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Advertencia: Este capitulo contiene material no apto para personas sensibles. Se describe el estado en el que se encuentra un cadáver, que puede afectar a algunas personas. Es recomendable que se lea los capítulos anteriores para entender este. Disfrútenlo.

Capitulo 7: El Devorador de Almas, segunda parte

En un viejo edificio un extraño apareció con una enorme bolsa. Iba dejando unas manchas oscuras en el suelo. Iba vestido con un largo abrigo negro que cubría su cuerpo por completo. Miro hacía una de las ventanas, hasta encontrar la correcta. Tomo con sumo cuidado la pesada bolsa y la lanzó hacía el vació. Por alguna razón, quiso detenerla, pero no tuvo tiempo. Tras escuchar el golpe metálico, dio media vuelta y se fue. Aun quedaba mucho por hacer, y ya había un miembro menos. Afortunadamente sabían exactamente lo que tenían que hacer para no cometer errores. Hay muchos ojos en el bosque de los justos.

Tras volver esa noche al orfanato, William supo sobre la llamada de Jack. Erick le dio la lista que le había pedido, junto con la firma y la letra de cada uno de los cirujanos. Le dijo a Erick que el mismo se la llevaría, para ahorrarle el viaje. Ya había visto a Susan, y le había dado su primer beso. En ese momento era capaz de aguantar lo que fuera.

Por su parte, Jack volvió a su departamento, para descansar un poco. La noche cada vez se le hacía más intranquila. No tenía deseos de descansar. Harry lo necesitaba, y en ese momento podría estar en grave riesgo. Pero tampoco podía trabajar cansado. Había tenido un día bastante pesado. Apenas llegar, se echo a los brazos de Brian, quien lo llevo a la habitación, donde le contó todo lo que había pasado ese día. Tras esto, ambos se quedaron dormidos.

Al día siguiente, tras nueve timbrazos en la puerta, Jack se despertó de su letargo. Brian aun seguía dormido, podía explotar una bomba y el ni por enterado. Se puso el pantalón y salió. Al abrir la puerta se encontró con William, que llevaba una carpeta en su mano.

—Miren quien despertó—dijo William.

—No es gracioso. Ayer no tuve un lindo día.

—Debe ser duro el trabajo de un poli de homicidios.

—Ni te lo imaginas. Pero ya que estas aquí, ¿Dónde coños estabas ayer?

—Ah, bueno...

— ¡Ja! Sabía que habías ido a verla.

—...—William se apeno un poco.

—Vamos, no te pongas así. Esta bien que quieras reanudar tu vida. Hay que comenzar de nuevo.

—Contigo de ejemplo vaya que tengo motivación. Pero si, fui a verla, y fue un momento hermoso.

—No te pregunto que paso por que no me vas a decir la verdad. Prefiero preguntarle a Susan. ¿Qué traes ahí?—le preguntó, cambiando abruptamente de tema, señalando la carpeta.

—Lo que le pediste a Erick ayer. Puso también la firma y la caligrafía de cada uno de los doctores.

—Que listo. Eso me va a servir bastante.

— ¿Qué encontraste?

—Tenían un infiltrado en la escuela. Lo encontramos ayer, cuando intentó matarnos.

—Debes estar acostumbrado a esas cosas.

—Vaya que si. Lo mejor es que encontramos una nota con indicaciones sobre como sustraer un pulmón. El bastardo esta muy viejo para seguir, y les esta enseñando como seguir su labor. No puedo permitir que lleguen a eso.

—Y crees que uno de estos doctores es el culpable.

—Solo alguien retirado tendría tanto tiempo. Le pedí a Brian que me ayudara a comparar la nota con la letra de Robert, pero esto me va a servir más.

—Pues toma—William le extendió la carpeta. Jack la tomo y comenzó a hojearla—. Yo tengo que volver antes de que los niños hagan un desastre.

—Bien... ¡oye, espera!—fue corriendo por una bolsa con un abrigo dentro— ¿Puedes llevarle esto a Sean? El ya sabe que hacer.

—Si claro—tomo la bolsa—. Primero niñero, y ahora mensajero.

—No te quejes que te pago bien.

Ambos rieron. Después Jack cerró la puerta y regreso a la habitación. Ya eran las 8 de la mañana, pero... Richard podía hacerse cargo por su cuenta. Después de todo, comenzaba a pensar como el. Entró a la habitación y volvió a los brazos de su amado.

Mientras tanto, Richard Ford terminaba de realizar el papeleo sobre lo ocurrido en la noche anterior. Confiaba en que Jack procesaría las pruebas. Vaya que trabajan como equipo. Se despertó desde las 6 para no tardar y ganar tiempo. Había vidas en juego, y lo que menos quería era perderlo.

Se encontraba en ese momento en su habitación. Las luces estaban apagadas, pues se concentraba mejor en la oscuridad. Pero la luz proveniente de la pantalla de su computadora es bastante para notar las fotos de Richard a lo largo de su vida, desde que era un niño hasta el momento en que se convirtió en un imperfecto. Su cama estaba perfectamente tendida, capaz de hacer rebotar una moneda. Frente a ella se encuentra un mueble, donde esta su computadora. A lado suyo hay una taza de café y muchos papeles sobre la vida de Fuentes.

Tenía que procesar también el perfil del criminal, algo en lo que tenía algunos problemas. Pero este lo podía hacer un estudiante de primer año: a menudo logra mostrar su lado vulnerable, por lo que mantiene un alejado vinculo con todo el que le rodea; su infancia creció en un ambiente de abuso y violencia; estuvo siempre bajo la influencia de alguien superior. Por lo que parece, se encontraban frente a una relación maestro-aprendiz. Aunque dejemos que Jack nos explique eso más adelante.

Después de todo, Sheppard no era tan mal tipo. Descubrió en un solo día la posible labor del asesino, además, le salvo la vida. Era realmente alguien excepcional. Lo juzgo muy mal, y se arrepentía de eso. Al menos se llevaban bien. Podrían ser estupendos amigos.

Su celular comenzó a sonar. Lo cogió y vio que venía desde la central.

—Ford, homicidios—contestó.

—Richard, tienes más trabajo—le explicó la voz femenina de la secretaria de su padre.

— ¿Qué pasa?

—Tienes que ir a la avenida Toledo, en el número treinta y cuatro. Al parecer hubo un robo.

—Pero tengo ya un caso. No puedo estar en dos a la vez.

—Por eso mismo. Es tu caso. Secuestraron a Bert Malcovich.

Richard se quedo de piedra al escuchar eso. Confirmó su asistencia y colgó. Acto seguido llamo a Jack. En ese momento se encontraba explicándole a Brian lo que quería que hiciera. Al contestar escucho a un Richard bastante agitado, que le explico la situación. A diferencia suya, Jack permaneció sereno. Sabía que eso iba a pasar.

No tardo mucho en llegar. Los de escena del crimen se le habían adelantado. Al menos mantenían controlada a la prensa. Jack avanzó hacía la casa de Bert. Esa extraña aura... había desaparecido. Ya la muerte había estado ahí. Richard ya estaba en la casa, analizando todo. Al entrar, Jack encontró todo peor que la escuela. La mesa había sido destrozada, los sofas abiertos por todos lados, todas las fotos se encontraban en el suelo, junto con libros y platos. Con cuidado de no romper nada, avanzó hacía el joven detective.

— ¿Qué paso?—le preguntó al llegar a el.

—Vinieron en la noche. Al parecer Robert los estaba esperando, pues todo indica que la pelea comenzó en la sala. Trataron de acuchillar a Robert, por eso se encuentran así los sofas. Lo lanzaron de un golpe hacía la mesa. Después se llevaron a Bert. Los demás destrozos los hicieron para confundirnos—le explico Richard a la perfección.

—Eso parece correcto viejo. ¿Estamos seguros de que es nuestro caso?

—Si. Por algo que encontramos aquí—le mostró un frasco naranja. En la etiqueta decía: Ribotaccin—. Estaba fuera de la casa. Lo más probable es que se haya caído cuando salieron de la casa.

—Señor—le llamo un águila desde el pasillo que llevaba a la habitación de Robert.

— ¿Qué pasa?

—Encontramos esto en un compartimiento escondido en la habitación del señor Malcovich—el águila le llevo una caja a Richard. Al abrirla encontraron varios frascos llenos de Ribotaccin. Solo faltaba uno.

— ¡Bingo!—exclamo Jack.

—Buen trabajo. Sigue revisando su habitación—miro a Jack, orgulloso— ¿Más pruebas?

—No creo que sean necesarias. Solo tengo una pregunta: ¿Dónde esta Robert?

—Lo encontraron muy mal herido. Una ambulancia ya lo llevo al hospital.

—Bien, tenemos que hablar con el lo más pronto posible.

—Pero antes debemos ir a la casa de Harry, ya tengo la orden.

— ¿Con que motivos?

—Creo que hay algo que pasaste por alto.

Con orden en mano, Richard llamo a la puerta del señor Stoner. Tras unos segundos, el destrozado padre apareció en el umbral. No parecía haber servido en lo absoluto la charla con el psicólogo. Le mostraron la orden y entraron. Richard se encargo de hablar, mientras Jack revisaba la habitación.

—Ya la revisaron ayer. No se que más quieran encontrar—les reclamo con una voz quebrada.

—Necesitamos también hacerle algunas preguntas—le explicó Richard.

— ¿Sobre que?

—Sobre el comportamiento que había tenido Harry estos últimos días. Si no me equivoco, usted le dijo al doctor Lorence que era un poco frío.

—Si... comenzó a comportarse diferente. En la escuela me dijeron que se estaba metiendo en algunos problemas. Trate de hablar con el pero siempre me evadía.

— ¿Desde cuando noto ese cambio?

—Desde hace cuatro días. Su amigo Bert se había estado quedando en casa, por un problema que tuvo en su casa.

— ¿Ha vivido aquí?

—Si. Casi no estoy en casa, así que me alegre que Harry tuviera compañía.

— ¿Tiene alguna idea de si su hijo haya estado envuelto en alguna clase de deuda?

—No. Jamás le pedía prestado a alguien sin saber si no iba a poder pagar.

— ¿Nunca vio a su hijo consumir alguna clase de medicamento, o encontró alguno en su habitación?

— ¿Esta diciendo que mi hijo se drogaba?—pregunto indignado.

—No. Me refiero a antidepresivos, o algún calmante.

—Ah—se escucho más tranquilo—, pues no. No suelo revisar la habitación de mi hijo.

