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UN FANTASMA RECORRE EUROPA

Comico Marx 1

UN FANTASMA RECORRE EUROPA

de : Luis Britto García

Reproducccion autorizada por el autor

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Un fantasma recorre Europa. El hombre que ha matado tantos hombres ahora mata el tiempo en un pub en Soho, catando apenas la cerveza tibia que es un espectro del revoltoso ron que tanto contrabandeó por el Caribe. Para el viejo continente y el anciano bucanero empieza el otoño. La vejez y el frío  calan desde la piel curtida al corazón endurecido. Es el momento de recapitular sobre una vida más retorcida que la estela de una nave conducida por un timonel novato. Capitán electo de una comunidad de filibusteros en Barataria. Indultado por el presidente James Madison por su defensa de Nueva Orleans contra la invasión inglesa. Corsario en virtud de patente expedida por los patriotas independentistas de la Gran Colombia. Oficialmente difunto, pues para disfrutar en paz de recuerdos bien ganados y botines mal habidos fingió su propia muerte en 1823. Como quien lleva una bitácora, Jean Lafitte anota en su diario: “Siempre me he sentido inquieto, insatisfecho y he ansiado un cambio universal de la actitud del hombre hacia el hombre. Personalmente nunca he pasado hambre ni sentido necesidad alguna, pero jamás he sido como mucha gente que se contenta con vivir entre cuatro paredes, sin interesarse en lo que ocurre más allá de su horizonte”.

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Un cambio en la actitud del hombre hacia el hombre es precisamente lo que redican a gritos los escandalosos muchachos que frecuentan el pub. El más apuesto de ellos raza  apresurados bocetos con retratos de los parroquianos. Tiene el pulso nervioso el dibujante y del duelista. En sus modales afables quedan rastros del riguroso calvinismo de sus padres. A pesar de que su elegante vestimenta lo delata como señorito, condena a voz en cuello la situación de la clase obrera en Inglaterra, que parece conocer de primera mano. De compartir las rondas de cerveza que paga el exiliado  ha pasado a compartir algunas ideas. Le fascina la democracia filibustera, que elige y depone capitanes y reparte botines con la más rigurosa igualdad. Algún amigo del mozo Friedrich Engels ha comparado el desenfreno del capital que espera una tasa de ganancia de diez por ciento con la audacia de un pirata borracho.

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Y aquí llega con un manojo de hojas garrapateadas de un Manifiesto el amigo apasionado, de ojos penetrantes y de ideas acaso más arrebatadoras que sus gestos. Apenas lo escucha, Lafitte queda contagiado. Como escribe luego en su diario, en el derrotero por Europa: “Me encontré con los señores Michel Chevreul, Louis Braille, Augustin Thierry, Alexis DeTocqueville, Karl Marx, Frederick Engels, Jules Michelet, Urbain LeVerrier, Francois Guizot, Louis Daguerre y muchos otros”. Pero sobre todo, anota: “Estoy entusiasmado con respecto a los manifiestos y otras ideas para el futuro, y de todo corazón apoyo a estos dos jóvenes Marx y Engels. Tengo esperanzas y confío que sus proyectos puedan unirse en una doctrina fuerte que remueva los cimientos de las grandes dinastías y permita que sean destruidas, devoradas por las clases bajas”. Por lo cual abre después una cuenta bancaria en París  “para financiar a los dos jóvenes Marx y Engels y ayudarlos a hacer realidad la revolución de los trabajadores del mundo. Ellos están ahora trabajando en esto, bosquejando leyes en Alemania, Francia, Bélgica y Holanda. Confío en que la nueva doctrina y Manifiesto derribará a Inglaterra, pues España ahora es débil, (no es imperio). Siempre fue para mí un placer e intención abrazar toda causa por la libertad, el romper y arrebatar reinos a los monarcas”.

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Dios los cría y las ideas los juntan. Juventud y vejez, armas de la crítica y crítica de las armas. ¿Sabe Jean Lafitte que al financiar la publicación del Manifiesto Comunista ha encendido la mecha de la andanada que sacudirá al mundo? ¿Anticipa que tras su segunda muerte la autenticidad de su diario será cuestionada y su encuentro conflagatorio motejado de leyenda? ¿Pero,  al cumplir sus doscientos años, podría imaginarse más legítima partida de nacimiento para el Manifiesto que este encuentro fortuito de los primeros comunistas y el último filibustero, quien comprende que los parias del mar, al igual que los de la tierra,  no tienen que perder más que sus cadenas?

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“CUANDO SE GANA CON LA DERECHA, LA DERECHA GANA”

“CUANDO SE GANA CON LA DERECHA, LA DERECHA GANA”
Radomiro Tomic.

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El siguiente articulo fue enviado a nuestra redaccion por el camarada Jesus Vivas, compartiendo la preocupacion y ocupacion del mismo el equipo de redaccion lo publica.

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Radomiro Tomic fue un político chileno de derecha, a quien Salvador Allende le ganó la elección Presidencial en 1970. Esta afirmación del Sr Tomic, es absolutamente cierta. La derecha en ningún momento abandona su principal propósito: proteger al capital, con todo lo que esto implica. Es por antonomasia anti socialista y rabiosamente anticomunista.

Ni en las ciencias existe “la pureza” cognitiva, ni la objetividad absoluta. Tan peligrosas son ambas, como la subjetividad total. Tampoco hay la neutralidad; se vive en una sociedad y de manera consciente tomamos decisiones con frecuencia inducidas por el aparato sistémico. Toda ciencia debe ser social. Derechas o izquierdas es una carga ontológica cuya dinámica casi siempre está marcada. Nuestra hominización, está poblada de controles que representan intereses. La cuestión está en: ¿qué intereses se defienden?

La connotación de reaccionario a una persona de la derecha, no es gratuita ni caprichosa; está referida a su visión del mundo, a su práctica social conservadora, y a su vida cotidiana. Fetichizada la mercancía, el objeto codiciado nos individualiza profundizando la fragmentación social. La persona de derecha (las hay conscientes o inconscientes) le teme a los cambios, reacciona contra ellos, los tolera cuando son gatopardianos. Opera defensiva y ofensivamente, siempre defendiendo el sistema en que vive. La lógica y la razón cuando son armas de la reacción, coloca las deducciones y conclusiones de su lado. Los surrealistas fueron prolijos en denuncias contra la manipulación de la razón. “Los poetas malditos” dieron en el blanco.

No siempre se es de derecha por tener dinero o privilegios, los ricos son una minoría y defienden lo que tienen y cómo viven. Lo complejo es, cuando nada o muy poco se tiene y eres conservador de lo que existe y de su precaria forma de vida. El cantautor Facundo Cabral decía que esta mayoría “son los pendejos, pero son mayoría”, que generalmente ignoran todo el poder que unidos desatarían.

El capital que es un ente real y concreto, sabe cómo llegar y controlar a estos conservadores. Despolitizarlo es un asunto previo, para despoblarlo de lo social. Si se le politiza, es con toda la superestructura que contiene el capital. La cultura por ejemplo, puede ser un agente de control social. Cuando esto ocurre, la contracultura está a la vista; la lucha de clases debe profundizarse. “El penúltimo capitalista vendería la cuerda con que se colgará al último, no es una prueba de la capacidad de la burguesía para integrarlo todo, incluidas las armas que la combaten”. Chiste atribuido a Vladimir Lenin.

