Ciclo Vital
Autor: Juan Luis R. Tutor
Tanto tiempo libre veraniego sólo podíamos ocuparlo leyendo un buen libro de aventuras, viendo alguna telenovela de sobremesa o, el día con más suerte, dándonos un refrescante chapuzón en la piscina de la urbanización de algún amigo. A veces, añadíamos una tarea más a la lista de ‘cosas que hacer en verano’, la de estudiar para alguna asignatura que ese año se nos resistió más de la cuenta… Pero nada era comparable con pasar las tardes cargando nuevos juegos o metiendo algún listado en código máquina, pero, no adelantemos acontecimientos… Mejor que empecemos por el principio.
Uno de esos calurosos veranos, el de 1985, por casualidades de la vida, tuve que pasar unos días (inolvidables) como ‘okupa’ en casa de mis tíos. Allí, en el pueblo, la vida era algo distinta, y cualquier novedad se convertía en un acontecimiento nacional. Uno de mis primos “mayores” regresó del servicio militar y, entre todos, le preparamos una gran fiesta de bienvenida. Entre regalo y regalo, uno me llamó la atención sobremanera, una caja negra con la foto de un teclado llamado ZX Spectrum… PERSONAL COMPUTER, ponía en grande. ¿De verdad aquello era un ordenador?, ¿tan pequeño? Los IBM que veía en los bancos o en el Instituto de mi hermano mayor ni por asomo se parecían. Hasta ese día, mi experiencia más cercana con esos aparatos electrónicos era jugar al PONG en una Atari 2600 de un vecino que hacía ya unos años que se mudó a los Madriles, pero fue suficiente para que se inoculase el virus tecnológico de los videojuegos.
Cayó la noche y todos nos fuimos retirando poco a poco a casa. A pesar de que el sueño hacía acto de presencia, no podía dejar de darle vueltas a ese ordenador negro con teclas grises; quería verlo en funcionamiento, tocarlo, saber qué se podía hacer con él… No sé cuántas horas dormí aquella noche, pero seguro que fueron muy pocas. Apenas pegué ojo pensando cómo podía satisfacer tanta curiosidad.
Los primeros rayos de sol entraron por la ventana. Era la señal que necesitaba para ponerme en pie, desayunar rápido y hacerle una visita sorpresa a mi primo. Aún no tenía pensado una excusa convincente; la diferencia de edad era lo suficientemente importante como para que no existiesen unos intereses comunes. Aunque, nada más lejos de la realidad.
Llegué temprano, demasiado, supongo. Aún no había pasado “el lechero” y, por lo tanto, nadie había desayunado… A la vista de tal panorama, me dispuse a dar una vuelta por la plaza del Ayuntamiento para hacer algo de tiempo. Allí, junto a unas imponentes palmeras, estaba el Kiosco de Paco “El Revistas”, como le conocían todos. Compré unos chicles y aproveché para leer algunos comics de los muchos que tenía en uno de los laterales de su puesto. De repente, algo me hizo fijar la vista en la portada de una revista llamada Microhobby. Hablaba sobre el ZX Spectrum. Junto a ella, un par de números atrasados de la misma publicación… se ve que no se vendían mucho. Aprovechando que mis padres me dieron algo de dinero para mis gastos de aquellos días, saqué de mi bolsillo 100 pesetas y compré la revista. En ese instante pensé… ¡Ya tengo la coartada perfecta!

Fuente fotografía: Blog La Mancha Negra
Abrimos la caja con mucho cuidado y lo montamos todo siguiendo al pie de la letra las instrucciones. El ZX Spectrum estaba listo para recibir órdenes. Intentamos cargar algunos programas del libro de Basic, pero nos costó más de la cuenta acostumbrarnos a las combinaciones de teclas para sacar aquellas instrucciones y gráficos… En honor a la verdad, aquella experiencia no resultó todo lo idílica que nos imaginábamos en un principio. Lo más que sacamos de aquel precioso aparato fue algún círculo, un par de puntos en la pantalla y alguna nota musical por el altavoz interno… Algo frustrante, lo reconozco, pero afortunadamente no nos dimos por vencidos.
