Estrabismo polarizado y 8 Españas climáticas

Artículo publicado en CLIMÁTICA

Vivimos tiempos informativamente vertiginosos. Somos prisioneros de la última hora, padeciendo una obsolescencia comunicativa en la que todo acontecimiento envejece rápidamente. Irremediablemente lo urgente termina eclipsando a lo importante.

Hace unas semanas, vivíamos una acelerada sucesión de informaciones significativamente relevantes para el futuro (caso Errejón, DANA, victoria de Trump en las elecciones en Estados Uniddos…) que coincidieron con la publicación del informe Las 8 Españas Climáticas del colectivo Bla Bla Lab. Un documento que, fuera del entorno de quienes trabajan en temas de comunicación, ha pasado más desapercibido de lo que se merecía.

El título nos invita a superar la idea de las dos Españas, problematizando la existencia de dos grandes bloques polarizados. Estos atraen nuestra mirada, volciéndola estrábica e impidiendo a nuestros ojos alinearse en una misma dirección. Esta investigación nos ayuda a desterrar la descripción de una realidad descrita en azul y rojo, cómo si lleváramos unas antiguas gafas de 3D. Su propuesta es una segmentación de la población en 8 grandes grupos con una presencia significativa en la sociedad. Analiza el peso generacional y de género, el posicionamiento sobre el cambio climático, los valores y los estilos de vida de cada grupo, y cómo aproximarse a ellos.

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Comisariado de la exposición “Raíces y Alas. Pasado, presente y futuro de la agricultura urbana madrileña”.

Madrid enterró sus raíces agrícolas bajo el asfalto e intentó borrar su pasado campesino en nombre de la modernidad. Sin embargo, todos los años las fiestas de San Isidro nos recuerdan que tenemos a un hortelano como patrono de la ciudad. Esta exposición nos muestra que la agricultura nunca abandonó del todo Madrid, nos cuenta en imágenes una historia arrinconada en sus riberas, arrabales y solares.

Un hilo invisible conecta a lo largo del tiempo los principales episodios en los que comunidades locales y movimientos sociales sembraron en los márgenes de la historia oficial. Del pasado agrario a los huertos obreros, de la Ciudad Lineal a la agricultura de emergencia durante la Guerra Civil, de los huertos familiares que promovió la Falange a los cultivos de autoconsumo en las barriadas de chabolas, de los huertos en precario durante la transición a los huertos comunitarios, de los huertos escolares de la Institución Libre de Enseñanza a los Movimientos de Renovación Pedagógica.

En un futuro marcado por la crisis ecosocial que, inevitablemente, conllevará radicales transformaciones en las ciudades: relocalizar la economía, transición energética, adaptación climática, movilidad sostenible, renaturalización, cambios en los estilos de vida… Un complejo puzle cuya resolución integrará la agricultura urbana como una pieza insustituible.

Hemos comisariado esta exposición para el Ayuntamiento de Madrid, con la complicidad de la Red de Huertos Comunitarios.

Acceso al catálogo de la exposición: AQUÍ

Pedagogías del mañana: ecología, educación y arte en las aulas

Artículo publicado en CLIMÁTICA

El escritor de ciencia ficción HG Wells solía decir que la civilización es una carrera entre la educación y la catástrofe. Y parece que vamos rezagados, la crisis ecosocial nos encamina a escenarios de discontinuidad y garantiza un futuro incierto. Los sistemas educativos deben anticiparse a los problemas y preparar al alumnado para vivir en un mundo marcado por las profundas transformaciones que se avecinan.

Una tarea que conlleva asumir la importancia de compartir nuevos conocimientos (relación entre bienestar humano y correcto funcionamiento de los ecosistemas, límites, crítica del consumismo…), habilidades prácticas (dinámicas grupales, metodologías participativas, gestión de conflictos…) o aprendizaje emocional. A esto se sumaría la importancia de transformar las arquitecturas escolares (renaturalizando patios, rehabilitando energéticamente edificios o instalando placas solares) o los criterios de compra pública para impulsar comedores agroecológicos o proveedores ambiental y socialmente responsables. Y todo esto implicando al conjunto de las comunidades educativas.

