Advertencia (por que otra vez la volví a olvidar): la siguiente historia contiene el inicio de otra relación de carácter homosexual. Si estos no son tus gustos, es recomendable que des atrás en el explorador, o saltes las escenas que no sean de tu agrado. Después de todo, quizá termine gustándote. No es muy necesario leer los demás capítulos para entender este, sin embargo este debe ser leído como apoyo para el capitulo 6. Disfrútalo.
Capitulo 4: Amores que matan
Todos en algún momento de nuestras vidas tenemos miedo. Miedo a una persona, a un castigo, a un accidente, a la muerte. Sin embargo, ¿es posible temerle al amor? El sentimiento más puro que tenemos es el amor. Lo podemos sentir por cualquier persona, y de muchos modos. Aunque a veces le tememos. No por que tengamos miedo de enamorarnos, sino a las consecuencias que ese amor pueda traer. Por el temor a no herir a otras personas callamos nuestros sentimientos. ¿Qué hay que hacer entonces? Expresar nuestros sentimientos o callarlos para no herir a nadie. Para tomar esa decisión debemos recordar una cosa, que el amor no es un camino de rosas. A lo largo de el veremos contratiempos que nos causarán problemas. A veces, algunos demasiado grandes como para entenderlos.
—Buenos días jóvenes de Norfolk—dijo una voz en una habitación oscura—. Es hora de despertar y prepararse para ir a la escuela. El día de hoy no habrá mucho tráfico. Pero cambiando de nota drásticamente, la gente sigue un poco impactada por el tiroteo que se dio frente al edificio RookFort. Esto sigue siendo una noticia, pues no se sabe si fue obra de los rebeldes o no. La policía aun no tiene sospechosos, pero dice que ya todo se ha calmado. Así que, chicos, no tenemos por que preocuparnos de convertirnos en unas coladeras humanas.
Harry Stoner despertó a las 6:00 am, como todas las mañanas, para irse a la escuela, gracias al Loco John, el conductor de su programa de radio preferido, El mañanero. Su habitación estaba decorada con posters de retratos de famosos liberadores conocidos a lo largo de la historia. Tenía a lado de su cama un mueble con su computadora y su despertador. Dio dos palmadas y se encendieron las luces de su habitación. Con solo un boxer encima, se levantó y caminó hacía su baño.
Ya en el abrió la llave del agua y entró. El joven Harry, un lobo gris de 16 años, 1.67m, 62kg, grandes ojos azules y una larga cola que arrastraba en el suelo. Se había cuidado mucho, pues quería ser liberador cuando fuera mayor. Había investigado bien, solo necesitaba entender mejor el código Thompson.
Comenzó a ducharse mientras seguía escuchando lo que en la radio hablaban. Siguió la nota deportiva, luego política, habló sobre un accidente en el Sector 3. Para entonces Harry ya había terminado de ducharse. Salió con una toalla en la cintura y fue por su uniforme escolar. Pero algo lo hizo detenerse.
—Estamos con ustedes, desde la KXFG, su estación de radio preferida. Chicos, ¿les gustaría escuchar una historia? Les advierto que se van a asustar, así que ya tienen una excusa para faltar a la escuela. Pues bien, anoche fue encontrado en un callejón el cuerpo de Jimmy Canterbur, un chico de la ciudad que desapareció hace una semana. Según el reporte medico, el chico murió desangrado, debido a una herida ocasionada en el lugar donde antes se encontraba el hígado. Jóvenes, un brutal asesino ha aparecido, y se llama el Devorador. La gente se ha comenzado a preocupar, pues aun hay otros chicos desaparecidos, y a muchos padres no les gustaría que sus hijos fueran las siguientes victimas. Se desconocen las razones por las que el Devorador esta cometiendo estos crímenes, por que es seguro que habrá más. Sin embargo, la teoría más sensata es que este hombre es parte de una especie de secta. Pero tranquilos, ya las calles están siendo cuidadas por los más experimentados policías... entremos en pánico.
Harry comenzó a reír al escuchar eso. Después comenzaron los comerciales. Tomó la camisa que llevo el día anterior y la olió. No olía a sudor, así que podía llevarla. Saco el resto de su ropa y se sentó en la orilla de su cama. Su uniforme de la escuela preparatoria Ixion consiste en una camisa verde y un pantalón corto café. Usualmente los hombres llevan guantes como los de ciclista y una pañoleta roja en el cuello. Terminó de vestirse y tomo de su escritorio el reloj Rolex, regalo de su madre y lo puso en su muñeca izquierda. Se ato la pañoleta al cuello y se puso los guantes.
Entonces pensó en eso sujeto, el Devorador. El nombre se le antojaba como para una película de terror barata. El tipo estaba loco, eso era obvio. ¿Secuestrar niños para devorar un órgano de su cuerpo y dejarlo morir? Eso era algo asqueroso. No tenía la menor idea de por que alguien sería capaz de matar a un inocente. Sin embargo, no podía ocultar su miedo, pues ha pensado en la posibilidad de ser pronto su próxima victima. Ese era su defecto, siempre pensaba en las posibilidades, fueran buenas o malas.
—Y estamos de vuelta, en su estación de radio preferida, la KXFG. Cambiemos a un tema más alegre, ¿les parece? Espero que todos hayan participado en el concurso mensual de rarezas. Si no lo hicieron, mucha lastima margarito.
Entonces Harry se sintió frustrado. Cada día último de mes se hacía un concurso en el cual se sorteaba un objeto de suma rareza a quienes hayan participado, enviando una carta a la estación, donde respondieran algunas preguntas sobre dicho objeto. Esa fue idea del Loco John, pues desde la primera emisión de su programa dijo que amaba las cosas raras. No siempre participaba, pero ese mes de marzo fue diferente, pues el objeto que se daría al ganador era el Código Thompson. Pero no cualquier código. Este era uno de los ejemplares originales, cuyo costo es muy alto. Como siempre se había interesado, tenerlo en su poder era muy importante. Tenía uno, pero era una copia y no estaba completo. Solo los originales estaban completos, y no había muchos en la ciudad. Solo en la capital del país podría encontrarse uno.
Desafortunadamente, se había dedicado mucho a unos trabajos de la escuela y, a pesar de tener la carta con las preguntas sobre la vida de Thompson contestadas, no la mandó. Ahora era demasiado tarde, pues el concurso ya estaba cerrado.
—Como ya lo saben—siguió diciendo John—, este mes se sorteó un ejemplar original del famoso código Thompson. Para aquellos que están interesados en este famoso hombre, o para quienes desean simplemente tener un trozo de historia, esto podría ser muy valioso, en especial dentro de unos años, pues su valor crece más y más. Mañana les diremos quien es el ganador de tan valioso y raro objeto. Pero vayamos a otras noticias...
