Mis amigos psiquiatras señalan que el punto sintomático de la mentira y su locura está en que alguien considere creíble que desde Europa, por ejemplo, se soliciten los espectáculos de una imitadora de figuras televisivas argentinas de los años 70 y 80.
Lo del Papa perdonando a todo el mundo no es un chiste, es un mensaje para los miles de italianos que se mueren cada día sin posibilidad de la extremaunción y cree que la vida es algo más que abrazar gatitos y la especular con el valor del dólar.
Lo que ocurrirá, dicen mis amigas psicólogas, es que una enorme cantidad de resentidos y subnormales descubrirá que, aún arrasando lo que creían que los hundía en el resentimiento y la subnormalidad, y aplastando a casi todos al alcance, seguirán siendo resentidos y subnormales.
El potencial presidente Milei soplando una vela que no puede ser apagada anticipa a la perfección su comprensión errada de la realidad, su total desconocimiento de lo más elemental de la vida social, etcétera.
Tantos lectores de Sarlo quizás les hagan saber a los editores locales que el ensayo argentino es un género valioso que amerita apostar por asuntos más sofisticados que manuales de psicología barata para solos y solas, autoayuda feminista o la biografía del político del semestre.
Un mural gigantesco dedicado al coronel Muammar Gadafi, en plena Buenos Aires, amerita la transgresión de subir fotos a Twitter como si no bastara la angustiante necesidad de reconocimiento visual en Instagram.