—Ya veo— ¿Por qué siempre los chicos más calmados esconden los peores secretos?, se pregunto en su mente.

Mientras tanto, Jack revisaba la habitación de Harry. Estaba exactamente igual que como la había visto antes. Parece tener una idea de lo que busca, sin embargo, no cree poder encontrarlo. Un chico tan inteligente como Harry pudo haberlo escondido en el más recóndito sitio de su habitación, o de la casa. Necesitarían un equipo más grande si tenían que revisar toda la casa.

Busco en los cajones de su buró, en su armario, en la cama y bajo ella, en algún escondite secreto tras los posters, baldosas falsas en el suelo, en el baño... pero nada. Parecía que toda la habitación estaba limpia. Estaba dispuesto a salir de la habitación, pero vio algo que le llamo la atención. En el suelo junto a la puerta de madera había... aserrín. Se acerco más, y eso era. Reviso la puerta; era lo suficientemente gruesa. Comenzó a tocar en ella hasta que escucho un sonido hueco. Retiro el trozo de madera falso y encontró lo que buscaba: un frasco repleto de Ribotaccin.

En ese momento Richard entró en la habitación.

—El padre esta peor que antes pero...—miro el frasco en la mano de Jack—... encontramos lo que buscábamos.

—Eso parece comprobar tu teoría.

—Así es. Adivina a quien pertenece la huella encontrada en el salón.

—A Robert Malcovich.

—Correcto. Fuentes nos dijo que todo se fue abajo cuando "ese" imbecil se arrepintió. Ese imbecil era Robert. El señor Stoner me dijo que Harry había tenido un comportamiento frío desde hace tres días. Según su perfil, Harry era muy sensible a las escenas fuertes. ¿Por qué Harry tenía este frasco? Por que debió ir hace cuatro días a casa de Bert, y encontró esto en la habitación de su padre, junto con pruebas que lo incriminan en todo esto.

—Debieron hacer sido cosas muy fuertes para que le hayan afectado tanto. Al menos nos deja en claro el por que lo secuestraron.

—Y por que secuestraron a Bert también. Era un castigo por haberse arrepentido.

—La pregunta ahora es: ¿Por qué se arrepintió?

—Quizá por que daño a su hijo en uno de sus ataques de rabia. Stoner me dijo que Bert tiene algunos días viviendo aquí.

— ¿Qué?—Jack parecía sorprendido.

—Si. Tuvo problemas en casa.

—No tiene sentido.

— ¿Por qué lo dices?

—Ayer fui a casa de Bert para hablar con su papá. Pero Bert se encontraba ahí. No llevaba la camisa puesta, su mochila estaba en un sofa, estaba viviendo ahí. ¿Por qué volvería a casa...?—si estaba en peligro, era el resto de la pregunta. Pero Jack no pudo completarla, pues la respuesta llego antes—. Cuando llegue lo encontré muy agitado, como si estuviera haciendo algo...

—O escondiendo algo—le interrumpió Richard, que también había entendido.

—Bert sabía el secreto de su padre. Vi rasguños en su espalda. El día que vino a vivir aquí, debió haberlo confrontado, le exigió respuestas a lo que estaba haciendo. Esa es la razón por la que se arrepintió. Al descubrirlo, Bert se convirtió en la siguiente victima, y Robert no quería perder a su hijo.

—Creyó que Harry podría denunciarlos si le daba la información que necesitaba... y que cuidaría de su hijo. Pero Harry malinterpreto todo, y por eso grito, creyendo que realmente le iba a hacer daño. No tuvo más opción que llevárselo.

—No sin antes dejarnos sus pistas. Tenemos que hablar con Robert, ahora.

Ambos salieron corriendo de la habitación. Le dieron las gracias al señor Stoner por la ayuda y subieron al auto. No tenían mucho tiempo. En ese momento Robert estaba en riesgo.

En el hospital general de Norfolk, un extraño pidió información sobre el estado de Robert Malcovich. La enfermera encargada le dijo que a pesar de los golpes que le propinaron, se encontraba fuera de peligro. Le indico el número de su habitación. Con pasos pesados comenzó a avanzar hacía la habitación 241, donde Robert se recuperaba.

Paso por la habitación de una señorita llamada Susan Connors, que se encontraba dormida. Después se encargaría de ella. Por ahora tenía cosas más importantes que hacer. Su cuerpo irradiaba un aura oscura, que hacía que todos los que pasaban a su lado se apartaran y quedaran callados. Su abrigo negro lo cubría por completo.

Finalmente llego a la habitación correcta. En ella solo se encontraba el señor Malcovich. Le había indicado a la perfección que debía hacer para que nadie supiera que fue asesinato. Una muerte dulce, y vaya que la disfrutaría. Tenía conectada una bolsa de sangre. Mucho mejor. Cerro la puerta y fue directo a el. Se sentó a su lado y lo vio dormir. Pronto dormiría por siempre.

Mientras tanto, Jack Sheppard corría por el pasillo contrario al que había venido el extraño. Richard se quedo hablando con la enfermera en recepción. Le dijo que había visto un hombre con abrigo negro entrar. Rápido le indico a Jack la habitación por la radio. No tenían mucho tiempo. Solo una persona podía ayudarlos, y estaba punto de ser asesinado.

En la habitación, Robert comenzó a abrir sus ojos. Se lleno de miedo al ver a la persona que estaba su lado. Una garra escamosa rápidamente tapo su boca para que no gritara. Trato de luchar, pero sus brazos y piernas eran demasiado débiles. No tenía a su alcance el botón para llamar a la enfermera. El extraño saco una jeringa, sin ningún líquido en ella. Con su única garra libre la lleno de aire. Después la conecto a la bolsa de sangre, e inyecto un poco de aire en ella.

Por más poco que sea, se sabe bien que el aire en la sangre es fatal. Al llegar al corazón, el bombeo de sangre se ve interrumpido y el corazón se comprime. Esto genera un infarto. Un asesinato natural.

Robert trataba en vano de luchar. Cada vez estaba más cerca el pequeño montón de aire. No quería que su esfuerzo fuera en vano. Logro sujetar la garra de su victimario, pero era demasiado fuerte para quitarlo de encima. Más cerca. Comenzó a patear la cama, creyendo que alguien le escucharía. Más cerca. Logro ver los ojos rasgados tras el abrigo negro que en algún momento ocupo. Más cerca.

—La traición ssse paga con la muerte—le dijo la voz siseante del extraño.

—Oye, ¿aceptas efectivo?

Ninguno de los dos había visto al joven humano que acababa de entrar. Le plantó un brutal puñetazo al extraño, para luego quitar de la vena de Robert la ampolleta. Gotas de sangre comenzaron a caer, seguidas de un poco de aire. Jack Sheppard apunto con su pistola al extraño que le daba la espalda. Pero de la nada surgió una escamosa cola verde que le arrebato de un golpe su pistola. Después dio la vuelta y una enorme garra le lanzó hacía la pared. No tenía tiempo. El extraño salió corriendo. Jack se levanto y comenzó a seguirlo, mientras una enfermera entraba a revisar a Robert.

El extraño ya llevaba ventaja, pero Jack era más rápido y pronto lo alcanzo. Sin embargo no podía atraparlo. No tenía arma con la cual detenerlo, y pronto se cansaría de correr. Necesitaba encontrar un modo de detenerlo, cualquier cosa. De repente, a unos metros del extraño, apareció un joven lagarto que les llevaba la comida a los pacientes. Iba empujando un carro con varias charolas. El extraño dio un gran salto para esquivar el carro. Jack, al llegar a el, dio un salto más corto. Tumbo con un pie una de las charolas, y la lanzó de una patada a la espalda del encapuchado, quien cayó de bruces. Pero al parecer no le afecto en lo absoluto, pues se levanto de un salto, y siguió corriendo.

Jack estaba sorprendido ante la capacidad física del fugitivo. De hecho, comenzó a correr más rápido. Dio vuelta en un pasillo, y fue directo a una ventana. Jack le siguió muy de cerca. Solo tenía que avanzar unos metros más. Pero tuvo que detenerse ante lo que vio. El extraño saltó por la ventana, a dos pisos del suelo, y siguió sin ningún rasguño su huida. Jack solo lo vio partir desde la ventana a gran velocidad.

Richard llego momentos después, agotado.

— ¡Diablos! ¿Qué fue eso?

—Es lo que me gustaría saber. ¿Cómo esta Robert?

—Delicado. Al parecer la impresión le afecto mucho, y su pulso aumento drásticamente. ¿Qué diablos le quería hacer?

—Inyectar aire en su sangre. Le provocaría un infarto, pero nadie sabría que fue un asesinato.

—Eso es bastante metódico. Espera, si llego a la habitación, debió haberse registrado. Iré a preguntar a la enfermera.

—De acuerdo.

Jack observó al extraño hasta que se perdió entre los edificios de la ciudad. No tenía ni la más remota idea de cómo pudo haber hecho eso y seguir adelante. Le golpeo la espalda con una charola, saltó desde un segundo piso, y siguió corriendo. Solo había una cosa capaz de hacer eso, y no le gustaba en lo absoluto.

Jack encontró fuera de la habitación a Richard. Se veía tenso, más que de costumbre.

— ¿Qué pasa?

—La enfermera no me permite pasar. Le dije que era vital interrogar al señor Malcovich, pero dijo que no podíamos.

—No te presiones. Podemos hacerlo después.

—Al menos tengo algo bueno—le extendió su PDA, donde venía una extensa lista de números—. Es el registro del celular de Robert. Estuvo haciendo muchas llamadas estos días. Entre ellas esta Carl Fill.

— ¿Fill?—Jack reviso la lista. Así era, durante esos últimos días había hablado mucho con Fill y con sus otros compañeros de trabajo.

—Si. Es extraño, pregunte a la recepcionista del edificio Rookford y me dijo que los cuatro mandaron una carta de renuncia. Lo extraño es que apenas mañana los iban a despedir por un recorte de personal.

— ¿Cómo lo sabían?

—Exacto. Según ella, las vacaciones se les habían dado para que no les... doliera tanto el ser despedidos.

—Necesitamos hablar con ellos. Si presentaron su carta de renuncia deben estar en el edificio recogiendo sus cosas. Manda a dos guardias que vigilen la habitación.

—Ya lo hice. Los guardias vienen en camino. Nadie puede entrar a la habitación sin ser vigilado.

—Bien. Andando, no tenemos mucho tiempo.

