Nunca los perdoné: mis reflexiones sobre Adolescence y el bullying
Escribo una reseña incómoda sobre conectar con una parte del protagonista de la nueva serie de Netflix y rememoro mi historia personal con los niños crueles de mi colegio.
Acerca de mí y mi sitio: Una cierta sabiduría es mi espacio personal de verborragia. Soy guionista, directora de cine, y estoy explorando otras formas de escribir. Es por eso que acá mezclo ensayo, chisme, teoría e introspección a lo diario íntimo. Si te gusta cómo escribo, ¡suscribite! Y seguime por mis otras redes: Instagram, Tik Tok, donde verás más contenido sobre mí y mis talleres de escritura en Villa Crespo, CABA, Argentina. También realizo mentorías y supervisiones de textos individuales, consultame.
Acepto tu cafecito para financiar mi producción de textos: aquí.
*
Dos notas:
Si odian los spoilers, esta serie tiene poco. Hay un párrafo en particular donde quizás spoileo de más, pero lo marqué para que no me acusen de spoileadora serial.
Se escribió mucho sobre esta serie y algunas reflexiones me hicieron repensar el ensayo incorporando también esas otras perspectivas aclarando: UPDATE. Cabe aclarar que esta es una escritura desde una sensibilidad personal y mucho más como espectadora que guionista pues sobre lo segundo trabajo siempre y tan solo quiero volver a ser una chica que ve películas y series, siente cosas.
Durante la primaria, viví bullying extremo (nunca arrancar un post tranqui eh, nunca un “Hoy les voy a contar 10 formas de crecer en Substack”…no, el tema de hoy es el bullying extremo). No era la única persona que sufría bullying en ese lugar, pero definitivamente era el chivo expiatorio central de mi grado. El pico más alto ocurrió entre mis once y los trece, edad del protagonista de Adolescence o “Adolescencia”, la nueva serie que tiene a todos hablando. Esta producción de Netflix tiene de todo: crime story con niños como protagonistas, un plano secuencia por capítulo e incels. Además de todo eso, toca el tema del bullying, y ahí me quiero detener yo porque tengo algunas cosas para decir.
Volvamos a la primaria (no literal, por Dios, no). En ese período de mi vida, el cronograma del año se dividía en dos momentos. La mayoría de la cursada, mi misión era intentar ser aceptada por mis compañeros, cosa que nunca sucedía. Esto derivaba en una siguiente misión, que era intentar sobrevivir con la menor cantidad de hostigamiento posible diario. El siguiente momento importante era fin de año en el colegio, cuando me preparaba para conseguir algún personaje en el acto de comedia musical. Es decir, el momento en que me exponía realmente al mundo y a la mirada de mis compañeros sucedía una única vez, y consistía en estar en un escenario haciéndome pasar por otra persona ficcional, alejada de mi realidad.
En mi aula, eran un chico y una chica los que lideraban la maldad e instigaban todo el bullying. El chico, seudónimo Julián C.R., infundía miedo, amenazaba y pegaba. Describiría a la chica, seudónimo Victoria R., como la psicópata estratégica que gestionaba el odio colectivo; la parte más perversa del día a día. Un dato paradójico sobre mi relación con Victoria R., era que ella cantaba y actuaba también entonces a fin de año la elegían para los mejores roles. AAAAhh. ¿Hay algo más shakesperiano que luchar por un lugar en un escenario contra tu archienemiga? Dramas eran los de antes. Todo era muy Shakespeare si me pongo a pensar, porque atravesar esa escuela primaria fue verdaderamente un tema de ser o no ser.
A falta de un psicopedagogx mínimamente competente que interviniese, se había construido una estructura de poder liderada por esos dos niños crueles y acompañada por secuaces que conformaban casi la totalidad del curso. ¿“Efecto en masa”? Puede ser. Bastante lo disfrutaban. Solo puedo imaginar lo tranquilo que debía ser llegar al colegio preocupándose por darse el primer beso o jugar a la pelota sin estar pensando cada día: “¿hoy qué me harán? ¿hoy cómo me defiendo?”
