ECOTOPÍAS. Son tiempos de creer y de crear

El futuro que necesitamos y deseamos ya existe, solo que tan a pequeña escala y tan disperso geográficamente que no resulta fácil de percibir. Las modestas experiencias comunitarias, así como las políticas más innovadoras, son la mejor fuente de inspiración para moldear futuros deseables.

Ecotopías recopila muchas de estas iniciativas y nos muestra la importancia de relatos e imágenes que nos permitan visualizar nuevas formas de organizar la vida en común para encarar exitosamente la crisis ecosocial. Imaginar un mundo mejor es el primer paso para poder hacerlo realidad.

Acaba de publicarse este nuevo libro con la editorial Litera.

Disponible: AQUÍ

Cortocircuitar la desconfianza y empujar la cooperación público-comunitaria

Artículo publicado en Climática

Un conocido experimento de psicología social introducía a dos personas completamente normales en la misma habitación. Previamente les habían dicho, a cada una por separado, que iban a sentarse junto a alguien extremadamente violento, pero que no se preocuparan porque era un entorno controlado y el equipo de investigación estaba atento ante cualquier imprevisto que pudiera suceder.

Al estar fuertemente condicionadas por los prejuicios, acudían al encuentro en estado de alerta y dispuestas a interpretar cualquier gesto como una amenaza de agresión. El resultado era previsible, las parejas entablaban conflictos de forma muy rápida. El diálogo y la colaboración se tornaban imposibles por las ideas preconcebidas con las que llegaban a ese encuentro. No resulta exagerado afirmar que existe una desconfianza similar entre las administraciones públicas y las entidades sociales o los tejidos comunitarios.

Una lógica que debemos cortocircuitar para salvaguardar la democracia y adaptarla a las exigencias que demandan las transiciones ecosociales. La cooperación público-comunitaria puede ser la llave que abra las puertas que todavía no existen, y nos llevan hacia las inaplazables transformaciones de nuestro modelo socioeconómico. Una fórmula con alta potencialidad transformadora que busca fortalecer de forma combinada la acción directa y la institucional. Un marco de relación en torno al que desarrollar políticas públicas no estadocéntricas y construir una autonomía que no reniegue de interactuar y coproducir con el Estado, como plantea el reciente informe que hemos elaborado desde el Foro Transiciones.

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Entrevista a Roman Krznaric tras publicar «Historia para el mañana»

Entrevista publicada en CTXT

Roman Krznaric (Sídney, 1971) es miembro fundador del cuerpo docente de The School of Life en Londres y asesor en materia de empatía de organizaciones como Oxfam y Naciones Unidas. Un filósofo público que escribe sobre el poder de las ideas para cambiar la sociedad. Su último libro es Historia para el mañana. Mirar al pasado para caminar hacia el futuro (Capitán Swing, 2025). Tras crecer en su ciudad natal y Hong Kong, Krznaric estudió en las universidades de Oxford, Londres y Essex, donde se doctoró en Sociología Política. Es fundador del primer Museo de la Empatía del mundo, investigador de la Long Now Foundation y miembro del Club de Roma. 

En el libro se presenta como un embajador del pasado que se apoya en historiadores profesionales, de cara a recordar aprendizajes que puedan resultar útiles ante los desafíos que enfrentamos. El poeta español Gabriel Celaya decía que la poesía era un arma cargada de futuro. ¿También lo sería la historia?

Sí, me veo a mí mismo como un tipo de embajador, porque no soy un historiador profesional, aunque he estado interesado en trabajar con la historia durante décadas. Mi tesis doctoral fue sobre la oligarquía y la guerra civil en Guatemala. Y para entenderlo tuve que comprender la historia colonial latinoamericana, 300 años de historia. Así que veo la historia, en lugar de la poesía, no tanto como un arma pero sí como una inspiración. No ofrece un modelo perfecto de cómo debería ser el mundo, pero nos dice que podemos hacer las cosas de manera diferente. Por ejemplo, la democracia representativa, tal y como funciona hoy, nos falla cuando se trata de abordar la emergencia climática, regular la Inteligencia Artificial o abordar cuestiones como la desigualdad. ¿Por qué confiar en este sistema para resolver estos problemas? 