Richard le dio a Jack su arma, y tras revisar que estuviera bien, ambos salieron corriendo rumbo a las escaleras.

Mientras tanto, en un abandonado callejón, típicos en la ciudad, un viejo simio con ropa andrajosa iba buscando su almuerzo. Probablemente iba a encontrar algo en el bote de basura. Miro por todos lados, pero no había nadie. Tenía un banquete seguro. Comenzó a avanzar hacía el. Lo abrió con cuidado, pero a pesar de estar acostumbrado al hedor, este le resulto mucho peor. Miro con cuidado y se encontró con una bolsa negra. Echo un vistazo, pero se arrepintió de haberlo hecho. Un grito de horror se escucho por todo el callejón.

Al llegar al edificio Rookford no tuvieron muchos problemas para entrar. El jefe del departamento de Finanzas los estaba esperando. Caminaron entre los cubículos hasta encontrar al humano de unos 37 años. Vestía un elegante traje de una marca europea. Al estar cerca de el vio que se encontraba en el cubículo de Fill.

—Señor Fuentes—le llamo Richard—. Detectives Sheppard y Ford, homicidios.

—Ah, caballeros. Los he estado esperando. Discúlpenme por no haber estado presente el día de ayer. Ya se sobre la tragedia. El joven Bert era un buen chico.

—Es—le corrigió Jack—. Estoy seguro de que sigue vivo.

—Eso es algo muy noble de su parte. Esperemos que tenga razón—dio un suspiro y comenzó a caminar, seguido por los detectives—. Este día solo ha sido de desgracias.

— ¿A que se refiere?—preguntó Richard.

—Que hoy otros tres trabajadores decidieron dejarnos.

— ¿Quiénes?

—Los compañeros de Malcovich: Sid Hammerback, Peyton Driscoll y Carl Fill.

— ¡¿Qué?!—exclamaron ambos sorprendidos.

—Si. Esta mañana me lo dijeron.

—No es posible. Sabemos que presentaron sus cartas de renuncia.

—Si. Pero las presentaron ayer, solo que no tuve tiempo de leerla.

— ¿Cómo murieron?

—Sid tuvo un accidente en su auto. Peyton fue asesinado fuera de una cantina. Si no me equivoco Fill se suicido.

—No puede ser—dijo Richard.

—Lo se. Sid nunca manejaba sin usar su cinturón de seguridad. Además iba tomado, algo que tampoco era normal en el.

Jack entro en el cubículo de Peyton Driscoll. Entre los libros que se encontraban ahí había varios manuales de medicina. Comenzó a hojearlos, y vio que había muchas partes subrayadas.

— ¿Cree que alguien les hizo esto?

—Eran buenos tipos. Durante varios días tuvieron problemas, pero nada serio.

El celular de Richard comenzó a sonar. Le indico a Fuentes con un ademán que le esperara un momento. Contesto y presto atención a todo lo que le indicaba la operadora. Jack por mientras seguía revisando los apuntes de Fill. Parecía que le había interesado mucho la medicina. Miro a Richard, que le estaba indicando con un ademán que debían irse.

—Muchas gracias por su tiempo señor Fuentes. Le llamamos si necesitamos algo—le indico Jack. Siguió a Richard hacía el elevador—. Que curioso, un día antes de ser despedidos presentan su carta de renuncia. Con la liquidación tendrían bastante dinero como para dejar la ciudad.

—Eso quiere decir que los cuatro habían quedado de acuerdo en dejar todo esto. Por eso están muertos: los descubrieron y los castigaron con la muerte. La pregunta es, ¿Por qué no mataron a Robert?
—Por que era el único que tenía un hijo. No creo que podamos demostrar que se conspiro contra los cuatro.

—Y no tenemos tiempo para eso. Hay que ir al forense. Encontraron el tercer cadáver.

El departamento de Forense, localizado en la Central de los Imperfectos. Era una enorme habitación circular, iluminada por luces blancas. Al fondo se encontraban las bodegas donde se preservaban los cuerpos. En el centro cuatro mesas donde se hacían las autopsias. Una de ellas estaba siendo ocupada. Un topo de 31 años, vestido con una bata azul se encontraba revisando el cuerpo de una orca. Jack soportó los deseos de vomitar al verla. Le habían abierto desde la garganta hasta la cintura. Sus intestinos podían tomarse con las manos y jugar con ellos. De hecho, parece que los habían vuelto a meter.

— ¿Qué me tienes Hill?—le pregunto Richard.

—Morgan Freedom. Muerte por desangrado. Se le abrió por completo el torax. Le extrajeron el hígado. Tiene heridas defensivas en los brazos, y una quemadura en el cuello.

— ¿Sabes que pudo causarla?

—No estoy muy seguro. Es difícil determinarlo. Pero es la misma que presentaban las otras dos victimas.

— ¿Qué le hicieron a las otras dos victimas?

—A Cantenbury casi lo degollan, y le extrajeron la columna vertebral. A Gale le abrieron el pecho y le quitaron un riñón.

—Y a Freedom el hígado. ¿Por qué le dieron el titulo del devorador si la columna no es algo que se pueda comer?—pregunto Jack.

—Ya sabes como son los amarillistas—le explico Richard.

—Eso si. ¿Hay algo más acerca de las otras victimas?

—Nada. Todo fue hecho tan metódicamente. Es el trabajo de un profesional. Cantenbury fue violado. Gale también, pero fue una violación múltiple. Se desgarro el conducto anal y parte de los intestinos, por lo que fue una penetración doble.

—Eso es bastante feo.

—Y aquí tenemos solo tres muestras de semen. Tenemos el ADN pero no nos sirve de nada.

—El gobierno tiene una base de datos con la vida de todos los habitantes del mundo, pero no pueden tener una base de ADN—reclamo Richard.

—Había una antes—comenzó a explicar Jack—. Misteriosamente comenzó a aumentar el robo en bancos de sangre. Luego se descubrió que se había robado las muestras de sangre para dejarlas en las escenas de un crimen. Mientras se investigaba a una persona inocente por la muestra de ADN, el culpable huía con su botín. Hasta la fecha aun hay ochenta mil muestras de sangre sin recuperar. Por eso se cancelo el programa.

—Bendita Norte América.

— ¿Puedo ver la quemadura?—pidió Jack. Hill levantó el cuello de la orca, mostrando una negra quemadura.

—Eso parece haber sido hecho por una pistola de descargas. La descarga comienza a quemar las células de la piel, por eso toma ese color negro.

— ¿Una Taser?

—Es lo más seguro. Será difícil encontrar quien la haya comprado.

—Ah, lo olvide. Hay algo curioso—señalo Hill—. Esta herida—señalando un rasguño en su brazo—es post mortem.

—Es defensiva. ¿Como pudo haber sido después de muerto?

—La bolsa estaba rasgada, por lo que supongo que trato de sujetar la bolsa. Ya la revisamos, pero no hay rastros de ADN.

—Tampoco es que nos vaya a ser muy útil.

—Tienes una muestra de sangre del señor Malcovich. ¿Participo en las violaciones?—preguntó Richard.

—Eso también es curioso. Solo había muestras de cinco personas. Pero el señor Malcovich no estaba entre ellas.

—Y me sorprenderé si los otros tres tampoco se encuentran—supuso Richard—. Eso explica muchas cosas. Si encuentras otra cosa llámanos—comenzó a andar con Jack hacía la salida. Para ambos ya la respuesta sobre lo que estaba ocurriendo era cada vez más obvia—. No creo que necesitemos las muestras para saber que los cuatro se negaron.

—Lo más probable es que no les haya gustado en lo absoluto lo que tenían que hacer. Comenzaron a amenazarlos y es ahí donde decidieron actuar.

—Pero los descubrieron, y los mataron. Necesitamos los nombres de los demás cómplices.

—Aun con los registros del teléfono será bastante difícil.

—Pide que busquen algo en común. Cualquier cosa nos puede servir. Doctores, abogados, lo que sea.

—Veré que puedo hacer.

De repente un buitre de mediana edad apareció ante ellos, y les detuvo con una señal.

—Agentes Sheppard y Ford. Los esperan en la sala de juntas.

Sin decir más se fue. Los dos detectives lo siguieron, pues por el tono de voz, parecía algo serio. Al llegar, encontraron al padre de Richard y a varios detectives. En el centro de la mesa había un reproductor, que parecía estar reproduciendo una película no muy bonita. En la pared se proyectaba un video donde una orca se encontraba con el pecho completamente abierto. Parecía estar en una enorme bodega. De repente, un extraño apareció, vestido con un abrigo negro que lo cubría por completo.

—Agente Sheppard. Agente Ford. Es un gusto saber que este video llego a ustedes. Si se encuentran viendo esto, han encontrado el cadáver de este pobre niño. Es solo la tercera victima, pero pronto desearan que solo estos hayan muerto. Deben estar muy molestos. Yo también lo estoy, debido a la muerte de uno de mis hombres, después de todo lo que el hizo por mi. Aunque he de aplaudirles que hayan llegado tan lejos en solo un día. Su trabajo es de admirarse, mejor que el nadie. Comienzan a pensar ambos como nosotros, como verdaderos criminales. Solo tengan cuidado que ese pensamiento no los controle. De ser así, les tendré un lugar solo para ustedes. Les sugiero que dejen de buscarme, pues no hay muchas posibilidades de que lo logren. Esto es solo una advertencia. De seguir, perderán el control de la ciudad—el video término en ese punto. Leopold golpeó la mesa con su puño, furioso.

— ¡Esta jugando con nosotros!

—Cálmese señor—le pidió Richard—. Estamos haciendo todo lo posible para atraparlo.

— ¡Pues no parece que lo estén logrando! Ni siquiera tenemos una idea de quien es.

—Pero tenemos su perfil—señalo Jack—. Sabemos que es un cirujano, probablemente viejo y retirado. Es bastante metódico. No tiene interés en causar un pánico en la ciudad, pues los cuerpos los deja en sitios que no son públicos. No trabaja solo, algo que ya sabemos. Lo curioso es que parece presentarse aquí una relación maestro aprendiz. En esa relación, alguien débil se junta con una persona más fuerte, intimidante, con el fin de obtener protección y poder sobre los demás. A cambio, deberá hacer todo lo que su maestro le ordene. Suele presentarse desde que son niños.

—Eso en que nos ayuda—reclamo Leopold.

