La movida es que ya lo dijeron muy clarito Fassbinder y Houllebecq, y después de eso los adalides de la tolerancia me podéis comer el rabo. Aquí lo que importa es la cama, el sexo, y si te follas o no te follas a tu perversión exquisita del tercer mundo. Las cosas son lo que son y van como van. Entre “Todos nos llamamos Alí” y “Plataforma” hay apenas un paso, un matiz, una náusea ideológica, pero al final cobramos los veintemil de la casilla de salida. Hasta Borroughs se pasó una larga temporada en los prostíbulos del Irán pre-Jomeini llevándose a la entrepierna a una legión de efebos exquisitos en una levedad mariposona y drogadicta. Y lo que no sabemos.
La historia es que en el estudio algún iluminado ha montado un puesto de comercio justo para que palmemos más pasta por productos que nos limpien la conciencia ideológica. Café justo, en fin, y todos esos iluminados de Amnistía Internacional o del vegetarianismo que se avergüenzan bochornosamente de pertenecer al primer mundo, vamos no me jodas. Totalitaristas feminazis inoculándote un complejo fálico a fuerza de decisiones políticas vaginocráticas, expertos predicadores de la piedad que cierran su puerta y se felicitan por lo bien que les huele el sobaco.
Estoy con una resaca histórica, tirado en una habitación de hotel, y me pregunto ciertas cosas importantes. La primera de ellas es la capacidad irónica de concebir un mundo en el que legiones de adolescentes acuden a las salas de cine para sumergirse en pornografía emocional o violencia explícita. La segunda es la concepción del lenguaje como herramienta de destrucción del prójimo, y muy específicamente, de mi pequeña gran clase: el hombre blanco burgués. La tercera es el descubrimiento deslumbrante e impagable de las producciones de Digital Playground (en especial “Nurses” y “Teachers”, dos obras maestras de la postmodernidad), infinitamente mejores que todas esas mierdas que nos llegan a Interzona de León de Aranoa, Icíar Bollaín y otros guardianes del olor solidario.
Lo único que me tranquiliza es saber que cada día, así entre tu y yo, el conflicto de Japón, Gadafi, Aminatu Haidar, Corea, Haití… nos la sudan.




