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Cruel Intentions

(a blog post also known as The Games People Play)

In recent weeks, I've had the opportunity to ponder the ways in which people interact with one another in a variety of settings, but mostly within the scope of romantic or romantically-oriented relationships.

For context, I shall say that even though I'm no spring chicken, I haven't been involved in that many relationships. I did get married awfully young, and nothaving dated long (not just the person I married, but dated in general) I never really had to sit at home wondering when someone would call. It was, quite simply put, a boy-likes-girl-girl-likes-him-back kind of deal. Twelve years and two kids later, I found myself in a position where I wanted to date but didn't really know how to go about it so I just didn't - who would have thought things don't happen in real life like they do on TV shows, right? There were the occasional glimpses of light at the end of the tunnel that turned out to be less than ideal but I still kept hoping. When H came along, things simply flowed. He liked spending time with me, I with him and over cups of coffee and meals we simply got to know one another; the affinity of the minds let to affinity in other areas and even though it became evident over the years that we didn't want the same things (I wanted to get married and possibly have a baby, and he wanted neither) I never really had to sit in the dark wondering.

This is why the current situation has me so perplexed.

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I think the healthiest thing for me to do is to walk away right now. But a part of me wants to at least wait until he's better, if for no other reason than to know he'll be okay.

Kindness and stupidity are two very blurry things.
  • Current Mood: pensive pensive
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Pictures of you, pictures of me

(hung up on my wall for the world to see)

It's been a whole fortnight in the New Year and there's been an awful lot going on and at the same time so little or so complex that I haven't been able to bring myself to write an update.

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Once I was able to be out and about somewhat independently, I went to the university to meet the girls I'll be playing with this weekend. We weren't able to get much of a practice going because there were only three of us and I was still too weak to run routes or anything, but it was a full moon and I had my camera with me.





Both pictures have flaws; the idea that I wanted to capture is there but the execution is not and there is something missing. I think it may be time to start looking for my next camera.
  • Current Mood: aggravated aggravated
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El arcón de mis recuerdos

(una entrada de blog en cuatro actos, algunas fotos y un montón de papeles)

Cuando era niña, en mi casa (bueno, en casa de mis abuelos) había un baúl de cedro donde se guardaban las fotografías. Era una cosa muy curiosa porque aunque las mujeres de la casa se distinguían por buscar el orden en todas las cosas, las fotografías, negativos, visores y demás estaban almacenados sin ningún sistema en particular. Las fotos de ese baúl cubrían décadas enteras. Había una foto de la abuela francesa de mi abuelo, de mi bisabuelo el capitán, de mi abuela cuando era niña, mi abuelo cuando boxeaba y cuanto era pitcher en la liga local. Fotos de la Diana (la perra de mi tío Fernando) y Conchinchín (el gato), del primer coche que compró mi madre y así todo el camino hasta llegar a las fotos (ya a color) donde ya salíamos mi hermano y yo. A mi hermano y a mí nos gustaba cada cierto tiempo sentarnos en el suelo frente al baúl y ver qué nueva foto descubríamos y pedirles a mis abuelos que nos contaran esas historias de antaño.

Algunos años después, visitando una tienda de muebles me encontré con un baúl, hecho como para decorar la habitación de una jovencita, y empecé a fantasear con la idea de comprarlo y empezar mi propio archivo de recuerdos. Costaba en aquél entonces $1,500 pesos, pero podría igual haber costado $150,000 o un millón pues la voz de mi madre se impuso ¿Para qué quieres eso? ¡Esa madera no es tan buena! ¡Solo vas a estar guardando basura! No hubiera importado el argumento de que ya mi abuelo trabajaba poco o nada en la carpintería, o lo que quería lograr con el (La idea de mis hijos o mis nietos replicando la búsqueda de historias) así que solamente lo dejé ir. Curiosamente, el baúl en cuestión se ganó un papel protagónico en la primera pieza que escribí, un cuentito sobre una jovencita soñadora, unas piñatas y el amor de sus abuelos que bien pudo haber ganado algún concurso de no ser por la generosa estupidez o la estúpida generosidad que me caracteriza.

Adelantemos la cinta todavía más años. Era el día del maestro del 2005 y Jossie llegó a mi salón con una caja de cartón, con estampado de flores. La etiqueta decía que estaba diseñada para almacenar fotografías, pero pronto se volvió el hogar de más que eso. En ella guardaba la primera credencial de elector que tuve (la única vez que he tenido una pinta decente en un documento oficial), la credencial para votar de mi abuelo (que tomé sin decirle a nadie la mañana después de su funeral), algunas manualidades de los niños, los recortes de periódico donde mencionaban nuestra participación en los torneos de tochito y la nota en plana completa anunciando que mi alumna había ganado el primer lugar en el concurso de deletreo nacional. Poco a poco se fueron agregando más cosas y seguía encontrando en el recorrido mental por ellas la misma calidez que cuando lo hacía de pequeña. Cuando me mudé a Puebla, no pude traer la cajita conmigo al principio y cuando por fin me mandaron su contenido en una bolsita de plástico (supuestamente la caja se rompió en algún momento), la sagacidad de la persona que me ayudaba a limpiar en ese entonces derivó en que todos esos recuerdos fueran tirados a la basura sin más.

