Calendario sagrado: Roma (VII)
... o sobre las Carmentalia.
Las Carmentalia o carmentales son una de las festividades más antiguas del calendario religioso romano. Lo sabemos por el sufijo “–lia”, frecuente en fiestas arcaicas vinculadas a divinidades muy antiguas y a ciclos naturales propios de un estadio temprano de la religión romana.
Se celebraban en honor de la diosa Carmenta durante dos días, el 11 y el 15 de enero, duplicación frecuente en el calendario romano. Sorprende, eso sí, el intervalo de tres días, que se justifica porque el 13 de enero se consagra a Júpiter (Idus Ianuariae), lo que encaja con la lógica ritual del mes de enero como tiempo de transiciones.
Carmenta aparece como una diosa femenina con una doble función claramente delimitada por las fuentes escritas, que ahora vemos.
Carmenta: diosa de los partos y profecías
Los autores antiguos insisten en que Carmenta favorece el parto y el embarazo, lo que la relaciona directamente con las fases de la Luna, pues estos ciclos biológicos se relacionan con ella. Sabbatucci, de hecho, propuso que estas festividades tendrían correspondencia con la lunación llena de enero y de ahí que se destaque la antevorta (luna creciente) y la postvorta (luna menguante) antes y después de ella. Esta interpretación es sugerente, aunque no unánimemente aceptada por la crítica moderna y debe entenderse como una hipótesis de lectura, no como un dato seguro.
Ahora bien, junto a esta posible lectura astral, las fuentes antiguas desarrollan una explicación más concreta y funcional de estas invocaciones, vinculada directamente al momento del parto. En efecto, Carmenta aparece desdoblada en dos figuras —a veces entendidas como divinidades autónomas, otras como simples nombres cultuales— que protegen los distintos modos del alumbramiento. Por un lado nos encontramos con Prorsa, la diosa que protege a la embarazada cuando la posición del feto es normal. Por otro, con Postverta, que protege al feto cuando viene en posición invertida o dificultosa.
Tal interpretación está claramente formulada por AULO GELIO, quien explica que ciertos nacimientos considerados antinaturales —cuando el niño se presentaba con los pies por delante— entrañaban un peligro especial para la madre, y que para conjurarlo se erigieron en Roma altares a las dos Carmentas, encargadas de enderezar o aliviar el proceso del parto según el caso. La función de estas diosas se sitúa, por tanto, en un plano muy concreto de protección biológica y ritual, ligado a la experiencia femenina del nacimiento y al control simbólico del riesgo:
«Aquellos en cuyo nacimiento aparecían primero los pies, en lugar de la cabeza —lo que se considera la forma de parto más difícil y peligrosa— son llamados Agrippae, nombre formado a partir de aegritudo (“dificultad”) y pedes (“pies”).
Pero Varrón dice que la posición de los niños en el seno materno es con la cabeza hacia abajo y los pies levantados, no conforme a la naturaleza del hombre, sino a la de un árbol. Pues compara las ramas del árbol con los pies y las piernas, y el tronco y el fuste con la cabeza.
Por ello —dice—, cuando por azar se vuelven sobre los pies en una posición antinatural, como sus brazos suelen estar extendidos, tienden a quedar retenidos, y entonces las mujeres dan a luz con mayor dificultad.
Para apartar este peligro se erigieron en Roma altares a las dos Carmentas, de las cuales una era llamada Postverta y la otra Prorsa, denominadas así por los partos naturales y antinaturales, y por el poder que ejercen sobre ellos.»
AULO GELIO, Noches Áticas XVI, 16 (traducción a partir de la inglesa de J. C. Rolfe, 1927).