Al día siguiente quisimos ir más allá. Nada de meter listados interminables con el teclado, llenos de errores, imposibles de hacerlos funcionar. ¡La clave para disfrutarlo en condiciones era cargarlos desde cinta! Pero, ¿cómo?, no teníamos ningún reproductor de cassette a mano. Así que decidimos acercarnos al mismo Bazar donde sus padres compraron el Spectrum. El amable vendedor nos recomendó un fantástico Computone para, acto seguido, facilitarnos los datos de un par de personas que también compraron el mismo ordenador meses atrás. No hace falta decir que en el pueblo prácticamente se conocían todos, por lo que no nos resultó muy difícil dar con aquellas personas. En pocos minutos nos bombardearon con más información de lo que hubiésemos averiguado en días. Incluso nos invitaban a entrar en casa para que contemplásemos los últimos juegos comprados en el Rastro de la ciudad el domingo anterior.
Nada volvió a ser lo mismo para nosotros.
Les cuento muchas veces historias como esta a mis hijos y trato de hacerles ver la importancia que puede tener que algo te marque así durante la infancia… no en vano, gracias a aquella experiencia llevo ganándome la vida como programador los últimos 20 años, y no hay un día que no recuerde con cariño aquellos inicios donde empezó todo.
La vida siguió su curso. Mis padres me regalaron al año siguiente el ansiado Spectrum y, cada vez que visitaba el pueblo, aprovechaba para intercambiar juegos con los amigos (ya eran legión, nada de los tres o cuatro valientes de un principio). El Spectrum era el centro de atención del día a día. En casa siempre había disputas para “reservar” hora en la televisión del salón. Las negociaciones eran intensas, un toma y daca de intercambio de “favores y tareas” y, ni hace falta decirlo, debíamos aprovechar al máximo aquel tiempo en el que nos dejaban sentarnos delante del ordenador a jugar, o hacer trabajos para el Colegio, según la versión oficial. 😉
Mi primo se casó al poco tiempo, le destinaron al Norte. Sólo le volví a ver un par de navidades más y, tras casi dos décadas, de nuevo las pasadas navidades. En esas escasas ocasiones en las que hemos coincidido, nos hemos puesto al día de nuestras vidas y, cómo no, siempre echamos la vista atrás con cariño y comentamos aquellos inicios con nuestros ordenadores y lo que supuso posteriormente a nivel personal para cada uno de nosotros.
El tiempo, por definición, siempre avanza. Es imposible que se detenga y, como no puede ser de otra manera, dejamos atrás la infancia, luego la adolescencia, maduramos y, al formar una nueva familia, todo alcanza una nueva dimensión. Como de una montaña rusa se tratase, experimentamos momentos álgidos y otros más sosegados, donde el afán por revivir viejas experiencias hace que ardamos en deseos de desempolvar nuestros queridos aparatos que descansan el sueño de los justos en algún rincón olvidado del trastero. Con un poco de suerte, nuestro viejo amigo seguirá operativo, esperará nuestras órdenes y podremos satisfacer nuestra pizca de nostalgia echando una partidita a nuestro juego favorito. Respiramos hondo y lo volvemos a guardarlo todo con mucho mimo.
No todos hemos tenido la suerte de conservar hasta el día de hoy nuestro ordenador. Bien por avería, por falta de uso, porque ocupaba un sitio que necesitábamos para otras cosas, o bien porque no tuvimos la “visión” de lo que significaba aquella joya… tristemente, el Spectrum terminaba casi siempre en el contenedor de la basura, junto con los cassettes de juegos y demás revistas que fuimos acumulando a lo largo de los años.
Desgraciadamente, hoy día la nostalgia cotiza en Bolsa. Es un sentimiento que, para satisfacerla, necesita de una cartera con buen fondo. Desde hace unos años, cosas que sencillamente se tiraban, ahora pasan a venderse a precios desorbitados. Y parece que el afán especulador no tiene visos de acabar a corto plazo ¿Por qué?
