Mi abuela contrató en secreto un mariachi para su funeral. Cuando llegaron uno de los mariachis preguntó “¿y la festejada?” No nos habíamos reído en semanas. Ese fue su regalo de despedida.
¿Cómo va a ser banal celebrar la vida que termina?
Otro ejemplo terrible de la banalidad de la muerte son los velatorios: tú vas a un tanatorio y la gente ríe, habla, cotillea, fuma y se comporta casi como en cualquier otro lugar o circunstancia. De pequeño me chocó mucho, lo veía antinatural, irrespetuoso. Luego comprendes