Adolescence, de Jack Thorne y Stephen Graham (bastantes spoilers a continuación, aunque repito, no es una serie muy spoileable) es una miniserie brutal sobre un adolescente que comete un asesinato/femicidio. Uno de los personajes centrales es el policía, quien busca un motivo para reportar por qué Jamie cometería un acto tal. A medida que el relato avanza, el policía descubre que a Jamie le hacían bullying en el colegio por incel. O instalaban la narrativa de que era incel, al menos. El punto que me interesa no es si cae completamente en esa categoría o no. Me interesa cómo, más allá de la verdad, más allá de si Jamie es o no lo que dijeron que era, el grupo de bullys construye una cierta narrativa sobre quién es. Sus acciones terminan por confirmarlo, porque Jamie sí resiente a las mujeres, o lo suficiente para matarlas. Desquita su ira en la chica bully del grado que, coincidentemente, es una mujer que no lo desea. Mi interpretación es que, con ese asesinato, Jamie logra inconscientemente confirmar esa narrativa incel que parecía impuesta, pero que evidentemente era cierta
UPDATE: me comí por completo todo lo que sabemos del bullying que su propia bully recibe, con todo el asuntito de las nudes. Es verdad que al solo tener el relato masculino es difícil ver una perspectiva completa. Algunos textos señalan la posibilidad de que Jaimie incluso nunca haya sido víctima de nadie, sino que ese sea un relato para justificar la forma en que se defendía de él Katie. De cualquier modo, el bullying sigue siendo un tema y considero que este ensayo siga aplicando aunque estemos hablando de él o de ella.
(Fin del párrafo spoiler).
El actor que interpreta a Jamie, Owen Cooper, da una actuación impecable, yendo de momentos en los que intimida y asusta, a otros en donde se muestra vulnerable y niño. Sobre lo segundo, me interpeló muchísimo, y me sentí incómoda a qué nivel empatizaba con su historia.
UPDATE: la serie juega con quién es el bullyado, sin terminar de confirmar o aclarar. Mi hipótesis personal es que hay un sistema de sometidos y sometedores en ese colegio, pero fuera de eso es importante tener en cuenta que solo tenemos el POV de Jaimie y según la experiencia personal de cada uno, arribará a hipótesis diferentes. Nótese que hay un update en la zona spoiler de más arriba muy importante para esto. A mí me resulta interesante que el único punto de vista sea el de Jaimie y por lo tanto así se estructura la mirada, pero es verdad que excluir el POV de Katie invisibiliza a la real víctima del asunto, y que nunca aclaran realmente qué pasó.
Me costaría creer que quienes fueron víctimas de bullying como yo, no se sientan identificados con esta parte de su historia. Y quienes no vivieron algo así, ¿nos juzgarían por empatizar con un psicópata?
Quien vivió bullying, sabe perfectamente los voltajes de ira que podés llegar a tener cuando un aula de niños hostiles está en contra de tu felicidad, y te hacen el día a día imposible. Cuando uno es neurótico y no psicópata, eso no llega a mayores porque, en lugar de asesinar gente, sublimás en otras cosas como escribir, crear y sobre todo huir de espacios que te hacen mal. Si no es que eso se sublima en un millón de ideas negativas más hacia adentro tuyo.
Una de mis actuales íntimas amigas era otra bullyada del colegio, con la particularidad de que ella podía responder mejor a los ataques, entonces le iba un poco mejor a nivel social, pero recuerda perfectamente lo que vivimos. Hace poco, las dos estuvimos en una cena donde una persona comentó que se había cruzado a un ex-compañero del secundario al que solía hacerle bullying. Dijo que aprovechó el encuentro para ofrecerle sinceras disculpas, las cuales no fueron aceptadas. Esta ex bully estaba indignada. “¡Qué resentida una persona que no te acepta las disculpas tantos años después!”. Con mi amiga saltamos al unísono con la misma respuesta: que estaba perfecto que no la perdone, porque lo mínimo que podía hacer ella era vivir con algo de culpa. “Vivir”, en el caso de Adolescence, siendo la palabra clave, por supuesto, porque no estoy llamando a matar a ningún bully (pero tampoco hay una obligación para perdonarlos, claro está).
