Morirse en escena
A finales de mayo cayó una tormenta y comenzó una racha de días verde hierbabuena. Una de esas tardes en las que el calor y la lluvia conceden una tregua, fuimos al teatro. Cuando la primavera era tan solo una idea fugaz, allá por febrero, decidimos comprar las dos últimas entradas para Casting Lear, guiadas por la insistente recomendación de seres queridos. Llegó mayo y, bajo el cobijo de las butacas, confesamos no haber leído la tragedia. No sabemos nada, afirmaste entre risas. En ese momento desconocíamos la importancia de la palabra nada en la historia. Fuera luces. Comienza la obra: Describe “El rey Lear” en treinta segundos1. Ese cuento me suena, creo recordar que me lo leyeron de pequeña. Aunque dudo que en cualquier antología infantil incluyeran a Shakespeare.
Salimos y la noche nos recuerda que hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo. La conversación se deja mecer, entre copas de vino y una ensaladilla rusa con pimientos asados. Esa noche me prometo escribir con el cuerpo, con furia, que la obra me catapulte. ¿Cuántas hijas estarán intentando perdonar a su padre en este preciso momento? ¿Es posible perdonar sin haber matado al padre2 antes? ¿Por qué muere Cordelia? ¿Quizás sea una advertencia? Lear, si no sabes amar, lo perderás todo. Cordelia, si te empeñas en salvar a tu padre, morirás. ¿Dónde quedan la voz de Cordelia y su dolor en ese final? ¿Cómo terminan otros cuentos populares con base en esta historia? ¿Es posible perdonar sin reconciliarse? ¿Y reconciliarse sin perdonar?
Las frases de Cordelia están llenas de ausencia y me pregunto por su sentido. Esa nada es capaz de encender la rabia. La Cordelia contemporánea, harta de remover una y otra vez el mismo barro, piensa: pero qué le voy a hacer, si esta es la tierra de la que vengo y la única que conozco bien. Después, coge la pala y manda a freír espárragos a Shakespeare, al imperio británico y a la madre que le trajo al mundo. Con esa rabia y ese desenfado canta Amaia: Si nos encontráramos con veinticuatro años, nos confesaríamos en la cola del baño. (…) Sabes que ya tengo una edad, no lo hago tan mal, estoy harta de justificarme. El perdón es individual, la reconciliación requiere del encuentro. Quizás, entonces, el hartazgo sea la condición previa.
Llevamos siglos escribiendo sobre la muerte, sobre el amor y, por qué no, sobre la relación con nuestros padres y madres. Javier Peña entrelaza historias en el hospital junto a su padre tras años de silencio, Sara Torres hace el amor mientras su madre muere y de Vigan escribe la carta más perfecta y terrible. Todo eso solo para intentar entender algo y al final darse cuenta de que es imposible, pero que no pasa nada. Escribir para perdonar (si se puede, como se puede, lo que se pueda). Alejandro Zambra y su mujer, Jazmina Barrera, le leen cuentos a su hijo y siento que se cierra el círculo:
Nos comparamos con nuestros padres, a pesar de que —lo sabemos— ya no podríamos ser iguales a ellos ni esencialmente distintos de ellos. Y como los matamos a los veinte años, ya no podemos matarlos de nuevo; por eso mismo a veces terminamos resucitándolos.
Dicen que caminar en escena es lo más difícil. Supongo que desnudarse y morirse tampoco son moco de pavo. El telón se cierra, pero las cortinas saben que volverán a abrirse. Hamlet y Lear aguardan, conscientes de que van a morir, hasta que decidamos que es hora de resucitarlos.

Alerta spoiler: Érase una vez un poderoso monarca que quería jubilarse. Quiso repartir su riqueza entre sus tres hijas, según el amor que éstas le profesaran. La mayor y la mediana lo alabaron, pero la menor, Cornelia, se negó y por ello fue desterrada. Pasaron cosas, Lear enloqueció, lo perdió todo, etc, etc, etc. Cornelia, convertida en reina de Francia, volvió con su ejército para salvar a su padre y, ya que estaba, perdonarlo. Al final fue ejecutada y el rey, devastado, murió poco después.
Matar al padre entendido como dejar de esperar la aprobación. Simboliza la diferenciación, el famoso “echar a volar”.



¡Me encanta! Es difícil describir con palabras las complejas e inefables (pero a la vez sorprendentemente simples) relaciones entre padres e hijos. Supongo que por eso llevamos siglos hablando sobre ellas... Yo empecé 'El Rey Lear' hace unos años, pero lo dejé por simple falta de voluntad. Creo que, tras leer tu post, le daré otra oportunidad. Muchas gracias :)
❤️🩹