Al mismo tiempo, estas mismas figuras participan de la dimensión profética propia de Carmenta. SERVIO dice que a ella se la consideraba profetisa antes de que se conocieran las Sibilas en Grecia —dato que apunta a un horizonte itálico previo a la helenización—. Desde Platón conocemos dos tipos de adivinación: extática —Sibilas y Pitias— e inductiva —a partir de la interpretación de los signa—. Carmenta recurre a la mántica extática inspirada, es decir, a aquella que se realiza por boca de los intérpretes. Es entonces que los vaticinios pasan a llamarse en latín cármina, quizá por su vinculación con el canto y con la palabra inspirada. AGUSTÍN DE HIPONA afirma que las Carmentas —relacionadas entonces con la raíz etimológica de carmen, -inis, “poema cancionado” u “oráculo”— eran las diosas que “cantaban” el destino de los recién nacidos, es decir, aquellas que anunciaban su fatum en el mismo momento del parto.
Esta doble competencia —dar la vida y anunciar el destino— explica que las epíclesis de la diosa se interpreten también en clave temporal: Pórrima como la que conoce lo que está por venir y Postverta como la que conoce lo ya acontecido en una lectura simbólica complementaria a la obstétrica. Tal lectura aparece con claridad en OVIDIO, quien presenta a Carmenta y a sus compañeras como profetisas capaces de abarcar pasado y futuro desde el umbral del nacimiento.
«[…] La ley no permite llevar pieles a su santuario para que esas pieles muertas no corrompan el fuego puro. Quienquiera que guste de ritos antiguos, que se ponga junto al oficiante: escuchará palabras que antes desconocía. Se realizan expiaciones a Pórrima y a Postverta, hermanas tuyas, diosa menalia, o compañeras de tu huida. Se piensa que la una había vaticinado lo que había ocurrido mucho tiempo atrás (porro), y la otra, lo que había de sobrevenir en el futuro (versurum post modo)».
OVIDIO, Fastos I, 633 ss. (Trad. Bartolomé Segura Ramos).
En esta misma línea simbólica se inscribe el testimonio de MACROBIO, quien vincula a Antevorta y Postverta con Jano, dios bifronte del tiempo y de los comienzos. Como él, estas divinidades femeninas miran en dos direcciones: hacia lo que ha sido y hacia lo que será. De este modo, el parto se convierte en un punto de cruce entre cuerpo y destino, entre naturaleza y tiempo, y Carmenta aparece como una diosa profundamente arcaica, situada en el umbral mismo donde la vida comienza. No es casual, pues, que en enero (Januarius), que es el mes del dios Jano, se sitúen los dos días en honor a Carmenta dentro del calendario romano.
«Luego el poder real se concentró sólo en Jano, quien, según se cree, mostraba un doble rostro, de suerte que veía las cosas que estaban delante de él y las que estaban a su espalda; lo cual, sin duda, hace referencia a la prudencia y sagacidad del rey, quien conoce el pasado y prevé el futuro; de la misma manera que los romanos honran a Antevorta y a Postvorta, compañeras, desde luego, muy apropiadas de la divinidad.»
MACROBIO, Saturnales I, 7, 20 (Trad. Fernando Navarro Antolín).
Sea como fuere, el hecho de ser una deidad ligada al parto hizo que se obligara a excluir —como sucederá en los ritos de otras divinidades— de su capilla o altar el uso del scortum (vestimenta de piel o cuero de animal), pues ello implicaba el sacrificio previo de una víctima. Tal muerte se consideraba incompatible con la mujer que trae a la vida a un niño. En definitiva, se trata de que ni la madre ni el bebé fuesen contagiados por cosa muerta. Este tabú refuerza la oposición simbólica entre vida y muerte que atraviesa todo su culto:
«En Terencio se dice: “Lo mío va de putas (scortatur), bebe, huele a perfume”. Scortari es llevarse a la cama con bastante frecuencia a una mujerzuela, quien recibió su denominación de la de la piel: en efecto, no sólo a ésta le daban los antiguos la denominación de scortum, sino que también ahora damos la de scortea a las cosas que han sido hechas de cuero y pieles. En algunos cultos y capillas tenemos prescrito «no se emplee nada de piel (scorteum)» por esto: para que nada muerto se halle presente».
VARRÓN, Lingua Latina VII, 84. (Trad. Luis Alfonso Hernández Miguel).