Harry no estaba interesado en el resto. Además, ya tenía que irse a la escuela. Tomo sus libros y salió de su habitación, algo triste por haber perdido tan valioso objeto.
La escuela preparatoria de Ixion, fundada por Robert Billford el año 2123, es la más reconocida a nivel mundial. Los estudiantes que a ella asistían tenían sin duda un futuro asegurado, sin importar las calificaciones que hayan obtenido. Sus materias eran impartidas por excelentes profesores, que trataban bien a los estudiantes y los apoyaban en todo lo que necesitaran. La libertad que les dan a los estudiantes es algo que también los mantiene controlados, y los hace de igual modo ser buenos estudiantes, listos para afrontar las consecuencias de sus actos. Aun así, los castigos impartidos no eran duros; al contrario, daban un buen mensaje y los hacía no volver a reincidir. Era por eso la más famosa institución en el mundo. Lo mejor de todo es que a pesar de que era algo cara, era fácil obtener y mantener una buena beca. Desde sus inicios no había tenido problemas dentro. No sabían que en sus pasillos una oscura sombra se encontraba desfilando libremente, y traería más que un problema a la reconocida institución.
Harry era estudiante del segundo grado. Era el mejor estudiante de su clase, con las más altas calificaciones. Y de no ser por deportes, tendría un promedio perfecto. Pero la perfección es algo que no se puede alcanzar. Ya solo faltaban 10 minutos para que comenzaran las clases. Llego sin problemas a la escuela. Había aprendido como evitar ser secuestrado. Avanzó por el pasillo del ala A, subió las escaleras y se dirigio hacía su primera clase del miércoles: Matemáticas.
Aun había muchos estudiantes fuera de los pasillos. Muchos tomaban de sus casilleros lo que iban a ocupar en la primera clase. Lo bueno es que su casillero estaba cerca de su salón. Siguió avanzando por el pasillo, dio un par de vueltas y llegó al salón 204. Llegó primero a su casillero, y puso la contraseña para abrirlo: 35-24-35. Metió los libros que llevaba en su brazo y sacó solo su libro de matemáticas. Después entró a su salón, donde ya se encontraban todos.
Harry tomo su lugar en el segundo asiento de la primera fila, junto a las ventanas. Detrás de el estaba su mejor amigo, Bert Malcovich, quizá el único amigo que tiene. El es un oso de pelo café, 1.75m, 85kg, lindos ojos marrones, más grande que Harry, y con una mirada de vez en cuando perdida. No era tan inteligente como Harry, pero tenía al menos buenas notas. Además, era divertido y defendía a Harry cuando era necesario.
—Hola Harry—lo saludo Bert. Harry volteó y sonrió.
—Hola Bert.
—Oye, ¿escuchaste esta mañana a John?
—Claro. Estuvo genial lo que dijo del devorador.
—Lo se. Pobre chico.
—Si. Que mala onda por sus padres. Debe ser muy difícil para ellos algo como eso.
—Después de depositar en el todas sus esperanzas, claro que debe ser difícil. Ahora nadie quiere salir a la calle.
—Imagínate como me sentí yo esta mañana. No voy a negar qué estoy algo asustado.
—Yo también. Ninguno de nosotros esta exento de ser la siguiente victima. Debemos tener cuidado de ahora en adelante.
—Si.
En ese momento la campana sonó. Todos tomaron su lugar mientras el profesor Potter, un gato siamés de 45 años entraba en el salón de clases. Saludo a los estudiantes y comenzó su clase, repasando lo que habían visto el día anterior.
El resto de las clases fue como siempre: con Harry luciendo sus conocimientos. Pero no era interesante y por eso lo salté. Ese día no tocó su clase favorita: historia universal. Los miércoles y los viernes no tocaba. Su última clase fue literatura. Al sonar el timbre Harry fue a guardar sus cosas. Afortunadamente no habían encargado tarea, y todas las demás ya las había hecho, así que tenía el día libre. Y ya sabía lo que quería hacer.
Volvió al salón a buscar a Bert, pero no estaba. Solo había unos chicos terminando de guardar sus cosas. Harry salió y busco a Bert en el pasillo, pero no lo vio por ningún lado. Creyó que ya se había ido, y que había perdido su oportunidad. Primero lo de esa mañana, ahora eso. Se sintió algo triste. Con la cabeza abajo avanzó por el pasillo hacía la salida.
Llegó a la salida de la escuela, donde ya estaban casi todos los estudiantes del primero y segundo año. Conversaban con otros estudiantes; algunos jugaban con cartas de un juego llamado Dungeon, que es parecido al Magic; otros revisaban sus tareas; las chicas lucían las joyas que llevaban. Entonces se detuvo. Algo lejos de ahí, vio a Bert rumbo a su casa. Harry salió corriendo hacía el, esquivando a los demás estudiantes.
— ¡Bert! Por aquí—le gritó para detenerlo.
—Ah... ¿qué?—dio la vuelta y se detuvo al verlo—Ah, Harry, eres tú—se veía algo desanimado.
—Te fuiste muy rápido—le dijo tras haberlo alcanzado.
—Bueno... quería volver pronto a casa. Ya sabes por que.
—Ah, ok. Pero, quería... pues... pedirte algo.
— ¿Qué cosa?
—Bueno... ¿no te molesta si voy a comer hoy a tu casa?—preguntó algo avergonzado.
— ¿A... a mi casa?—Bert se escuchó más avergonzado
—Si. Es que... no se si mi papá vaya a estar en la casa. Y no hay nada que comer.
—Cla-claro. Puedes ir.
—Ok, gracias. Iré más tarde, solo tengo que ir a revisar que todo este bien en casa.
—De acuerdo. Te espero haya.
Harry sonrió y siguió su camino a cuatro patas, para poder ir más rápido. Bert solo lo observó alejarse con una sonrisa en su rostro. Por su parte, Harry se sentía feliz por que Bert haya aceptado. Quería hablar con el desde antes, pero la escuela no era un sitio muy privado. En su casa no había problema. Además, podría decirle algo que desde antes le había ocultado.
Después de un corto recorrido, Harry llegó a su casa. Al entrar escucho la televisión. Al parecer su papá no había ido a buscar trabajo. Bueno, aun no era urgente. Solo llevaba dos semanas sin trabajo, y aun tenía dinero para vivir otros tres meses sin tener que trabajar. Siempre en cuando no lo gastara en algo tonto.
Camino hacía su habitación para descansar un rato antes de ir a casa de Bert. Pero entonces su padre salió de la sala, que estaba en la habitación contigua. Su papá es Henry Stoner, un lobo de 38 años, 1.81m, 91kg, grandes y penetrantes ojos negros. Desde hace una semana su carácter había cambiado. Era más frío con su hijo.
—Ya era hora de que llegaras—le dijo con un tono serio.