La derecha puede ser demagógica, limitadamente populista y hasta semi democrática, pero jamás se aparta de su propósito central, y menos se puede esperar, que favorezca decididamente a los desechos que construye el capital: la pobreza. Por naturaleza y lógica, el capital jamás podrá ser justo, ni ecuánime, ni popular, ni democrático. Como es sabido, el capital no puede solucionar los problemas sociales; el los causa. Si no explota al hombre y destruye a la naturaleza perece. Son la banca, los medios de comunicación, los empresarios, la iglesia y toda la oligarquía junta, cerrando filas para mantenerse en el poder o para reconquistarlo. Conocen a los pobres, mejor que lo que ellos creen conocerse; conocen todos sus hábitos más cotidianos. De la clase media ni hablar: es una hechura suya. Han estudiado profundamente la siquis humana y el mercado, y tienen toda la información científica y vulgar a su disposición, para usarla en cada caso que le sea necesario. Saben crear necesidades artificiales y manipular emociones. Han ideologizado a la sociedad, para tenerla bajo su control. De la misma manera que usan el verbo, usan la ametralladora, cuando de salvar sus privilegios se trata. Usan a los partidos, y cuando estos se debilitan (caso Venezuela), salen abiertamente en la defensa de sus intereses; sus empresarios son candidatos.

Históricamente ésta derecha de siempre, nació, creció y se fortaleció apropiándose de los presupuestos públicos, como parte de la tajada que sus amos foráneos le dejan. Cual zamuros son carroñeros. Su sumisión al imperio es verdaderamente bochornosa, produce nauseas. Su amo mayor del norte hace pocos días señaló que nuestros países: “son países de mierda” ¿Qué opina esta derecha servil, de este cretinismo del coprófago del norte? Sabemos que estas derechas opositoras son apátridas (en otros países son gobierno), pero, al menos por gentilicio e hidalguía, deberían dar una respuesta bípeda y humana.

Toda la institucionalidad del Estado burgués, está diseñado para servir al capital. La economía política, que es la economía del capital, es su espacio defensivo y ofensivo. No destruir éste Estado, es un error revolucionario. Marx abogó por esta tarea vital. Gobernar con éste Estado es cohabitar con él. Ocultando su perfidia, los reformistas propalan y defienden la idea de que se puede mejorar ese Estado burgués y torcerle el brazo al capital hasta hacerlo social. Mentiras que ni ellos mismos se creen. “El problema fundamental de toda revolución es el del poder del Estado” Lenin. La derecha no marcha epilépticamente, su objetivo está claramente direccionado y hacia allá mueven todos sus tentáculos. Este Estado burgués, viene siendo restructurado para mayores garantías al capital. Cuando el Estado-Nación es un obstáculo para el capital internacional, lo doblegan y reducen, para ponerlo a su medida. Lo están haciendo.

El problema es ese progresismo socialdemócrata reformista, que se disfraza de izquierda, pero que practica de modo furtivo lo que conviene a la derecha. Esta falsa izquierda que funge y finge como líderes populares, quieren estar bien con el capital y con el trabajo. Por esto, cuando son gobierno, sus ambigüedades, sus indefiniciones, confunden al pueblo, abriéndole todas las puertas a la derecha más troglodita y fascista. Los hay neo reformistas, neo populista, bonapartistas, neo keynesiano, neo desarrollistas. Algunos llegan al colmo de pretender “hacer la revolución sin llegar al poder”. Suelen ser “evolucionistas” y emocionadamente parlamentaristas. En política no encuentran las antípodas al capital. Ni comulgan, menos practican el “todo el poder para el pueblo” de Lenin. Esta “izquierda” pálida, tímida, pero verdaderamente pérfida, le hace mucho daño a la esperanza de los pueblos. Hablan de socialismo y practican el capitalismo. “Con las armas melladas del capitalismo” propalan la justicia social. ¿Cuál será el resultado?

La derecha tolera a estos tímidos personajillos en tanto no pongan seriamente en peligro los intereses del capital. Las ambigüedades socialdemócratas reformistas o progresistas, son en verdad políticas de Estado. Buscan estar bien con Dios y con el diablo. Si la derecha les dilata su periodo de gobierno, son capaces de llegar a niveles antipopulares y represivos abiertos, y de entregar la economía del país, a esa minoría inmensamente rica, llena de ilimitada avaricia. Dirán que lo hicieron para salvar al pueblo.

Antonio Gramsci afirmó, que cuando la izquierda tiene una lectura errada de la realidad, y una práctica aborreciblemente equivocada, los pueblos pueden llegar al fascismo. Revolución implica “ir a la raíz”, erradicar todas las causas que producen la pobreza, enfrentarse abiertamente al capital, y esto les produce “culillo” a los progresistas. Revolución es tarea humana permanente, “es sentido del momento histórico”. El revolucionario “es el escalón más alto de la especie humana”.

En América Latina la derecha definida y abierta, viene ganando y recuperando espacios. En Europa ni hablar. Esta década, es de retroceso para la causa popular. Estas involuciones, mucho tienen que ver con las ambigüedades reformistas insertas en la izquierda timorata. Miremos rápidamente a Chile, Brasil, Argentina, Paraguay, Ecuador, Colombia, Panamá, Honduras, Guatemala, y pongamos en reserva a los restantes países de “nuestra américa”. Su práctica tornasol y su lenguaje indefinido de si pero no, no pero sí, ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario, más temprano que tarde los pondrán al descubierto. Todos estos personajillos de derecha, allá y acá, suelen usar un lenguaje “encantador de serpientes”. Revolución que se detiene, revolución que retrocede.

A poco de estar en el gobierno, la verdad va tomando cuerpo. Las medidas de gobierno viran hacia los intereses del capital. Los más de derecha tardan menos en aplicar estas implacables medidas, los encubiertos de la “izquierda” rosada, tardan más en dejar ver su verdadero rostro. Tiene en su espalda el fuerte aguijón de la derecha que los presiona, pero, con gusto ceden, en fin de cuenta, son los mismos, con grados de diferencia en el tiempo. La historia está llena de estas traiciones. Recordemos una que tanto nos duele: No solo Páez, casi todos los generales traicionaron a Simón Bolívar. Muerto el libertador exhibieron públicamente su botín de guerra. Nos encontraremos el próximo sábado.

Jesus Vivas (Venezuela)

¿Hacia dónde va México en 2018?

México Entre el Paramilitarismo y la InsurgenciaLSI3  mujeres zapatistas

¿Hacia dónde va México en 2018?

¿Cómo luchar contra la descomposición económica y política,

el narcotráfico, la militarización y la corrupción vil de nuestro país?

Material elaborado por: Equipo de Praxis en América Latina

  1. La sangre y la muerte cubren nuestra tierra

Iniciamos el año enterándonos de que, tan sólo el año pasado, hubo 29,000 homicidios “oficialmente” reportados: ¡la cifra más alta en dos décadas! Día tras días, hemos leído en el periódico sobre el descubrimiento de más y más tumbas clandestinas en todo el país; el 17 de enero, también, fue encontrado sin vida el cuerpo de Guadalupe Campanur Tapia, joven defensora del bosque de la comunidad de Cherán (muy probablemente, asesinada por el crimen organizado). ¡Ésta es la realidad que podemos ver en las calles, experimentar en nuestras vidas! ¿Cómo seguir viviendo de esta manera?