El sacerdocio de la diosa
En la República falta una interpretación oficial de los cultos de Carmenta. Existe, eso sí, un flamen Carmentalis, lo que marca un culto reconocido, aunque no central. Sin embargo, con el devenir de los siglos va siendo cada vez más relegada a una posición inferior: o bien se la heleniza o bien se la evemeriza.
Otras fuentes, otros datos
Justo antes del extracto que hemos ofrecido arriba, OVIDIO cuenta que fue la madre de Evandro1, el héroe arcadio, que abandonó su tierra para refugiarse en el Lacio y fundar la ciudad de Palanteo, sobre el Palatino. Además, menciona un monumento funerario que acogería su cuerpo. Este proceso de humanización o evemerización de la diosa será característico de su recepción tardía, especialmente en la literatura augústea.
Resulta significativo que el 11 de enero la diosa comparta fiesta con otra ninfa del agua, Juturna, lo que refuerza su progresiva integración en un panteón de divinidades menores o liminares. El término Iuturna se presta al menos a un par de explicaciones etimológicas relacionadas con el el desarrollo de su culto en Romo y relacionadas con Carmenta:
Por un lado, se ha propuesto que su nombre provenga de una raíz iup- o div-, cuyo significado es “divinidad, día, cielo” (de aquí nombres como Júpiter o Diana), más un sufijo –turna, que expresa relación o pertenencia temporal (diurno, nocturno, vespertino, Saturno…) aunque esta etimología no es la única.
Por otro, observamos una raíz que quizá no sea iup-, sino iuv-, como en iuvare, “ayudar”. De esta manera, añadiéndole el significado del sufijo, tendríamos algo así como “quien ayuda en un momento temporal determinado”, tal y como lo haría un médico. Y es que uno de los templos de Juturna fue el Lacus Iuturnae, en el foro, muy próximo al templo de los Dióscuros, a su vez cercanos a ella por la leyenda, en cuya fuente abrevaron sus caballos por la victoria en el lago Regilo y, después, para anunciar la victoria en Macedonia sobre los griegos. Era una piscina de unos cinco metros cuadrados acompañada de una capilla, que fue excavada y estudiada a inicios del siglo XX. Allí se han encontrado estatuas de Cástor, Pólux o Asclepio. Asimismo, quizá tampoco sea casual que Juturna forme pareja divina con Jano, dando a luz al dios Fons (Fuente). En la Eneida ambos son una pareja que ayuda a Turno en un contexto ya plenamente épico y literario, lo que refuerza la teoría de que quizá la diosa estuviese relacionada con la medicina. Esta conexión etimológica, sin embargo, aun verosímil, tampoco es demostrable. Hay autores que hablan también de la fiesta vinculada con todos aquellos que trabajaban con el agua, como los constructores de acueductos.
Volviendo a Carmenta, vemos que el estado romano persiguió la adivinación que no se ajustara al mos maiorum, es decir, no contemplada en los libros de los augures, en los sibilinos o en los de la etrusca disciplina de los arúspices, todos en manos de hombres. Ello supuso la persecución del éxtasis, en manos de mujeres. Tal marco represivo explica en buena medida la transformación del culto de Carmenta, como testimonia el siguiente pasaje:
«¿Por qué se supone que las madres levantaron originariamente el templo de Carmenta y ahora le rinden culto de manera muy especial? Una leyenda cuenta que el senado prohibió a las mujeres usar carruajes tirados por un par de animales uncidos. En consecuencia, acordaron entre ellas no concebir, ni parir y apartarse de sus mandos hasta que éstos cambiaran de opinión y condescendieran ante ellas. Cuando tuvieron hijos, como madres de una noble y numerosa prole, fundaron el templo de Carmenta2.
Algunos dicen que Carmenta fue madre de Evandro, que vino a Italia y que su nombre era Temis o, según otros, Nicóstrata. Y, dado que cantaba oráculos en verso, fue llamada por los latinos Carmenta; pues llaman a los versos cármina.