Ante la dificultad para arrancar estos procesos, el arte puede funcionar como un detonante. Un lenguaje óptimo para comunicar la crisis, mostrar alternativas y alentar una esperanza activa. Nuestra razón tiene más limitaciones de las que desearíamos admitir, los datos contrastados tienen menos poder de convicción que las emociones y las experiencias vitales significativas. La neurociencia demuestra que no hay una dicotomía efectiva entre razón y emoción; cerebro, corazón y entrañas están conectados. Somos seres sentipensantes, como decía el pionero de la investigación participativa Orlando Fals Borda.

Pedagogías del mañana es una iniciativa donde ecología, educación y arte se dan la mano. Durante dos años, la cooperativa Garúa y el MNCARS Reina Sofía hemos desarrollado un itinerario de formación al profesorado, junto a un proceso de acompañamiento a varios centros educativos de Madrid y pequeños pueblos de Aragón y Cantabria. El objetivo era elaborar una serie de creaciones culturales que permitieran especular sobre el futuro de forma esperanzadora. Personas expertas y artistas entraban en las aulas para ayudar al alumnado a conjugar realismo ecológico e imaginación. Finalmente, las obras y los procesos creativos se exponían en un encuentro presencial en el museo.

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Contra lo común. Una historia radical del urbanismo.

Reseña del libro de Álvaro Sevilla para la revista PAPELES

Al empezar a estudiar sociología, me resultó muy llamativo como algunos autores vinculaban el surgimiento de la disciplina a la necesidad de un contrarrelato capaz de enfrentarse a las ideas socialistas. En un periodo marcado por las teorías revolucionarias hacia falta oponer una narrativa que legitimara científicamente el orden social y apuntara formas virtuosas de progreso, que no cuestionaran el modelo socioeconómico. Al situar el inicio de su historia del urbanismo durante el proceso de cercamiento de las tierras comunales en Reino Unido, Álvaro Sevilla realiza un ejercicio análogo.

Este libro rastrea de forma clarividente cómo el surgimiento del planeamiento urbano es inseparable del despliegue de la racionalidad capitalista y la lucha contra los bienes comunes. Un violento proceso de desposesión en el que se subordinaron los intereses del campo a los urbanos y se ensayaron las herramientas de intervención de la disciplina (racionalización del uso de la tierra y regímenes de propiedad, transformaciones espaciales que persiguen efectos sobre los tejidos sociales, cartografías estandarizadas, consultas públicas…).

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Un test de Bechdel ecosocial

Artículo publicado en CLIMÁTICA

A mediados de los años ochenta, Alison Bechdel popularizó un método para evaluar la brecha de género existente en las historias que vemos en cine, televisión y teatro. La propuesta se plasmó en boca de un personaje de las tiras cómicas que elaboraba Unas lesbianas de cuidado, dando forma a un rápido y sencillo test que permite valorar la presencia de mujeres en las ficciones.

De cara a superar el test, la trama de cualquier relato debería cumplir tres sencillas condiciones:

  • Aparecen al menos dos personajes femeninos.
  • Tienen nombre propio y se menciona.
  • Desarrollan una conversación entre ellas que no tenga como tema un hombre.

Este test se ha convertido en un indicador de la igualdad de género en el mundo del cine, a pesar de sus imperfecciones, pues ni siquiera garantiza que las mujeres sean representadas de una forma mínimamente feminista. Lo verdaderamente fascinante es el enorme número de películas que no consiguen alcanzar ese mínimo de representación femenina. Un estudio de la BBC de 2018 calculó que ni siquiera la mitad de las películas galardonadas con un Oscar a la mejor película, a lo largo de la historia, superaba el test.

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Reencantar la mirada 

Artículo publicado en CLIMÁTICA

«Aquí hay dragones» era una expresión utilizada en las antiguas cartografías para señalar aquellos territorios inexplorados o considerados peligrosos, siguiendo la práctica medieval de poner serpientes marinas y otras criaturas mitológicas en las zonas desconocidas de un mapa. Unas décadas más tarde, según avanzaba el proceso de exploración estrechamente ligado a la colonización, los mapas comenzaron a poblarse de imágenes de caníbales cocinando humanos en ollas o barbacoas. Dibujos que no indicaban tanto costumbres gastronómicas como las zonas donde había presencia de tribus nativas que se resistían a ser sometidas.

Muchos mapas no hablan tanto de geografía como de la forma de mirar el mundo de quien los diseña. Aquellas cartografías pobladas por dragones y caníbales son documentos que narran el surgimiento en Occidente de un paradigma cultural basado en el dominio sobre la naturaleza y sobre otros seres humanos. Con el proceso de desencantar la naturaleza y deshumanizar a los ‘indios salvajes’ se desplegaba una mirada mecanicista y utilitarista; por el que, cubierto de un barniz cientifista, el conjunto del mundo se ponía al servicio del colonialismo y un incipiente capitalismo.