—El maestro es el mismo por el resto de su vida. Al conocer a los cómplices, podríamos investigar su pasado y saber quien pudo haber sido su maestro. Nos estamos enfrentando a alguien que ha tenido el poder suficiente para abusar de los demás, pero que nunca nos daría la cara.

— ¿Y por que mando este video?

—Por lo mismo. Si seguimos la investigación, grabará a sus victimas y les enviara los videos a las familiar, para causar el caos. En ese caso tenemos que estar atentos de otros secuestros, e intervenir los correos de las familias.

—Bien. Dijo que solo preferiríamos a estas tres, ¿Por qué?

—Ya le dije, es viejo. Le esta enseñando a sus cómplices todo lo que sabe, para que sigan su labor. Tendríamos a una legión de asesinos en las calles.

—Pues asegúrate de que no sea así. De lo contrario, me aseguraré de que tú ocupes su lugar en prisión.

—No se preocupe. Si no le molesta—camino hacía el reproductor y extrajo el disco—, me llevaré esto para analizarlo mejor. Richard, a trabajar.

Ambos dejaron la sala de juntas, mientras Leopold Ford los veía lleno de furia.

—Al parecer Becor ira a interrogar a Robert—advirtió Richard—. Tengo que ir a revisar que no haga nada estupido. Ya di instrucciones de que buscaran cualquier similitud en las personas con las que más ha hablado Robert estos últimos meses.

—Bien. Revisare más a fondo el video, en busca de algo que nos pueda servir. Nos veremos más tarde.

Cada quien tomo un pasillo diferente. Jack fue hacía la central de computo, para contactar a John Tucker, el radiofonista que le ha ayudado a investigar quien esta en busca de su cabeza. Tomo la computadora más cercana, cuya pantalla estaba emprotada a la pared. En la mesa había una pantalla táctil donde aparecía el teclado. Introdujo el disco en una ranura a lado del teclado, para luego llamar a John.

—Jack, que bueno que llamas.

—Si, necesito un favor. Tengo un video que quiero que cheques. ¿Estas conectado?

—Si. No tengo nada que hacer, así que podría ayudarte.

—Bien—selecciono el video y lo mandó al correo de John. Tras un momento John le hablo.

—Lo tengo. Por lo que se no va a ser algo bonito. Si encuentro cualquier cosa te llamó.

—Gracias John—colgó, sacó el disco y se fue. Tenía cosas que hacer.

Mientras tanto, en el hospital general, William esperaba a que Susan saliera del baño. Por fin la habían dado de alta, y ahora se estaba cambiando. Mientras lo hacía, William pensaba en como le diría lo que sentía por ella. No quería dejar otro día sin estar a su lado. Jack le había apoyado mucho durante los días que estuvo ahí dentro. Le aconsejo que fuera directo, que no la trajera con rodeos, de lo contrario, podría malinterpretar las cosas. Pero a veces no escucha a los demás.

Susan finalmente salió del baño, vestida con una blusa blanca y una falda azul. William se sorprendió al ver la belleza que irradiaba. Se puso de pie y camino hacía ella.

— ¿Lista?—le preguntó, tratando de controlar sus nervios.

—Si. Mientras más rápido salgamos de aquí mejor.

—Bueno—ambos salieron de la habitación, y tomaron rumbo hacia el elevador. En el camino vieron a los imperfectos que vigilaban un cuarto.

— ¿Qué paso?—preguntó Susan para romper el silencio.

—No me dijo Jack exactamente. Por lo que escuche, trataron de asesinar al que estaba ahí.

—Vaya, eso si que es interesante. Jack debe tener mucho trabajo.

—Que día no esta ocupado. Lo que importa es que este bien.

—Bueno, eso si. Después de todo, es lo que quería, buscar a quien ha estado haciendo todo esto.

—Si—ambos entraron al elevador. Este comenzó a bajar lentamente. William se sentía tan nervioso de estar tan cerca de ella, y a la vez tan lejos. No encontraba las palabras que decirle. Al llevar al primer piso, las puertas se abrieron, cegando momentáneamente a ambos con la luz que entro de lleno. Tratando de buscar de donde sujetarse (realmente se me hace bastante cursi lo que sigue, pero bueno) se tomaron de las manos accidentalmente. Se miraron por un momento, para luego soltarse entre risas. Siguieron avanzando, tratando de olvidar el tema. Al salir del hospital, prefirieron caminar a tomar un taxi. Pero William no iba a esperar ni un día más. La invito a una cafetería que estaba cerca, y después de haberse sentado, habló.

—Cuando estaba en casa, me encontré con la foto de... de Lucy—le dolió el momento de decir su nombre.

—Ah... creí que las habías tirado todas.

—Si. Quizá olvide esa, o la encontró uno de los chicos y la dejo en mi escritorio. No los culpó. Les caía muy bien.

—Aun la amas, ¿verdad?

—Una parte de mi se niega a aceptar aun lo que paso.

Al decir eso recordó un capitulo de su vida que le dolía mucho recordar. Lucy, la linda chica que tanto le ayudo en el orfanato, fue una persona muy especial en su vida. Le apoyo en los momentos difíciles, y siempre estaba a su lado. Su traición y su partida le partieron el corazón. De no ser por el apoyo de Jack, y el amor que sentía por los niños del orfanato, hubiera muerto.

—Pues tienes que olvidarla. Te traiciono, y no vale la pena que pienses en ella.

—Lo se. Quiero olvidarla, pero no se si haya alguien que pueda ocupar su lugar.

De repente, sintió la suave y calida mano de Susan tomar la suya. Se sorprendió, pero no la quito de encima. Se sentía tan bien, tan... seguro.

—William, encontraras a alguien.

—Creo que... que ya la encontré.

Susan se sorprendió al escuchar eso. No es que no quisiera pero, le sorprendía que fuera tan directo. Al menos eso le explicaba muchas cosas.

—Susan, se que es muy pronto. Tampoco quiero que pienses mal. Solo quiero llenar ese hueco en mi corazon.

—William, no se...

—Por favor, dame una oportunidad.

—No se...—Susan recordó también parte de su vida, algo que tenía en común con el—...William, sabes que yo también he tenido problemas en mis relaciones.

—Lo se, pero no arreglaremos nada estando solos. Dame una oportunidad.

Susan pensó bien lo que iba a hacer. Le dolía bastante que su antigua pareja hubiera jugado con ella. Pero el tiene razón, no va a arreglar nada estando sola. Después de todo, es lo que deseaba.

—... de acuerdo, pero no quiero acelerar las cosas. No hay que...

—Avanzar tan rápido, lo se. Al menos me alegra saber que... que tengo una oportunidad.

Ambos se miraron a los ojos. Por un momento, William deseo lanzarse sobre ella y besarla apasionadamente, pero contuvo los deseos. Ya habría tiempo después. Se tomaron de las manos. Aunque Susan quería aceptar ser su novia, tenía miedo de que le volvieran a fallar. Esta vez quería llevar las cosas con calma.

Unas horas después, a pesar de su autoridad, Fernand Becor seguía sin poder interrogar a Robert Malcovich. Podría hacerlo Richard, pero Becor tenía un toque especial para sacarle la verdad a la gente. Aun así, tras el atentado en su contra, los doctores seguían pensando que era incorrecto que se presionara.

Richard era bastante paciente, a diferencia de Becor, que por poco ya arrestaba a un doctor. Para matar el tiempo, el joven detective analizaba las pistas que tenía en su cabeza, y el perfil que Jack le había dado. A pesar de que había sido participe en los asesinatos, no fue decisión suya. No tenía opción, no podía dejar ese juego sin poner en riesgo la vida de su hijo. Pero a nadie le importaría eso; todos desearían verlo muerto... a menos que pudiera hacer algo para evitarlo. La prensa aun no sabía nada sobre el, y podía pedirle a su padre que lo exonerara. Sería difícil, pero no quería matar a un inocente.

De repente sintió vibrar su celular. Venía de la Central.

—Ford—contestó.

—Te tengo buenas noticias—le dijo Mary, la jirafa a quien le había pedido que revisara los registros de las llamadas de Robert.

—Dime que encontraste algo.

—No tengo mi puesto por nada. Hay dos nombres peculiares: Elton Steren y Paul Willfurd. Ambos fueron con el mismo psicólogo que Robert.

—No veo que tiene de interesante—dijo desilusionado.

—Espera un momento. Los otros tres difuntos amigos de Robert también fueron con el. Además, Steren y Willfurd trabajaron en uno de los muchos negocios de Tyrranus. Fueron despedidos unos días después de volver de las vacaciones pagadas por la empresa—Richard se alegro y sorprendió al escuchar por fin buenas noticias—. Además, todos sufrieron depresió, y dejaron el tratamiento sin explicación alguna.

—Y me imagino que les dio Messer para tratarla.

—Ya le hable a tu amigo Jack. Tienes que reunirte con el en la oficina de Messer.

—Pero tengo que estar presente en el interrogatorio.

—Pues tampoco puedes dejar a tu compañero solo. Si Messer tiene algo que ver en esto, Jack podría estar en problemas. Es bastante apuesto para morir.

Richard rió al escuchar eso. A Mary le encantaba hacer esa clase de comentarios.

—De acuerdo. Pediré que graben el interrogatorio. Así al menos Becor no se va a exceder. Voy para allá—dicho esto, colgó. Le pidió a uno de los guardias que se encontraba fuera de la habitación de Robert que grabará todo el interrogatorio. Lo hizo de modo que Becor lo escuchara, para que se enfadara. Después se fue rumbo al consultorio de Messer.

Una media hora después llego. Hubo un tráfico horrendo de camino, así que decidió tomar una ruta alterna. Al llegar encontró a Jack esperando en la entrada del edificio. Se veía calmado, pero listo para entrar en un tiroteo en caso de que fuera necesario.

—Jack—le llamó al salir del auto—. Ya me dijo Mary.

—Parece que nuestro amigo Messer nos ocultó eso.

— ¿Qué tan importante puede ser? No creo que el sea su maestro.

—No, pero de algo nos va a servir que nos diga lo que sabe. Andando.

Ambos prepararon sus armas. Pero de la nada, un pesado objeto cayó sobre el auto frente al de Jack. La carrocería quedo hecha un desastre. La alarma comenzó a sonar. Los gritos de quienes ahí se encontraban no se hicieron esperar. Sobre una camioneta, se encontraba el cuerpo inerte de Danny Messer. Trozos de metal atravesaban su cuerpo, vaciando su cuerpo de todo liquido vital.

