Sincericidio
Chao algoritmo, pasala lindo.
Hace dos días me desperté con la noticia más repetida estos últimos tiempos, una advertencia de la red social para que deje de publicar no se sabe qué. No le hice caso ni a mi padre, mira si te voy a dejar a ti que me amedrentes, le digo al teléfono en un instante de delirio comunicacional. Me denunciaron usuarios por contenido sexual, me dicen. En mi cuenta no hay desnudos, ni siquiera hay cuerpos, refuto. Una desinteligencia artificial me dice que sí, que ya lo han comprobado. Estás hablando con una pared, Victoria, déjalo estar, me digo. Que hagan lo que quieran, total, estoy podrida del formato. Me aprisiona el algoritmo, el lenguaje de usar y tirar, el consumo veloz de data innecesaria funcionando como falopa que evite las preguntas que verdaderamente importan. Me rompe los ovarios tener que achicarme para caber por esa puerta, pero sé que necesito, al menos, una ventana al mundo. Amo escribir, desde niña le meto poesía hasta a la lista de la compra, es mi debilidad y mi superpoder en simultáneo, siento que si no convierto las emociones en palabras me estallarían encima. Me siento libre ante la hoja en blanco, no me asusta ni me importa, la verborragia tenía que tener sus ventajas. Hace tiempo que tratar de entrar en el trajecito del algoritmo me desmotiva y desinspira, me aprieta, me tira de la sisa. Pasé los últimos meses alternando la decisión de salir de las redes o quedarme a sufrirlas cuando de golpe entendí que había una tercera opción: elegir los espacios, y hacerme dueña de mis palabras así como de mis silencios. Así que aquí estamos, deseando que este formato me permita explayarme, ya sea con un poema, un cuento o una interpretación del cielo libre de límite de caracteres y de carruseles. Cada jueves me comprometo a publicar algo que me exprese, y ojalá que ese algo resuene contigo también. Aprovecho para agradecerte la fidelidad, son personas supuestamente desconocidas las que fueron estos años gasolina para seguir creando, gente generosa regalando palabras llenas de pasión que funcionaron de brújula. Ojalá este movimiento te entusiasme tanto como a mi.
Ah, y no soy astrovaiking, nada me interesa menos que hacerme la yankee. Astrovikinga ya estaba ocupado y cuando metí el guión bajo ya no cabía la a.
En tu cara, Mark.


Victoria, lo tuyo no es escribir:
es invocar tempestades y auroras con tinta.
Quien se atreva a mirar dentro de tu mente
y sienta el vértigo de tu forma de articular belleza, ya está perdido: jamás podrá irse de tu lado.
Siempre bancando a la vikinga,
capitana de mares imposibles,
guerrera de palabras que cortan y curan.
Y si hace falta, te seguimos hasta Saturno,
cruzando anillos, lunas y abismos, porque donde vos estés, está el verdadero norte.
Gracias Victoria por éste nuevo espacio! Siempre leerte es un placer y una necesidad para comprender la sintonía fina que existe entre el cielo y mi alma. Aquí estaré esperando cada jueves!