El exterminio, la esclavitud y la devastación ecológica a escala planetaria resultan inexplicables sin entender cómo se ha ido consolidando una forma de relacionarse con el mundo vivo marcada por el desapego y la desconexión. El escritor Ben Ehrereich lo expresaba bellamente al afirmar que «hasta que no imaginásemos el mundo como muerto, no podríamos dedicarnos a matarlo».

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Castillos en el aire y Bloques en Transición

Artículo publicado en Climática

Una de las frases hechas más populares para hablar sobre la ingenuidad o el voluntarismo hace referencia a la construcción de castillos en el aire. Siempre que oigo estas afirmaciones me acuerdo de las collas castelleras, que entrenan por toda Cataluña para levantar torres humanas que desafían a la ley de la gravedad. Castillos en el aire cuyos cimientos son enormes ejercicios de cooperación social.

Cuando un castell se derrumba, la mayor parte del impacto es absorbido por la inmensa pinya de gente que lo sostiene. Los accidentes rara vez son graves debido a la experiencia y el colchón humano que cuida colectivamente de quienes se alzan hacia el cielo. Estas asociaciones se agrupan bajo el lema Fuerza, equilibrio, valor y cordura; valores que también podrían aplicarse a la hora de enfrentar la crisis ecosocial.

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Entrevista a Kristen R. Ghodsee

Entrevista publicada en CLIMÁTICA

Kristen R. Ghodsee es profesora de Estudios de Rusia y Europa del Este y miembro del Grupo de Graduados en Antropología de la Universidad de Pensilvania. En los últimos años se ha dedicado a rastrear experimentos relacionados con formas alternativas de convivencia, de compartir nuestras propiedades o de criar a la infancia. Un trabajo que se concreta en su libro Utopías cotidianas. Lo que dos mil años de experimentos pueden enseñarnos sobre vivir bien (Capitán Swing).

Su último libro es una provocadora invitación a desnaturalizar las inercias económicas y culturales que sostienen los sistemas de opresión, apostando por recuperar un impulso utópico anclado en la importancia de las transformaciones en la vida cotidiana. Sostiene que cortocircuitar nuestras inercias culturales y desarrollar formas alternativas de convivir, comer, moverse, vestir, amar… puede provocar transformaciones más duraderas que algunos gestos de activismo público. Aunque no son incompatibles, ¿por qué lo cotidiano debería gozar de esa centralidad?

Escribí este libro en respuesta a la reacción de mi libro anterior, Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo [editado también por Capitán Swing], que se centraba en el papel del Estado a la hora de mejorar la vida de la gente y ponerla por delante de los beneficios económicos. Entonces surgían dos tipos de dudas: ¿qué sucede si los gobiernos caen en manos de líderes autoritarios contrarios a estos enfoques? ¿Y qué protagonismo podemos tener las personas corrientes a la hora de cambiar nuestras vidas?

Para responderlas acudí a la obra de Alexandra Kollontai y sus conversaciones con Lenin, durante los primeros años de la Revolución Rusa, cuando era comisaria de Bienestar Social. Ella insistía en la idea de que si no cambiaban las relaciones en la esfera privada, los cambios en la esfera pública no funcionarían. No le hicieron caso, fue ignorada, pero creo que estaba en lo cierto. Tiene que haber una revolución en el ámbito privado igual que en el ámbito público.

Muchos activistas, mayoritariamente masculinos, son radicales sobre cómo deberíamos reorganizar la sociedad, pero muy conservadores en sus vidas personales. Este libro plantea cómo el capitalismo se apoya en la esfera privada para funcionar. Así que intentar cambiarla implica abordar políticamente cuestiones como la convivencia, los cuidados, la crianza, la familia… y para ello resulta útil dar visibilidad a esos maravillosos ejemplos de comunidades alrededor del mundo que han intentado transformar la vida doméstica.

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Transitar de lo imposible a lo inevitable. El cambio cultural como acelerador de las transformaciones ecosociales.