—Llegue a la misma hora de siempre. No se por que te quejas.
— ¿Qué tono es ese para hablarle a tú padre?
—Discúlpame. Me vine corriendo desde la escuela. Vengo algo cansado.
—Aun así no es razón para que me hables así.
—Lo siento. Voy a mi habitación.
Pero sin razón alguna le dio una fuerte patada en la espalda. Harry chillo de dolor para luego caer al suelo. Se dio la vuelta y se sobo la espalda mientras miraba a su papá. Su rostro había cambiado. El padre que el conocía no estaba ahí.
— ¿Por qué... por que me pegaste?—preguntó tratando de contener las lágrimas.
—Para que aprendas a no darle la espalda a tu padre.
—Pero no es razón para que... hagas eso.
Henry solo le lanzó una mirada fulminante y después regreso a la sala. Harry se levantó con calma para no lastimarse y fue a su habitación. Una vez en ella se tumbó en la cama y comenzó a llorar. Detestaba esa fecha. Todos los años era lo mismo. Hace 14 años, cuando Harry tenía solo 2 años, su madre fue asesinada por un grupo de secuestradores. Eso fue horrendo para su papá. Desde entonces, cada año, se comportaba así de frío con el, sin saber por que.
Cuando el dolor ceso, Harry dejo de llorar y recordó que tenía que ir con Bert. Solo había pasado media hora desde que llego a su casa. Camino hacía su armario y saco una camisa blanca. Lo único que se quito fue la camisa del uniforme. Salió de su habitación y se dirigió a la puerta, pero su papá lo detuvo.
— ¿A dónde vas?
—Con Bert, a comer.
— ¿A comer? Pues... esta bien. De todos modos no hay nada.
—Vuelvo más tarde.
—Adiós.
Harry salió de la casa y comenzó a caminar rumbo a la casa de Bert. No estaba muy lejos de la suya, y en el camino no había nada que presentará peligros para el. No había callejones, ni restaurantes raros, ni nada. Era un camino tranquilo. Se sentía algo triste por lo que había pasado con su papá. Deseaba que pronto todo terminara y volviera a ser como antes. No era muy cariñoso, pero tampoco era violento.
Después de unos 15 minutos caminando llego a la casa de Bert. Era parecida a la suya, por dentro y por fuera, pues era un conjunto habitacional. Al llegar a la puerta, toco el timbre y espero a que Bert abriera. Su papá si tenía trabajo, pero le habían dado unas vacaciones. Me pregunto que estará pasando con Bert. Últimamente se ha comportado algo extraño, pensó. Y era verdad, Bert se había estado comportando algo... extraño. Entonces la puerta se abrió. Bert seguía con el pantalón corto de la escuela y con una camisa blanca sin mangas.
— ¡Harry!—le saludó emocionado—Que bueno que llegaste. Pasa, pasa.
—Gracias—Bert se hizo a un lado para dejar a Harry pasar. Bert cerró la puerta y se puso a lado de Harry—. Discúlpame por tardar. Es que me entretuve un poco con mi papá.
—No te preocupes. De todos modos aun no termino la comida.
—No creí que fueras a cocinar tú.
—Bueno, jeje...—se rasco la nuca—... se un poco de cocina. Y mi papá sigue dormido.
—Supuse eso.
—Ven.
Ambos caminaron hacía el comedor. Pero accidentalmente Bert golpeó ligeramente la espalda de Harry, justo donde su papá le había dado la fuerte patada. Dio un leve chillido y se encorvó. Bert se dio cuenta y se preocupo un poco.
— ¡Harry, lo siento! ¿Te lastime?
—No... no te preocupes.
—Discúlpame. Solo quería darte un abrazo.
—En serio. No te preocupes.
—Oye pero, ¿por qué te lastime? No te pegue muy fuerte. Creo que ni siquiera te pegue.
—Lo se, lo se. Es que...
— ¿Alguien te hizo daño?
—Bueno, es que... mi papá, hace rato... me pego.
— ¡¿Qué?!—Bert estaba sorprendido. Conocía a su papá, y sabía que tenía un carácter algo duro. Pero nunca lo creyó capaz de golpearlo— ¿Pero por que?
—No lo se. Estaba algo enojado cuando llegue. Quizá no lo aceptaron en el trabajo que fue a pedir.
—Pero esa no es razón para que se desquite contigo.
—Ya lo se. Pero sabes que cada año se pone así, por lo de...—pero Harry se detuvo. Se sentía también triste por la muerte de su madre. No tiene ningún recuerdo de ella. Contiene sus lágrimas, pues no desea llorar frente a Bert.
—Harry, se que a ambos les duele lo que paso. Pero ya han pasado catorce años, y aun no lo superan del todo.
—Para ti es muy fácil decirlo. Tú si conociste a tu mamá.
—Si, la conocí. Y también vi cuando se divorció de mi papá, y como comenzó una nueva familia, y se olvido de mi.
Harry se avergonzó de lo que había dicho. Tiene razón, pues Bert vio a su familia desintegrarse por completo.
—Lo... lo siento. No debí...
—No te preocupes—le interrumpió—. No me molesta recordarlo. Tienes que superarlo, y tu papá también.
—Lo se, pero no es tan fácil.
—Lo harás. Pero no hablemos de eso. Espero que no te haya lastimado yo más—le dijo señalando su espalda.
—No es nada grave—Harry se dio la vuelta y se levantó la camisa, mostrándole su espalda— ¿Lo ves? No es nada—pero antes de poder ponerse la camisa de nuevo, sintió los fuertes brazos de Bert rodearlo y pegarse a el. Sentía su calida respiración en su cuello, y un hormigueo recorrer todo su cuerpo—. Bert... yo...
—Harry, dame una oportunidad. Yo... yo te amo—comenzó a besar su cuello—. ¿Te gustaría...ser mi pareja?
Harry se sorprendió ante la pregunta. No va a negar que siente lo mismo por Bert, que lo ama desde el primer momento en que lo vio, que desea ser su pareja. Pero las cosas no son tan simples. Ambos tienen miedo de que algo malo pase, de que lastimen al otro, de que se separen por las opiniones de sus padres. Pero ya Bert no quería seguir ocultando su amor.
Harry se dejo guiar, y giro un poco el cuello para poder besar a Bert. Sus garras seguían sujetas por su camisa, pero no era algo que le importara. Sus labios se encontraron en un calido primer beso que hizo que todo el dolor que ambos sentían desapareciera. Por primera vez todo lo que habían pasado a lo largo de sus vidas tenía sentido. Estaban destinados a estar juntos. Tanto sufrimiento, tanta soledad, todo era solo un camino que debían pasar para encontrarse uno al otro, y tener la feliz vida que siempre han deseado.
