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Protección animal

Una piscina para Xenxo

Xenxo, un ejemplar de gaviota patiamarilla macho rescatado en Sanxenxo, se recupera en el Santuario Vacaloura, en Arzúa (A Coruña), tras sufrir una grave lesión por un disparo. Desde el santuario piden la donación de una piscina pequeña para que el ave pueda bañarse, refrescarse y mejorar su calidad de vida durante su lenta recuperación.

Xenxo, rescatado en Sanxenxo con un disparo, se recupera en el Santuario Animal Vacaloura de Arzúa.

Vacaloura S.

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Pontevedra

Lo que para muchos es una simple gaviota, para el Santuario Animal Vacaloura (Arzúa, A Coruña) es una vida que hay que proteger. Esta es la historia de Xenxo, un ejemplar macho de gaviota patiamarilla (especie en peligro de extinción por un declive imparable en los últimos años) que llegó a estas instalaciones después de ser rescatado en Sanxenxo con una grave lesión provocada por un disparo. El proyectil le había atravesado el pecho, afectado a las costillas y se había quedado alojado junto a la columna. La herida le dañó parte de la musculatura y le impedía volar. Además, presentaba síntomas neurológicos compatibles con una intoxicación por metales pesados, probablemente causada por restos de plomo del propio balín.

Xenxo fue operado, recibió tratamiento y permaneció ingresado antes de quedar bajo el cuidado definitivo del santuario. «Evoluciona bien, pero no sabemos si vamos a poder liberarlo de nuevo o no», explica a FARO Inés Trillo, cuidadora y responsable de Vacaloura. Al principio, Xenxo no movía bien la cabeza, tenía dificultades para levantarse y mantenía las alas caídas, tanto por la lesión como por la debilidad provocada por la intoxicación.

El principal reto ahora es comprobar si recupera fuerza suficiente para volver a volar. Según Trillo, aún no está claro si la falta de vuelo se debe a posibles secuelas neurológicas o a que todavía no ha recuperado toda la musculatura afectada por el disparo. Por el momento, no se observa intención de que empiece a volar, por lo que su liberación no parece próxima.

Mientras avanza su recuperación, el santuario ha lanzado un llamamiento para conseguir una piscina pequeña que le permita bañarse. Vacaloura cuenta con un estanque para patos y ocas, pero Xenxo no puede utilizarlo porque «las ocas son animales territoriales y podrían hacerle daño». Por eso permanece en un espacio separado, adaptado para él.

La gaviota Senxo fue alcanzada por un disparo.

La gaviota Senxo fue alcanzada por un disparo. / Vacaloura S.

La piscina permitiría mejorar su bienestar, especialmente con la llegada del calor. Para una gaviota, el baño forma parte de su comportamiento natural y contribuye al mantenimiento del plumaje. «Para él la piscina es muy importante, sobre todo ahora en verano», señala Trillo.

Si finalmente Xenxo no puede volver al medio natural, permanecerá en Vacaloura como animal residente. La responsable del santuario recuerda que ya han cuidado a otras gaviotas con lesiones irreversibles, como un ejemplar con un ala amputada que vivió varios años en el refugio. «Se acaban adaptando bastante bien a la vida en cautividad porque son muy listas», explica. En ocasiones incluso otras gaviotas silvestres se acercan volando hasta las instalaciones.

La prioridad del santuario, en todo caso, es devolver a los animales a la naturaleza siempre que sea posible. En el caso de Xenxo, la capacidad de vuelo será determinante, ya que una gaviota que no puede volar «quedaría expuesta a depredadores y no podría desenvolverse con normalidad».

13 años de actividad

El caso de Xenxo forma parte del trabajo diario del Santuario Vacaloura, que este mes cumple 13 años de actividad. La entidad acoge actualmente entre 200 y 250 animales rescatados. Aproximadamente la mitad son peces procedentes del campus de la Universidade de Santiago de Compostela, «retirados de estanques en malas condiciones», explica Inés Trillo. Además, conviven en estas instalaciones toros, una vaca, caballos, burros, cerdos, patos, ocas, ratas, gallinas, conejos, palomas y otros animales.

En el santuario viven Inés Trillo y su hija Mae, de cuatro años, y cuentan con una red de más de 40 personas voluntarias, además de voluntariado residente en épocas de mayor trabajo. La entidad acaba de trasladarse a un terreno nuevo y definitivo en Arzúa en propiedad, aunque todavía no está abierto a visitas porque continúan las obras de acondicionamiento.

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