Reflejos
Al espejo, carta documento
_No sé nena, lo eché y punto. ¿Qué pasa, que porque estoy vieja me los tengo que fumar aunque quiera que se vayan? ¿Que tengo que estar, agradecida? Pues no, mira, estoy enojada, mucho más que antes, cuando hacían fila para verme. Sería una pelotudez atómica mejorar mi actitud ahora que estoy más insatisfecha que nunca… Ay si, que antipática he sido (risa escandalosa) bueno bueno vos tampoco has sido un ser de luz, no rompas... no, no se le paró ¿entendés? ¿Para qué quiero una pija floja con forma de morsa en mi hermosa cama? ¿En qué cabeza cabe? Nooooo no le dije morsa, me hice la terapeutizada, le dí consejos anti estrés y todo pero bueno por dentro lo quería asesinar… ¿Qué pobre? Pobre yo, nena, pobre yo, teniendo que maniobrar una medusita. No cojo mas, te lo juro. Me quedo con el satisfyer que me electrocuta la concha pero es efectivísimo. Seeee ya fue ya me harté no lo intento más. Es mucho riesgo, ¿entendés? Hay un 97,7 de posibilidades de que salga como el orto… ¿Qué no? ¿Cuando sale bien Maddita? Nunca, nunca, últimamente nunca. Naaa que pendejos ni pendejos, mira si nos van a dar bola a nosotras, además que a mí ni me calientan los pendejos. Yo lo que quiero es uno de sesenta en buen estado, ¿es tanto pedir? Sí, viene en un rato. Esa es otra, yo quería estar relajada porque la visita tranquila la verdad es que no me tiene y este pelotudo me dejó más tensa que mi abuela. Odiada estoy. Sí, ya sé , ya sé. Lo digo desde la calentura, deja que me desahogue o voy a salir a matar gente, hacelo por el barrio aunque sea (se ríe) Dale dale te cuento en cuanto se vaya… en media hora, no sé si será puntual…. Gracias amiga… si, lo sé… beso.
Corta el teléfono, camina por un pasillo, se encuentra con su imagen en el espejo. Se toca el pelo, tratando de ordenarlo. Se acerca para mirarse muy de cerca las arrugas. Se aleja. Se dá el ok. Sigue por el pasillo hasta llegar a la habitación del fondo. Se derrumba sobre la cama, boca abajo. Está angustiada, no cabe duda. Lo sabe porque se le cierra el pecho. Ojalá fuera la superada que trata de hacerse creer a base de exabruptos y frases mordaces. No quiere matar a Leandro, a pesar de tener la pija menos eficaz de Buenos Aires. Lo que esta noche le ha generado no es rabia ni enojo, es una tristeza que no le cabe en el cuerpo. Hace tiempo que viene sintiendo la renuncia. Como unas ganas de mandarle carta documento al amor. En realidad es una manera de lograrse una salida digna, le parece mejor irse que quedarse esperando a alguien que no llega nunca. Siente que la vida la está forzando a aspirar a menos, a pasar con elegancia de la que tenía a los hombres a raya a una que se pone comprensiva cuando no se les para. Pues no, que no cuente con eso, esa no va a ser, un calor de indignación infinito que le sube cuando sale el tema lo confirma. Nada le produce más desolación que una pija floja, es el símbolo de la batalla perdida, la seña inequívoca de que la vida la bajó de categoría rotundamente. Hay mujeres que sirven para remontar, pero ella no pertenece a ese grupo. Le pasa esto de la ofensa, y entonces pasa a odiar el miembro en vez de ponerse en modo geisha que supuestamente es lo que necesitaría. Igual menuda estupidez, piensa. Lo único que tienen que hacer es mantenerla dura y ni eso hacen, qué genero de mierda la verdad. Y encima pretenden que los comprendamos como madres superioras. Pues mira no. Ella no toca miembros flácidos, no hace esfuerzos sobrehumanos por revivirlos a base de mamadas, no acaricia al dueño con cariño mientras le pregunta si está estresado y le dice que no importa, porque sí importa. O por lo menos sí le importa. Ese pito flojo acaba de terminar con su autoestima, mira si importa. Se dió un masaje, se depiló, usó su mejor lencería, lo único que tenía que poner ese estúpido del otro lado era un poquito de tensión muscular. En fin. Qué difícil conservar la esperanza cuando vemos alejarse la posibilidad de amar. ¿Acaso no iba de eso la vida? Piensa. Bueno, de un par de cosas más también. De poner en orden la historia también va. Por eso me tiene tan inquieta la visita de hoy, se dice. Me va a dar trabajo esta pendeja, lo puedo oler. Otra vez me veo tratando de arreglar los desbarajustes de Ana, me agoto solo de pensarlo.
Suena el timbre. Se levanta muy despacio de la cama. Se coloca bien el kimono. Recorre el pasillo, agarra el telefonillo, le da al botón de abrir sin decir una palabra. Se encuentra otra vez con el espejo, ese maleducado. Ensaya una sonrisa. Camina hacia la puerta, se coloca detrás esperando el golpe en forma de timbre que la lleve a enfrentar lo que guarda bajo llave desde hace treinta años. El timbre suena, la puerta se abre, y el golpe está esperando, sí, pero de una forma infinitamente más enrevesada. Lo que se encuentra Betty enfrente es, ni más ni menos, que a sí misma. La mueca amable se deshace, los ojos se agrandan, el corazón se lanza en picada. Así que en esto consistió tu castigo, hermana, en ver mi cara en la de tu hija durante todos los días de tu vida. Qué formas extrañas tiene la vida de vengarse. Aunque no sé con quién de nosotras fue mas cruel, porque lo último que yo necesitaba en este momento es que me pongan enfrente exactamente lo que perdí. La puta madre.
_ Pasá.


Betty 🩷
Este spin-off no lo vi venir! 😍