  • En 2017, los nombres de Miroslava Breach y Javier Valdez, entre otros, vinieron a engrosar la enorme lista de periodistas asesinados en este país.
  • Los campesinos, indígenas y defensores de derechos humanos son igualmente asesinados por defender sus territorios.
  • Enfrentamos asimismo el problema de las desapariciones, las cuales se cuentan por decenas de miles, si no es que más. ¿Dónde están?
  • También, vivimos el desplazamiento forzado, como en el caso de las comunidades indígenas de Chalchihuitán y Chenalhó.
  • El narcotráfico invade con su violencia comunidad tras comunidad, estado tras estado.
  • Mucho antes de la Ley de (In)Seguridad Interior, ya la policía federal había atacado a la población en Nochixtlán, Oaxaca, así como el ejército perpetrado varias masacres (contra inmigrantes, en San Fernando, Tamaulipas, o en Tlataya, Estado de México).
  • Cuando, por ejemplo, la Policía Comunitaria en La Concepción, cerca de Acapulco, quiso defender su territorio contra la construcción de una presa, la policía federal asesinó a varios de sus miembros.
  • Asimismo, nueve integrantes de la organización Las Abejas de Acteal, en Chiapas, fueron encarcelados por luchar por sus derechos; como ellos, hay cientos de presos políticos.

En todos estos casos, el responsable resulta ser ¡el Estado!, ¡el Estado!, ¡el Estado!, a nivel municipal, estatal y federal. ¿Y, qué hay de…

  1. Las condiciones de vida y trabajo aquí en México
  • Estamos viviendo la inflación más alta en 17 años: los precios del huevo, las tortillas, el gas, la gasolina —y, por tanto, el transporte— se han ido hasta las nubes.
  • Más del 60% de los trabajadores se encuentran en la economía informal: sin derecho a atención médica, sin pensiones, ¡sin nada! ¡Éste es el desempleo oculto y visible en este país!
  • Los jornaleros, como los de San Quintín y otros lugares, carecen de un salario y vivienda dignos.
  • ¿Qué porcentaje de los trabajadores, formales e informales, gana lo suficiente para comprar la canasta básica?
  • Y, cuando los trabajadores —como los de la minera canadiense Media Luna, en Guerrero— luchan por su propio sindicato o por mejores condiciones laborales y de vida, la policía federal y otras instancias intervienen a favor de las empresas.
  • A todo esto hay que sumar, por supuesto, la falta de reparación de muchas casas luego de los terremotos de septiembre pasado, así como la gran corrupción en todos los niveles del gobierno.

En todo ello, nuevamente, el que aparece como responsable es ¡el Estado, ¡el Estado!, ¡el Estado! ¿Qué hacer ante esta situación? ¿Cómo podemos expresar nuestra rabia creativamente? ¿Es posible construir un mundo distinto?

Por supuesto, lo primero que encontramos frente a nosotros son las falsas salidas: las que nos ofrecen los partidos políticos “tradicionales” (PRI, PAN, PRD), cuyas mentiras ya hemos vivido durante varias décadas. En segundo lugar, están los partidos “progresistas” (López Obrador y MORENA), los cuales no son sino el lado izquierdo de la cara de la hidra capitalista, con su Estado represor. ¿Es posible encontrar otros caminos para la liberación?

Pablo González Casanova, miembro de la asociación civil Llegó la Hora del Florecimieto de los Pueblos, que apoya la candidatura a la Presidencia de la República de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), María de Jesús Patricio (Marichuy), habló recientemente sobre la realidad del capitalismo y las dificultades con los intelectuales hoy: Tenemos una crisis terminal en este momento del capitalismo [Los capitalistas] están enfermos, véanlos; buscando más millones y millones […] Pero los intelectuales no sólo tienen que hacer lo que han hecho las comunidades científicas del mundo al tomar una muy buena posición advirtiendo del peligro del cambio climático . . . En lo que hay autismo colectivo es en no atribuir al sistema de acumulación y dominación capitalista lo que está ocurriendo. Es muy importante que trabajen con toda seriedad en la verdad completa […]

La conciencia que está tomando nuestro pueblo es lo más importante y es la única de las revoluciones que hay que puede convertirse en universal. Aquí estamos asistiendo a una de las formas de cambiar el mundo actual, que es sumamente injusto, depredador, agresivo, violento, deshonesto, por uno que es perfectamente posible si echamos a andar la palabra de la moral (La Jornada, 26 de enero de 2018).

  1. ¿Qué hacer? Desde abajo y a la izquierda

Lo que buscamos aquí no es sólo hacer un recuento de la descomposición del país, que ya todos conocemos, sino mostrar las perspectivas emancipadoras posibles y necesarias para salir de este agujero en el que nos hemos hundido.  Queremos preguntarnos, entonces, como lo hacen los zapatistas: “¿Cómo es esa otra manera, ese otro mundo, esa otra sociedad que imaginamos, que queremos, que necesitamos? ¿Qué hay que hacer? ¿Con quién?”.

Hay en México muchos movimientos sociales genuinos —desde abajo y a la izquierda, anticapitalistas, como diría el zapatismo—, que contienen en sí las semillas de una forma distinta de luchar y vivir. Entre ellos se encuentran:

  1. a) Los zapatistas, el Congreso Nacional Indígena y su vocera Marichuy.
  2. b) Las luchas por la tierra, el territorio y la autonomía en varias partes de nuestro país.
  3. c) La resistencia surgida de Ayotzinapa: los padres y madres de los 43 desaparecidos, así como sus compañeros normalistas.
  4. d) L@s maestr@s disidentes.
  5. e) Otras organizaciones de mujeres, jóvenes, trabajadores, campesinos, indígenas, etc., tanto las que ya existen como las que van a surgir en el curso de la lucha.

Como vemos, no faltan en México hombres y mujeres que estén en busca de la transformación social. Para lograr esto último, sin duda, se necesita organizarse más y mejor, como dicen los zapatistas. Sin embargo, la cuestión de la organización no es algo meramente cuantitativo, o que se limite a la forma de la misma. Ciertamente, ambos aspectos deben ser considerados, ya que es importante que las organizaciones sean democráticas, para que los de abajo puedan verdaderamente expresar sus deseos a través de ellas; asimismo, hay que contar con medidas que ayuden a evitar o disminuir la represión —la cual, como ya vimos, es una realidad constante aquí en México.

  1. Filosofía Emancipador – la dialéctica de Marx y de nosotros

Al mismo tiempo, para que las organizaciones puedan ser auténticamente transformadoras, revolucionarias a plenitud, es indispensable que desarrollen una visión que les permita acabar con la sociedad capitalista y, a la vez, construir una sobre nuevos principios humanos. Se trata, pues, de un doble ritmo, el cual históricamente ha sido conocido como dialéctica, o como el concepto de revolución permanente que desarrollara Carlos Marx.