Jack y Richard lo miraron por un momento. No cayeron trozos de vidrio, señal de que se había lanzado teniendo la ventana abierta. Estaba muerto, eso era obvio. Sin embargo, no fue suicidio, y ambos lo sabían. Subieron corriendo hasta el piso donde se encontraba su consultorio. Prestaban atención en caso de escuchar al elevador, pero nadie en ese momento decidió bajar. Desenfundaron sus armas y las cargaron, en caso de tener que disparar.

Al llegar, corrieron hacía la puerta de la recepcionista. Se pusieron a ambos lados de la puerta. Jack trato de abrirla, pero estaba cerrada desde dentro. Se puso frente a la puerta, y de una patada la derribo. Se hizo a un lado mientras Richard apuntaba al interior. En la sala de espera no parecía haber nadie. En el suelo había un charco de sangre, que cada vez se hacía más grande.

Al avanzar, se encontraron con el cuerpo de la joven secretaria. En su frente un orificio de bala. Al parecer, le habían disparado desde el consultorio. La puerta al consultorio estaba cerrada. Ambos entraron, pero la oficina estaba vacía.

—Creo que se han marchado—dijo Richard.

—Tenemos que revisar los documentos de Messer, antes de que lleguen los demás.

Presionaron paneles ocultos en las paredes, que dejaron salir los archiveros, donde se encontraban todos los datos sobre los pacientes de Messer. Comenzaron a buscar los nombres que Mary les había dado. No tardaron mucho en encontrarlos. Jack analizo a Steren, mientras Richard a Willfurd. Ambos encontraron algo bastante interesante.

—Depresión tratada con Ribotaccin—dijeron al unísono.

Richard se sentó frente a la computadora. Jack observó como buscaba en los archivos todos los que hubieran sido medicados con Ribotaccin. Miro por la ventana y vio el cuerpo de Messer. Algunas personas lo rodeaban, contemplando el espectáculo. Richard no tardo mucho en encontrar lo que buscaba.

—Aquí esta—Jack se dio la vuelta. En la pantalla había 8 nombres—. Aquí están Robert y sus amigos, el profesor de álgebra, y nuestros otros tres...—pero se detuvo al escuchar algo en la puerta. Al levantar la vista, se encontraron con tres encapuchados apuntándoles con rifles de asalto. Los cargaron, y comenzaron a disparar.

Solo tuvieron tiempo de lanzarse hacía los lados. Richard se escudo tras un librero, mientras Jack tras los archiveros. Las balas penetraron el escritorio, la pantalla de la computadora estalló, los vidrios cayeron a pedazos, trozos de madera y papel volaban por todos lados. Las ráfagas de balas los obligaban a quedarse cubiertos. Sin embargo, les devolvieron el fuego. A pesar de que no tenían mucho tiempo para apuntar, eran lo más precisos posible. Sus .9mm eran basura comparadas con los rifles que sus atacantes tenían. Pero era con lo único que contaban.

Para no hacer mal uso de sus municiones, los extraños se turnaban para disparar, pues sus rifles tenían un poder de fuego sin igual. No les daban respiro para nada. Jack y Richard siguieron disparando, deteniéndose solo para cargar. Pero no tenían muchos cargadores, y pronto quedarían indefensos. Jack debía planear algo si quería seguir vivo. Vio fuera del edificio un cable de teléfono, bastante grueso para soportar a ambos.

— ¡Richard, tenemos que saltar!—le gritó.

— ¡¿Qué?! ¡No! Al menos quiero morir en acción.

— ¡Solo hazlo!

No tenía opción. Tampoco quería convertirse en una coladera humana. Ambos comenzaron a correr hacia la ventana, Richard disparaba hacía ellos mientras Jack disparaba hacía el cable para romperlo. Tras cuatro tiros lo logró. Sin pensarlo de nuevo, saltaron hacía el vacío. Vieron a todas las personas en el suelo observarles, mientras los encapuchados seguían disparando. El cable, de al menos 15cm de diámetro, comenzó a caer justo cuando Jack y Richard lo sujetaron. Por un momento creyeron que se rompería, pero logro soportar su peso. Comenzaron a caer junto con el cable, una experiencia que por un momento se les hizo divertida. Pero dos metros antes de llegar al suelo, este se rompió, haciéndolos caer estrepitosamente al suelo, pero a salvo. Los extraños solo los observaron, para luego partir.

Se levantaron de la banqueta, mientras quienes en ella se encontraban los observaban de modo extraño. Ambos volvieron de prisa hacía el edificio, para interceptar a sus agresores. Pero al llegar, la gente les dijo que no había salido nadie. Richard noto algo extraño en el suelo... una gota de sangre.

— ¿Es de ellos?—pregunto Richard.

—Si. Debió haber caído de su brazo, probablemente mientras nos veían caer. .

—Quizá hay un rastro.

Entraron al edificio de nuevo. No encontraron a nadie en su camino, mucho menos gotas de sangre. Antes de llegar a la recepción, se prepararon por si llegaba a ser necesario. Ambos apuntaron... hacía una habitación vacía. Pero algo los sorprendió. Justo en la puerta del consultorio había otro charco de sangre, y un rastro que se perdía en la ventana.

—No puede ser. Debimos haberle dado cuatro o cinco veces. No pudo haber soportado eso—exclamó Richard, sorprendido. Jack, quien compartía su sorpresa, solo miro la sangre en el suelo.

— ¿Contra que diablos nos estamos enfrentando?

—La computadora esta hecha trizas. No creo que sepamos...

—Lucius Terren, Frank Corner y Jacob Henderson. Los memorice.

—Diablos.

Jack noto algo extraño. De la pared izquierda parecía salir una botella. Jack presiono el panel, dejando salir un archivero repleto de Ribotaccin. Jack entonces comprendió todo.

—Creo que encontramos la equis que marca el tesoro—aplaudió Richard.

—Era alguien de adentro, es lo que nos dijo el guardia. Llama a Mary, dile que investigue quien de ellos trabaja en la farmacéutica.

Richard no hizo esperar la llamada. Marcó a Mary y le dijo los tres nombres que Jack había dicho, y que buscará si alguno de ellos trabajaba en la farmaceutica. Un momento después le contestó desde el altavoz.

Corner es jefe de seguridad de la bodega de Welter. Tiene acceso a todo el sistema de seguridad.

—Le consiguió los medicamentos a Messer—dedujo Jack—. El es el primer esclavo. Messer los recluta. Convenció a Corner de que servir al devorador le haría encontrar un nuevo sentido a la vida.

—Le trajo los medicamentos. Messer los sintetizo para hacerlos adictivos, y le dio a Corner unos cuantos frascos.

— ¿Me están diciendo que el doctor Messer reclutaba asesinos?

—No eran asesinos. Lo que hacía era hacerles creer que la vida que llevaban era una miseria. Estaban bajo depresión, por lo que hacían caso de cualquier cosa—explicó Jack.

—Les infundía una pseudo identidad. Los convencía de que siendo asesinos serían más felices—finalizo Richard

—No parece tener sentido.

—Tenía la psicología de su lado. Podía manipularlos a su gusto. Sin embargo, Messer sigue siendo un aprendiz.

—Bien... oye Richard. Te paso a Hill, parece tener algo para ti...—la siguiente fue la voz del topo—... Richard. Hay algo curioso. En la primera victima los cortes fueron hechos a la perfección, pero en la segunda son algo curvos, y en la tercera ya son muy disparejos, como si los hubiera hecho tomado.

— ¿Tomado?—preguntó Jack—La nota que encontramos también parecía haber sido escrita por alguien...—pero entonces le vino la idea. Comenzó a agrupar todas las pistas, todo lo que hasta el momento había visto—... un doctor nunca bebe antes de operar, y el no puede ser la excepción.

— ¿Qué sugieres?

—Hay otras razones por las cuales paso eso...—entonces comprendió la respuesta. Sacó su celular y llamó a William, quien en unos segundos le contesto.

— ¿Qué pasa Jack?

—Necesito los nombres de los cirujanos.

—Ya te los había dado.

—No esos cirujanos. Busca alguno que haya sido despedido por Parkinson.

Todos, incluso Mary y Hill en el Centro, comprendieron de qué trataba todo. Los hombres mayores son más propensos a padecerlo, y un cirujano que lo padezca no puede seguir ejerciendo su labor. William regreso en su y comenzó a buscar. No tardo ni diez segundo en encontrar lo que buscaba.

—Ya lo tengo... Samuel Monroe, cuervo, cincuenta y siete años. Trabajo en el hospital general como cirujano en jefe, hasta que un paciente murió durante una operación. Oculto por meses que sufría Parkinson. Dijeron que fue un accidente, supongo que para no tener a la prensa fastidiando. Sin embargo, fue despedido días después.

—Es nuestro hombre. Dame la dirección. Richard, será mejor que vayas con Becor. El interrogatorio ya debió terminar.

— ¿Iras solo por el?—preguntó.

—Un momento—intervino Mary—. Los refuerzos van para allá. Alguien debe estar para recibirlos.

—Aquí no hay nada que hacer—quitó el altavoz del celular y salió corriendo mientras hablaba con William—. De acuerdo, voy para allá.

Richard solo se quedo un momento pensando. Se despidió de Mary y de Hill y salió rumbo al hospital.

Un psicodrama, se iba diciendo Jack. En el camino, William le contó que Samuel fue violado por su padre y por algunos amigos. Todas las violaciones fueron llevadas a cabo cuando tenía la misma edad de cada una de sus victimas, y del mismo modo. Un psicodrama. Sus cómplices son su público. Esta reviviendo ante ellos las escenas de su vida que le hicieron daño, para liberar su rabia. ¿Pero por que su padre? ¿Por qué lo revive en el papel de su padre?

Tras 15 minutos de viaje llego a casa de Samuel. Tenía sus dos armas listas por si se llevaba a cabo otro tiroteo. Pero no le parecía posible. Desde que llego todo parecía extraño. El correo seguía ahí. Las persianas estaban cerradas. Trató de abrir la puerta pero estaba cerrada. No había tiempo para órdenes de cateo. La abrió de una patada, pero no tuvo necesidad de apuntar. Estaba abandonada. Reviso en todas las habitaciones pero no encontró algo útil.

De repente su celular sonó. Al contestar escucho la voz de Sean.

—Sean, ¿pasa algo?

—Si. Ya analizamos el abrigo que nos trajo William esta mañana.

— ¿Encontraste algo?

