
Una Canción en el Corazón
La tensión era más tangible que nunca. De repente, uno de mis camaradas comenzó a cantar una melodía de esperanza y de aliento, con las palabras de Rabi Najman de Breslev…

La tensión era más tangible que nunca. De repente, uno de mis camaradas comenzó a cantar una melodía de esperanza y de aliento, con las palabras de Rabi Najman de Breslev…
Una de las experiencias más conmovedoras que tuve en mi vida fue siendo soldado. Estábamos viajando en un micro del ejército, siendo transportados de mi base central, situada en el centro de Israel, a la zona norte, donde estaban surgiendo hostilidades. Estábamos por emprender una misión sumamente peligrosa, mucho más riesgosa de lo que pensábamos en ese momento. Dentro del micro éramos algo así como treinta soldados, cada uno con el equipo completo y listo para funcionar.
Estábamos nerviosos, por no decir más. Yo no había tocado un cigarrillo en siete años, pero mi compañero, que estaba sentado al lado mío, me puso un Marlboro en la mano, así que yo también lo encendí. El paquete de cigarrillos fue pasando de mano en mano por todo el micro y al rato casi todos estaban formando aros de humo en el aire. Nos miramos los unos a los otros, preguntándonos cuál de nosotros iba a volver a casa en camilla o en una bolsa para cadáveres. Eso es lo que piensa el soldado que sale a combatir, en base a dolorosas experiencias anteriores.
Nadie dijo una palabra. Nadie osó entrometerse en la privacidad de las reflexiones de su compañero. La verdad es que el cigarrillo no sirvió de mucho y cuanto más nos aproximábamos a al punto de embarque en el límite con el Líbano, más se endurecía el nudo en mi abdomen, y en el de todos los demás.
El silencio era tan espeso que se lo podía cortar con un cuchillo. La tensión era más tangible que nunca. De repente, uno de mis camaradas, un maravilloso joven proveniente de una comunidad religiosa nacionalista, comenzó a cantar una melodía de esperanza y de aliento, con las palabras de Rabi Najman de Breslev:
Kol ha-olam kuló, guesher tzar meod; ¡ve-ha-ikar lo lefajed klal!
Todo el mundo es un puente muy angosto – ¡y lo principal es no tener miedo de nada!
Al rato, todo el micro estaba cantando Guesher Tzar Meod. Tanto los jóvenes del kibutz como los agnósticos; gente que en su vida puso un pie en una sinagoga ni abrió un rollo de Torá… ahora todos estaban cantando las palabras de Rabi Najman, que dan tanta fuerza. La melodía, que al principio había sido un mero susurro, fue creciendo hasta convertirse en un inolvidable coro lleno de vigor. Después de unos cuatro minutos cantando, todos volvieron a quedarse callados. Pero por dentro, ya no teníamos más miedo.
Ese es el poder de una canción en el corazón.
El Shabat en el que se lee la porción de la Torá llamada Beshalaj se denomina “Shabat Shirá”, el Shabat de la Canción, ya que esta es la porción de la Torá en la que figura la Shirat HaIam, la canción que Le cantó el Pueblo Judío a HaShem después de que Él los salvó de los egipcios a las orillas del Mar Rojo.
La Parashat HaMan, que es el episodio del maná, el pan caído del Cielo que nutrió a los Hijos de Israel durante cuarenta años mientras estaban en el desierto, también figura en la porción de la Torá llamada Beshalaj. La Guemará en el Tratado Pesajim 118ª pregunta por qué el maná y la división del Mar Rojo aparecen yuxtapuestos.
La gente se pregunta por qué sufre de tantos problemas financieros. La respuesta es que hay muchos factores espirituales que inciden en el sustento, tal como enseña el Rabino Arush. No obstante, Rabi Najman de Breslev nos da una regla de oro (véase el Libro de los Atributos, sección “dinero e ingresos”): Cuando uno está todo el tiempo feliz, tiene éxito, ya que la alegría es propicia para el sustento. Y viceversa: la tristeza y la depresión destruyen el sustento.