Pero, ¿cuál es la relación entre la dialéctica y los movimientos desde abajo? Aquélla no es una imposición sobre éstos, ni una “ciencia aplicada”, sino una dimensión inherente a los movimientos, pero que necesita ser desarrollada o recreada a partir de éstos para alcanzar su plenitud. Cuando los zapatistas dicen el tiempo del no, el tiempo del sí —o sea, la necesidad de estar en contra del gobierno o de la estructura actual de la sociedad y, a la vez, de buscar nuevos caminos y sujetos para construir algo distinto: “un mundo donde quepan muchos mundos”—, hay allí elementos de la dialéctica. ¿Cómo hacerla explícita? ¿Cómo transformarla en la razón del auto-movimiento, teórico y práctico a la vez, que nos permita avanzar verdaderamente en nuestras luchas?

La dialéctica no es, por tanto, responsabilidad de sólo un grupo “selecto” de pensadores, sino que es el desafío que todos los revolucionarios —tanto de pequeños colectivos como de movimientos de masas— tenemos ante nosotros. En Praxis en América Latina consideramos, por tanto, que esta organización del pensamiento es crucial para el desarrollo de las organizaciones revolucionarias mismas.

Como dijera la filósofa humanista-marxista Raya Dunayevskaya:

Sólo los seres humanos vivos pueden recrear una y otra vez la dialéctica revolucionaria. Y estos seres humanos vivos deben hacerlo así en la teoría como en la práctica. No sólo se trata de enfrentarse al desafío de la práctica, sino de poder enfrentarse al desafío del autodesarrollo de la Idea, y de profundizar la teoría hasta el punto en que llegue al concepto marxista de la filosofía de la “revolución permanente”.

Aquí en México, la dialéctica puede ayudarnos en nuestra lucha por una nueva sociedad. Sí, sabemos que esto puede parecer una abstracción, cuando los problemas que tenemos ante nosotros son muy concretos; sin embargo, hay que preguntarnos si las importantes acciones y resistencias que hemos sostenido durante años han bastado en sí mismas para dar origen a una sociedad nueva. ¿No se requerirá, además, de una perspectiva más amplia: la reunificación de teoría y práctica a través de la dialéctica?

Nota: Publicado por la Comision de Propaganda y Medios Electrónicos “Simón Sáez Mérida” de Insurgencia Comunista» en acuerdo con los Camaradas del Periodico Digital Praxia America Latina.

Es la Hora de Proponernos Acabar con el Capitalismo

Nota: el presente documento no esta aprobado por la Dirección Politica de Insurgencia Comunista, pero son tiempos de tempestades que requieren del debate, por esa razón se aprueba su publicación y difusión publica.

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Nosotros Llamamos Comunismo al Movimiento Real que Anula y Supera al Estado de Cosas Actual.
Karl Marx & Federico Engels La ideología alemana

Es la Hora de Proponernos
Acabar con el Capitalismo

La vida social actual en Venezuela transcurre en el contexto de una verdadera conmoción social. Esta es resultado, por un lado, de ataques de empresas multinacionales y centros imperiales al gobierno y al Estado con el fin de apoderarse de las reservas petroleras más grandes del planeta, y por otro, del control burocrático del continuismo socialdemócrata (vestido de rojo y llamándose socialista) gobernante que administra los ingresos petroleros para bloquear el desarrollo y la autonomía de los órganos del poder popular revolucionario. Sin duda, el discurso desestabilizador imperialista potencia sus efectos por la percepción de malestar de la mayoría de la población. Obviamente, hay causas objetivas para este malestar: carestía de bienes básicos, crecimiento incontrolable del costo de la vida, corrupción, deterioro de la calidad de los servicios públicos y hostilidad de los funcionarios del Estado contra la población, en definitiva, una enorme ineptitud e ineficacia, un gobierno que decreta, pero que nadie absolutamente nadie cumple lo decretado.

Pero tal vez la causa principal de la crisis está en la brecha entre la incapacidad productiva de la población y su exacerbado consumismo, ambos inducidos por el sistema capitalista en general y reforzado en particular por los últimos gobiernos a partir del gasto de los excedentes de la producción petrolera en programas sociales improductivos e importaciones de bienes finales. Lo significativo es que, pese al malestar generalizado, un sector importante de la población, particularmente los trabajadores, enfrenta las agresiones externas y sostiene al gobierno actual en su propósito antiimperialista.

Este apoyo se justica porque, aun cuando la gestión publica es en esencia burguesa, su sesgo socialdemócrata (que no tenemos inconveniente en llamarlo socialista) ha invertido gran parte de los ingresos petroleros en servicios de salud y educación, y ha propiciado un marco jurídico para la protección de las mujeres, los niños, los ancianos, los asalariados y los sectores económicamente vulnerables de la población No reconocer estos avances será un acto de mezquindad, un anti-valor ajeno a los verdaderos revolucionarios, sobre todo en momentos que la reacción del ala más derechista del capitalismo plantea como programa de acción y lo ejecuta en otras latitudes geográficas la privatización y mercantilización de la vida cotidiana de los explotados, conculcando y derogando los derechos más elementales que ha logrado conquistar la fuerza del proletariado en históricas jornadas de lucha durante el siglo pasado, lo cual es devastador para los trabajadores como lo demuestra la experiencia en países de Europa y de América. También debe tenerse en cuenta las posturas anticapitalistas y antiimperialistas que han anidado entre las bases sociales del “chavismo”, pese a sus contradicciones y la carencia de contenidos concretos de su discurso.

Además, bajo la presión de la crisis y el agotamiento de la oferta bolivariana, la predica anticapitalista de los revolucionarios de inspiración marxista, caracterizada por contenidos programáticos concretos, contribuye cada vez más a la elevación de la conciencia de los trabajadores. Resulta obvio además para los sectores críticos de las fuerzas que apoyan este gobierno, que el imperialismo pretende desintegrar el Estado y las instituciones nacionales para poder inculcar más fácilmente en la población la ideología homogeneizadora de sumisión e identidad con los valores de la dominación planetaria del capitalismo occidental, lo cual facilitaría el asalto y saqueo de los recursos naturales del país. Esto último causa rechazo en estos sectores, criticos tal vez, pero contrarrevolucionarios jamas, asi que tácticamente cierran filas en torno a la defensa del gobierno de Nicolas Maduro.

No obstante, como muestra la agudeza de la crisis económica en Venezuela, la inclusión social (en realidad el derecho legal a ser explotado e incorporado al consumo en una sociedad mercantil) y la dignificación del trabajo y las condiciones de vida (misiones educativas, vivienda y salud, por ejemplo) no es suficiente para erradicar la pobreza y la desocupación estructural del sistema, y menos en un espacio geográfico periférico y dependiente del circuito capitalista planetario. Tampoco es suficiente el modelo propuesto por su contraparte liberal, como muestran los países vecinos integrados al circuito, incluso los países metropolitanos de desarrollo auto centrado, cuya desigualdad social, precariedad del trabajo y pobreza estructural supera ampliamente la nuestra.

