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¿'Cucarachas' en Europa?

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Más de la mitad de los activos financieros a escala global están en manos no bancarias

¿Debe temer Europa una crisis financiera originada en el crédito privado? La respuesta corta es que no en exceso, al menos por ahora. Ese es uno de los principales mensajes del último Informe de Estabilidad Financiera del BCE, que considera poco probable que este mercado, por sí solo, suponga un riesgo sistémico para la zona euro. La idea tampoco es especialmente controvertida: incluso en Estados Unidos, voces como la de Jamie Dimon, presidente de JPMorgan y uno de los más críticos con sus excesos (sus famosas "cucarachas"), no creen que una eventual crisis del crédito privado tenga capacidad para desestabilizar todo el sistema financiero.

Este crédito empresarial no lo conceden bancos, sino fondos especializados y otros inversores institucionales. Normalmente financia a empresas medianas o no cotizadas, sin capacidad para emitir deuda en mercados y, a menudo, con perfiles financieros algo más arriesgados o complejos. En Europa, el private credit está creciendo pero todavía es pequeño; en Estados Unidos, en cambio, el mercado es varias veces superior y alcanza 1,5 billones de dólares. Allí, las peticiones de retiradas de liquidez en fondos semilíquidos han acaparado titulares durante los últimos meses, entre otras razones por la concentración de estos préstamos en empresas de software, uno de los sectores más expuestos a la inteligencia artificial.

Además de la menor penetración de esta financiación en la zona euro, los bancos europeos tienen una exposición residual al private credit, del orden del 0,2% de sus activos. Esto es importante porque reduce el riesgo de que un deterioro en este mercado se convierta en un problema de solvencia bancaria. Además del crédito privado, otro foco de riesgo reciente es el conflicto de Oriente Medio. En este caso, la exposición directa de los bancos europeos a la región también es limitada, en torno al 0,6% de sus activos. En ambos escenarios, el riesgo más relevante no parece estar en las pérdidas directas, sino en efectos de segunda ronda como la ampliación de diferenciales en bonos corporativos de peor calidad, caídas de valoración o el deterioro económico en sectores como las manufacturas intensivas en energía o el comercio.

Radiografía de los riesgos

Aunque el informe del BCE no recibe la misma atención que otros documentos europeos, como los de Letta o Draghi, ofrece una radiografía muy completa de los riesgos que afronta la zona euro. El análisis macroeconómico está dominado por el conflicto en Oriente Próximo. La economía sigue aguantando, pero con riesgos sesgados hacia menor crecimiento y mayor inflación por el impacto de la guerra. Los hogares continúan protegidos por la fortaleza del mercado laboral, mientras las empresas empiezan a enfrentarse a condiciones de financiación más restrictivas, especialmente en los sectores más expuestos al conflicto. A ello se suman otras vulnerabilidades conocidas, como la presión competitiva de China y los déficits públicos elevados.

Para la banca europea, el punto de partida es sólido, con colchones de capital y liquidez holgados y morosidad contenida. No obstante, el BCE advierte de que el contexto se ha vuelto menos favorable: los ingresos por intereses empiezan a normalizarse, los costes pueden aumentar por inversión tecnológica y ciberseguridad, y algunos segmentos, como pymes o inmobiliario comercial, merecen vigilancia. No hay alarma, pero sí menos viento de cola.

Desde el año 2019 el BCE dedica una sección permanente del informe al sector financiero no bancario. No es casualidad: fondos de inversión, aseguradoras, fondos de pensiones, hedge fund, fondos monetarios o los ya mencionados vehículos de private credit se han convertido en actores centrales del sistema.

A escala global, más de la mitad de los activos financieros ya están en manos de intermediarios no bancarios, lo que obliga a mirar la estabilidad financiera desde un perímetro más amplio que el bancario.

El sistema financiero ha cambiado mucho desde que el BCE publicara sus primeros informes de estabilidad en 2004. Hoy, el sistema está más interconectado y los actores no bancarios tienen cada vez más relevancia en la estabilidad financiera. Y es esa complejidad la que hace más imprescindible, si cabe, la labor de monitorear riesgos: puede que ahora haya pocas cucarachas, pero este análisis es importante para detectar estos y otros insectos que pudieran aparecer.

BBVA Research

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