Después de dos semanas de negociaciones, esta conferencia de la ONU sobre el clima acaban de cerrar en Madrid (España), con un mensaje claro y desmoralizador: los gobiernos no están a la altura de las circunstancias y no está respondiendo de forma efectiva a la crisis climática global. A pesar de las claras advertencias de los científicos (desde la peligrosa pérdida de diversidad, hasta la situación y los riesgos a los que se enfrentan tanto las tierras como los océanos y la criosfera en la presente emergencia), los niveles récord de protestas en todo el mundo y las graves impactos climáticos que vemos acontecer con más y más frecuencia, las conversaciones climáticas en la COP cayeron víctima de las importantes diferencias que existen entre los países, las cuales están resultando difíciles de resolver.
ELos observadores presentes en Madrid identifican a los países del G20 como culpables de este mal resultado, con Estados Unidos, Brasil, Australia, Arabia Saudita y las principales compañías de petróleo, gas y carbón implicadas en socavar la ambición climática. Trump, Morrison y Bolsonaro parecen impasibles pese a los catastróficos incendios en la California, Sydney y la Amazonía este año, que destruyeron ecosistemas invaluables y dejaron a miles de personas sin hogar.