—A simple vista no parece haber algo. Hicimos muchos análisis, pero parecía no haber nada. Pero en las mangas encontramos lo que necesitas. Al parecer la manga derecha tenía algo de ácido.

— ¿Qué tipo?

—Ácido fórmico. Es utilizado para la fabricación de tintes de cabello. En la ciudad, solo había una fábrica donde era utilizado.

— ¿Había?

—Si. Laboratorios de belleza Healtfit. Ahora abandonada. ¿Quieres que llame a tu compañero...?

—No. No puedo arriesgar la vida de Richard. Además, el me ha estado buscando. Pues me va a encontrar—sin decir más, colgó y salió corriendo de la casa. El encuentro final había llegado.

Cuando Richard llegó al hospital, Becor ya había terminado el interrogatorio. Al menos si lo habían grabado, así que podía estar seguro de que no se excedió. Robert se había quedado dormido, para descansar del interrogatorio al cual Becor lo sometió. Uno de sus hombres le entrego el video, y pidió que todos salieran de la sala de visitas para verlo. Al introducir el disco en la entrada de la pared, la pantalla empotrada a la pared mostró a un Robert ligeramente drogado para calmar su dolor y para que hablará más fácil, y a un Becor que se acercó a el lentamente. Después tomo una silla y se sentó a su lado.

—Señor Malcovich, me dijeron que fue victima de un intento de asesinato—le recordó Becor.

—Por favor, no me hable de eso. Ya tengo bastante con haber perdido a mi hijo.

—Si, ha de ser bastante difícil su vida. Sin embargo, no lo trataron de matar por nada. Señor Malcovich, esta más que claro que usted es cómplice en estos asesinatos. Si quiere al menos evitar la pena de muerte, le sugiero que hable y me diga lo que sabe.

— ¿De que servirá? Si no me mata usted, lo harán ellos.

— ¿Quiénes son ellos?

—Los cazadores.

— ¿Cuál es la función que desempeñan?

—No le diré nada.

—Señor Malcovich, por la complicidad que tiene usted en estos homicidios, será condenado a la pena de muerte. No se ha encontrado el cadáver de su hijo, por lo que hay probabilidades de que siga vivo. Hay un equipo muy bien preparado buscándolo, y sin duda lo encontraran. El problema es que cuando lo encuentren, usted ya habrá sido condenado. Si quiere evitar que su hijo lo vea morir, le sugiero que empiece a hablar.

Por un momento hubo un silencio. Pero tras haberlo pensado bien, Robert comenzó a hablar sobre todo lo que Becor quería saber.

—Son quienes buscan a las victimas. Ellos las seleccionan y las estudian por tres días. Cuando tienen la información necesaria, nos organizamos para raptarlos.

— ¿Qué tanto hacía usted?

—Al principio solo los seleccionaba. Ellos se encargaban del resto.

—Necesito nombres señor Malcovich.

—No los conozco. Jamás usaban sus verdaderos nombres, para evitar así esta clase de problemas.

—De acuerdo. Lo que ahora me interesa es saber donde se encuentran los chicos que fueron raptados.

—No se.

—Si lo sabe. Si ayudo en los secuestros debería saberlo.

—Pues se equivoco. No lo se.

—Señor Malcovich—comenzó a enojarse. Cerraba sus puños para calmar su ira—. Por favor, ¿Dónde están los chicos?

—Ya le dije que no se. No va a lograr sacar nada de mí.

—Al contrario, quizá obtenga mucho. Me acaban de informar la posible localización del escondite de su jefe. Si usted lo confirma, podríamos ahorrarnos mucho en investigar.

—Ya lo dijo, tiene la posible localización. Si es así, encuéntrela usted.

—Por favor señor Malcovich, la vida de su hijo esta en peligro. Dígame donde están.

—No lo haré.

—Diablos—el celular de Becor comenzó a sonar—...Diga... de acuerdo...—dicho esto salió.

La cinta termino ahí. Richard miro al imperfecto que se la había dado confundido.

— ¿Es todo?

—Si. Después de eso se fue. Dijo que era el jefe.

—Estupido Becor—maldijo en voz baja.

— ¿Disculpe?

—No nada. Déjeme ver la cinta de nuevo.

El oficial presiono el botón de Play y la cinta inició una vez más. Pero esta vez, Richard quería ver más a fondo.

Una puerta se abrió lentamente en una enorme habitación. La luz del sol entro, formando una sombra en el suelo. Por todos lados se escuchaban goteras. Un olor extraño inundaba el lugar. Maquinaria obsoleta, tiras rotas, botellas en el suelo. Una linterna buscaba indicios de vida en el lugar. En la puerta, Jack Sheppard apuntaba hacía donde su linterna iluminaba. Entró con cautela.

Cuidaba de no pisar charcos o patear algo. Miraba en todas direcciones, pero no encontraba nada. Vio al fondo las oficinas, y comenzó a caminar hacía ellas, iluminando el suelo a su paso. La maquinaria de producción convertía al lugar junto con la falta de luz en un lugar bastante espectral. Entró a una de las oficinas, totalmente vacía exceptuando los papeles regados en el suelo. Miro el resto de las oficinas, pero todas estaban igual.

En su estudio de grabación, John Tucker revisaba el video que le había mandado Jack. Buscaba cualquier cosa que le pareciera extraña, que lo ayudara a encontrar su escondite, pero no había nada. Fue hecho con todo el cuidado del mundo, para no dejar ni la más mínima pista. Ya prácticamente se había memorizado el mensaje del extraño. Pero por más que lo revisaba, había algo que lo había verlo de nuevo.

Tenía hambre, estaba cansado, pero no quería fallarle a Jack. Termino y volvió a ponerlo. Otra vez. Otra vez. Otra vez. Entonces lo encontró. Un tono en su voz cuando les advirtió que se detuvieran. Ese tono lo había escuchado antes, al igual que la voz. Comenzó a buscar el disco donde había escuchado esa voz. Cuando lo encontró, lo introdujo en la ranura y presiono Play. La cinta donde un extraño le indicaba a Becor que cazara a Jack comenzó a escucharse.

Richard termino de ver la cinta. Al igual que John, había algo que estaba mal. Comenzó a verla de nuevo, pero no encontró nada. Reviso de nuevo, pero al llegar al final la detuvo. Había algo que estaba mal. Regreso hasta donde Becor le pedía que le dijera donde estaban los chicos.

—Señor Malcovich. Por favor, ¿Dónde están los niños?—la regreso—Por favor, ¿Dónde están los niños?—otra vez— ¿Dónde están los niños?—miro sus puños cerrados.

— ¿Dónde están los niños? Suena a una orden—entonces lo comprendió—. ¡Localicen a Fernand Becor!

Jack siguió avanzando hacía los laboratorios, donde debía estar Samuel. Comenzó a escuchar ruidos extraños, así que avanzó con más cuidado. Entonces su celular comenzó a sonar. Lo contesto rápido para no llamar la atención.

—No es un buen momento John.

—Claro que lo es. Encontré algo en el video que me mandaste.

—Ya se donde esta el devorador.

—No es eso. Hay algo que me llamo al atención en la voz del Devorador. Es algo que ya había escuchado pero que apenas recordé.

—No creo que me sirva de mucho.

—Al contrario, te explicara muchas cosas. Jack, tienes que irte de donde estés. Llamar a Richard.

— ¿Por qué?

—Por que la persona que mando el video es la misma que le ordeno a Becor que te siguiera. Jack, Becor es un infiltrado.

En ese momento la sorpresa lo invadió. Colgó lentamente y dio la vuelta, solo para encontrarse con el rostro del imperfecto frente a el.

—Hola Sheppard—acto seguido, Becor le dio una descarga en el cuello.

Una blanca luz comenzó a surgir sobre el. Aun su visión estaba borrosa, pero podía escuchar algunas voces. Comenzó a recuperar su vista, y figuras negras aparecieron ante el, observándolo. Parecían sujetar algo. Poco a poco las figuras tomaron forma. Se encontró entonces frente a los 3 últimos seguidores de Samuel, quienes sujetaban a Harry y a Bert. A su lado había un cuervo vestido de cirujano.

—Que bueno que despertó joven Sheppard—le dijo el cuervo.

—Samuel.

—Efectivamente. Me impresiona que un simple civil como tú haya resuelto en solo un par de días mi identidad. Eres digno de estar ante mí.

—Y tú digno de que te patee el trasero.

—Hmpf—dio un graznido—. A pesar de todo, tú comportamiento esta infectado de la mediocridad humana. Esperaba un comentario quizá más educado de tu parte.

—Alguien como tú no merece educación.

—Quizá estas en lo correcto. Pero no seré el único. Las calles están repletas de personas iguales a mí. A nadie le molesta ver a un niño ser violado, pero cuando uno es asesinado arman un escándalo. El mundo esta completamente desquiciado, así que se que no soy el único loco.

—El único loco aquí eres tú. Ya se por que estas haciendo esto. Tú padre te hizo el mismo daño, pero ellos no tienen la culpa. Matarlos no va a solucionar nada.

Pero Samuel no pareció molestarse. De hecho, miro a Jack con asombro.

—Vaya. He de decir que has formulado una teoría interesante. Desafortunadamente no tienes ni la menor idea de que trata esto. Después de todo, no esperaba que lo entendieras hasta que llegaras a verlo. Resolviste todo, mi identidad, mis aprendices, mi reclutador... pero nunca a mi infiltrado. Becor—al instante, Becor salió de las sombras—. Tuviste que verlo para darte cuenta.

—Bastardo. Ahora entiendo por que siempre nos estabas siguiendo—le dijo Jack.

—Tenía que mantener a mi jefe informado de todo—explicó.

—Así es. Al principio tuve que usar a la famosa presa que tanto deseaba capturar: el liberador de almas. Le pedí que te buscara, que te trajera ante mí. Le di todo lo que necesitaba para capturarte. Cuando no tuvo más opción, se unió a mi, todo para cumplir su sueño: capturar al liberador. Tendrá la fortuna de entregarte cuando todo termine.

— ¿Qué pasara entonces? ¿Mandaras a tus aprendices a matar? ¿Acabaras con Harry y Bert?

—Ellos están listos. Pero los chicos tienen cosas que ver aun. Los preservare con vida; son los mejores asesinos que pueden existir—entonces Jack lo entendió. Samuel no tuvo que decirlo cuando vio sus ojos: Harry quedaría tan tramado que seguiría este camino, Bert haría cualquier cosa con tal de que no le hicieran daño a Harry. ¿Pero el? Le estaba buscando, ¿Por qué? Samuel se acerco con un bisturí. Temblaba a causa del Parkinson— ¿Listo, Jack? Trataré de que no duela mucho.

