Como homenaje al bicentenario de la fotografía, la exposición propone un recorrido que va desde la imagen analógica hasta las tensiones de la unidad digital, a través de una instalación audiovisual e interactiva.
El proyecto toma como punto de partida la botella de Klein, una figura de la topología —rama de las matemáticas— que permite pensar el espacio y las superficies por fuera de la intuición cotidiana.
Este grupo trabaja en la intersección de las artes visuales con la danza y la performance. Proponen formas de investigar los modos de hacer en comunidad y las relaciones sociales que se tejen en lo cotidiano.