En realidad, estamos en presencia del agotamiento del potencial de desarrollo inmanente del sistema capitalista occidental (EEUU, Europa Occidental y Japón), en cuyo circuito fuimos insertados violentamente hace 500 años en calidad de periferia proveedora de materia prima y mano de obra barata. Ese sistema perdido la capacidad de generar riqueza real, valores de cambio, debido a un paulatino proceso de des-industrialización. Los capitales, refugiados en la esfera financiera, pretenden establecer una dictadura mundial basada en los flujos financieros y el control de las fuentes de materias primas, tecnologías y patentes comerciales. Para ello apelan a la guerra y desestabilización social en todos los países del orbe. Mas aun, enfrentados desventajosamente con los nuevos centros hegemónicos del capitalismo mundial (China, India y Rusia) que, si están basadas en industrias productoras de riqueza real, amenazan con una guerra nuclear e intentan aniquilar, con más o menos éxito, Estados constituidos durante siglos.

Venezuela, por sus colosales reservas petroleras y su cercanía geográfica con Estados Unidos es, de lejos, el principal botín de estos piratas del siglo XXI. De allí que las dificultades que experimenta el capitalismo occidental para acrecentar la acumulación y mantener la paz social en su otrora zona de influencia, no son expresiones de disfunciones superficiales, coyunturales o nacionales, sino manifestaciones de la crisis estructural del sistema capitalista en sí mismo. Esto es evidente en sus resultados económicos y sociales, mas no en la ideología subyacente a las manifestaciones culturales de la humanidad, todavía ampliamente hegemónica en los países neocoloniales. De allí que los comunistas consideremos asertiva la disyuntiva planteada por Samir Amin: …acabar con la crisis del capitalismo o acabar con el capitalismo…»

2. La Hora de Iniciar la Marcha Hacia el Comunismo

Los comunistas no nos limitamos a luchar por la inclusión social o la dignificación del trabajo. Esos son objetivos perfectamente compatibles con el sistema capitalista. Los comunistas nos caracterizamos por ser el sector de los trabajadores que ve la realidad social tal como es en su esencia profunda: un campo de guerra entre la clase burguesa, que trata de someter a la clase trabajadora para que acepte o se resigne a la explotación, y la clase proletaria, que lucha por liberarse de las cadenas de la explotación e instaurar una sociedad de comunes, sin clases sociales ni Estado.

Los comunistas, pese a la creciente agudeza de las crisis sistémicas del capitalismo, somos optimistas porque estamos conscientes de las infinitas posibilidades materiales que contiene la sociedad actual, susceptibles de ser liberadas y desplegadas en todo su potencial mediante una revolución social que destruya las relaciones de producción capitalista, creando riqueza suficiente para satisfacer las necesidades de toda la población humana, sustituyendo el reino de la necesidad por el reino de la libertad.

Los comunistas no vemos la crisis coyuntural o el colapso estructural del sistema como una catástrofe, sino como la necesidad económico-social de liberar las fuerzas productivas maniatadas por las caducas relaciones de producción burguesas (es decir, la propiedad privada y el mercado de fuerza de trabajo). Los comunistas en lo político trabajamos fundamentalmente para coadyuvar a nuestros hermanos de clase a elevar, precisamente, su conciencia de clase, abriéndole así un horizonte político que conduzca a la organización de las estrategias y los instrumentos revolucionarios.

Los comunistas, independientemente de nuestra magnitud, somos la fuerza social más temida por los representantes del capital, pues son conscientes que nuestro programa y nuestra voluntad política es radical. Somos su peor pesadilla, pues saben que no luchamos por maquillar su sistema o hacerlo más «justo», más «democrático» o más «inclusivo», sino por destruirlo desde la raíz y construir una sociedad totalmente nueva, sin explotadores ni explotados. La descalificación y virulencia con que la burguesa nos ataca desde hace 150 años es prueba de su temor a que el proletariado se apropie del programa comunista y lo convierta en plan de acción. Esta radicalidad define claramente nuestra propuesta transformadora para toda la sociedad.

Los comunistas sabemos que las luchas contra el capital transcurren en escenarios locales y nacionales. En ese sentido, apoyamos y somos parte de todas las organizaciones laborales y populares dentro de nuestras fronteras. Pero también sabemos que la dictadura del capital es multinacional. Estamos conscientes que una victoria nacional siempre podrá ser ahogada por el sistema multinacional, que posee recursos y experiencias desproporcionados en relación a las fuerzas nacionales. La historia está llena de ejemplos de cómo los capitales multinacionales siembran la guerra y la cizaña política cuando los trabajadores derrotan al capital y se erigen en autogobierno.

Por ello ha llegado la hora del debate franco y sincero, o la revolución es nacional y en fronteras cerradas o mundial, parafraseando al camarada Insurgente y Comunista Domingo Alberto Rangel, la larga marcha que debe iniciar el proletariado por su liberación y la destrucción del capital, no puede detenerse en fronteras imaginarias, en obstáculos geográficos, océanos, mares, ríos, montañas debe ser superadas, en fin ese proletariado que comience su marcha liberadora debe comprender que en la geografía donde se frene, dicha revolución estará condenada a ser digerida por las relaciones con los países capitalistas y su supervivencia estará condenada al fracaso, la paz con el capitalismo no es una opción.

Por otra parte, los sectores que aún no lo comprendan deben entender que la lucha de los trabajadores en la hora actual requiere la solidaridad de todos los pueblos hermanos del mundo, sobre todo la clase obrera de los centros metropolitanos, capaz de paralizar la maquinaria de guerra y los vehículos de intoxicación ideológica del imperialismo. Pero también de los hermanos latinoamericanos y caribeños, capaz de multiplicar las fuerzas locales. Eso lo sabemos los comunistas de todo el mundo. Por eso, en la hora actual, en varios países, las organizaciones comunistas se movilizan en apoyo a la revolución venezolana. Pero eso no basta, también llego la hora que los comunistas discutan si su programa y organización sigue siendo de corte nacional o recuperamos nuestro sentido mundial y actuar en consecuencia, es hora de retomar las banderas de la Liga de los Justos o la Liga de los Comunistas, recuerden camaradas que no tenemos patria.                   ¡El fantasma del comunismo recorre el mundo!

3. La Guerra es del Trabajo Contra el Capital

En consecuencia, los comunistas concebimos la revolución como la lucha del proletariado nacional y mundial contra el sistema capitalista en su conjunto, que no es más que la forma moderna de organización social de la propiedad privada y la explotación de los trabajadores. La lucha es del trabajo contra el capital. Esta lucha de clases adopta diversas formas de organización y combate, de acuerdo a las situaciones concretas y las particularidades históricas, siendo los procesos electorales y constituyentes una de las tantas posibilidades.

Esta lucha es un proceso ininterrumpido e inacabado que rompió por primera vez la dominación sistémica del capitalismo en 1871 con la Comuna de Paris, mostro por primera vez las posibilidades creadoras del proletariado en 1917 con la revolución rusa, y continúa resistiendo y contraatacando sin cesar la opresión del capital a nivel planetario. El proletariado venezolano, y entre ellos los comunistas, su destacamento mas consciente, han recuperado para el mundo los instrumentos fundantes de la sociedad post-capitalista: la comuna, los consejos de trabajador@s, el fin de la ley del valor y las relaciones asalariadas.

