Raúl-Pérez-Iparra // Dirty – Numb – Angel

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Lady Tink, Robyn, y el fin de occidente

Algunas cosas me hacen sentir especialmente miserable. Hace apenas unos segundos, por poner un ejemplo, me cruzo con Lady Tink por los despachos de Sonidos de Interzona, la bendita empresa que nos da de comer, de beber y de drogarnos a la sección de not-so-young técnicos y especialistas en la cosa. Me cruzo con Lady Tink, ya digo, que se aproxima antes de tiempo a mis erecciones primaverales luciendo una camiseta blanca de pobre, camiseta blanca de mercadillo bajo la que asoman los dos enormes pechos nutricios o así.

Lady Tink me sonríe tristemente, como sorprendida en su propia estupidez, y quizá recuerda -desde luego, yo lo hago- el momento en el que me la encontré cruzando el puto párking con ese imbécil mucho más joven, atractivo y musculado que un humilde servidor. Y hablamos. Qué tal todo, qué tal todo.  Ay, si hubiera invertido el mismo tiempo, dinero y energía en machacarme en el gimnasio de las buenas intenciones en vez de estar encerrado en garitos sin ventilación escuchando a Depeche Mode. Jódete, occidente, y jódete también, Raúl Pérez Iparra. El caso es que Lady Tink me sonríe con una tristeza de cachorro decapitado y me recuerda, como sin ganas, que hace ya un par de semanas prometí que le pasaría los últimos compactos de Robyn. Por supuesto, of course my darling Clementine, pero eso fue eones antes de que acabara al borde de un colapso nervioso encerrado en el cubículo de mi pequeño Micra, viéndote pasar con aquel imbécil como si la luna del coche se hubiera convertido en una mala pantalla de cine, llena de polvo, escarcha y cagadas de paloma. Jódete, Raúl Pérez Iparra, ya digo.

Me siento especialmente miserable, y en el intercambio del Body Talk -esa especie de potlacht ponzoñoso-, me sonríe otra vez como desganada, como traicionada, como si yo no estuviera aquí dispuesto a pagar una y mil veces todas las Fantas del mundo. Pero no. Aquella se marchará con mi música, se liará reverencialmente el canuto de antes del canuto, y pasará una noche de lunas oxidadas en los brazos de aquel otro tipo.

Este fin de semana va a ser demoledor. Ya puedes jurarlo.


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