Metamorfosis
Dudo que alguien no se haya enterado, a estas alturas, de que Rosalía (dudo aún más que sea necesario para alguien precisar quién es R O S A L Í A ) ha sacado un nuevo disco. Disco que, por cierto, he escuchado ya unas cuantas veces. Hay en él canciones que me erizan la piel, otras que me resultan agradables, y alguna que no está hecha para mí. A todas les alabo el gusto y el trabajo, no obstante. Me alegra, por supuesto, ver que este trabajo no es idéntico a los anteriores; para qué contar lo mismo, pudiendo buscar nuevas sensaciones, nuevas maneras de emocionar y conectar con las personas. Muchos celebran esta libertad artística, pero he escuchado y leído ya unas cuantas opiniones que ponen su foco y su rechazo en el hecho de que, al alejarse, una vez más, del estilo de sus trabajos anteriores, demuestra no tener una identidad definida. Como si la identidad fuese un bloque rígido, tallado de una sola vez y para siempre. Como si a un artista, o a cualquiera de nosotros, se le permitiera ser solo aquello que ya ha sido.
Vivimos unos tiempos un tanto extraños, en ese aspecto. Llenos de posibilidades, pero también de una necesidad casi obsesiva de etiquetar y clasificar. Queremos que cada músico tenga un sonido «propio» y que no se mueva mucho de ese espacio; que cada escritor se quede en su género; que cada artista, en resumen, muestre fidelidad a lo que ya es. Y, aunque parezca un asunto menor del mundo del arte, esa exigencia silenciosa se filtra también en nuestra vida cotidiana.
Podemos mostrar recelo cuando alguien que nunca manifestó interés por la artesanía decide apuntarse a clases de cerámica. O cuando una persona que durante toda su vida evitó bailar se matricula en un curso de salsa. Nos parece raro que alguien empiece a viajar a los cuarenta, o a leer poesía a los sesenta, o que cambie de trabajo por voluntad propia a los cincuenta. Resulta llamativo que un conocido descubra que le gustan cosas a las que antes no prestaba siquiera atención. Como si cambiar fuese sospechoso. Como si crecer implicara traicionarse. Y eso, claro, salta a nuestra piel, porque todo se convierte en duda y miedo acerca de lo que pensarán los demás si somos nosotros los que nos apuntamos a clases de esto o aquello, si descubrimos una pasión nueva, si damos tal o cual giro a nuestra vida.
La verdad es otra, y la experiencia está ahí para señalarlo: nada vivo permanece igual. El cambio no es un capricho, es una forma de respirar. A veces necesitamos probar algo distinto, no porque lo anterior fuese un error, sino porque ya no nos basta. O simplemente porque sí: porque la curiosidad es una de las características más auténticas que tenemos, una de las más fuertes, digna de matar hasta a un gato. La curiosidad nos mueve, nos estira, nos modela; nos saca de la postura fija en la que a veces nos quedamos sin darnos apenas cuenta.
Que Rosalía cambie de estilo no la hace menos coherente; la hace más humana. Igual que cualquiera que decide explorar un territorio nuevo: esa amiga que de pronto se atreve con las clases de canto, ese compañero que descubre que quiere aprender a cocinar, ese familiar que empieza a escribir diarios o a correr maratones. No es incoherencia. Se llama, simplemente, vivir.
Lo que nos asusta, en realidad, no es el cambio del otro, sino lo que ese cambio nos recuerda sobre nosotros mismos. Que también podríamos hacerlo. Que podríamos salirnos del guion. Que podríamos probar algo que no encaja con lo que creemos ser… y tal vez disfrutarlo. Puede que descubramos partes de nosotros que estaban a la espera de una oportunidad para asomar sin miedo la cabeza, dispuestas a brindarnos una experiencia única, que haga del tiempo que estamos en este mundo algo más pleno, más sorprendente, más significativo.
Ojalá dejáramos espacio para eso, para explorar sin juicio, para metamorfosearnos sin miedo, para permitirnos, y permitir a los demás, ser una historia en proceso. No una identidad fija, sino un mapa en expansión. Sin límites impuestos.
No nos perdemos cada vez que probamos algo nuevo; nos ensanchamos. Nos damos la posibilidad de reinventarnos, de vivir con más amplitud, de recordarnos que todavía hay muchas vidas dentro de la nuestra. Esa, quizá, es la manera más honesta de vivir con plenitud: sin el peso de tener que ser siempre lo mismo. Sin miedo a cambiar de melodía. Sin miedo a sorprendernos y a aceptar que sí, que jamás hubiésemos pensado que eso nos haría sentir vivos. Pero resulta que lo hace, y que tenemos derecho a sentirlo.
Ya está a la venta mi nueva novela, Las ventanas sin rejas. Haciendo clic sobre estas palabras, podréis leer la sinopsis y comprar un ejemplar. O dos o más, en cuyo caso los gastos de envío serán totalmente gratis.
Si os parece un buen regalo de Navidad o de Reyes, os sugiero que lo pidáis antes del día 19. Entre el 21 y el 6 de enero no habrá venta de ejemplares, ya que Papá Noel, los elfos y Sus Majestades estarán con los familiares y amigos que los reclaman en su tierra.
Lo que sí estará disponible durante estas fechas y desde ya, por petición popular, es la formación grabada de Las 4 claves para escribir tu libro. Porque terminar o empezar el año dando forma a esas historias que todos llevamos dentro puede ser el mejor regalo que hacerle a alguien querido, o a nosotros mismos. Tenéis aquí toda la información.



" El cambio no es un capricho, es una forma de respirar." Qué frase tan bonita Paulo.
Totalmente de acuerdo, el cambio es vida.
Gracias. Feliz semana.
¡Bonita y necesaria reflexión, Paulo!
Reivindico la capacidad y ganas de cambio. Evolucionar es inherente a la vida, sin adaptación no hay supervivencia, y los humanos somos seres gregarios, lo que lejos de ser una debilidad es nuestra fortaleza, nos necesitamos, sí, y apoyamos unos a otros. Nuestra capacidad de absorber conocimiento, experiencia y legarla nos ha traído hasta aquí y nos seguirá llevando en volandas por mucho que haya voces reacias a admitir que aun cambiando de registro hay voz propia. El hecho de vivir es cambiar. Yo aspiro a ser una mejor versión de mí misma cada día. En el cambio hay equivocación, rectificación, adaptación, por tanto, aprendizaje y aprender es cambiar. Te caes, te levantas, analizas, aprendes y sigues adelante... todo ello lo haces, incluso, por instinto o de forma intuitiva, ya no te digo lo que puedes lograr si de forma consciente anhelas mejorar y te pones a ello...