Es significativo que, a medida que nos hacemos mayores y encontramos cierta estabilidad familiar, laboral o económica es cuando echamos la vista atrás y deseamos volver a tener en nuestro poder aquellos objetos que marcaron momentos importantes en nuestra vida. Ahora mismo, estamos en ese punto de la vida donde tenemos la capacidad o los medios para poder satisfacer estos “caprichos” y, este aumento de la demanda, es algo que no ha pasado desapercibido para algunos que quieren hacer caja con los sentimientos ajenos.
Mi primo, el del pueblo, ha sufrido también esta sinrazón del mercado en la que se compra para luego revenderlo más caro, o se le pone precio de consola nueva a algo que tiene más de 30 años y que, a efectos tecnico-prácticos, no tiene valor alguno, sino únicamente sentimental. Ha completado la familia Sinclair, desde el ZX80 hasta el +3, pasando por el QL. Se le resiste el Sam Coupé, pero los casi 1.000€ que piden en algunos sitios especializados hace imposible su compra. En nuestra última conversación, la fiebre, como él la llama, tuvo sus puntos álgidos tras casarse para, acto seguido, disminuir al poco tiempo con su primera hija. Ahí estamos, simplemente, en “otras cosas”, como bien dice. Una vez que los niños empiezan a ser más autónomos y a dejarnos algo más de tiempo libre, volvemos a las andadas y recuperamos nuestras viejas historias (es decir, otra vez nos entra fiebre de 40º).
Él ahora está en horas bajas, ha llegado su primer nieto y todas estas historias vuelven a pasar a un segundo plano, ¿definitivamente?
Nuestros hijos no parecen tener ningún tipo de interés especial en estos sistemas retro (a nivel general). Esto, casi con total seguridad, morirá con nuestra generación. No hay vuelta atrás. Acostumbrados a la inmediatez de carga, los miles de polígonos por segundo a todo color, sonido 5.1, resoluciones HD… ¿qué interés podrían tener en usar tecnología tan anticuada? Sencillamente, en la mayoría de los casos, ninguna. Algunos hasta se echan alguna partida con tal de no defraudar al ilusionado padre; son todo amor estos críos.
Llegará el día en el que la oferta superará a la demanda y los precios bajarán e, incluso, con toda seguridad, nuestros hijos, los futuros potenciales compradores, sólo buscarán aquellas consolas con las que crecieron juntos, la PS3, Xbox 360, Nintendo DS… y no tendrán más remedio que pagar su peso en oro tal y como hacemos nosotros actualmente. Llegará el día en el que nuestros queridos ordenadores no causen ningún tipo de interés entre los compradores. Llegará el día, como digo, en que todo esto acabe para nosotros, pero empezará para una nueva generación de compradores que gocen de la tal ansiada estabilidad laboral/familiar/económica y comiencen a recuperar sus añoradas joyas de la infancia.
Y se completará el círculo. Y así, una y otra vez.
Mi nueva pantalla gráfica para el videojuego «Exterminator»
Federico Jerez es un conocido dentro de la escena, un gran coleccionista y que apoya totalmente la preservación de todo lo relacionado con el ZX Spectrum y así lo ha venido demostrando durante estos años, colaborando en los proyectos de SPA2 y WOS. Ha hecho un magnífico trabajo de preservación en este caso, poniendo a disposición de todo el mundo tanto el TZX original como la carátula del «Exterminator». El TZX adicional con mi pantalla de carga también se encuentra disponible en la misma página del juego. En breve, esta misma pantalla estará colgada en mi perfil de la web ZX-Art como otra pantalla gráfica más. Espero que os guste. Cualquier comentario alusivo es siempre bienvenido.
http://trastero.speccy.org/2012/Exterminator/Exterminator.htm
¡El ZX-UNO, muy pronto en nuestras casas!
Es una gran noticia para todos los que habíamos contribuido con el éxito de esa campaña de micromecenazgo y en muy poco tiempo empezaremos a comprobar por nosotros mismos las posibilidades de este dispositivo que nos va a proporcionar muchas alegrías. Por supuesto, las muchas dudas sobre su funcionamiento y cómo usarlo correctamente, las tendré que plantear en el foro correspondiente (casi seguro que otros mecenas las tienen igualmente), a no ser que se incluya con el aparato una guía completa para el buen manejo de la unidad.