Con eso llegamos al día de ayer. Buscando unos papeles importantes, me dí a la tarea de vaciar y reacomodar los libreros de la sala. De entre los libros fueron saliendo pequeños recuerdos de los últimos años, cosas que he ido guardando sin darme cuenta. Encontré boletos de conciertos, setlists autografiados, llaveros, algunas cosas un poco más lejanas, otras muy recientes. No encontré los documentos que buscaba, pero por lo mientras he colocado todos estos recuerdos en un solo sitio. Creo que ha llegado el momento de conseguir otra cajita.

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Reflexiones a la sombra de un árbol



Ya el campo estará verde
Debe ser primavera
Cruza por mi mirada
Un tren interminable
El barrio donde habito
No es ninguna pradera
Desolado paisaje
De antenas y de cables


Sucede que a veces estar tendida sobre una manta, escuchando Danzón No. 2 y viendo hacia el cielo a través de las copas de los árboles te lleva por caminos mentales insospechados. Este domingo en particular, el camino mental me llevó a mi abuelo.

Don Fernando Serna Domínguez era un caballero en toda la extensión de la palabra; vestía siempre una guayabera y un pantalón, el cabello repegado hacia atrás con Brylcreem azul, y oliendo siempre a Vetiver, cedro y xochicuáhuitl. Siempre fue un hombre parco en sus despliegues de afecto, y sin embargo ni por un momento dudé que me quisiera.

A punta de no pensar en Córdoba una vez que partí, los recuerdos de él se han hecho cada vez más nebulosos y ahora que necesito evocarlos se rehúsan a salir — la memoria es una amante celosa y también nos pasa factura. Batallo un poco con ella, pero al final cede y renuente me deja saber que las tardes de domingo permanecen: la misa de 1 con toda la familia en la Inmaculada Concepción (que ahora ya es Catedral), la vuelta a paso lento por el Parque de las Palomas (no se llama así, pero ese no es el punto) y la comida en el Virreynal. Me habla quedito de las tardes en el sofá de la sala que él hizo con sus propias manos, viendo al Toro Valenzuela, o a Hugo Sánchez, de los sábados por la noche que podía quedarme despierta un poco más tarde sentada en sus piernas mientras veía el box. Lo recuerdo, cuando el Alzheimer ya había hecho lo suyo pero aún tenía momentos de claridad, y hacíamos que nos contara la historia de la vez que de niño disparó un fusil dentro del cuartel.

Sonrío, y a la par las lágrimas se asoman a mis ojos, porque la emoción está ahí pero la imagen no. No es que esté triste porque ya no lo tengo; solamente dejo que el amor me invada y después se vaya tras de él. La melancolía, argumento más para mi beneficio que para el tuyo, me deja sentir todo un poco más intensamente.
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Son las 3 de la mañana y no puedo dormir

(o ¿qué pedo con las articulaciones de la gente que quiero?)

Anoche me fui a dormir relativamente temprano (vaya, ni siquiera había acabado el SNF), pero tuve un sueño demasiado vívido, demasiado intenso y en una de esas vueltas que da uno sobre la cama sentí claramente como no me iba a poder quedar en él. Veinte minutos después aquí estoy, porque ya es obvio que seguir rotando sobre mi eje no va a ser productivo.

Un poco por inercia, entro a Facebook y veo por sus posts y subsecuente entrada en el blog que Magda tampoco puede dormir. Encuentro tan irónico, tan WTF, tan no- sé-qué que en el intervalo de 8 semanas dos personas "cercanas" (en un momento más quedará claro el uso de las comillas, espero) a mí hayan sufrido accidentes parecidos y en este momento se encuentren, además de limitadas en su movilidad de manera temporal, danzando al borde de un hoyo negro anímico sin que yo pueda hacer nada más que esperar. 

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De los tickets de Walmart y otros demonios

Siempre me he jactado de tener una muy buena memoria; sin embargo esto a veces no es una cosa tan buena como uno podría pensar.