Harry se quito de sus brazos la camisa sin dejar de besar a Bert. Se dio la vuelta para quedar frente a él y lo abrazo, mientras seguía besándolo apasionadamente. Las grandes garras de Bert acariciaban la espalda de Harry suavemente, y comenzaron a bajar hacía su cintura. A el no le importó, y dejo que siguiera tocándolo. Lo acerco más a el, sintiendo el calor de su dulce cuerpo junto al suyo. Entonces todo para ambos tomo sentido.
Sus labios se separaron, pero seguían mirándose fijamente, deseando no romper ese lazo que acababan de iniciar. Seguían acariciándose lentamente, tratando de seguir ese momento.
—Harry...—comenzó a decir Bert—... discúlpame.
—No, no hay... problema.
—Entonces, ¿qué dices? ¿Aceptas?
Observó por un momento a Bert. Claro que deseaba estar con el, pero su papá no pensaría lo mismo. Ya había hablado con el, y a pesar de que acepta su homosexualidad, no esta totalmente de acuerdo con el. No pensaba tener pareja hasta que pudiera vivir solo, cuando ya no dependiera de su padre. Pero ahora las cosas cambiaban. El temor a que Bert no compartiera su forma de pensar fue el culpable de que no le dijera desde antes, junto a lo que su papá pensara. Pero también tenía miedo de que alguien más se le declarara antes, y perdiera al amor de su vida. Ahora, todo había cambiado.
—Bert, yo...
—No te preocupes. Lamento haberte incomodado con esto. Solo promete que no le dirás a nadie lo que hice.
—Pero Bert. Si quiero. He querido ser tu pareja desde el día que te conocí.
— ¿En serio?—pregunta emocionado.
—Si. Te lo hubiera dicho antes pero... no creí que sintieras lo mismo. Pero si, si quiero ser tu pareja.
—Harry...—no pudo contener las lágrimas y se lanzó en sus brazos. Harry también comenzó a llorar—... gracias. Me haces muy feliz con esto.
—Yo también... estoy feliz. Todo lo que has hecho por mi es algo que jamás te voy a terminar de pagar.
—Yo soy el que te debe mucho. Fuiste mi único amigo cuando más necesitaba uno. Eres lo más importante que tengo en mi vida.
Se sentaron en el primer sofá que tuvieron cerca, y comenzaron a hablar sobre todo lo que habían pasado y lo que sentían. Se conocen desde que entraron a la secundaria. Harry le contó que realmente se había enamorado de el en el momento en que lo vio por primera vez. Por eso fue el primer y quizá el único amigo que tuvo. Bert le explico que el también se había enamorado de él en cuanto lo vio. Pero no había podido decirle antes por el mismo miedo a que no sintiera lo mismo.
Pasaron un par de horas hablando, siempre tomados de las garras. De vez en cuando también se besaban, o se daban fuertes abrazos. Jamás pensaron que pudieran ser tan iguales, pues guardaban los mismos gustos. Cuando Harry le comentó que deseaba ser liberador cuando fuera mayor, Bert le dijo que sería su mano derecha, pues también deseaba terminar con esos males. Era como verse en un espejo, eran tan iguales.
Pero pasadas esas dos horas, la desgracia para ambos comenzó.
— ¡Bert! ¿Dónde estas?—la voz de su padre se escucho por toda la casa.
—Creo que tu papá despertó—dijo Harry—. Será mejor que me vaya.
—No. No tienes por que preocuparte.
—Pero no te quiero causar problemas. Se que últimamente se ha comportado algo malo contigo.
—No me causaras problemas.
— ¡Bert!—en el pasillo apareció Robert Malcovich, de 39 años, 1.89m, 105kg, pelo totalmente café, y unos penetrantes ojos negros. Solo llevaba un pantalón puesto. Por un momento Harry se aterro al verlo, pues parecía estar como poseído. Pero se calmó segundos después. Por alguna razón titubeo antes de seguir hablando, como si se estuviera arrepintiendo de lo que fuera a hacer. Pero después se le quito— ¿Qué no oyes que te estoy hablando?
—Si papá. Lo siento. ¿Necesitabas algo?
—Ya no. ¿Quién es tu amigo?
—Harry. Ya lo conocías, ¿lo olvidas?
—Ah si—miro a Harry. Parecía algo asustado cuando lo vio—. Discúlpame, acabo de despertar y no te reconocí.
—No se preocupes señor Malcovich. A veces a mi también me pasa.
—Pero bueno, ¿a que has venido?
—Quería hablar con Bert, sobre unas cosas de la escuela.
—Papá, ¿no te molesta si salgo con Harry?
—Sabes que tienes cosas que hacer.
—Lo se. Prometo hacerlas cuando vuelva.
Se quedo pensando por un momento. Miro un par de veces a Harry, para después hablar.
—De acuerdo. Ten cuidado.
—Si papá.
Dieron la vuelta y salieron de la casa. Después comenzaron a caminar sin rumbo alguno. A ninguno de los dos le importo que la gente los viera, y al haber avanzado un par de casas, se abrazaron. En la calle los miraban, pero como ya lo dije, no les importaba. Estaban juntos y eso era lo único que importaba. No tenían la menor idea de a donde ir.
Decidieron ir a comer unos nachos, pues supuestamente iban a comer en casa de Bert, y aun tenían hambre. Harry traía dinero, y no tuvo inconveniente (no veo por que) en invitarle a Bert. Pasaron otro rato charlando, esta vez sobre sus padres. Ambos sabían que ninguno de los dos aceptaría su relación. Quizá aceptaban la decisión que habían tomado, pero no dejarían que tuvieran pareja hasta que tuvieran su propia casa. No tenían más opción que mantener la relación que acababan de comenzar en secreto, mientras buscaban otra solución.
Ya llegada la noche, pues el tiempo para ambos pasó volando, volvieron cada quien a sus casas. Se les hizo algo difícil despedirse, a pesar de que vivían muy cerca y que al día siguiente se verían. Se despidieron con un calido beso que los hizo quitarse de encima el frío de la noche, y tomaron su camino.
Llegaron sin problemas a sus respectivas casas. El papá de Bert ya estaba dormido, así que Bert solo tomo un baño y se fue a la cama. Harry no tuvo tanta suerte. Al llegar a su casa su papá estaba viendo la televisión en la sala, pero no le presto la más mínima atención. Fue directo a su habitación y se cambió la ropa. Ya había comido con Bert, así que no tuvo que cenar con su papá. Solo le fue a avisar que ya había llegado y que ya se iba a dormir.
Paso una hora despierto, pensando en Bert. Mañana ya no volvería a ser su vida igual. Aprovecharía cada momento que estuvieran solos para besarlo y abrazarlo. No podía creer que también lo amará, que sintieran lo mismo. Poco le importó lo que pensará su papá si se llegaba a dar cuenta, protegería su amor.
