Derramados
«USA y Europa, humillando a los emigrantes, que en tropa llegan a sus tierras, con la ropa rota, sin pan para meterse en la boca» Un día en el barrio - Canserbero.
Canserbero nunca dejó de ser noticia.
Ni siquiera a casi nueve años de su muerte.
Ese régimen de pesadilla que secuestra a Venezuela trató de darnos atole con el dedo con una supuesta reivindicación de su nombre al «resolver» su asesinato, pero sólo mancharon su legado con una balurda propaganda y dejando de lado respuestas que los verdaderos seguidores de Canserbero aún esperamos.
Bien lo deja claro El Chigüire Bipolar en su editorial del pasado 28 de diciembre.
Nunca entendí la magnitud de lo que era (es) Canserbero hasta que migré.
Cómo sus letras, su estilo y su mensaje calaron en un público tan amplío de América Latina, Europa y Estados Unidos, que podría asegurar, sin temor a equivocarme, que es uno de los mejores embajadores de Venezuela.
La línea de la canción que sirve de subtítulo a esta edición del newsletter se cierra con una pregunta: «¿Es esta la edad moderna o la misma mierda 'e gota en otra copa?».
Una pregunta que atraviesa a cada uno de los migrantes y refugiados de este planeta.
¿Por qué?
Porque 2024 se pinta (con todos los colores) difícil para la migración.
«Mundo sucio, donde todos piensan sólo en ellos mismos. Malditos, mil veces, títeres del egoísmo», dice Canserbero en Jeremías 17:5.
Un verso que calza perfecto después de leer que los gobiernos de Estados Unidos y México acordaron, casi con las doce campanadas del 31 de diciembre de 2023, renovar y endurecer en enero sus planes de control migratorio.
Como lo explica la experta en migración, Eunice Rendón, en su columna para el diario El Universal de México del pasado 29 de diciembre de 2023: «estamos terminando un año en el que ha prevalecido un contexto de uso de las personas migrantes para el discurso político y para ataques constantes por parte del partido republicano al presidente Biden, de cara a las elecciones de 2024, lo que parece indicar que la presión sobre México se puede incluso agudizar en los próximos meses».
Una presión que se traducirá en una mayor securitización de la frontera entre México y Estados Unidos y en el aumento de la retórica en contra de los migrantes de parte de ciertos sectores políticos estadounidenses.
Empezando por el ex presidente Trump que busca su relección.
Una relección acompañada de una campaña donde ya se ha lanzado su perlas características que generalizan sobre las personas migrantes, indicando que «todos son delincuentes» y que de volver a la Casa Blanca iniciará el mayor proceso de deportación de Estados Unidos.
Y no olvidemos que el gobierno de AMLO también aportó con varios granos de arena a la criminalización de la migración al convertir a parte del Instituto Nacional de Migración en un versión no tan renovada de la Guardia Pretoriana para perseguir a los migrantes que tratan de cruzar México para llegar a Estados Unidos.
El gobierno estadounidense extendió sus fronteras hasta Guatemala, Costa Rica y Panamá.
¿Quieren un dato curioso?
En 2023 México se colocó como uno de los países con mayor recepción de solicitudes de refugio con 140 mil peticiones.
¿Quieren un dato triste y preocupante?
Al menos 31 migrantes venezolanos fueron secuestrados por grupos vinculados a carteles de tráfico de drogas en el estado de Tamaulipas.
Noticias como esta seguirán mientras se vea a la migración como un «problema de seguridad» y no como un derecho humano.
«Piensa bien si quieres ingresar al hampa, hermano. Por si luego tienes ganas de salir. No tengas que decidir por tus opciones a elegir. ¿Cuáles? ¿Cuáles son? Morir o sufrir» nos dice Canserbero en Llovía.
Y esa dicotomía de opciones, tan maquiavélica, nos presenta parte de lo que ha significado el nuevo Pacto de Migraciones y Asilo aprobado en Europa.
Como no los explica Gonzalo Fanjul en su columna del 20 de diciembre de 2023: «2023, el año de la ofensiva antimigración»: «El mundo se está convirtiendo en un espacio violentamente hostil a la diversidad y la transformación social que significan las migraciones».
Europa se entrega a los radicalismos de líderes cuasi barbáricos que ven en la migración un chivo expiatorio para justificar sus grandilocuencias autoritarias pasando por sus mesianismos provincianos.
Desde Italia, con Meloni jugando sus cartas para reformar la constitución y también aumentar la medidas antimigratorias. Con el Primer Ministro del Reino Unido, Rishi Sunak, comparando a los migrantes con utilidades militares que «usan sus enemigos» para desestabilizar a los hogares británicos. Y con el Canciller de Alemania, Olaf Scholz, endureciendo las políticas de deportación que han afectado, entre otros, a los migrantes venezolanos en ese país.
Por otra parte, desde Polonia y Hungría, se apegan a su nacionalismo y sólo aceptan (en parte) a la migración ucraniana por ser sus primos en Europa del Este.
Y España, embargada por la burocracia de un parlamento que le interesa más pelearse por ver quién es más popular a la hora de construir retóricas, que en debatir temas realmente importantes como la iniciativa legislativa popular por la regularización de personas sin papeles.
De seguir así, Europa dejará de ser el «viejo continente» para convertirse en el «cerrado hasta nuevo aviso continente».
Mientras tanto, en el «Nuevo Mundo», los gobiernos de Perú y Chile continúan apuntando sus baterías hacia los migrantes venezolanos usándolos como una de las tantas excusas del por qué los países están mal.
Cuando no se dan cuenta que al dejarse llevar por revanchismos político partidistas y retóricas antimigratorias, sólo ponen en peligro a una población que básicamente llegó a trabajar.
Una población que huye de una crisis humanitaria compleja, que aunque los propagandistas del régimen de Maduro digan que «Venezuela se arregló», la verdad es que el país sigue secuestrado por diversas pesadillas.
En Colombia, con el gobierno de Gustavo Petro lavándole la camisa, los pantalones y la cara a Maduro, la migración venezolana se convirtió en un problema de Estado y ahora son opacos con las cifras de integración y regularización de los venezolanos y hablan de «retornos voluntarios» y de «desvenezolanizar» a la migración.
El gobierno de Ecuador, pasando por fuertes procesos políticos y de seguridad en los últimos tres años, sólo trata a la migración cuando le conviene: para conseguir chivos expiatorios que justifiquen sus metidas de pata o para aupar al fantasma de «no queremos ser Venezuela» durante elecciones que la derecha quiere ganar para que el «correismo no vuelve» y que la izquierda quiere ganar para que nos demos cuenta que «Venezuela está mejor que nosotros».
Y bueno, Argentina, con lo que hizo el gobierno de Milei de restringir de un plumazo un derecho humano fundamental como es el de la educación para los migrantes en ese país, no podemos esperar un futuro muy brillante.
No me hagan hablar de lo que han hecho, o más bien DEJADO DE HACER, organismos internacionales como la Acnur, OIM y sus socios. Ya lo he expuesto en otras ediciones de este newsletter y adivinen qué… lo volveré a hacer.
Me gustaría ser más optimista.
Creer en lo que decía Canserbero: «lo único que necesitas es amor».
Pero, déjenme ser pragmático y rogar porque abramos los ojos ante una realidad que nos ha acompañado desde que el hombre es hombre: la migración nos beneficia.
En una nota más amable y feliz. Les pido que voten por mi colega y amiga, Pierina Sora, que está nominada para los premios Desalambre como creadora de contenido en migración.
No les toma más de 30 segundos votar.