No le dio tiempo de nada. Abrió su camisa de golpe, y lentamente comenzó a cortar la piel del estomago. Había algo que le llamo la atención: una cicatriz en su pecho. Jack gritó al sentir el filo comenzar a cortarlo. Trato de soltarse, pero era inútil. Los niños veían la escena con atención la escena, a pesar de no desearlo. En su cabeza comenzaron a escucharse gritos de niños, niños que estuvieron en esa misma mesa, siendo torturados hasta la muerte. Pero no eran dos, eran miles de voces, y era difícil de entender por que. Sus gritos se escuchaban por todo el edificio, y cada vez eran más fuertes. A pesar de eso, apenas estaba comenzando a cortar.

De repente, se escucharon dos disparos. Los que sujetaban a los chicos cayeron al suelo sin vida. Samuel dejo de cortar a Jack. Corrió junto con el último miembro que quedaba mientras los disparos seguían. Becor desapareció. En su lugar entró Richard Ford, que cargaba su arma. Se acerco a Jack.

—Estas herido—señalo mientras lo desataba.

—No es grave. Solo fue superficial. Revísalos—le pidió cuando libero su muñeca derecha. Richard se acerco a los cuerpos y midió su pulso mientras Jack se soltaba.

—Están muertos. Fui lo más preciso posible—miro a la pareja que formaban Harry y Bert, abrazándose a unos metros de el—.Chicos, soy Richard Ford. El es mi compañero Jack Sheppard. ¿Están bien?

—Si—le contesto Bert, pues Harry estaba aterrado—. Nos han hecho ver muchas torturas, pero nos trataron bien.

— ¿No les hicieron nada? Lo que digan no saldrá de este lugar.

—No.

—Bien. Jack, será mejor que llamemos a la caballería. Te guste o no, necesitas atención medica.

—Por mi no te preocupes. Ellos son quienes la necesitan. Además, tenemos cosas más...—pero los sonidos de disparos lo hicieron callar. Fernand Becor salió de las sombras vaciando su arma. Los cuatro indefensos corrieron a esconderse tras unas cajas.

— ¡Maldito!—le insulto Richard mientras cargaba su arma— ¡Jack, tienes que ir por Samuel! No podemos dejar que escape.

—No te pienso dejar aquí.

—No hay tiempo. ¡YA!—salió de su escondite para disparar hacía Becor mientras Jack corría hacía donde fue Samuel. Becor trato de dispararle, pero no acertó en ningún tiro. Cuando Richard se quedo sin munición, Becor le siguió disparando. Ya tendría tiempo para ir por Sheppard. Richard les indica a los chicos con un ademán que se escondan dentro de una caja vacía. Al hacerlo, Harry vio algo negro en el suelo.

— ¿Qué pasa Richard? ¿Te quedaste sin municiones?

—Supongo que tu también. No eres muy bueno en estas cosas. Supe que eras tú al ver el video—sin temor alguno, salió de su escondite y camino hacía Becor—. Le estabas ordenando a Robert que te dijera donde estaban los chicos, a pesar de que lo sabías. No puedes controlar tu forma de actuar.

—Richard, Richard, Richard. No te pareces en lo más mínimo a tu padre. Necesitaste que Sheppard te explicara todo para que me descubrieras. Necesitas de los demás para salir adelante. Pero no puedes ocupar el poder de tu padre. Eres inferior. Por eso nunca supiste que aun...—saco un pequeño revolver de su manga y apuntó a Richard—... tenía este juguete.

—Becor...

—Tienes el poder de tu padre al alcance. Eres el miembro más joven de la asociación. Y no tienes ni siquiera un equipo. Llegare a tu padre con tú cadáver en mis brazos. Haré parecer a Sheppard como culpable de todo. Tu padre estará agradecido, y encontrará en mí un hijo... un buen hijo. Pero ahora, tienes que ir a dormir. Buenas noches, Richard...—el sonido de la bala al ser disparada se escucho por todo el lugar. Un casquillo produjo un eco al caer. Un cuerpo cayendo al suelo. Un charco de sangre creciendo. Y un lobo apuntando con un arma. Harry Stoner había disparado. La bala había impactado en su costado izquierdo, dejándolo indefenso. Richard rápidamente lo desarmo y comenzó a curarlo. Era una basura que no merecía la muerte.

Jack escucho el disparo, pero estaba demasiado lejos para volver. Continúo avanzando en busca de Samuel. No le quedaban más que dos balas. Debía cuidarlas bastante bien. Escucho voces cerca de ahí. Se apresuro a llegar con su arma lista. Al dar vuelta tras un pasillo se encontró de frente con Samuel, quien rió al verlo.

—Jack, que gusto que hayas llegado.

—Todo término Sam—le apuntó con su arma—. Las manos sobre la cabeza.

— ¿Crees que me puedes detener?—le preguntó con un tono más serio, como si fuera alguien más.

—Es exactamente lo que estoy haciendo.

— ¿No lo entiendes? No puedes detenerlo así... hijo.

— ¿Qué diablos...?—Jack se sorprendió ante lo que acababa de decir.

— ¿Acaso no muestras respeto por tu padre?

—No se de que diablos estas hablando.

—Anda, cada día eres peor.

— ¡Basta!

—Hijo. Tienes que entender, todo lo hice por tú bien. Entiendo que estés molesto, pero algún día me lo agradecerás. Pero anda, si lo que quieres es matarme, hazlo.

—No te mereces la muerte.

—Claro que si. Es lo que querías, ¿no? Después de haber abusado de ti, es lo que siempre has querido.

Fue cuando Jack lo entendió. El psicodrama consiste en revivir las escenas traumáticas de la vida. Sin embargo, lo que Samuel hacía era algo diferente. Estaba viviendo la vida de su padre. No entiende por que, es algo bastante extraño, pero era así. Los abusos a los que sometió a los niños fueron los mismos a los que fue sometido el. Ha llevado a cabo la vida de su padre, y el ciclo esta por terminar... con el.

— ¿Ahora lo entiendes?—le preguntó Samuel— ¿Ahora entiendes por que te buscaba? Te pareces a mi cuando tenía tu edad, en todo. Por eso te escogí—su voz cambió de nuevo a la de su padre—. Y ahora, hazlo.

—No. No mereces la muerte.

—Anda—hizo un ademán a las sombras—, o tú madre morirá—el último súbdito de Samuel salió, sujetando al joven tigre, Brian Dawson, con un cuchillo en su cuello.

— ¡Brian! ¡Suéltalo bastardo!

—No lo creo. Se un hombre y atrévete a matar a tu padre, como tanto querías.

—No.

— ¡Jack, no lo hagas! ¡Merece pasar el resto de su vida en prisión!—le pidió Brian, pero el encapuchado lo calló de un golpe.

— ¡Brian!

—Adelante hijo—saco de su bosillo una pistola y apuntó a Brian—. Hazlo o morirá. Serás culpable de que muera.

—No puedo—Jack, al ver en peligro la vida del tigre que amaba, vivió ese momento desde los ojos de Samuel. La presión. Su padre al borde de la locura. Su madre, que tanto amaba, a punto de morir. El, apuntándole con un arma al cuervo que tanto daño le había hecho. Quería verlo muerto, pero era un castigo que no merecía; pero tampoco quería ver a su madre morir. Ahora, en la realidad, era tiempo de tomar una decisión; pero ninguna le favorecía.

—Hijo, te queda poco tiempo. Si no decides, me veré obligado a matarla.

—No puedo...

—Hazlo. ¡Hazlo!—entonces se detono un disparo. Jack no comprendió que paso, pero el cuerpo del último seguidor cayó. Sin esperar ni un segundo más, disparo a la mano de Samuel para hacerlo soltar el arma. Pero Samuel fue demasiado rápido, y logro dispararle a Jack varias veces, mientras el se lanzaba al suelo y disparaba la última bala que le quedaba, la cual impacto en su pecho, hiriéndolo de muerte. Jack cayó, con tres balas en su estomago. Escucho a James gritar; Richard, que había disparado al encapuchado, se hinco para ver como estaba. Pero casi al instante, su vista se nublo por completo a causa del dolor.

Jack Sheppard fue despertado por el brillo de una blanca luz sobre el. Parece que me volvió a atrapar, pensó. Sin embargo, sintió algo conectado a su brazo. Tras recuperar su visión, observó que se encontraba en un cuarto blanco. Había una jeringa conectada a su vena, inyectando sangre a su cuerpo. A su derecha una pantalla mostraba una imagen tridimensional de su corazón, que funcionaba perfectamente. Frente a el surgió un doctor.

—Agente Sheppard, buenos días. El programa me dice que ha tenido una recuperación excelente. Una de las balas rozo su corazón, y sin embargo no hubo daños. A pesar de que las otras dos balas impactaron en su estomago, este presentó ciertos síntomas de cicatrización. No tenemos razón por la cual tenerlo en este lugar, por lo que se puede retirar cuando usted guste.

— ¿Tiene noticias sobre la condición de Samuel Monroe?

—Si. La bala que impacto en su pecho no causo graves daños. Pasara unos días aquí para recuperarse. Después ira a la prisión de máxima seguridad de Bonzar.

—Bien. Terminar programa—ordeno Jack. El holograma del doctor desapareció. La computadora que monitoreaba los signos vitales producía el holograma para explicarle al paciente la situación al momento de despertar. Después les decía lo mismo a los familiares.

Cuando la animación termino, todo el equipo de Jack entró, liderados por un preocupado Brian.

—Jack, estaba muy preocupado—se acerco a el y le dio un fuerte abrazo, con lágrimas rodando por sus mejillas—. Creí que te perdería.

—Tranquilo amor. Estoy bien, y tú también.

—La computadora ya nos dijo que puedes irte hoy mismo. Es bastante raro que te hayas recuperado tan rápido—señalo William—. Pero bueno, misterios de la vida que no podemos entender.

— ¿Cómo te encontraron?—le pregunto a Brian.

—Me llamó Becor para decirme que estabas herido. Me cito cerca del laboratorio, y ahí me agarraron.

— ¿No te hicieron nada?

—No amor. Ya nadie más que tu puede tocarme.

