Un Purim de verdad

A veces, todo puede cambiar en un solo Purim...

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Posteado en 23.02.26

-Feliz Purim, Rebe -se oyó una voz tímida. Pero las palabras se perdieron entre su barba gris como pedernal y la bufanda raída por las polillas.

El Maguid de Koznitz, el gran líder jasídico, le enseñó a Pinjas el Cargador cómo tener un Purim de verdad.

-¡Pinjas! -gritó el Rebe-. ¿Hasta cuándo vas a seguir siendo un “shlepper”? ¡Hoy es Purim! ¡Venahafóju! ¡Todo se da vuelta!

En el marco de la puerta apareció un hombre casi oculto tras un montón de paquetes…

-Feliz Purim, Rebe -dijo la voz débil. Pero volvió a perderse entre la barba gris y la bufanda gastada.

El Maguid de Koznitz levantó la vista en medio de su celebración de Purim.

-¿Sentí una brisa? -preguntó-. ¿Alguien abrió una ventana?

-Feliz Purim, Rebe -repitió el hombre, apenas un poco más fuerte.

El Maguid miró alrededor. Allí estaba, con un abrigo enorme y roto, un sombrero negro aplastado y dos ojos tristes asomando desde abajo: Pinjas el Cargador, su jasid más pobre. Era el mozo del pueblo, el que cargaba todo, el que todos pisaban sin siquiera notarlo.

-¡Feliz Purim, Pinjas! -exclamó el Maguid-. Y bien, ¿me trajiste mishloaj manot?

Pinjas miró sus zapatos agrietados. No tenía comida suficiente para su propia familia. ¿Cómo iba a traerle un regalo al Maguid?

-¡Pinjas! -volvió a gritar el Rebe-. ¿Hasta cuándo vas a seguir siendo un shlepper? ¡Hoy es Purim! ¡Todo se transforma! Ven, párate a la cabecera de la mesa.

Pinjas obedeció.

-Ahora, con la voz más fuerte que tengas, deséame un Feliz Purim.

-Feliz Purim… -repitió. Unos ratones en la esquina parecieron contestarle.

-¡No así! ¡Más fuerte, Pinjas!

-¡Feliz Purim!

-¡Más fuerte!

Los jasidim que rodeaban la mesa comenzaron a animarlo.

-¡FELIZ PURIM! ¡FELIZ PURIM!

Después de casi media hora de intentos, Pinjas logró soltar una serie de “¡Feliz Purim!” verdaderamente inspirados. Los ojos del Rebe brillaron.

-Ahora, Pinjas, sal y tráeme mishloaj manot. Y quiero que le desees “Feliz Purim” a cada persona que encuentres.

Pinjas avanzó por la calle principal del pueblo.

-¡Feliz Purim! -gritaba a cada uno-. ¡FELIZ PURIM!

Los vecinos se quedaron mudos.

-¿Ese es Pinjas el Cargador? -susurraban.

Entró en la tienda del comerciante de vinos.

-¡Feliz Purim, Reb Shmuel! Dame tres botellas de tu mejor vino. Te pagaré mañana. Y si no… ¡es Purim!

Reb Shmuel se quedó helado, pero enseguida aprovechó la oportunidad de hacer una mitzvá y corrió al estante del vino, mientras su esposa lo miraba desconcertada.

De allí fue a la panadería.

-¡Feliz Purim, Reb Meir! Dame cinco tortas y cinco panes. Te pagaré mañana. Y si no… ¡es Purim!

Y recibió la misma respuesta generosa.

Pinjas volvió corriendo a la casa del Maguid con vino y tortas.

-¡Feliz Purim, Rebe! -exclamó, y salió otra vez, esta vez para su propia familia.

El carnicero, el sastre, el zapatero… a cada uno le deseó un Purim especial.

Horas después, en la pequeña casita al borde del pueblo, la familia de Pinjas oyó fuertes patadas en la puerta. La puerta se abrió de golpe.

En el marco apareció un hombre casi oculto por una montaña de paquetes. Solo se veían unos zapatos nuevos y brillantes, pantalones bien planchados y la punta de un sombrero nuevo de fieltro.

-¡FELIZ PURIM, HIJOS! -gritó.

Su esposa lo miró como si estuviera soñando.

Pinjas se acercó a ella.

-He sido un mal esposo. Los hice sufrir durante años. Te prometo que desde ahora todo será distinto. Pero primero… prepara la mesa. ¡Hoy es Purim!

La mesa se llenó rápidamente. Un banquete digno de un rey.

-Pero antes de empezar… -dijo Pinjas, alineando a los niños frente a la mesa-. Deséenle a su padre un Feliz Purim.

-Feliz Purim, papá.

-No así. ¡Más fuerte!

-¡Feliz Purim, papá!

-¡Más fuerte!

Al otro lado del pueblo, el Maguid de Koznitz se recostó en su silla, cerró los ojos y sonrió.

-¡Shá, shá! -dijeron los jasidim-. El Rebe está viendo algo. ¿Qué es, Rebe?

-En este momento -respondió-, Pinjas el Cargador está enseñando a toda su familia a decir “Feliz Purim”… y todos los ángeles del Cielo escuchan con alegría.

Desde aquel Purim, la vida de Pinjas cambió.

La confianza que descubrió en sí mismo inspiró a otros. Le prestaron dinero y comenzó un negocio. Con los años prosperó, y su casa se convirtió en refugio para los necesitados y afligidos de la región.

Dedicó su vida a ayudar a los demás. Y todo el que tocaba su puerta encontraba siempre ánimo, calidez… y un sincero:

-¡Feliz Purim!

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1. Maria M

3/02/2026

Shalom Rabino!
Que Hashem Los bendiga Grandemente,
No soy judia pero me llama mucha la atecion todo sobre judaísmo, Gracias a las enseñanzas en Youtube y libros que empece a leer me acerca más a Hashem ,

2. ADAYA YEHUDIM

2/24/2026

AMAR A ALGUIEN CUANDO BRILLA ES FÁCIL. EL GRAN RETO ES LOGRAR ILUMINARLO EN SUS MOMENTOS MÁS OSCUROS. SHALOM Y BENDICIONES. 🌻🌻🌴🌳💙🤍💙

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