La democracia representativa nos falla cuando se trata de abordar la emergencia climática, regular la IA o abordar cuestiones como la desigualdad

Así que pienso, mirémoslo desde el espejo retrovisor, veamos otras formas en las que ha operado la democracia a lo largo de la historia. Y acudimos al pasado, a la antigua Grecia. Allí tenían los sorteos, sacaban nombres de una caja y te podía tocar decidir sobre determinadas cuestiones relacionadas con la polis. Prácticas que han inspirado las iniciativas de democracia deliberativa, como las asambleas ciudadanas por el clima.

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La esperanza va a llamar a tu puerta

Artículo publicado en Info Libre

Siempre me ha cautivado la imagen del enorme elefante de los circos de antaño, atado al suelo desde pequeño con un clavo del que no podía soltarse. El fracaso continuado le llevaba a dejar de intentar escapar. Adulto, ya no intenta arrancar ese clavo, que haría saltar sencillamente de una patada; ha aprendido a resignarse.

A este fenómeno en psicología se le denomina indefensión aprendida. Un estado en el que las personas, tras experimentar repetidamente situaciones negativas incontrolables, aprenden a no intentar cambiar la realidad. Los esfuerzos invertidos no influyen en los resultados obtenidos, por lo que se impone la pasividad, la desmotivación y la sensación de impotencia ante el futuro.

La construcción mediática de la realidad son martillazos en el clavo que nos ata, refuerza nuestra percepción de incapacidad para intervenir en el mundo. La sobreexposición a informaciones negativas siembra desconfianza en las capacidades que tenemos para hacernos cargo de una realidad problemática. Una pista de aterrizaje para la cultura distópica, que nos repite en distintos formatos, como todo está perdido y la catástrofe es inevitable.

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«Safaris humanos»: Pedagogía de la crueldad y cultivo de la empatía en Sarajevo

Artículo publicado en CTXT

Hay noticias que te golpean como un puñetazo, te impactan y no dejan de merodear por tu cabeza durante un tiempo. A mí me ha pasado con la historia de los “safaris humanos” en Sarajevo, que se dieron durante el despiadado asedio que sufrió la ciudad. El más prolongado en la historia de la guerra moderna, pues duró casi cuatro años, entre 1992 y 1996. Además de dejar una ciudad devastada, los bombardeos y los francotiradores mataron a más de doce mil personas, de las cuales el 85 % eran civiles.

El escritor Enzio Gavazzeni ha investigado en profundidad cómo centenares de personas acudían los fines de semana en viajes organizados, que simulaban llevar ayuda humanitaria, para asesinar impunemente a desconocidos. Pagaban enormes sumas de dinero por apostarse con fusiles francotiradores en las colinas que rodean la capital bosnia y disparar a civiles desarmados. Matar bebés y niños era más caro, los siguientes en la tarifa eran los hombres uniformados y después las mujeres, a las personas mayores se les podía matar gratis.

El perfil de quienes acudían a disfrutar asesinando eran hombres ricos e influyentes: notarios, abogados, ejecutivos o empresarios, así como simpatizantes de la extrema derecha. La mayoría provenía del norte de Italia, pero también de otros países, incluida España. Mataban sin mancharse, con suficiente distancia como para deshumanizar al objetivo, con suficiente proximidad como para disfrutar del poder de quitar una vida.  

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La mano visible. Cooperativismo, mercado y transiciones ecosociales.

Artículo publicado en el interesante Dossier de REAS Ideologías transformadoras y economía solidaria. Intersecciones y retos.

“A lo largo de la historia, las economías que han florecido son aquellas en las que los acuerdos se sellan con un apretón de manos. Sin confianza, cada participante mira a su alrededor para ver cómo y cuándo van a traicionarle sus interlocutores”. Joseph E. Stiglitz

Unas manos entrelazadas son el símbolo que asociamos a la idea de la ayuda mutua. Un gesto que suele utilizarse para reflejar la solidaridad entre dos o más personas. El apretón de manos es uno de los actos físicos más relevantes que existen de comunicación no verbal, sirve para marcar de forma ritual el comienzo o el final de una interacción cómplice. En las manos reside el sentido del tacto y representan una forma de poner el cuerpo, de establecer un compromiso.

