Deja ir a Mi pueblo – 2da Parte

Dejemos de vivir como esclavos espirituales y comenzar a vivir como hijos amados.

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 13.01.26

La semana pasada hablamos de la “colección” de nuestros comienzos: de las innumerables veces en que decidimos, con gran entusiasmo, empezar a servir a Hashem con más Torá o más tefilá, y al poco tiempo caímos de eso, quedando rotos y desanimados. Explicamos que el camino en el servicio a Hashem es un camino de subidas y bajadas. En los momentos de elevación, Hashem ayuda, recibimos luz espiritual, nos entusiasmamos y empezamos de nuevo; pero en los momentos más bajos, la tendencia natural es rendirse, desesperarse y abandonar.

El remedio para esto es que justamente en los puntos bajos debemos aferrarnos con todas nuestras fuerzas a la emuná, porque el entusiasmo cambia, pero la emuná no cambia nunca. Por eso la verdadera batalla en los descensos es la batalla por la emuná: sostenerla con firmeza para que la bajada no se convierta en una caída. Y el núcleo de la emuná es saber y vivir que Hashem me ama. No olvidarlo nunca, no distraerse de eso jamás, pase lo que pase — y especialmente en los momentos de oscuridad y dificultad.

Este es el secreto de la redención de Egipto: pasamos de ser “esclavos” a ser “hijos”, porque Hashem nos hizo saber que somos Sus hijos: “Envía a Mi hijo para que Me sirva”. La redención es el pasaje de la identidad de esclavo a la identidad de hijo amado.

Por eso la salida de Egipto es el modelo de toda redención personal. Cada judío tiene sus propios “Egiptos” interiores: deseos, hábitos, patrones y rasgos negativos que lo aprisionan. Y la mayor esclavitud del alma es el daño en la santidad del vínculo, como enseña Rabí Najmán: quien daña el pacto está en un estado de esclavitud interior.

Por eso quien allanó el camino para la redención fue Iosef el justo, el guardián del pacto. La fuerza negativa intentó quitarle su identidad de “hijo” —la conciencia de que Hashem es un Padre bueno— para convertirlo en “esclavo”: “Iosef fue vendido como esclavo”, con el objetivo de hacerlo caer. Pero Iosef se mantuvo firme porque nunca soltó su identidad de hijo.

El libro Leshón Jasidim explica que Iosef pudo resistir la prueba porque vio la “imagen de su padre”. No se trata solo de Yaakov como persona, sino de la conciencia del Padre celestial que lo ama. Esa certeza fue la que le dio fuerza.

Yosef era joven, hermoso, traicionado cruelmente por sus hermanos, arrancado de su hogar, arrojado a una tierra de corrupción moral extrema, sin futuro, sin respaldo. Y allí, justamente allí, la tentación lo persiguió día tras día. ¿Cómo se sostiene alguien en una situación así? ¿Solo con fuerza de voluntad? Eso no alcanza. La respuesta es: fortalécete en la certeza de que tienes un Padre en el Cielo que te ama — y eso te dará la fuerza para atravesar cualquier prueba.

El Leshón Jasidim agrega que Iosef se mantenía vivo preguntándose constantemente: “¿Mi padre aún vive dentro de mí?” —es decir, ¿sigue viva en mí la experiencia del amor del Padre? Eso lo sostuvo.

Por eso toda la redención depende de Iosef: porque solo alguien que nunca cayó en la identidad de esclavo puede sacar a otros de allí. Y lo mismo vale para la redención futura: todo depende de que vivamos plenamente la conciencia de que somos hijos y Hashem es nuestro Padre amoroso.

La profecía lo expresa así: “Pele Yoetz, El Gibor, Avi Ad” — el consejo maravilloso es saber que Hashem es nuestro Padre eterno.

Por eso esta enseñanza es especialmente relevante para los días de Shovavim y para el tikún del pacto: porque solo desde la conciencia de ser amados podemos vencer al impulso negativo y sanar de raíz.

Rabí Najmán explica que hay dos tipos de teshuvá: la de los días comunes, con subidas y bajadas, y la de Shabat, una teshuvá que libera completamente del mal. La diferencia es que los días comunes corresponden al estado de “esclavo”, y Shabat al estado de “hijo”. Cuando vivimos como hijos amados, entramos en la teshuvá de Shabat y el mal pierde su poder.

Ese es el camino: no solo corregir actos, sino sanar la identidad. Dejar de vivir como esclavos espirituales y comenzar a vivir como hijos amados. Esa es la redención personal y colectiva.

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1. ADAYA YEHUDIM

1/14/2026

VENERADOS RABINOS DE BRESLEV. SEAN BENDECIDOS SOBRE TODAS LAS NACIONES. TODA LA VIDA ES UNA LECCIÓN DE POR VIDA. CUANDO PIENSO QUE TODO MARCHA SOBRE RUEDAS, ZÁS!!! SE NOS PRESENTAN PERSONAS QUE INTENTAN APLASTAR Y PISOTEAR LA DIGNIDAD DE LOS APARENTEMENTE MÁS DÉBILES. NATURALMENTE NO LO HACEN DIRECTAMENTE. SINO QUE COMIENZAN A PONERSE AGRESIVOS Y PREPOTENTES CON LOS MÁS DÉBILES. MÁS O MENOS COMO EGIPTO. TODOS LOS ACONTECIMIENTOS VIENEN DE HASHEM. Y ES PRECISAMENTE AHÍ DONDE HASHEM ME PONE A PRUEBA. FUERTE NO ES AQUEL QUE ENSEÑA SUS MÚSCULOS DEMOSTRANDO QUE EN CUALQUIER MOMENTO ME PUEDEN APUÑETEAR DEJÁNDOME UN OJO MORADO. HASHEM NO LO PERMITA. FUERTE ES AQUEL QUE DESPUÉS DE HABER SIDO HUMILLADO Y CALUMNIADO SE VUELVE A LEVANTAR CON MÁS AUTOCONTROL SOBRE LAS EMOCIONES DESTRUCTIVAS. Y COMO BIEN MENCIONAS, CON MÁS EMUNÁ Y BITAJÓN EN EL TODOPODEROSO, CREYENDO ROTUNDAMENTE QUE ÉL ES TODOPODEROSO Y PONE CADA COSA Y A CADA CUAL EN SU CORRESPONDIENTE LUGAR. COMO HASHEM HIZO CON JOSEPH Y LOS QUE LO HABÍAN HUMILLADO Y PISOTEADO. SHALOM.💙🤍💙🌴🌴🌻🌻

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