¿Quién no quiere vivir feliz? ¿A quién le gusta estar deprimido? ¿Quién no quiere contar con un sustento suficiente y adecuado?
La pregunta es qué hacemos cuando nos sentimos tristes y nos cuesta tanto sonreír.
La respuesta es obvia: aprender a tener Emuná. La Emuná es la clave para la genuina felicidad. La pregunta es qué hacemos mientras tanto, cuando necesitamos un repunte emocional.
Lo que tenemos que hacer es poner una canción en el corazón y una melodía en los labios. Permítenme explicarles…
Siendo niño, aprendí a tocar instrumentos de viento. Después, durante años no toqué un instrumento musical. Hace varios años, redescubrí mi música a través de los tonos celestiales de la flauta norteamericana nativa. Esto fue lo que ocurrió:
Al final de cada día típico, por lo general ya he respondido decenas de correos de personas que están pasando por sufrimientos indescriptibles. Yo amo a la gente y tomo a pecho su sufrimiento. Y como todos ellos, yo también tengo mi propia carga emocional. De no ser por mi hitbodedut, mi hora diaria de plegaria personal, el desgaste emocional en poco tiempo acabaría conmigo. La verdad es que tengo necesidad de hablar con HaShem por lo menos dos horas al día, pero con todas las exigencias diarias que tengo, tengo que contentarme con una sola hora. Sin embargo, esta sola hora la aprovecho al máximo.
Mis mejores sesiones de hitbodedut son aquellas en las que canto mis propias melodías, las cuales son un reflejo de mis plegarias y del medio que me rodeaba mientras hablaba con HaShem. Estas melodías son las que aparecen en el CD Aguas Tranquilas.
Al culminar el día, tras estudiar una página de Guemará y antes de decir el Kriat Shemá, tomo una de mis flautas y toco la misma melodía que entoné para HaShem más temprano ese mismo día. Entonces me voy a dormir con una sonrisa en el rostro y en menos de treinta segundos me quedo dormido.
Durante el día, cuando la presión se va acumulando o cuando empiezo a sentir el más mínimo sabor a melancolía en la boca, me pongo una canción en el corazón y mi estado de ánimo hace un giro de ciento ochenta grados. Esta estrategia funcionó cuando nos dirigíamos al frente en 1982 y continúa funcionando hasta el día de hoy.
Tú también puedes poner una canción en tu corazón cada vez que necesites un cambio rápido. El Rey Saúl, la Profetisa Debora y el Profeta Elisha hicieron precisamente eso cuando estaban tristes (véase Samuel I 16:16; Reyes II 3:15 entre otras fuentes). Funciona. Incluso si no tocas un instrumento musical, trata de tararear tu canción favorita o escucha tu música favorita. Escoge alguna melodía que en tu mente esté asociada con algo alegre.
Una vez que ponemos una canción en el corazón, recordamos a HaShem. Y una vez que recordamos a HaShem, recordamos que todo es para bien. Ahora sí que podemos sonreír.




7/29/2020
Muchas gracias ao gadolei Shalom Arush por los livros que publicastes me ajudo mucho D.us te abencoe
10/11/2018
Yo me aprendí un poco
Esta que enseñó en español el rabino Yonatan Galed: si el hombre hubiera sabido cuánto Dios lo ama(bis), estaría bailando y cantando los 120 años (bis) , feliz… jajajaja, creo que se puede cambiar el modo y tiempo verbal al indicativo en presente y futuro!
10/11/2018
Esta que enseñó en español el rabino Yonatan Galed: si el hombre hubiera sabido cuánto Dios lo ama(bis), estaría bailando y cantando los 120 años (bis) , feliz… jajajaja, creo que se puede cambiar el modo y tiempo verbal al indicativo en presente y futuro!