Miriam la Profetisa – Beshalaj

La primera vez que la Torá menciona la palabra “profeta” es en relación con una mujer que entonó alabanzas al momento de abrirse el mar… Interesante, ¿no?

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Rabanit Jana Braja Seigelbaum

Posteado en 28.01.26

EL CÁNTICO DE LAS MUJERES JUNTO AL MAR

La Torá describe el cántico de Miriam y de las mujeres después del cántico de Moshé y de los hombres junto al mar:
“Miriam la profetisa, hermana de Aharón, tomó el pandero en su mano, y todas las mujeres salieron tras ella con panderos y danzas” (Shemot/Éxodo 15:20).

¿Por qué la Torá repite todo el primer versículo del Cántico del Mar al describir el cántico de Miriam y de las mujeres que la acompañaron? El Malbim explica que el cántico de las mujeres se menciona por separado para enfatizar que el Éxodo tuvo lugar por su mérito. Las mujeres de esa generación, por lo tanto, recibieron su propia profecía junto al mar.

MIRIAM LA PROFETISA

La Torá llama a Miriam “la profetisa” en el momento de la apertura del mar, y el Talmud la enumera como una de las siete profetisas (Meguilá 14a). Miriam profetizó que su madre daría a luz a un hijo que redimiría a Israel. Cuando nació Moshé y la casa se llenó de luz, su padre se levantó, la besó y le dijo: “Hija mía, tu profecía se ha cumplido”. Pero cuando lo pusieron en el Nilo, su padre se levantó, la golpeó en la cabeza y le preguntó: “Hija mía, ¿qué será de tu profecía?”. Por eso está escrito: “Y su hermana se colocó a lo lejos” (Shemot 2:4), para saber cuál sería el desenlace de su profecía.

Según el Talmud, no está claro por qué Miriam fue llamada profetisa junto al mar y no antes del nacimiento de Moshé, cuando profetizó originalmente. Etz Yosef explica que solo al culminar el Éxodo se cumplió plenamente la profecía de Miriam. Rabenu Bejaie señala que Miriam es la primera persona a la que la Torá llama profeta. La primera vez que la Torá menciona la palabra “profeta” es en relación con una mujer, para enfatizar el alto nivel que alcanzaron las mujeres junto al mar, como está escrito: “Una sierva junto al mar vio más que el profeta Yejezkel ben Buzi” (Mejilta, Beshalaj 3).

El Kli Yakar coincide en que Miriam se convirtió en profetisa en el momento de la apertura del mar, ya que las mujeres merecieron ver la Shejiná en ese instante. Tocaron panderos y danzaron para atraer el espíritu de profecía, pues la Presencia Divina solo reposa sobre nosotros cuando estamos llenos de alegría (Shabat 30b).

Rabenu Bejaie concluye que asuntos fundamentales de la Torá suelen expresarse a través de mujeres. Por ejemplo, el concepto del “Mundo Venidero” es llamado “haz de vida” por Avigail, la esposa de David (1 Shmuel 25:29). Jana, la madre de nuestra plegaria, enseñó el concepto de la resurrección de los muertos (1 Shmuel 2:6) y el orden de la oración. La reencarnación es aludida por la mujer sabia de Tekóa (2 Shmuel 14:14). Todos estos ejemplos demuestran la importancia del papel de la mujer en la Torá.

LAS MUJERES Y LOS PANDEROS EN EL DESIERTO

“Todas las mujeres salieron tras ella con panderos y danzas”.
¿Cómo es que las mujeres tenían panderos en el desierto? Las mujeres justas de esa generación confiaban en que Hashem realizaría grandes milagros durante el Éxodo, y por eso llevaron panderos consigo desde Egipto (Rashi, Shemot 15:20).
¿Por qué traer panderos desde Egipto es un acto de justicia?