Mientras tanto, Henry estaba en la sala de su casa, no viendo la televisión, sino pensando. Esa tarde se había comportado pésimo. Había golpeado a su hijo sin ninguna razón. Si, era el aniversario de la muerte de su esposa, a la cual había amado mucho. Pero esa no era razón para hacerle daño. Harry siempre había sido un buen hijo, y el no se comportó como un buen padre.
Apagó la televisión y camino hacía la habitación de Harry. Le tenía que dar una disculpa. Le prometería no volver a comportarse así. Quien debería estar más afectado es el, pero ya lo supero. Henry no. Pero tenía que superarlo.
Abrió la puerta lentamente. Harry ya estaba dormido. Entró y se sentó en la orilla de la cama. Lo agito un poco para despertarlo.
—Harry. Hijo, despierta.
—Ah... ¿qué pasa papá?
—Tenemos que hablar.
—Se que llegue algo tarde, lo siento. No volverá a pasar.
—No, no es de eso. Es sobre lo que paso esta tarde.
Harry lo miro por un momento. Después se sentó, ya despabilado.
—No tiene nada de malo. Se que tuve la culpa.
—No hijo, tu no tuviste la culpa. Yo la tengo. Se que todos los años me pongo así por lo que paso con tú madre, pero... la ame demasiado, y me dolió mucho perderla.
—A mi también papá. Pero ya lo estoy superando.
—Me gustaría a mi también poder superarlo como tu, pero no es tan fácil. Además, no es razón para que te haya golpeado. Ni siquiera me diste ninguna razón para hacerlo. Discúlpame hijo.
—No te preocupes. Ya no importa.
—Prometo cambiar. Se que no he pasado mucho tiempo contigo, y que no hay forma ya de reparar todo el daño que te hice. Pero al menos trataré de compensarlo.
—Ya te dije que no hay problema. Tú has sido un buen padre. No tomo, no fumo, no me drogo. Me has cuidado muy bien.
— ¿En serio?
—Si. Quizá no hemos pasado tiempo juntos, pero eso no quiere decir que no hayas sido un buen padre.
—Aun así, te pido disculpas.
—No tengo nada que perdonarte. No has hecho nada malo.
— ¿Acaso lo de esta tarde no fue algo malo?
—Para mi no.
—De... de acuerdo—le dio un beso en la frente—. Hasta mañana hijo.
—Hasta mañana papá.
Se levantó y salió de su habitación. Harry se quedó pensando en eso. Su papá era bastante orgulloso, y no reconocía tan fácil sus errores. Y por eso se quedo sorprendido a que haya aceptado que cometió un error. Le costaba un poco creer que realmente fuera a cambiar, pero si acepto un error es por que quizá estaba hablando en serio. Pensó que su vida comenzaba a dar un vuelco. Así era, más no iba a ser a su favor.
Al día siguiente, John volvió a despertar a Harry. Lo primero que escucho fue al ganador del código, una tal Nicole White. Se lleno de rabia, pues pudo ser el quien ganara. Sabía mucho más que esa zorra. Pero se relajo cuando entró al baño, pues mientras se enjabonaba, pensó en Bert, y en lo mucho que deseaba estar con el. Eran jóvenes, y quizá bastante precoces. Al salir del baño, se vistió y salió de su habitación. Su papá aun seguía dormido, así que mejor se fue a la escuela.
Como no llevaba libros, pues no tuvo tarea que hacer, se fue corriendo como una saeta, lo que le ahorro bastante tiempo. Como Bert vivía más cerca de la escuela, ya debía estar allá. Ya deseaba estar con el, abrazarlo, besarlo, estar a su lado. Deseaba disfrutar cada segundo que estuviera con el. Quizá tendrían algunos problemas cuando su padre supiera de su relación, pero jamás lo dejaría de amar, y esperaría por el hasta el fin del mundo si fuera necesario.
Tras un rápido trayecto llegó a la escuela. Aun había algunos estudiantes fuera. Llego cansado, más no sudo en lo absoluto. Entró a la escuela y fue a su salón. Al llegar, saco de su casillero los libros que iba a usar en su primera clase: literatura. No había nadie en el salón, solo Bert, que estaba leyendo unos apuntes de su libreta. Cerró la puerta, llamando su atención. Ambos sonrieron.
— ¿Dónde están todos?—le preguntó Harry mientras se sentaba frente a el.
—En los baños. Al parecer Robert y Mark se están peleando.
—Genial, entonces van a tardar.
—Lo se.
Acercaron sus rostros para poder darse un calido beso. Harry acarició los muslos de Bert, excitándolo un poco. Lentamente rompieron el beso cuando sonó el timbre. Segundos después entraron los demás estudiantes, junto con el profesor Linderman, un búho anciano, pero muy bueno sobre su tema.
La clase paso sin contratiempos. Solo hicieron un repaso sobre lo que vieron la clase pasada. Y así siguieron el resto del día, hasta la penúltima clase, la cual era la favorita de Harry: historia universal.
Al sonar el timbre, el profesor Rocko Baltimore, un pastor alemán de 24 años, 1.76m, cautivadores ojos azules. Era el maestro más joven de toda la escuela, pero también el mejor en su materia. Desde muy niño había estudiado la historia del mundo tal y como lo conoce. Al no tener ni pareja ni familia, los libros y las anécdotas del pasado son su única compañía.
—Buenos días jóvenes—les saludo con su dulce voz.
—Buenos días profesor Baltimore—contestaron a coro todos.
— ¿Cómo están? De seguro ya se quieren ir a sus casas. Tranquilos, ya solo es esta clase.
— ¿Esta? Pero aun falta una—señalo Bert.
—Ah... no. El profesor Nestor esta enfermo y no podrá venir—al oír eso todos dieron una ovación de alegría. Harry y Bert estaban felices por eso, pues tenía 45 minutos libres para hacer lo que quisieran antes de volver a casa—. Si, si, se que les alegra. Se irán antes a sus casas. Lo que daría yo por irme antes. Pero bueno, hay que retomar la clase anterior. ¿Alguien puede recordarme lo que vimos?—el primero en levantar la garra fue: — ¿Harry?
—Estábamos hablando sobre la guerrilla en China en el año dos mil ciento cuatro.
—Correcto. Recordemos que la principal causa que llevo a esta guerra fue la inconformidad del movimiento rebelde ante los la brutalidad con que se torturaba a los esclavos. El líder del movimiento en ese entonces era Yao Fu Ling, quien tomo el puesto de su padre a los diecinueve años. El fue durante un tiempo un dorei, y vivió en carne propia la tortura a la cual ellos fueron sometidos.
—Entonces, ¿fue por eso que comenzó la guerrilla cuando tomo poder del movimiento?—preguntó Sophie, una jirafa.