La “mano invisible” es la metáfora del mercado, describiendo su fantasiosa capacidad para autorregularse. No hace falta ser responsables y empáticos pues el bien común se construye de forma no intencional, sin arreglos institucionales y sin exigir incómodos procesos de deliberación y acuerdo. Las acciones individuales impulsadas por el interés particular contribuyen al bienestar general, un elogio del egoísmo y el individualismo.

Una sociedad con mercado es aquella donde este es un mecanismo relevante para asignar bienes y servicios, pero no determina la organización económica y social. En contraste, una sociedad de mercado se caracteriza por la penetración profunda del mercado en casi todos los mecanismos que permiten la reproducción de la vida. Las manos entrelazadas del cooperativismo llevan casi dos siglos sosteniendo un pulso a las manos invisibles del mercado y nunca han sido doblegadas. La transición ecosocial representa un escenario que inevitablemente demandará fortalecer el musculo social frente al mercado, echándonos manos unas a otros.

El socialismo y los primeros pasos del cooperativismo moderno

No soy lo que soy, soy lo que hago con mis manos. Louise Bourgeois

Las experiencias de propiedad colectiva y de gestión comunitaria de ciertos bienes han sido una constante a lo largo de la historia. Las prácticas de colectivización de recursos naturales o de medios de producción fabriles, el cooperativismo y la construcción de patrimonio popular, forman parte de nuestra existencia y de las trayectorias que han marcado el rumbo de nuestras sociedades. Una genealogía infravalorada, desconocida e invisibilizada en los relatos oficiales.

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Menos es más y más es diferente

Artículo publicado en la Revista Mercurio

Hace décadas que la producción de mercancías se desligó de la satisfacción de necesidades y en los países enriquecidos el consumo paso a convertirse en una forma de organizar la sociedad. La publicidad dejó de hablar sobre los atributos de los objetos que pretendía vendernos para contarnos historias capaces de moldear nuestros intereses y preferencias. Sus relatos canalizan el deseo, movilizan el sentido de pertenencia y nos dice que lugar ocupamos en la pirámide social, mientras nos llevan a ir aceptando, encantados o a regañadientes, que somos lo que consumimos.

Las marcas nos marcan, los cazadores de tendencias siguen el rastro y mercantilizan los usos y costumbres de las minorías rebeldes. La moda se impone como un mecanismo de obsolescencia estética programada que incentiva el despilfarro. No importa la calidad de los objetos pues usarlos de forma intensiva está mal visto, es cosa de pobres. La reparación se vuelve contracultura. Lo imprescindible es que la rueda del mercado siga girando y no se frene.

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Gran Apagón: farolas, linternas y centros de resiliencia comunitaria

Artículo publicado en Climática

No somos la caricatura antropológica que cotidianamente dibujan muchos medios de comunicación e industrias culturales. No somos la fiera reprimida que se descontrola en cuanto la normalidad se quiebra. No somos ese homo economicus egoísta que se mueve mediante un cálculo permanente de coste beneficio. Somos mucho mejores.

El apagón del pasado lunes 28 de abril supuso a grandes rasgos un enorme ejercicio de civismo, de resignación lúdica y paciente, de profesionalidad y compromiso de quienes trabajan en los servicios públicos. Acariciamos la catástrofe, pero no se consumó.

No saber todavía las causas no nos exime de pensar las consecuencias. Algunas políticas, como garantizar un mayor control público de un sector estratégico o rediseñar la arquitectura de la red eléctrica para profundizar en la transición hacia las renovables; otras económicas como democratizar el modelo; y unas sociales que se han quedado fuera de la conversación, pues esta vez no las hemos necesitado. Me refiero al desarrollo de mecanismos de resiliencia comunitaria con capacidad de intervenir ante este tipo de fenómenos disruptivos.