Preservados varios programas del manual de usuario del Commodore 64
Ya podéis disfrutar de varios de los programas que se publicaron en las páginas del manual de usuario del Commodore 64, fechado en 1982. Hacía tiempo que los tenía preservados y solo hacía falta llegar el momento oportuno de enviarlos a quienes están haciendo una gran labor de preservación de material de este sistema clásico y nada mejor que Índice Retro, ó IND, para ello.
Los programas fueron tecleados por mí con paciencia, comprobados y grabados después en formato .TAP con el dispositivo TAPUINO. Son:
– Globos (Del Capítulo 6 del manual, págs. 71, 74 y 75)
– Escala musical (Del Capítulo 7, pág. 82)
– Escritura (de los programas añadidos en el Apéndice J, página 145)
– Piano Keyboard (tecleado del manual en inglés) (Appendix J, pág. 147), hay dos versiones, una de ellas corregida.


He intentado corregir el programa Piano Keyboard, a fin de que fuese capaz de reproducir todas las notas de la escala cromática al tono normal. Si pulsas un «re» natural, suena un «mi» natural y, por tanto, todo cuanto reproducimos musicalmente está subido un tono entero, con lo que solo habría tenido que corregir algunos parámetros y variables, pero no lo he hecho así por respetar el listado original, pero me habría gustado hacerlo.
Ya sí, los podéis encontrar en su ficha correspondiente:
Hardware ZX Spectrum: «Slomo» de Nidd Valley Micro Products
Os presento nueva sección dedicada a hablar de aquellos productos de hardware que salieron al mercado con el fin de aumentar la capacidad del ZX Spectrum para realizar diferentes tareas en diferentes ámbitos de la vida, además de jugar y programar con él. Los cientos de dispositivos, periféricos e interfaces que se produjeron tanto a nivel comercial como de manera independiente da para una buena cantidad de capítulos de esta serie.
El interfaz Slomo Motion, con el epígrafe Program Speed Controller, es el primero en aparecer en esta serie. Este dispotivo en concreto se fabricó en el Reino Unido por la empresa Nidd Valley Micro Products Ltd. en 1985, y comercializado al precio de 14,95 libras esterlinas y su función es bien evidente, aunque estoy seguro de que muy pocos de vosotros conocíais de este dispositivo hasta ahora, pues su comercialización en España había sido muy discreta o casi inexistente.
Con el «Slomo», cualquier adicto a los juegos de acción podría sobrepasar las fases críticas de cualquier juego que requiera de una gran cantidad de reflejos. Tanto la propia palabra como el gusano del logo sobre la carcasa del dispositivo ya evidencia el propósito de esta unidad: pues sí, este pequeño «gadget» proporciona la facilidad de ralentizar ó «congelar» los ciclos de velocidad de cualquier programa que esté ejecutándose en ese momento en el ZX Spectrum. Es sencillo de utilizar; una vez conectado al bus de expansión, y teniendo en una mano el mando de control, solo cuenta con un potenciómetro para variar la velocidad y dos botones para Congelar o Activar el modo Slo-Mo (durante el tiempo que mantengas presionado uno de los dos botones). El interfaz es compatible con cualquier otro periférico que no requiera de la señal del bus de expansión.
Si bien la utilidad del «Slomo» está limitada a variar o congelar los frames del Spectrum mientras se ejecuta un programa ó un juego, no deja de ser un elemento a tener en consideración. Como objeto de colección, puede tener cierto interés para los aficionados al hardware y resulta bastante difícil de encontrar alguno en buenas condiciones y funcionando. En cierta manera, un usuario de Facebook fue el que me ha dado la idea de publicar esta entrada para hablar del mismo y prometo continuar con esta serie «ad infinitum», publicando como una ó dos entradas cada mes relacionadas con estos aparatos.
Ficha y fotos de Slomo: Archivo World Of Spectrum
