—Si. Las marchas pacificas en contra de la esclavitud no consiguieron nada. Ling solo quería luchar por los derechos de su gente, y bien dice el dicho, si quieres paz, trae la guerra. Aun no se sabe de donde obtuvo dinero para armar a sus hombres. Un día solo salieron y comenzaron a disparar a todos los que eran dueños de meretrix. Después fueron a los apartamentos y mataron los dueños de los doreis. Los imperfectos intervinieron, y comenzó la guerrilla. Desafortunadamente los rebeldes no estaban armados al nivel de los imperfectos, y en cuatro meses todo el movimiento fue controlado. Ling fue condenado a pena de muerte.
—Pero si consiguieron su objetivo—comenzó a decir Harry—. A pesar de que no fueron destituidos los miembros importantes del gobierno, las leyes sobre el dominio de un dorei o meretrix cambiaron, en especial cuando Mao Seng tomo el poder.
—Exacto. Su hijo había sido un meretrix, pero desobedeció una orden y fue asesinado. En honor a él, Seng cambio las leyes para que la tortura a la cual eran sometidos los esclavos fuera menor. Al principio no fueron aceptados esos cambios, y hubo muchos atentados en contra de Seng. Pero gracias a el, la tortura ya no es tan brutal como antes.
—Pero, ¿no hubo otra causa?—comentó Tom, un topo igual de inteligente que Harry.
—Si. No se tiene muy segura la segunda causa por la cual esta guerrilla comenzó, pero si existe.
—Si no me equivoco—comentó Harry—, Ling hizo tratos con rebeldes estadounidenses. Deseaban comenzar la guerrilla al mismo tiempo, creyendo que esto generaría pánico en la población.
—Tienes toda la razón Harry. El lider rebelde del país en ese entonces era Paul Mclane. Pero al parecer se acobardo o fue capturado días antes del inicio de la guerrilla en Asía, pues jamás se volvió a saber de el. Pero con o sin el, Ling iba a atacar.
Debo decir que les debemos algunas cosas a los rebeldes. El modo no fue el correcto, pero si cambiaron con el paso del tiempo algunas leyes.
El resto de la clase siguió hablando sobre el mismo tema. Como siempre, Harry se lució ante todos con sus conocimientos. Al sonar el timbre, el profesor les deseó un buen día y los dejo salir. Harry y Bert guardaron sus cosas en los casilleros y salieron de la escuela. Tenían planeado ir a comprar un helado y hablar un rato sobre lo que podrían hacer el fin de semana.
Pero en su camino se encontraron con una tienda de electrónica. Había unos televisores fuera, que transmitían propaganda sobre el alistamiento a los imperfectos. En ellos, transmitían imágenes de ciudades afectadas por el movimiento rebelde.
—Francia, Brasil, Rusia, Japón—comenzó a citar el narrador del comercial—, y otras ciudades han sido afectadas por el duro movimiento rebelde. Solo los Estados Unidos han soportado sus constantes ataques. Ahora, el mundo se encuentra en total calma. Todo gracias a los imperfectos. Únete, y asegura el futuro del mundo.
—Propaganda basura—señalo una voz a lado de Harry. Al volver, se encontraron con un joven de unos 23 años.
— ¿Disculpe?—le preguntó Harry, que no entendió por que dijo eso.
—Eso, es basura.
—No entiendo por que lo dice. Los imperfectos han traído paz al mundo.
—Si, calmaron a los grupos rebeldes. Pero eso no soluciona nada. ¿Qué te hace creer que ellos se van a detener? Se están reagrupando. Pronto la guerra va a volver, y más ciudades van a caer, y los imperfectos no van a poder hacer nada, solo sacrificarse en vano. Cuídense jóvenes, y aléjense de las drogas.
El hombre se fue, dejando a Harry pensando. Tiene razón, los imperfectos no van a detener a los rebeldes. Pero eso no le importa, es algo en lo que siempre había pensado cuando un primo suyo se había enlistado. Lo que se le hacía raro era ese sujeto; por alguna razón se le hizo... conocido. Bert también compartía una mirada de confusión. Ambos se quedaron pensando por un momento, para después dar la vuelta y seguir su camino.
El resto del día se la pasaron hablando sobre lo que deseaban hacer en su futuro. Bert le dijo que deseaba estudiar derecho, pues su abuelo le había enseñado muchas cosas tras dejar de ser abogado. Con eso, se arriesgaría a buscar un modo de cambiar las leyes y reducir todo lo posible la existencia de la esclavitud. Harry le contó el resto de su plan como liberador: en las afueras de Miami hay un viejo edificio donde se dice hay un grupo de liberadores retirados, que entrenan a los que vayan a pedirles su ayuda. Harry piensa ir cuando termine la preparatoria, para comenzar lo más pronto a trabajar. A Bert la idea de separarse de el no le pareció justa, pero no podría convencerlo de que no se fuera por más que lo intentara. Además, era su sueñó, y no tenía por que interponerse.
El tiempo fue pasando. Cada día era mejor que el anterior. El lazo entre ambos se fue haciendo cada vez más y más fuerte. Harry ayudo a Bert a mejorar en la escuela, mientras el se encargo de que nadie le pusiera la mano encima a Harry. Sin embargo, la vida perfecta se puede encontrar, pero hay un largo camino para llegara ella. Y para ambos aun quedaba un largo camino que recorrer, y la fatídica mano del destino se encontraba a punto de jugar una carta que daría un giro radical en la vida de ambos. Pues el amor, a pesar de ser el sentimiento más puro, es también el más traicionero; nos envuelve en un manto tan suave que nos cubre y acaricia la piel con dulzura, pero también cubre nuestra visión, haciéndonos tomar decisiones que, aunque son buenas, no siempre son las mejores; y al momento de destaparse los ojos, a veces uno se encuentra en un lugar diferente al que esperaba estar. Entonces hay que regresar por nuestros pasos, que desafortunadamente se encuentran perdidos entre la confusa maleza. A veces es difícil regresar, pero al menos encontraste el amor, y no estas solo en ese duro viaje de regreso. Es ahí donde comienza el duro camino que Harry y Bert tomaron erróneamente. No escucharon una opinión muy importante: la de sus padres. Es ahí donde el destino dio un fatídico giro que ninguno de los dos se esperaba.
Tras haber pasado un mes aproximadamente, algo en Harry cambio. Quizá fueron algunas tareas que lo tenían hasta tarde trabajando, o la presión que ejercía el no encontrar una explicación para su padre sobre el por que salía tanto. Sin importar la explicación, su comportamiento había cambiado, excepto con Bert. Harry se sentía algo... deprimido, por así decirlo. Aunque era difícil verlo en alguien que siempre irradiaba felicidad. Ni siquiera Bert lo noto, a pesar de que pasaba gran parte del día con el.