Si son como la chica de esa cena y realmente no entienden… bueno, haré para ustedes un ejercicio que consiste en darles ejemplos y pedirles que se imaginen a ustedes mismos ahí, viviendo estas cosas. Voy. Entre las cosas que me pasaban en la primaria, estuvieron algunos clásicos de la preadolescencia, como cuando un chico vino a confesarme su amor y luego resultó ser una prenda de un juego. Clásico, cliché, nunca falla. Otras cosas fueron más maliciosas, como robarme una medicación que debía tomar. También recuerdo que Victoria R. me hacía bullying cantándome la canción “Manuelita” al oído por la tortuga, porque decía que mi cerebro era lento. Fuera de esto, las típicas: aislamiento, exclusión, alienación. También recuerdo que Julián C. R. reclutó a dos de sus amigos varones para pegarme, ya cuando estábamos en el último grado del primario, unos 12 o 13 años tenían y yo era particularmente pequeña de cuerpo. Imagínense ser mujer, y tener a tres m*erdas que ya tienen fuerza para lastimarte, golpeándote. ¿Les enoja? AAAAA yo ya me enojé de nuevo, de solo recordarlo, así que pasemos a otra cosa. Y ustedes dirán: bueno, en la secundaria seguro te fue mejor. Sí, porque me fui a otro colegio, pero Victoria R. SE FUE AL MISMO Y SIGUIÓ HABLANDO MAL DE MÍ POR AÑOSSSSSSS. Me indigno de nuevo, solo por recordarlo. Por suerte, para ese momento, no pudo posicionarse como líder ni compartíamos la misma división. Amén.
Se preguntarán, entonces: “¿se disculparon estas personas, Malena? ¿Acaso te escribieron o se apersonaron?” La respuesta no les sorprenderá. La única vez que recibí una disculpa fue cuando me crucé con una del séquito de Victoria R. y solo sucedió tras recordarle lo que me habían hecho. Porque eso tiene el bullying también: se lo acuerdan los que lo sufren siempre y, los que lo ejecutan, solo a veces. Y quienes se acuerdan, como esa chica de la cena que les conté, probablemente piensan que pasó hace demasiado como para darle importancia.
Hace falta aclarar que no solo los niños eran crueles, sino también las instituciones, porque el bullying ocurría en plena aula y no hubo una sola vez que la escuela fuera a fijarse qué pasaba. Eso también está en Adolescence: los docentes irresponsables, el descontrol institucional, el profesor que llega tarde a dar la clase de HIS-tory (pun intended) que tanto le gusta a Jamie. Esta negligencia genera un daño en dos sentidos: en que los chicos hagan lo que quieran, y en que uno se defienda de maneras erróneas.
UPDATE: cuando digo esto, me refiero a todo el sistema de personas sometidas que parecen habitar este colegio. No solamente Jamie, y en particular pensar que es el bullying lo que lo lleva a matar a una mujer es errado, pero la serie nos lleva por su POV y no el de otros, y es solo desde ahí que aparecen todos los temas de la película, además de utilizar el POV de la familia o del policía.
Porque yo no era incel, pero sí creo que todas esas veces de decirme rara, resultaron en que me vuelva un poco más rara de lo que podría haber sido. El bullying funciona como un motor narrativo e impone un argumento central, una narrativa que, ficcional o no, te define por el tiempo que los hechos duren, e incluso posteriormente. Te volvés eso que dicen que sos. Ellos se vuelven tu espejo. Sos todas esas etiquetas, sos todos esos ataques, confirmás el discurso dominante de tu grado.
UPDATE: Aclaro, en base a cosas que estuve debatiendo al respecto desde que escribí esto: por las dudas, por si no quedó claro, NO ESTOY DICIENDO que Jamie haya hecho lo que hizo POR el bullying o justificándolo. O sea, que es culpa de esa chica o de esos chicos que termine con una personalidad así. Obviamente hay un conjunto de motivaciones (no soy experta, pero, imagino, consumos problemáticos en las redes sociales, pornografía, factores ambientales, misoginia, o estar rodeado de otros machos con una personalidad parecida que generen un efecto en masa), pero por favor no especulen con “ella se lo merecía” o algo así. De hecho, justamente, en el caso de Adolescence, la narrativa que hacían sobre él coincidió con quién era en el fondo. Esto es sobre sentirse identificado con CIERTA PARTE (la de pasarla mal con ser bullyado, quizás el personaje del hijo del policía es un buen contrapunto para eso) mientras recordamos que NO SOMOS ESO y que eso NO ESTÁ BIEN. Hay un artículo que critica la forma en que está tratado este motivo en Adolescence. Dejo un link para que complemente este ensayo.
