Samizdat
Niusléter #307
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Esta semana me enteré de que existe una cosa llamada algospeak, un habla algorítmica, cuyo fin es eludir la censura generada por los algoritmos, los filtros automáticos, principalmente de Youtube. No sé si existe en español, pero ya llegará. Para poner un ejemplo, en lugar de decir kill, dicen unalive. La razón por la que existe esta censura y por la que ya están en marcha formas de eludirla es la publicidad. Si te pilla un algoritmo diciendo algo que está prohibido, te desmonetizan el video. Las empresas que pagan por la publicidad son asustadizas y no quieren que se les asocie con ciertos temas. Es éste el tipo de ocasión en el que la sociedad plural falla. El comercio aparece como un agente censor.
No sé si este lenguaje, el algospeak, ha llegado ya a la poesía, pero no estaría mal que lo hiciera. La poesía tiene que hacerse cargo del lenguaje y los temas de su época y su territorio geográfico. Estas distorsiones del lenguaje tienen que entrar en el poema.
2
A lo largo de la historia, han sido raros los momentos en que se ha podido hablar abiertamente de ciertas cosas. Normalmente, la libertad de expresión es una prohibición de la censura estatal, pero no de la censura efectuada por empresas privadas. Mientras que el Estado, por ley, no puede decirle a alguien que se calle, Google puede hacerlo con toda tranquilidad. Este tipo de leyes fue ideado en el siglo XVIII, cuando los principales agentes censores eran el Estado y la Iglesia. El antídoto contra la Iglesia fue la libertad de religión; y contra el Estado fue el propio Estado, con leyes que le recortaban sus poderes. Igual, siempre ha habido formas de frenar a los que hablaban de más, o molestaban con lo que decían.
3
La primera libertad es la libertad de culto o de consciencia. Una vez que uno puede elegir su religión, el poder de las instituciones religiosas queda disminuido. Uno puede elegir, también, no pertenecer a ningún grupo religioso, con lo cual no hay comunidad de la que se le pueda excluir. La segunda libertad es la de prensa, porque los grupos religiosos deben poder imprimir y publicar sus textos sagrados. La tercera es la de expresión, ya que hay que poder comentar esos textos.
Esto es así en una sociedad liberal. Digo “liberal” en el sentido de los siglos XVIII y XIX. En las teocracias, religiosas o civiles, la libertad funciona de otra manera: no digas ni hagas nada que nos moleste y te dejaremos en paz. Por teocracia me refiero a cualquier sistema en el que se considere que el líder es infalible, y a partir del lider, sus agentes. La poesía debe hacerse cargo de alguna manera del estado del lenguaje en su sociedad y/o comunidad. Los textos sagrados de una sociedad teocrática pueden ser la Biblia, el Corán, El Capital o las obras completas de Corín Tellado. La poesía barroca es enrevesada porque debe encontrar la forma de decir las cosas y eludir la censura al mismo tiempo. Es una especie de algospeak, aunque con todos los recursos de su lengua más los del latín.
4
En la Unión Soviética no se podía imprimir nada sin permiso de los censores. Alguien escribiía un texto que las autoridades no querían que circulara. Se lo pasaba a unos pocos amigos de confianza. Éstos lo copiaban a máquina o a mano, utilizando papel carbon. Estas personas luego se lo pasaban a otras, que también lo copiaban y lo pasaban para que fuera copiado y vuelto a pasar. El sistema se llamaba samizdat, o autopublicación.
Un sistema de publicación así requiere muchas ganas, valentía, mucha pasión, mucha paciencia y mucho trabajo. Podía llevar días o semanas copiar un texto. El riesgo era considerable:i te pillaban ibas a la cárcel, o peor. ¿Delatarías a tus cómplices?
5
Ezra Pound se pasó unos 13 años encerrado en un manicomio. Cuando lo engancharon, en Italia en 1945, lo metieron en una jaula. Luego lo transportaron a Washington, donde se decidió que no estaba en condiciones (mentales) de ser juzgado por traición. Lo declararon loco y lo metieron en un loquero del que fue liberado en 1958. Nunca hubo un juicio. En 1958, el Departamento de Justicia (sic) retiró los cargos, y un juez ordenó que se le dejara salir del manicomio. Pound volvió a Italia, donde vivió hasta su muerte en 1972.
Dicen que prácticamente dejó de hablar esos últimos 14 años de su vida, lo cual podía ser un problema en los restaurantes si se negaba a decir lo que quería comer. A lo mejor soltaba una sola pelagra—”gnocchi”—a lo mejor seguía en silencio, y todos comían menos él. Los últimos Cantos son puros fragmentos: recuerdos, arrepentimientos, cosas dichas a medias, declaraciones de fracaso. Uno de los versos más famosos de esta serie es “I cannot make it cohere”. Es como si el manicomio lo hubiera vuelto loco. Siempre he pensado que no hace falta declararse contrario al Estado, todo poeta corre este riesgo. Nadie sabe que hacer con la poesía de Pound, y muy pocos saben cómo leerla, y menos estudiarla. Su figura, por el fascismo, sigue siendo un problema.
6
Está bien, estoy muerto, pero no quiero ir al cielo, quiero seguir peleando y necesito tu cuerpo para seguir con la lucha.
Es del Canto LXXII. Lo leo (y mal) así: yo, el poeta estoy muerto, pero el cuerpo, o sea la obra, debe seguir luchando. El problema, claro, está en que el cuerpo (el mío, el que ya no puede) sea el que sigue con la lucha. Debe ser el otro cuerpo, el de la obra, el que siga. Mi cuerpo, o sea mi figura, mi leyenda, lo que se sepa de mi vida, estorba. Y estorba porque lo hecho hecho está, y porque se trata de dos cuerpos distintos, el que llegó a su fin y el que continúa.
He ahí el peligro de la escritura, del texto, del poema: que perdura. Por eso queman los libros, censuran la poesía, apresan a los lectores restantes. El lector se convierte en una especie de héroe secreto, singular, aislado. Su resistencia es interior, espiritual, la última resistencia que queda. La última fortaleza es el cuerpo del lector.
7
Escribo estoy como un instructivo, por si nos hace falta, en vista de cómo está el mundo. Siempre he pensado que la característica principal de la gran ciudad es la multiplicidad de religiones que pueden convivir en ella. Antes, era el comercio lo que las unía, lo que hacía de argamasa social. Pero ahora, parece que el comercio no está de nuestra parte. ¿Será así como se rompe todo?
Esta semana estuve trabajando en un poema que tira a barroco. La idea era esconder unas cosas en otras, y decir también algunas de manera más abierta. Un experimento conmigo mismo. Digo que es un experimento privado porque, aunque lo publique, no veo que tenga nada experimental en un sentido formal, o en relación con lo que ya se ha escrito. Juego con el lenguaje, pero no en broma. Digo tonterías con plena consciencia de que lo son. La jugada está en que todo el poema resulte coherente, o consistente consigo mismo. Luego si funciona o no para otro lector, ya veremos.
NOTICIAS
Los poemas, fruto de mis supersticiones, están en Paseante Extranjero. Hay dos nuevos, pero todavía no el que menciono aquí.Echen un vistazo igualmente.
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Esta semana también estuve trabajando en la BiPA con mucha intensidad. Principalmente en los libros de fotografía: fotos encontradas en la calle, instantáneas de otras vidas, prácticamente incomprensibles. Registros del Otro, ajeno, lejano, intocable, raro. Para mí, eso es lo que les da a estos libros un cierto misterio, como un enigma sin solución.