Imaginemos la escena del Éxodo. Durante las últimas tres generaciones, Egipto había sido el hogar del pueblo judío. Sus pertenencias se habían acumulado. La mayoría de sus objetos tendrían que quedar atrás, ya que salían con tanta prisa que ni siquiera tuvieron tiempo suficiente para que el pan fermentara. Solo podían llevar lo que entrara sobre el lomo de los burros.

Normalmente, cuando una mujer empaca para un viaje prolongado, debe pensar en comida, ropa, utensilios, ropa de dormir, etc. En una situación de alta presión como la del Éxodo, cuando apenas hay tiempo para lo esencial, es lógico que la espiritualidad y la necesidad de alabar a Dios queden relegadas. La grandeza de las mujeres judías en Egipto fue comprender que no había nada más esencial que traer a Dios al centro de la escena. Del mismo modo, si no hacemos de Dios el centro de nuestras vidas, nada más tiene verdadero sentido.

FE Y ALABANZA

La mayoría de las personas busca a Dios solo cuando se encuentra en peligro o atravesando dificultades. Las mujeres judías en Egipto sabían alabar a Hashem también en los momentos de alegría. Aunque es natural enfocarse en lo negativo y temer lo desconocido, ellas alabaron a Hashem no solo por la salvación presente, sino también por la futura redención que ya visualizaban.

A diferencia de los hombres, que temían profundamente al ejército del faraón que se aproximaba, las mujeres permanecieron firmes en su fe, superando la prisa, la presión y el peligro. Mientras los hombres se quejaban ante Moshé diciendo: “¿Acaso no había suficientes tumbas en Egipto para que nos sacaras a morir en el desierto?” (Shemot 14:11-12), las mujeres confiaban plenamente en la inminente liberación milagrosa de Dios. Al salir de Egipto, no empacaron solo lo necesario para la supervivencia física, sino que llevaron consigo sus instrumentos espirituales: los panderos con los que alabarían a Hashem por los milagros.

EL CÁNTICO DE LOS MILAGROS Y DEL PERDÓN

La palabra hebrea para “danzas” es mejolot. Esta palabra también significa perdón. El Midrash concluye que quien alaba a Dios con canto por un milagro que le fue concedido se convierte en una nueva creación, con todos sus pecados perdonados (Yalkut Shimoni, Shemot 15, 254).

Rabí Simjá Sizel explica que la Torá repite un versículo completo al describir el cántico de Miriam, ya que no podía haber una comprensión más profunda que la que tuvieron los judíos junto al mar. Cuando Miriam repitió: “Cantemos a Hashem…”, estaba impregnada de la profundidad de una nueva comprensión. Por eso se considera como si hubiera creado un cántico completamente nuevo. Los panderos y las danzas de todas las mujeres se santificaron, y cada palabra de los versículos de su cántico fue renovada.

De aquí aprendemos que cuando nuestras acciones están impregnadas de sentimiento profundo, comprensión, fe completa e intención sincera, tienen la capacidad de transformar y renovar lo antiguo.

En la misma línea, celebramos Shabat, Pésaj y Sucot para internalizar el cambio que Dios introdujo en el orden de la creación con el Éxodo, y para renovar nuestra comprensión y fe en Hashem, Creador y Gobernante del mundo. Cantar es más que leer o decir una idea. Cuando una persona canta, puede internalizar un concepto intelectual, conectarlo con sus emociones e integrarlo profundamente en todas las dimensiones de su ser. Al alabar a Hashem mediante el canto, comprendemos Su grandeza desde una perspectiva renovada y renovamos nuestra relación con lo Divino. Este proceso de renovación total en la mente y en las emociones nos transforma en un ser nuevo, cuyos pecados anteriores son perdonados.


Rebbetzin Jana Braja Siegelbaum es directora de Midreshet Be’erot Bat Ayin, en Gush Etzión.
Este artículo es un extracto de su libro Women at the Crossroads: A Woman’s Perspective on the Weekly Torah Portion, reseñado por The Jerusalem Post, The Jewish Press, Voices Magazine, GoodReads, WordPress/JewishPress y otros.

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