Artículo publicado en el Dossier Transición Ecosocial Justa de Economistas Sin Fronteras

A mediados de los años sesenta se grabaron en Madrid algunas de las escenas más conocidas de la famosa película Doctor Zhivago. En las calles del barrio obrero de Canillas, en plena dictadura franquista, se realizó una recreación de la revolución bolchevique de 1917. La actriz Geraldine Chaplin narra la anécdota de cómo se solicitó a los figurantes que entonaran «La internacional». Sorprendentemente todo el mundo se la sabía y, amparándose en las exigencias del guion, se pusieron a cantarla a voces. Quince minutos después hacía acto de presencia la policía alarmada, mandando callar a la multitud e imponiendo que se entonara un conocido pasodoble para grabar la simulación del canto.

Unos años después en las calles de New York los Yippies, uno de los colectivos más creativos de la contracultura norteamericana, aprovecharon una concurrida tarde de primavera para repartirse por los bares y comercios de una de las calles del centro. A la hora acordada se pusieron a gritar jubilosamente que la guerra de Vietnam había acabado, y salieron a las calles a festejar la llegada de la paz. Mucha gente se sumó espontáneamente a la falsa celebración, evidenciando el apoyo que tenían las demandas del movimiento pacifista. Al cabo de un rato de desconcierto, la policía se presentaba para anunciar que todo había sido una gamberrada y que la guerra seguiría su curso.

Estos episodios nos muestran claramente como toda cultura hegemónica convive con subculturas alternativas. Siempre existen las culturas en plural, por eso importa contar múltiples historias que enriquezcan y complejicen nuestra comprensión del mundo, de forma que se amplien las posibilidades de intervenir sobre la realidad. No debemos caer en la tentación de reducir una persona, un país o una cultura, a un relato unívoco, pues al hacerlo se perpetúan estereotipos y prejuicios, limitando nuestra capacidad de entendimiento y empatía, como nos alerta la escritora Chimamanda Ngozi Adichie en El peligro de una historia única.

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Somos lo que podemos llegar a ser.

Texto publicado en el cuadernillo Redes de Cuidados coordinado por Colectivo Punt6

La agudización de la crisis ecosocial se ha traducido en un aumento de la incertidumbre y la precariedad existencial, en una dificultad proyectar nuestros proyectos vitales hacia un futuro que se ha ido volviendo cada vez más amenazador. En una sociedad marcada por el deterioro de los servicios públicos y el auge del individualismo se termina apelando a la búsqueda de soluciones biográficas ante problemáticas estructurales.

El auge del sálvese quien pueda termina por erosionar la capacidad que tenemos para cooperar y la predisposición a comprometernos en acciones colectivas. Se impone una inercia cultural que eclipsa la interdependencia sobre la que se sostiene la vida en común, ocultando nuestra responsabilidad de cuidar y nuestra necesidad ser cuidados. En estas condiciones nuestra seguridad depende de la existencia de una red comunitaria e institucional que nos de confianza y nos ayude a mantenernos en equilibrio. Somos trapecistas de la vida cotidiana. Necesitamos esa frágil malla que minimiza los riesgos, reduce la ansiedad y nos transmite cierta confianza en el presente inmediato.

Y sin embargo, este declive de las dinámicas comunitarias salta por los aires cuando acontecimientos drásticos y dramáticos, no deseados ni planificados, interrumpen la normalidad y nos obligan a adaptarnos a circunstancias muy adversas. Rebecca Solnit en Un paraíso construido en el infierno, muestra cómo cambian las prioridades y se abren huecos para que sucedan fenómenos que días antes resultaban impensables. Una inapelable constatación de que la catástrofe suele sacar lo mejor de la gente (compromiso, creatividad, solidaridad, anhelo de vida pública, sentimientos comunitarios…), de que las situaciones de emergencia pueden ofrecer fugazmente escenarios donde predomina el cuidado de la vida y las lógicas prosociales. Espontáneos y forzosos ensayos de que otros mundos son posibles y deseables.

Una muestra reciente serían las redes vecinales de ayuda mutua que surgieron de forma espontánea durante la pandemia en barrios y pueblos. Centenares de iniciativas se volcaron en organizar despensas comunitarias, donar o prestar dispositivos tecnológicos para atender a las clases on-line de los colegios, montar roperos solidarios, evitar el aislamiento, apoyar emocionalmente a personas afectadas por la soledad no deseada, pasear mascotas, apoyar en trámites administrativos, asesorar legalmente, orientar laboralmente o denunciar incumplimientos en materia de derechos sociales.

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