—Felicidades Jack—le felicito Leopold, que acababa de entrar junto con Richard—. Caballeros, dama. Se que ustedes tienen más derecho de hablar con el joven Sheppard. Sin embargo, el tiempo que tengo es limitado, así que les pediré que me dejen hablar con el antes—todos se miraron entre si, y dijeron que no había problema—. Gracias. No tienen por que irse; al contrario, quédense. Joven Sheppard, debo decir que estoy sumamente impresionado. Encontró en solo dos días al bastardo que nos causo tantos problemas. Sus métodos son dignos de un profesional. Pero la pieza clave aquí fue encontrar a Becor; de no haberlo descubierto, Samuel siempre hubiera estado un paso por delante de nosotros. Estoy sumamente decepcionado de él, todo esto por poder. Pero en fin, aunque algunos de ellos murieron, los cómplices con vida serán castigados debidamente. Pero bueno, lo que quiero darte es esto—le mostró un estuche con una placa de oro, que rezaba Líder del Escuadrón Uno, la más alta condecoración—. Solo es cuestión de poner tu nombre.

—Señor... yo...—miro a todos, en especial a Richard. En sus ojos había cierto tono de tristeza—... no puedo aceptarla.

— ¿Qué? La mereces. No había un trabajo como el tuyo antes.

—Pues... esta equivocado. Yo no descubrí a Becor, fue su hijo. De no ser por el, quien sabe que me hubiera hecho Samuel. Además, el tiene más tiempo que yo. Lo merece. Yo no tengo intención de usar un uniforme verde el resto de mi vida. Detener estos asesinatos era lo único que quería. Además, mis amigos que ayudaron todo el tiempo.

— ¿Es cierto eso, Richard?

—Ah, bueno...—se rasco la nuca—... supongo que en algunas cosas tiene razón. Pero es mucho más lo que Jack hizo.

—No puedo aceptarla—su declinación volvió a sorprender a todos.

—Me sorprende tú decisión. Aunque seguiré tu consejo. Richard, después de largo tiempo en la asociación, nunca te has metido en problemas ni has usado mi poder. Supongo que después de esto, mereces la placa. Prepararé las cosas para la ceremonia de titulación. Por ahora es mejor que descansen, yo me encargaré del papeleo. Buen trabajo, Sheppard, hijo—dicho esto, salió. Richard se sorprendió tras haber escuchado eso.

—Diablos, es la primera vez que me llama hijo—admitió Richard—. Jack... gracias.

—Te lo mereces. Yo tengo otros planes.

—Bien. Te lo agradezco. Será mejor que ayude a mi papá—camino hacía la puerta, pero se detuvo— ¡Ah! Olvide algo—sacó algo de su bolsillo y lo lanzó a Jack, quien lo tomo y le echó un vistazo: era su placa—. Siempre puede ser de utilidad.

—Gracias.

Paso dos horas contándoles a sus amigos su larga aventura para atrapar a Samuel. Escuchaban con tanta atención, como si fueran niños pequeños escuchando el cuento de papá. Brian se había acostado a su lado, abrazándolo con fuerza. Cuando termino, las opiniones de todos comenzaron a escucharse; y aunque respondió a todas sus preguntas, tenía algo que hacer.

Al salir de su habitación, se encontró con el comité de bienvenida. Desafortunadamente, algo estaba mal: se estaban llevando a Robert.

— ¡Alto!—les grito Jack, quien corrió hacía el— ¿Qué diablos están haciendo?

—El es cómplice de múltiple homicidio—le contesto uno de los imperfectos.

—Pero...—Ford apareció al final del pasillo; al ver el alboroto se acerco.

— ¿Qué esta pasando aquí?

—Señor, el joven Sheppard nos esta impidiendo que arrestemos al señor Malcovich.

—Jack, es culpable de tres homicidios.

—Se equivoca señor. Tenemos pruebas que demuestran la inocencia de Robert. El nunca participo en los asesinatos, se abstuvo de ser parte de las violaciones, ya comprobamos que sus dosis de Ribotaccin están muy por debajo en comparación a los demás cómplices. Trato de redimirse al momento de secuestrar a Harry. Sus compañeros que trabajaban en el edificio Rookford fueron asesinados por que los cuatro trataron de escapar; renunciarían, y con su liquidación huirían de la ciudad, no sin antes entregarnos las pruebas que implicaban a Samuel en los asesinatos. La razón por la que no lo mataron fue por que era el único que tenía un hijo: querían que viviera para que lo viera morir—claro que eso último fue una mentira, pero no tenía opción—. Encerrarlo no va a arreglar las cosas.

— ¿Sugieres que lo deje libre?

—Si señor.

Leopold dio un largo suspiro. Miro a Robert, que le pedía con los ojos que aceptara.

—Jack, en ninguna de tus predicciones fallaste. Supongo que esta no será la excepción. Robert Malcovich, los cargos levantados en su contra por complicidad en múltiple homicidio han sido levantados; es usted libre. Caballeros, vayamos por nuestro cuervo.

Mientras los imperfectos se alejaban junto con Leopold por el pasillo, Bert apareció. Miro a su papá, para luego correr hacía el y darle un fuerte abrazo, mientras lágrimas rodaban por sus mejillas. Harry y su padre aparecieron tras Bert, y caminaron hacía Jack.

—Señor Sheppard—le llamo Robert—, gracias por salvarme de ese modo.

—Era lo menos que podía hacer. No puedo permitir que Bert crezca sin padre. Es importante que los dos estén presentes con ellos—Harry y Bert se tomaron de la mano—. Su relación es fuerte, pero lo que vivieron solo será superado teniendo a sus padres presentes—el padre de Harry se mostró algo inconforme—. Señor Stoner, debe entender que el padre de Bert no tenía opción. Su ira no lo impulso, sino los deseos de proteger a su hijo. Los dos habían descubierto su secreto, y solo eso quedaba. Sin embargo, el nos ayudo mucho para encontrar a Harry. Les buscare un trabajo estable, que les pague bien y que les de mucho tiempo que pasar con sus hijos. Les sugiero que acudan a la terapia psicológica, para que superen estos traumas lo más pronto posible.

—De acuerdo—aceptaron ambos padres. El padre de Harry fue quien hablo después—. Señor Sheppard, gracias por salvar a nuestros hijos. Es usted un héroe.

Jack bajo la cabeza y dio un largo suspiro.

—No merezco las gracias. Quizá salve a sus hijos; pero hay un problema... los otros tres chicos... siguen muertos.

Jack no le aviso a nadie. Salió del hospital y se fue con rumbo desconocido. En su cabeza, los gritos de los niños dejaron de gritar, pero seguían ahí, esperando a que los salvaran. Al llegar a su destino, le pago al taxista y entró por el enorme portón negro. Comenzaba a soplar un fuerte viento, avecinando una tormenta. Avanzó entre el camino que habían puesto, mientras ignoraba los epitafios a lo largo de su camino. Los gritos parecían volver, pidiendo auxilio que jamás obtendrán.

Finalmente llego a su destino. Saco la placa de su bolsillo, donde su nombre estaba impreso.

—Sabes, durante años me pregunte por que trabajabas para ellos. Todos los que me encontré en tu camino parecían patanes que abusaban de su poder. Pero me sorprendí al estar dentro. Ahora se por lo que pasaste tú.

Puso su placa sobre la lapida, mientras sus ojos tomaban un color rojo por las lágrimas. Derek Sheppard, padre ejemplar y hombre valiente. Murió en acción, dando su vida por su equipo. Su recuerdo perdurará en nuestra memoria por siempre, rezaba la lapida. Al levantarse, sintió una peluda garra sobre su hombro. Brian no dijo nada, solo lo abrazo por la espalda, y lo cubrió con su largo abrigo, mientras la lluvia comenzaba a caer. Jack no pudo soportarlo: comenzó a llorar por la muerte de su padre. Se dio la vuelta y se cubrió en los brazos de su amado, cubriendo su cara en su pelaje. La lluvia no paro de caer.

Nota del autor

Cuando estes leyendo esto, habrás llegado al final de la primera temporada de Sin Valley. He de admitir que me tomo semanas hacer solo dos capítulos, cuando ya tenia los anteriores preparados. Fue difícil armar este caso, pero me alegra saber que muchos me dijeron sus teorías sobre el final del capitulo anterior. Espero que el resultado en este haya sido de su agrado, pues de serlo, entonces será el inicio de un nuevo proyecto. Pero por mientras, hay que darles un descanso a nuestros héroes. En este capitulo, como ya vieron al final, mostré a un Jack más humano, con un doloroso e incomprensible pasado. La muerte de su padrastro fue algo que le afecto mucho, y ya será más adelante explicado el por que, y que tan relacionado esta Ford con ella.

Y como dije, hay que darle un descanso a nuestros héroes. Esto debido a que la historia de un lobo y un león han de volver. Así es, la historia de Alfred y James, ante la petición de muchos, comienza de nuevo. Situada 5 años después del final de su último capitulo, relatare la historia de una familia bastante especial. Ya tengo toda la trama lista, y el primer capitulo trataré de tenerlo listo para el próximo lunes.

Muchas gracias por toda la atención que me han dado, sin su apoyo no hubiera llegado hasta aquí. Y gracias al amor de mi vida, mi lindo tigueshito que siempre me hace esbozar una sonrisa con solo mencionar su nombre. El apoyo que me has brindado amor mio, es lo que me mantiene vivo. Muchas gracias por todo, y por estos cuatro meses juntos. Parece tanto tiempo, y a la vez nada en comparación con la vida que tenemos juntos por delante. Gracias por todo amor.

Sin más que decir me despido. Nos vemos a más tardar el próximo lunes.

Epilogo

Los doce extraños se postraron ante el hombre frente a ellos. Miraban a su padre, esperando sus órdenes. El solo echo un vistazo a los medidores, que mostraban un aumento en la actividad cerebral. Se dio la vuelta y miro a los presentes.

—Hijos míos. Ha despertado. Viene en camino y no podemos hacer nada para detenerlo. Envíen a los centinelas a por el. Si no podemos detenerlo, nos aseguraremos de que vuelva.

—El portal está abierto padre—le indico uno de los presentes—. Ella deseara ir a verlo.

—Ella no tiene ningún derecho. El trato lo conoce, y romperlo solo empeorara más las cosas. Debemos cambiar los hechos.

—Pero cambiara el mundo entero de no llevarlo a ella.

—Viva o muerta, no nos afectara. Que se active el portal. Búsquenlo en el Reino. Y tengan cuidado con los reflejos. Cuando lo encuentren... liquídenlo. No podemos permitir que se encuentre con Jack Sheppard.