Los comunistas no tenemos dudas que como ocurrió en Francia en el siglo XIX y Rusia en el Siglo XX, el proletariado en esta geografía llamada venezuela asumió en el siglo XXI la lucha frontal contra el sistema capitalista. Los pueblos de los cuatro continentes lo perciben así y expresan por diversos medios su admiración y respaldo, pese a la brutal campaña de intoxicación ideológica que adelantan los medios, tradicionales y electrónicos, en todo el mundo. Lo que ocurra en este territorio en los próximos años, determinara el rumbo de la lucha contra el capitalismo, el acumulado de experiencia en estos años es de unas dimensiones desconocidas, las comunas de hoy no son las de ayer, ni serán las del mañana, los consejos de trabajadores han madurado infinitamente y hoy proponen y plantean políticas y programas desde su seno para la producción y reproducción de la vida, desde una perspectiva proletaria, la milicia bolivariana “fuerza militar de los trabajadores en Venezuela”, no es una fuerza para desfiles no se confundan hay se anida un interesante reservorio de espíritu y lucha de nuestros trabajadores, con el programa correcto, podremos afirmar que la oligarquía mundial burguesa temblara. No es poca cosa el adelantado en la geografía venezolana en estos años y recuerden lo que el viejo Marx decía, nada sustituye la experiencia propia del proletariado en su lucha por la destrucción del capital.

4. Constituyente Socialdemócrata (Socialista) o Proletaria

En la actualidad, contamos con una asamblea nacional constituyente, que a pesar de algunos decretos interesantes aun no demuestra el necesario giro de timón que exige la población que la voto. el gobierno socialista y su fuerza política, dominan esta asamblea constituyente a su antojo y las fuerzas sociales populares que en ella se anidan, han terminado en convertirse en convidados de piedra al show televisivo del día a día.

En definitiva todo parece dirigirse a la refundación del estado burgués (si es que podemos afirmar, que desapareció en estos 18 años en Venezuela, ello quedara para el debate posterior) un discurso leguleyo, pacifista (hasta el cansancio y que oculta que el motor de la historia, es la lucha de clases) y exacerbadamente policlasista controla la Asamblea Nacional Constituyente y camina en el embellecimiento y refundación del estado burgués, asegurándose así que la burocracia y nomenclatura gobernante genere mecanismos de control para no perder sus privilegios.

Mientras tanto los trabajadores y población, son pasto de una salvaje guerra económica, tal como la define el gobierno, pero nadie absolutamente nadie actúa en consecuencia. Ni el gobierno nacional o cualquiera de sus instituciones (ya sean jurídicas, políticas o militares), ni la asamblea nacional constituyente, ni las alianzas políticas (polo patriótico), ni las supuestas vanguardias, organizaciones de base, en fin nadie le pone el cascabel al gato y algunas expresiones de lucha, de arrechera cotidiana, ante la salvaje y brutal hiperinflación que nos agobia, es respondida con paños tibios que nada solucionan o con leyes que nadie asume o cumple, como el famoso acuerdo de precios acordados, valga la redundancia.

Ante esta ausencia de propuestas desde la clase trabajadora, los comunistas le proponemos a los trabajadores y la población en general, los siguientes puntos para el debate, para avanzar en la destrucción de lo viejo y podrido que aun tenemos en Venezuela (el estado capitalista) y pasar a construir la sociedad de comunas y de consejos de trabajadores.

4.1. Liberar las Fuerzas Materiales de Producción de las Cadenas del Capital

Destruir de raíz las relaciones capitalistas de producción en Venezuela, en su variante de Capitalismo de Estado, abriendo así una brecha en la hegemonía del capitalismo planetario y sugiriéndole a los trabajadores y pueblos del mundo el camino a seguir. No se trata de la profundización de la conciliación de clases a través del reforzamiento constitucional de la economía mixta y la elevación a rango constitucional de las leyes del poder popular en su forma actual, que tienen mucho de control estatal y poco de popular. Como sabemos, la burguesía garantiza su hegemonía a través del llamado Estado de derecho (leyes e instituciones para preservar la propiedad privada, el trabajo asalariado, la propiedad intelectual y la preeminencia del saber tecnocrático).

Aunque el Estado de derecho es en realidad la violencia burguesa institucionalizada, no es incompatible con leyes que protejan al pueblo y al proletariado, pues la esencia del Estado siempre garantizaría la explotación del trabajo. Esta aparente contradicción se explica porque la burocracia contemporánea posee un margen de autonomía respecto a la Clase-Estado para atemperar la legitima violencia revolucionaria del proletariado contra el Estado de derecho que lo oprime. En Venezuela esta gran burocracia estatal ha llegado al cinismo de cooptar los emblemas históricos de la revolución proletaria mundial mientras mantiene secuestrada la participación popular y negocia con el capital multinacional el patrimonio de todos los venezolanos.

Para los comunistas se trata de eliminar la propiedad privada, y no solo en el marco legal, lo cual es irrelevante, sino en las relaciones sociales de producción, que es donde la burguesía tiene la posesión efectiva de los medios de producción y reproduce el sistema capitalista. Los trabajadores no debemos asistir, ni prestarnos a contubernios con los capitalistas y sus representantes, como los gremios empresariales y la iglesia católica, organizados por la burocracia usufructuaria de la dominación del capital en nuestro país que impulsa el proceso constituyente. Los trabajadores debemos simultáneamente reconstruir la sociedad tomando directamente el control de las fábricas, principalmente en el sector petrolero y siderúrgico y ocupar territorialmente los espacios de producción agrícola y minera, así como asumir la gestión de los servicios públicos esenciales, principalmente eléctricos, comunicacionales y telecomunicacionales. Este es un camino que no podemos emprender solos. Evidentemente necesitamos el acompañamiento de todos los sectores de la población, pero nunca de los capitalistas, pues no estamos transitando hacia otra sociedad: estamos destruyendo su sociedad y a la vez construyendo la sociedad que llena nuestras aspiraciones (la sociedad de las comunas, de los consejos obreros). Solo a esta clase de proceso lo podemos llamar constituyente. La forma concreta de administración de los asuntos comunes, imaginable pero imposible de preguntar en estos momentos, es un acto de creación colectivo que perfilara la sociedad autogestada y autogestionada por los productores de la riqueza mundial (El Proletariado Mundial – Los Trabajadores – Los Explotados).

4.2. Erradicar el Capital Minero-Rentista y Expulsar el Capital Manufacturero Multinacional

Erradicar el modo de producción capitalista periférico implantado en nuestro país por los países de desarrollo capitalista auto centrado, tradicionales o emergentes. Este modo se caracteriza por la extracción de materias primas, mineras o semi-elaboradas, principalmente petroleras y siderúrgicas, para el sostén de la acumulación de capitales de los centros metropolitanos y el financiamiento de su maquinaria de guerra y dominación de los pueblos del mundo. Esta producción rebasa exponencialmente las necesidades de desarrollo interno, incluso aun cuando superemos el raquitismo de la producción nacional actual. Como hemos sostenido en ocasiones anteriores, esta forma particular de inserción de nuestro país en el circuito capitalista mundial es la causa de la dependencia, deformación, vulnerabilidad y precariedad de nuestro aparato productivo.