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El espíritu del 47 o la necesidad de narrarnos victorias

Artículo publicado en Infolibre

«Contar» puede reducirse a enumerar cantidades o referirse al arte de relatar historias. Las narraciones construyen la forma en la que vemos el mundo e inciden sobre cómo intervenimos en él, al elaborar y compartir relatos sobre otras vidas nos predisponemos a vivir de otra manera. Hoy vamos a hablar de dos películas sobre el pasado que nos ayudan a comprender el presente y pueden servir para inspirar nuestra mirada al futuro.

En 2013, Ken Loach dirigió un documental llamado El espíritu del 45, donde mostraba la vuelta a casa de la clase obrera británica, tras haber participado de la derrota del nazismo. Y su firme voluntad de regresar al mismo lugar con la determinación de no vivir como antes, en condiciones de miseria. La victoria electoral del laborismo desembocó en las políticas públicas que cimentaron el Estado del Bienestar: se nacionalizaron los hospitales privados y se garantizó la sanidad pública universal, se construyeron 850.000 viviendas en cuatro años, se nacionalizaron las minas, los ferrocarriles y más de 600 compañías energéticas. El ministro de Salud y Vivienda, Aneurin Bevan, proclamó: «hemos sido los soñadores, hemos sido los sufridores y ahora somos los constructores».

El año pasado, Marcel Barrena estrenó El 47, una película que muestra cómo las poblaciones procedentes del éxodo rural construyeron literalmente las periferias de las grandes urbes de nuestro país. Casas bajas levantadas de forma cooperativa y luchas colectivas para dignificar la vida de estos barrios. La película narra la historia de Manolo Vital, habitante del barcelonés barrio de Torre Baró y líder sindical en la empresa municipal de transportes. El protagonista se enfrenta a las autoridades que se negaban a llevar el transporte público a esta zona de la periferia, argumentando que era imposible por el mal estado de sus calles estrechas, curvadas y empinadas. En una acción colectiva coordinada junto al movimiento vecinal local, algo difuminado en la película, este conductor secuestró un autobús articulado de la línea 47 y lo llevó a Torre Baró para desmontar las afirmaciones institucionales. Un gesto que desencadenó la llegada del transporte público al conjunto de los barrios periféricos.

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Huertopías. Ecourbanismo, cooperación social y agricultura.

Acabo de publicar en la editorial Capitán Swing este libro, al que he dedicado muchas horas de trabajo durante los últimos años. Lo puedes solicitar en cualquier librería, pero preferentemente proyectos independientes y de barrio.

La crisis ecosocial supone una amenaza sin precedentes de urbicidio, destrucción del entorno construido y desarticulación de las comunidades que lo habitan. Ante la certeza de un futuro próximo donde viviremos con menos recursos, menos energía y en entornos ambientalmente más adversos, amar las ciudades pasa por asumir las complejas y radicales transformaciones que plantea la agenda del ecourbanismo. La agricultura urbana se ha convertido en una herramienta indispensable para impulsar estos cambios. Metáfora de la creatividad social, la capacidad ciudadana para devolver el valor de uso a espacios abandonados, del cuidado de la naturaleza en la ciudad o de las posibilidades de relocalizar, democratizar y ecologizar los sistemas alimentarios.

Los huertos durante las crisis dan de comer, pero especialmente ayudan a mantener la esperanza, siendo fragmentos de orden cuando todo se encuentra patas arriba, zonas verdes que crecen gracias a la luz en tiempos oscuros, proyectos de futuro cuando el presente se vuelve insoportable. Huertopías nos invita a imaginar muchos de estos cambios arraigando en las experiencias de agricultura urbana más inspiradoras. Un esfuerzo por anclar lo utópico a prácticas que anticipan, de forma imperfecta pero habitable, anteproyectos de ciudades más justas, convivenciales y ecológicas. Huertos comunitarios, granjas urbanas, terapias hortícolas en hospitales, zonas de cultivo en escuelas o en bibliotecas, en cárceles o en campos de refugiados. Bosques comestibles, viñedos urbanos, azoteas y otras plantaciones que desafían al hambre y la desigualdad, juntan personas y movilizan comunidades, provocan cambios culturales y reverdecen el espacio público.

Enlace a la editorial: AQUÍ