Regresemos un poco, a fin de tener contexto y que esto tenga sentido. En alguna de las últimas entradas de este journal en 2011 intentaba justificar mi ausencia escrita diciendo que a veces era más fácil escribir algunas cuantas palabras crípticas en Facebook o Twitter que tener que ahondar en los recovecos de mi mente por aquí. Curiosamente, en el último par de meses la función de "memories" de Facebook me ha vuelto a mostrar algunos de esos "estados" tan crípticos a los que me refería y encuentro que en muchos de los casos puedo recordar claramente qué era lo que pasaba por mi mente o por qué había escogido ciertas palabras tan cuidadosamente — llegando incluso a experimentar la misma emoción como si el tiempo no hubiera pasado. "Hay noticias que a uno no debieran darle en ayunas", por ejemplo me devolvió el mismo balde de agua fría que experimenté la mañana de jueves que el GD me anunciara que se casaría. Pero bueno, estoy empezando a desviarme del tema.

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De viaje (literalmente)

No sé bien en qué consiste, pero hay algo acerca de tener que viajar que me produce una cierta inquietud. No es reciente, eso lo tengo claro a partir de echarle una ojeada a algunas de mis entradas anteriores en LJ, pero quizá si se ha visto un poco más exacerbado de algún tiempo para acá.

Es un poco una sensación de estar olvidando algo importante, un poco la idea en la parte de atrás de mi cabeza de que es ~aquí~ donde necesito estar y otro poco el pánico de pensar que puedo haber comprado el boleto al destino equivocado, llegar tarde o al aeropuerto que no era, o cualquier otra catástrofe similar.

Justo ahora me encuentro sentada en el avión, mientras aún nos permiten usar nuestros cachivaches y mientras escribo esta entrada una vocecita en mi cabeza hace el inventario de todo lo que necesito haber empacado. Quizá haya algo de mérito en esa sugerencia que me hacían hace unos meses, “No empaques, compra todo allá”. Quizá lo importante no sea pensar en cuánto me inquieta viajar, sino asumir cuánto disfruto regresar.


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De viaje

Tercera... Cuarta... Quinta... Cuarta... Tercera... 

El camino es sinuoso, pero ella lo conoce bien y eso le permite a su mente escaparse por los caminos igualmente sinuosos de su memoria. Su compañera duerme apaciblemente en el asiento de al lado, así que se deja llevar.  

No le extraña cuando vuelve a ella el día que lo vio por primera vez, y siente la sonrisa un poco boba que se asoma a sus labios. El aire algo afectado de su pose, reclinado sobre el umbral de una puerta casi hizo que lo descartara en automático; hay algo, sin embargo, que la hace dudar. Ojea las demás fotos; ciertamente aparenta varios años menos de los que declara en su perfil, pero es al final del día el disfraz que delata la afición que tienen en común lo que la convence ¿por qué no?

Amanece ya, y el sol en sus ojos la hace tener que entrecerrarlos para mantenerse en su carril. Ajusta la visera y revive la primera conversación más o menos seria que tuvieron, ya pasado el intercambio de trivialidades. "¿Qué planes tienes a dos años?" le espeta, y el café que ella sorbía en ese momento amenaza con hacerla pasar un mal rato ¿cómo podría explicarle que difícilmente puede poner en palabras lo que quiere hacer lo que resta de la semana? Ella bromea, como se defiende siempre de los momentos incómodos, y él elige no perseguir el tema mucho más. "Es conversación de temas adultos", dice. Y ella que le achacaba ser demasiado joven; el sujeto debe tener por lo menos cincuenta.

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Sólo esta noche

Después de forcejear un poco, la puerta cede y al fin ha llegado a casa. Apenas cerrar la puerta tras de ella se quita los tacones — tenía ya un tiempo de no usarlos, pero no está ni de lejos tan cansada como pensó que lo estaría al llegar el final del día. El suelo se siente fresco al tacto de sus plantas conforme ella se dirige al baño. Extiende su mano, buscando el interruptor, y enciende la luz.


Parpadea un momento, un poco por el cambio en la iluminación de la habitación, pero un poco más por la imagen que el espejo le muestra. No es con frecuencia que usa maquillaje, pero lo hizo el día de hoy y no puede sino admitir que incluso el poquito que puso aquí y allá marca una diferencia. No se deja llevar por la idea, y con parsimonia empieza a quitarlo todo con un pequeño algodón.


'Ah, ahí estás', murmura a su reflejo.


Camina ahora hacia su habitación, los eventos de la noche asomando nuevamente a su mente. Los aleja de ella con un ademán, hasta que la pila de ropa en su cama hace imposible evadirlos. Recargada en el marco puede ver todos los atuendos que se probó antes de elegir el que trae puesto ahora, todo porque quería verse bonita para él esta noche.


Empieza a guardar todo otra vez en su armario, y su mente regresa a lo sucedido apenas hace unas horas, tratando de descifrar en él, en sus gestos y sus palabras lo que estaba pensando. No pudieron hablar mucho, y ciertamente para ella es muy difícil descifrarlo, sobre todo entre tanta gente.


¿Sería que él la notó? ¿Habría podido deducir que su apariencia era para él? No lo sabe, pero sólo por esta noche va a permitirse creer que sí. Se recuesta en la cama, cierra los ojos, y se deja ir.