Es un modo de producción particular que reproduce estructuralmente la pobreza, pues fue diseñado para garantizar la des-acumulación interna de riquezas a favor de la acumulación externa bajo un mecanismo conocido como intercambio desigual, ampliamente estudiado. No se trata del manido argumento de “diversificar la producción”, “sembrar el petróleo”, sino simplemente de extraer el mínimo necesario, por razones económicas, pero sobre todo ecológicas. La extracción y procesamiento de petróleo seguirá jugando un rol en la economía futura, pero no necesariamente bajo la irracionalidad del capitalismo dependiente o de las necesidades de los centros imperiales. Esta medida es extensible a los otros recursos mineros, hídricos y forestales que posee nuestro país. Es esta una tarea que solo puede emprender el autogobierno de los trabajadores, pues es el único sector social interesado en derogar la ley del máximo beneficio mercantil y desarrollar la producción interna para satisfacer las necesidades reales, no consumistas, de la población.

En forma paralela, se debe del expulsar del país lo que queda de los capitales manufactureros, nacionales y multinacionales, que se dedican fundamentalmente al ensamblaje o procesamiento a partir de componentes importados, o el procesamiento de materias primas nacionales. Es un enemigo de clase muy peligroso, pues tiene un potencial ilimitado de financiamiento de actividades contrarrevolucionarias desde sus casas matrices y fuertes vínculos con los entes conspirativos y desestabilizadores del imperialismo occidental. Es esta una de las principales tareas que aparece en todo programa de ruptura revolucionaria del proletariado internacional.

Es irónico que en nuestro país esos capitalistas hayan abandonado y cerrado por voluntad propia más de 3.000 fábricas, la gran mayoría de ellas ocupadas por consejos de trabajadores, pero en contrapartida la gran burocracia estatal se deshace en promesas y halagos para que retornen o no termines de irse. Y donde pueden, como en el caso de la industria pesquera, les imponen a los consejos de trabajadores una propiedad mixta dirigida por esos capitalistas. Inclusive, algunos altos funcionarios miden el éxito de su gestión por las “rondas de negocios” con los “empresarios productivos” y su vocación exportadora. “Enemigo que huye puente de plata”, dice un viejo refrán, pero la gran burocracia estatal se le guinda vergonzosamente de los pantalones.

4.3. Erradicar la Ley del Valor de la Distribución de la Riqueza

Distribuir la riqueza social entre los productores, los trabajadores, mediante la asignación de tareas remuneradas a todos los miembros de la sociedad y el reparto directo de los beneficios, y no mediante el mercado y el consumismo, y mucho menos mediante la intermediación clientelista-electoralista de los partidos políticos que se pelean por el control del Estado. El salario, quintaesencia de la relación social capitalista de explotación desaparecería en la medida que los trabajadores se apropien directamente de los aumentos de la productividad del trabajo por efecto de la asignación de tareas a todos los miembros de la sociedad, es decir, en la medida que los trabajadores se re-apropien de la plusvalía generada por ellos mismos. La jornada laboral, medida temporal de las relaciones de explotación, se reduciría en la misma medida que todos los miembros de la sociedad asuman tareas productivas, iniciando así la larga marcha hacia la sociedad comunista, donde no reine la ley del valor, sino la ley marxiana de “a cada quien, según su necesidad, a cada quien, según su capacidad”.

4.4. Erradicar la Ley del Valor del Intercambio de Bienes

Sustituir el intercambio mercantil, que tiene como expresión de valor la forma dineraria, por el intercambio directo de bienes y servicios. Al no existir explotación del trabajo -pues la producción está organizada en base a la cooperación comunal, es decir, trabajo libremente asociado – el valor desaparece a favor del uso de los bienes. No se trata de trueque (que presupone la existencia del valor, el mercado y la propiedad privada), ya que los excedentes de la producción local o sectorial serán planificados de antemano, por una unidad socio-productiva mayor, como los municipios o alguna instancia federal. Mientras se alcanza esta meta, que requiere tiempo, se puede implementar una moneda inter-comunal, que estaría respaldada por la suma de las producciones locales, planeadas de antemano. Esta sería una forma indirecta de eliminar la banca privada y la especulación financiera, en lo nacional, y expulsar del país la dictadura financiera mundial, que incluye la manipulación cambiaria que ahorca a los venezolanos.

La banca pública, sea municipal o nacional, debe adoptar una estructura interna cooperativa (un socio un voto), donde los socios sean entes colectivos, como las comunas. Sus funciones deben ser reducidas a operaciones básicas de intermediación financiera y financiamiento de la economía real (bienes y servicios), sobre todo las grandes obras de infraestructura, lejos del criterio de máximo beneficio y especulación financiera. En ningún caso debe generar instrumentos financieros derivados (destinado a mercados financieros secundarios) y el costo del crédito debe ser accesible a todos los agentes económicos de la población. Todas las transacciones deben ser públicas y transparentes, donde los legítimos dueños del patrimonio, socios y terceros, sepan el origen, destino y usos del crédito

4.5. Sustituir el Modelo de Distribución Poblacional Colonialista por el Modelo Comunal de Poblamiento

Desconcentrar las ciudades y descentralizar la gestión pública a través del desarrollo municipal. Las grandes ciudades en el Eje Norte Costero es un sub-producto del modo de producción capitalista periférico. La producción para la exportación dio lugar a la llamada economía de puertos. En las cercanías de las vías marítimas transcurrió y transcurre la redistribución de la plusvalía.

Los consejos de trabajador@s en las fábricas y la ocupación territorial mediante las comunas debe complementarse con un repontenciamiento de los municipios. Estos han surgido por razones sociales, culturales e históricas y no necesariamente por imposiciones de las burocracias centrales. No debe confundirse municipios con alcaldías, ni Consejo Municipal con burocracia. No se trata de imponer o yuxtaponer un poder del Estado a las comunas, sino de reconstituir los municipios a partir de los gobiernos comunales.

El gobierno municipal es algo distinto a un Estado municipal, del mismo modo que gobierno no es igual a Estado. Los consejos municipales pueden servir de coordinaciones y administraciones de asuntos públicos para-comunales, entre ellos la planeación de la autosuficiencia alimentaria y energética y las obras publicas que por su envergadura rebasen el ámbito local.

La concentración de la producción de alimentos y energía, obedece, en su forma actual, a la economía de escala del mercado y la tendencia histórica de concentración de capitales. Esta desconcentración es la verdadera base de la desconcentración del poder a escala nacional y lleva progresivamente a la desaparición del Estado, pues hace innecesaria una Clase-Estado que administre emporios faraónicos a nombre de la población nacional.

4.6. Reestructurar los Órganos y Mecanismos de Autodefensa de la Revolución

Disolver la actual estructura de la fuerza armada nacional y sustituirla por las milicias populares y un ejercito del pueblo que responda a los intereses de los órganos del poder popular y no a los intereses colegiados o del Estado liberal-burgués que administra el Capitalismo de Estado en Venezuela.

La actual estructura militar, vertical y despótica, herencia de las tesis militaristas prusianas, oscila entre una doctrina ecléctica nacionalista, patriotera y constitucionalista, vacía de contenido clasista, a contrapelo del internacionalismo proletario y la unidad de los pueblos explotados y oprimidos del mundo, incluyendo el venezolano.

Ciertamente, valoramos la fidelidad de importantes sectores de la Fuerza Armada Nacional al proceso bolivariano, a Chávez y al gobierno de Nicolás Maduro, sabemos además que la Fuerza Armada Nacional recibe fuertes presiones externas para convertirse en un órgano represor de las luchas populares.