Hay una película excelente que se llama Vaquero (2011) de Juan Minujín. El slogan siempre me pareció fascinante: “en su cabeza, todos mueren”. Así es ser bullyado. En tu cabeza, todos mueren, pero en la vida real, hay fantasías que no se pueden realizar. En el fondo, no querés matar a nadie tampoco. Solo querés que todo ese entorno tóxico y malicioso no exista más. Al mismo tiempo, un bullying frecuente te va arruinando por dentro, destruyendo por completo tu autoestima. Es decir, el bullying te cohersiona mentalmente, redirigiendo todo el daño hacia tu propia identidad. Piensen la cantidad de horas que uno pasaba en la escuela. Yo iba doble turno, era como un trabajo full time. Era como asistir a un culto de gente cuya fe se sostiene en odiarte y no solo eso, sino amar odiarte. Jamie, a pesar de su frialdad, está desesperado por la aprobación del entorno que le dejó bien en claro una afirmación: es considerado feo, poco querible y, como dijo su bully, “nadie está tan desesperado como para acercarse a él”.
De todos modos, quiero aclarar que hoy en día estoy bien con el tema (señora, quién le cree si está escribiendo esto). Me conformo con no ser psicópata, no odiar a los varones ni a las mujeres, y no querer matar a nadie. Escribir esto también me gustó. Siempre me gusta escribir sobre este tema.
Momento de autoayuda: si alguien lee esto y está medio trabado en esos traumas y me permite aconsejarle, le recomiendo apuntar hacia cierta reescritura mental. ¿A qué me refiero con esto? No quiero caer en el lugar de artista sufrida que canaliza su dolor en arte, pero… la verdad que muchas de estas cosas traumáticas se vuelven, con el tiempo, catalizadores creativos. Porque frente a una narración que se impuso sin nuestro consentimiento, hay que resignificar, reelaborar o buscarle la vuelta. Generar un texto, real o mental, que transforme todo eso no tan lindo, en algo un poco más lindo. De ahí que haya tanto arte terapéutico sobre estos temas. La verdad, yo no soy muy fan del arte terapéutico, pero sí me gusta como puente hacia otras creaciones donde podamos poner cierta distancia. Escribir a media rienda, como diría Hebe Uhart.
No siempre es posible hacerlo. Lo que pasa es que, desde mi punto de vista, la otra opción es seguir contemplando el pasado como un plano secuencia sin cortes, viendo ese personaje que nos inventaron, ocupando una historia que está pésimamente contada por otras personas que no saben escribir(nos).
Hay gente que dice que hay que perdonar. Yo, personalmente, nunca los perdoné a estos s*retes, pero no los maté tampoco. Preferí hacer arte, ir a terapia, subir a escenarios y escribir ensayos.
Acepto tu cafecito para financiar mi producción de textos: aquí.
Si te gustó este ensayo, seguramente te guste también:
Romanticé a una amiga y aprendí algo, pero no sé qué
Acerca de mí y mi sitio: Una cierta sabiduría es mi espacio personal de verborragia. Soy guionista, directora de cine, y estoy explorando otras formas de escribir. Es por eso que acá mezclo ensayo, chisme e introspección a lo diario íntimo. Si te gusta cómo escribo, ¡suscribite! Y seguime por mis otras redes:





Dolorosamente identificada con cada palabra. Como cualquier persona bulleada llegue a odiarlos a todos y a la vida y en mi cabeza también morían todos. A veces solo moría yo, pero ya sabes cómo funcionan estas cosas.
Sigo teniendo muy malos recuerdos de esa época y al igual que a ti me invade la rabia. Y al igual que tú, yo tampoco he perdonado ni perdonaría a esa gente aunque me lo pidiesen de rodillas (cosa que dudo muchísimo que pase). Sin embargo a día de hoy no puedo decir que odie a las personas que me hicieron bullyng, es más bien y sentimiento de... ¿Insignificancia? Como si solo fuesen una sombra. Citando a Taylor Swift "I forgot that you existed", supongo que es lo más acertado y da cierta calma.
Buenas! siempre pienso que los que hacen bullying son personas mas sufridas que las bullyneadas. Y con esto no los justifico para nada ni digo que debas perdonarlos. Pero quizas siento que a esa edad no son malos porque si. Seguramente venían con algo de la casa, de sus padres, de como los educaron. Obviamente a vos te cagaron la primaria y es horrible que tu recuerdo sea ese. Y punto. Tenes todo el derecho de estar enojada.
Pienso tambien en ese caso que comentaste que una persona pidió perdon pero que despues se enojó porque las disculpas no fueron aceptadas. Claramente no había un arrepentimiento ahi. Pero el haber reconocido que hizo bullying ya es algo, la semilla esta ahi. Y como vos decis, va a vivir siempre con eso. Ojala al menos le sirva para que si alguna vez decide tener hijos, los eduque mejor.