. Siempre fuimos muuuuuuy buenos amigos, te veo en un rato en el bar de siempre, ¿va?
— ¡Va!
Ramón colgó la llamada y, emocionado, comenzó vestirse para salir.
No comments yet. Be the first!