Su padre pudo haberlo notado, pero unos días atrás consiguió trabajo. No le dijo a Harry donde, pero pasaba casi todo el día fuera. Solo hablaba por telefono con el para decirle que iba a salir. Al menos la paga era buena. El padre de Bert aun seguía de vacaciones, y cada día parecía ser más y más frío.
Pero no fue eso lo que hizo que todo cambiara. Por primera vez, algo serio ocurrió no solo en sus vidas, sino también en las vidas de todos los habitantes de la ciudad, y lo que les cuento ahora, es solo un trozo insignificante en comparación con la historia que acababa de comenzar. No es más que el comienzo. Quizá ni siquiera llega a eso.
Harry llego a la casa de Bert. Habían quedado en ir a ver una película, y llegar a hacer sus labores. Ya había pedido permiso a su papá, quien lo cuestiono desde el teléfono de su oficina como si se encontrara de pie frente a el.
Aunque por alguna razón, Harry se detuvo al llegar a la puerta. Parecía haber dentro una discusión. Pego su oreja a la puerta, tratando de escuchar. Al parecer el padre de Bert se había enojado, y esta vez era peor que otras discusiones que había escuchado. Quizá su temperamento era fuerte, pero en ese momento parecía el verdadero demonio.
Cuando escucho pesados pasos dirigirse hacía la puerta, se lanzó hacía el arbusto. Una décima de segundo después, el padre de Bert salio de la casa hecho una verdadera bestia. Cerró de un portazo y se fue rumbo al centro. Iba vestido... ¿de traje? Si, eso parece. No lo había visto jamás con un traje, pero en ese momento lo llevaba. Quizá había encontrado trabajo.
Cuando se aseguro de que no lo escuchará tocar la puerta, salio de su escondite y llamo a Bert. Unos segundos después la puerta se abrió. En lugar de la calida bienvenida que siempre le daba, se encontró con un oso diferente. Su rostro estaba empapado en lágrimas, su ropa desgarrada, y presionaba su pecho, al parecer para calmar el dolor de un golpe.
— ¡Bert! ¿Qué paso?—le pregunto preocupado mientras Bert se lanzaba a sus brazos llorando.
—Lo sabe. Nos vio ayer en el parque. Me dijo que era una vergüenza para el, que no quería volverme a ver contigo.
—Pero...
—Harry, ¿qué vamos a hacer?
—Tranquilo. Ya veré como arreglar esto.
— ¿Pero como? Me amenazo con sacarme de la escuela y mandarme a un colegio militar. No quiere que nos volvamos a ver.
—Pues yo me voy a asegurar de que no lo haga. ¿Pero que te hizo? ¿Por qué todas tu ropa esta...?—pero se detuvo. El rostro de Bert decía más que todas las palabras del mundo—No, no lo hizo.
—Lo intento. Cuando llegue estaba dormido. Pero apenas despertó fue a mi cuarto y me lanzo al suelo, para luego darme una patada. Me dijo que me iba a enseñar que se siente, para ver si quería seguir contigo. Pero de repente se detuvo.
—Tranquilo. ¿Adonde fue?
—No me dijo.
—Será mejor que vayamos a mi casa.
—Pero tu papá...
—Mi papá no tiene por que decirme nada. Hoy se va a quedar hasta tarde trabajando. Si me llega a preguntar mañana algo, le diré que te invite a dormir. No es seguro que te quedes aquí.
—No te quiero meter en problemas.
—No lo harás. Cuidare de ti sin importar lo que pase. Ve por algo de ropa, hay que irnos.
Bert se dispuso a ir rumbo a su habitación, pero a la mitad del camino se detuvo.
—Harry... gracias.
—No hay de que.
Unos 10 minutos después, Bert salio con una pequeña maleta y su mochila al hombro. Harry tomo la maleta ambos salieron de la casa. No hablaron durante el camino a la casa de Harry. Solo rechazaban las miradas de los que se quedaban mirándolos como si fueran una especie de bicho.
Al llegar su padre se encontraba en el trabajo, así que no habría problemas. Dejaron las cosas en la habitación de Harry, quien después comenzó a preparar una cama improvisada en el suelo, donde dormiría el.
Bert se quedo en la sala, como le había dicho Harry. Lo vio pasar hacía la cocina.
—Creo que hay algo de comida de anoche. Espero que no te moleste.
—No hay problema. No quiero ser molesto.
—No serás ninguna molestia. Lo hago por ti.
—De todos modos, gracias.
Unos minutos después, Harry dejo algo de pollo que había cenado ayer en la mesa. Se sentó junto a Bert y comenzaron a comer.
—Entonces...—comenzó a decir Harry mientras comía un trozo de pierna—... ¿dices que nos vio en el parque?
—Si.
—Pero no entiendo como. Yo mismo me asegure de que nadie estuviera alrededor. A esa hora era el partido en la escuela cerca de ahí. Nadie estaría en el parque. Aun así, estábamos en un lugar donde nadie pudiera vernos.
—Lo se. Yo tampoco entendí como. Al principio fingí no saber nada, pero se puso más violento. No quería que fuera a tu casa a preguntarte, por temor a que te hiciera algo.
— ¿Te dijo desde donde te vio?
—Le pregunte, pero me dijo que no era de importancia.
—Supongo que mi papá tendrá que saberlo también.
—No, te causara problemas.
—Prefiero que lo sepa de mi boca a que tu papá se lo diga.
—Pero...
—Bert, ya lo decidí. Lo que tenga que pasar, pasara.
— ¿Y si resulta igual que conmigo?
—Pues me las ingeniare para librarme de el. Tengo amigos que podrían ayudarme por un tiempo.
—No quiero que trunques tus sueños solo por mí.
—Ya sabes cual es el único sueño que quiero—sonrió. Acarició su rostro un par de veces, para después seguir comiendo.
Bert tampoco dijo nada. No cambiaría la decisión de Harry. Pero le alegraba saber hasta donde podía llegar solo por el. Después de todo, realmente le amaba. Eso era lo único que importaba.
Lo que ocurrió ese día y los siguientes quizá no es de importancia aun. El padre de Harry no noto la presencia de Bert en la casa hasta el día siguiente, pero no le dio mucha importancia. Bert quería volver por el viejo reloj que le regalo su abuelo, pero Harry no se lo permitió, pues si estaba su padre no lo dejaría volver. Decidió arriesgarse el e ir por el.
No tardo mucho, pero cuando volvió se veía... extraño. Le dio el reloj a Bert y fue a su habitación, de donde no salio durante media hora. Bert lo noto agitado, nervioso. Le pregunto si se había encontrado con su papá, pero no le contesto. Lo que haya pasado cuando salio es algo que Bert nunca supo, pero que había hecho un impacto realmente fuerte en Harry.