Nos congratulamos con la posición y actitud de oficiales de todos los rangos, incluyendo el Estado Mayor, que dejan las charreteras en los cuarteles y salen a la calle a organizar, hombro con hombro con los civiles comprometidos, la autodefensa del pueblo ante las amenazas imperialistas. Pero igualmente repudiamos la corrupción de oficiales que trafican con los bienes esenciales del pueblo y la producción de las empresas del Estado, así como la cobertura que dan al contrabando de extracción, lo cual también es una expresión de la “guerra económica” contra el pueblo.

Es justo reconocer que la Fuerza Armada Nacional de hoy no es la misma de la década de los años 60 del siglo pasado, ni siquiera es esa fuerza que vivió y padeció dos alzamientos cívicos-militares en 1992. Menos aun es la fuerza que vio llegar a un miembro de sus filas a la presidencia en aquel 1998.

La Fuerza Armada nacional es hoy día, otra con otros valores y con comprensión del momento muy distinta, pero ella misma y sus integrantes deben reconocer que ha llegado también la hora de superarse a sí misma. Es una Fuerza que nació del capitalismo y debe desaparecer con el capitalismo, por lo cual es hora de avanzar y dar paso a otra relación y de institución entre el poder popular revolucionario y sus órganos de defensa integral.

Por ello, el nacimiento de una estructura de las milicias populares y el ejército popular a construir es un asunto necesario. No obstante, partiendo del glorioso precedente del “pueblo en armas” instaurado en la guerra civil independentista del siglo XIX, el pueblo trabajador, desdoblado temporalmente como milicia popular, debe ser el epicentro de la nueva doctrina militar. Las milicias populares, en tiempos de paz deben estar dedicadas al mantenimiento del orden público y en tiempos de guerra a la autodefensa territorial. En la misma línea, el ejercito del pueblo, ya de carácter profesional, debe formarse a partir de la promoción de las milicias como ya viene ocurriendo.

Por último, esto permitirá deslástranos definitivamente de toda la concepción militarista que nos inculco el sistema capitalista, con órganos represivos, para un enemigo interno, (el pueblo trabajador y explotado).

¡¡¡ Guerra a Muerte Al Capital!!!

¡¡¡El Capitalismo es Inflamable, Echemosle Candela Ya !!!

¡¡¡Comunismo o Nada!!!

Comisión Ideológica y de Formación “Carlos Marx”

Insurgencia Comunista

Venezuela, enero de 2018

Politizar el Pesimismo

Pesimismo

massimopor Massimo Modonesi: Historiador, sociólogo y latinoamericanista. Estudioso de movimientos socio-políticos en México y América Latina y de conceptos y debates marxistas. Profesor titular de la FCPyS de la UNAM.

Politizar el Pesimismo

El pesimismo es un reflejo de los tiempos sombríos que vivimos. Walter Benjamin sostenía que había que organizarlo, lo cual equivale a decir que hay que politizarlo, darle sentido y proyección para que genere conciencia y movilización.

El pesimismo organizado y politizado puede ser un eficaz antídoto a la tentación populista la cual, más allá del debate sobre su contenido, se presenta como una forma de generar esperanzas e ilusiones, crear y tomar atajos para conquistar al poder político. Una forma no populista de hacer política desde la izquierda anticapitalista, sin caer en actitudes sectarias y jugar un papel simplemente testimonial, requiere pensar de forma antitética las formas, los territorios y los ritmos de la lucha.

En correspondencia con el dispositivo laclausiano, el populismo y la versión populista de revolución pasiva promueven una precaria y en buena medida imaginaria construcción del sujeto pueblo para habilitar una rápida -porque artificial- agregación electoral, es decir coyuntural e institucional, una modificación de la correlación de fuerzas en el plano más superficial y efímero -que puede expresar la crisis de la gobernabilidad neoliberal pero no la crisis profunda de su penetración cultural, el subsuelo hegemónico que la sigue sosteniendo. En esta acrobacia se menosprecia, sacrifica o deliberadamente manipula el potencial antagonista y autónomo de las clases subalternas, recurso indispensable de un cambio de correlación de fuerzas profundo y duradero sobre el cual se pueda edificar un proceso emancipatorio. Esta constatación es una advertencia respecto de las ilusiones coyunturales, de repentinos desbordes de movilización o inesperados vuelcos electorales, del culto del acontecimiento que implica el menosprecio de los procesos político-culturales a los cuales Gramsci atribuía tanta importancia. Acontecimiento cuyo alcance y productividad política no podemos negar, pero cuidándonos de no sobrestimar y sobredimensionar lo emergente, como deberíamos haber aprendido de las reiteradas lecciones de las múltiples situaciones pre-revolucionarias que hemos vivido o simplemente imaginado.

Aparece aquí la cuestión de los ritmos de la lucha política, en donde la tiranía de la eficacia del corto plazo nos impide situarnos plenamente en la derrota histórica desde la cual podemos y debemos pensar el qué hacer político anticapitalista y socialista revolucionario. Asumir de forma integral a la derrota, no solo en términos tácticos en relación a un momento determinado de la historia, sino como horizonte estratégico, implica revisitar críticamente todos los triunfalismos progresistas de una época que están anocheciendo, los socialdemocrátas y populistas, pero también los marxistas. Sin embargo, entre los marxismos críticos encontramos, por debajo de las incrustaciones de la retórica del sol del porvenir y del advenimiento del socialismo y del comunismo, valiosas pistas teóricas en el pensamiento de Gramsci, de Rosa Luxemburgo y en una línea que Enzo Traverso -en un sugestivo libro publicado en francés el año pasado- llama melancolía de izquierda, desarrollando una senda ya explorada anteriormente por D. Bensaid y M. Löwy y que tiene a W. Benjamin como principal referente filosófico. Una perspectiva fincada, según Traverso, en la experiencia y la memoria del sufrimiento de los vencidos, un “metabolismo de la derrota” que no lleva a la resignación, sino que se renueva como lucha y como proyección de utopía y pertenece a la “estructura de sentimientos de la izquierda”.

Por su parte, en sus Cuadernos desde la derrota, Gramsci colocaba como punto de partida la condición subalterna de las clases explotadas y vislumbraba su subjetivación autónoma como contrapoder en una prolongada guerra de posiciones, como principio y fin de todo proyecto emancipatorio, colocando otra temporalidad y otra tesitura de la política, a contrapelo del inmediatismo de la que llamaba pequeña política.

A partir de estas intuiciones, la izquierda anticapitalista tiene ante sí el desafío de organizar y politizar el pesimismo, repensando la estrategia, sus tiempos y sus espacios, desde abajo, porque abajo están las clases subalternas y porque no encontramos otra vez muy abajo, reiniciando una escalada al cielo, habiendo fracasado en el asalto que lanzamos en el siglo XX. Tiempos y espacios que son necesariamente otros, porque surgen de la lógica de la derrota e implican tiempos largos, ritmos lentos, caminos tortuosos y empinados pero ineludibles. Sugieren combinar una estratégica guerra cotidiana de posiciones y un permanente recurso táctico al movimiento, a la politización de la lucha de clases. Salvo sobresaltos de la historia que no solo serán bienvenidos, sino que habrá que propiciar y que nos encontrarán más preparados en la medida en que haya florecido la subjetivación subalterna, es decir, se haya colorado de autonomía.

Algo diametralmente opuesto a los atajos y las compulsiones de la tentación populista.

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