Tres días después, día de clases. Hasta el momento el papá de Harry no hacía preguntas sobre por que Bert había estado esos tres días en su casa. De hecho, no le importaba en lo más mínimo. Bert había notado cada vez más frío y distante al joven lobo. Por más que le preguntaba, el solo lo evadía. Ese tercer día se noto más agresivo. Lo acorralo en su habitación, y casi le responde con un golpe.
En toda la mañana no hablaron en lo más mínimo. En el receso, Harry se quedo en el salón revisando unos apuntes. Bert quiso quedarse con el, pero le pidió que no lo hiciera. No entendía por que ese comportamiento, por que ese rechazo. Después de todo lo que le había dicho cuando lo llevo a su casa, ahora no entendía por que se comportaba así. Quizá jamás lo entendería.
Ya había llegado la última hora. El profesor Baltimore, que no ha tenido una gran participación a diferencia de los demás personajes, apareció en el umbral de la puerta. Miro en todas direcciones hasta encontrar a Harry.
—Ah, Harry. ¿Puedes venir un momento?
—Si—se levantó de su banca y fue hacía la puerta— ¿Pasa algo?
— ¿Y tú maestro?
—Lo llamaron en la dirección. Creo que algo paso en su familia.
—Bueno. Mira, necesito que me ayudes con los ensayos que entregaron la clase pasada. Si no los termino de revisar mañana no me va a dar tiempo para preparar el examen.
Harry rió. Baltimore no aceptaba los exámenes hechos en la dirección. Decía que no eran aptos para el conocimiento que sus alumnos tenían.
—De acuerdo maestro. ¿Es ahora?
—Si. Por eso vine. Guarda tus cosas, para que apenas terminemos te vayas.
—De acuerdo—fue a su banco y tomo los libros que había dejado en el. Después miro a Bert—. No me esperes, me quedare hasta tarde ayudando al maestro con los ensayos.
—De acuerdo. Te esperare en casa.
—Cuídate.
Después lo vio salir del salón con el profesor. Solo una lágrima rodó por su mejilla. Solo una de las muchas que había guardado.
Unos 20 minutos el timbre sonó. Las clases había terminado, y los pasillos se llenaron de los gritos de emoción de los jóvenes que deseaban llegar a casa a descansar. En el salón de historia, en cambio, Harry y el profesor Baltimore seguían trabajando. Era normal que a final del parcial entregaran un ensayo sobre un tema que hayan visto ese mes. Se encontraban revisando que tuvieran todos los requisitos que se hayan pedido. Pero eso les tomaría algo de tiempo, pues no habían llegado ni a la mitad.
A Harry no le molestaba quedarse hasta tarde ayudando a su maestro. De hecho, en ese momento se le hacía lo más ocurrente con respecto a la situación. Así tendría tiempo para pensar mejor las cosas sobre lo que estaba pasando. Vio cuando Bert salió de la escuela y se dirigía rumbo a casa, no sin antes mirar hacía la ventana del salón donde se encontraba Harry. Se sintió fatal al ver eso.
Habían pasado otros 20 minutos. Apenas llevaban más de la mitad, pero aun así quedaba mucho trabajo por delante. Los siguientes eran los más elaborados, entre ellos el de Harry. Entonces el profesor decidió dejarlo para después.
—Debes tener hambre.
—Bueno, si. Pero prefiero terminar de una vez.
— ¿Por qué no terminamos en casa? Yo me llevo la mitad y tú la otra.
—... suena bien.
—De acuerdo.
Comenzó a dividir los trabajos. Después le dio su parte a Harry y guardó la suya en su maletín.
— ¿Te acompaño a casa?
—No gracias. Quiero revisar antes que trabajos son. Yo cierro el salón al salir.
—Bueno. Te veo mañana Harry.
—Si profesor.
Baltimore salió, dejando a Harry solo en el salón. Revisaba los nombres de quienes habían hecho esos ensayos. Después los guardo en una carpeta que encontró en un banco tras de el. Pero escucho algo. Al voltear se encontró con alguien que no debía estar ahí.
— ¿Qué hace aquí?—pregunto. Pero solo vio los ojos de quien lentamente se acercaba a el. Un grito. Trato en vano de defenderse, pero la fuerza de esa bestia era mucho mayor que la suya. Un último grito, para después caer al suelo, indefenso. Era solo una victima más.
Rocko Baltimore corría por los pasillos de la escuela, tratando de llegar lo más pronto posible al salón donde hace unos segundos escucho el llamado de auxilio. No importa cuanto tratará de negarlo, la verdad era demasiado obvia. Debía prepararse para lo que ocurriera después.
Llego finalmente al segundo piso, y se apresuro. Estaba cada vez más cerca. No había visto a nadie en su camino. Quizá aun estaba a tiempo, quizá aun podía ayudarlo. Su celular iba en su garra, marcando un número por instinto. Él número de una persona, de quizá la única que podía ayudarlo.
Finalmente llego a la puerta del salón de historia. Los bancos estaban en el suelo, junto con muchos otros papeles, entre ellos los trabajos que le acababa de entregar. En la pared algunas gotas de sangre. Pero no había nadie más. Solo el. Presiono la tecla de marcado y lo llevo a su oreja.
Sonó una. Dos. Tres.
Tras el tercer pitido una voz masculina contesto.
— ¿Diga?
—Jack, soy Rocko. Tenemos un problema.
Nota del Autor
Bueno, este es el cuarto capitulo. No profundizo la historia de Jack, sino la de dos personajes que tendrán un importante papel en los siguientes capítulos, y que nos mostraran otro de los graves problemas que están desatándose. Aquí también me baso en la realidad que muchos vivimos, pues desde el inicio del capitulo hable sobre el temor que algunos tenemos a expresar nuestros sentimientos debido a la posibilidad de herir a alguien más, y lo expreso en todo el capitulo. En el resto de la historia trataré de seguir con este estilo, para buscar apoyar a quienes me dedican un poco de su preciado tiempo para leer mis creaciones.
En el siguiente capitulo ya retomare la historia de Jack, e incluiré un nuevo personaje que nos ayudara a entender un poco el pasado que Brian trata de ocultar. Aunque me resultará un poco difícil jeje, pues podría alargar un poco ese capitulo. Pero bueno, ya estando en el cuarto capitulo, me siento emocionado por haber avanzado tanto. A pesar de que parece poco, aun falta mucho para terminar. Para cualquier duda o sugerencia mándenme un correo a simba_03@hotmail.com. Sin nada más que decir, me despido, y nos veremos en el próximo capitulo.
La historia en sí es bastante buena, elaborada y pensada pero me parece algo cursi y se pueden predecir las cosas.
La redaccion, en mi opinión, deja mucho que desear... hay partes que estaba leyendo y me decía "esta es una historia de vic?".
Entre otras cosas, tengo que decirte que la historia no me ha gustado mucho, que mas o menos por la mitad me dieron ganas de dejar de leer y que podrías mejorarla bastante.