Otros piensan que Carmenta era una Parca y por esto las madres le ofrecían sacrificios. El significado de su nombre es «carente de mente» a causa de sus arrebatos divinos.
De aquí que no dieran los cármina nombre a Carmenta, sino más bien que se los denominara así por ésta, ya que cuando estaba poseída por la divinidad cantaba los oráculos en verso y metro».
PLUTARCO, Cuestiones romanas 56. (Trad. Mercedes López Salvá).
OVIDIO menciona en el libro I de los Fastos la Lex Oppia del 215 a. C. —tercer año de la II Guerra Púnica—, que prohibió a las matronas la posesión de más de media onza de oro, llevar trajes coloridos y el uso del carpentum, un carruaje de dos ruedas con un toldo, reservado para un uso profano. Las matronas disfrutaban de tales privilegios desde comienzos del siglo IV a. C. Al promulgarse la ley, estas decidieron no tener hijos, como una conspiración contra el estado y los hombres, según la interpretación literaria de Ovidio, a partir de la ingesta de abortivos.
En el 195 a. C. se deroga la ley y se autoriza una segunda jornada dedicada a Carmenta. Las mujeres volvieron a parir y levantaron un templo cuyo nombre fue el de Porta Carmentalis. El relato presenta así a la diosa como mediadora entre el poder político y la fecundidad femenina.
La ley debemos interpretarla como suntuaria de control de lujos. La negativa de las matronas a dar a luz es posiblemente una racionalización mítica de un descenso de la natalidad propiciado por las guerras. El carpentum, además, forma parte del estatus de la matrona para trasladarse por comodidad y con seguridad, especialmente durante el embarazo, para proteger el feto. Se opone en cierta manera al pilentum, carruaje de cuatro ruedas, muy lento, y reservado para uso cultual (por ejemplo, para el traslado de las estatuas de los dioses a los ludi circenses).
Del templo de Porta Carmentalis situado entre el Capitolio y el Tíber no sabemos mucho. Posiblemente había una entrada en el muro serviano.
En cuanto al ritual, sabemos que el 11 de enero el protagonismo lo adquiría el flamen Carmentalis, que realizaba un sacrificio no sangriento en el santuario de la diosa. Allí pronunciaba, con la asistencia de los pontífices, fórmulas oscuras. El día 15 se depositaban obsequios en los altares de la diosa.
Como se ha sugerido más arriba, durante la República no pareció un culto popular el de Carmenta, frente a otros rituales, como el de Juno Lucina o el de Diana. Su ámbito parece haber sido más específico, femenino y controlado.
En Roma parece haber existido la tendencia a dar a luz en el mes de enero. De aquí quizá la inclusión de Carmenta en este mes. Tal costumbre se explica por correspondencia con los casamientos en el mes de abril. También puede relacionarse por el nacimiento del niño con el comienzo del año. Asimismo, hay relación estrecha entre Carmenta y Jano. Ambas son divinidades de paso: ella protege a la parturienta y Jano abre las puertas del nuevo año desde ámbitos simbólicos distintos pero complementarios.
Las Carmentalia revelan así un estrato muy antiguo de la religión romana, anterior a la sistematización estatal y al control masculino de lo sagrado. En Carmenta confluyen nacimiento y palabra inspirada, cuerpo y destino, biología y profecía. No es casual que su culto quedara progresivamente relegado: en ella se concentran ámbitos —el parto, la adivinación extática, el fatum— que el Estado romano terminó por vigilar, regular o silenciar.
Carmenta pertenece a un tiempo en el que la frontera entre lo humano y lo divino era porosa, y en el que la voz femenina tenía aún un lugar legítimo en la mediación con lo invisible. Su presencia en enero, mes de umbrales, la sitúa entre dos mundos: el del pasado que se cierra y el del futuro que comienza. Como Jano, pero desde el cuerpo y no desde la puerta; desde la vida que llega y no desde el orden que acaba imponiéndose.
La misma idea aparece en otros autores, como en VIRGILIO—Eneida VIII, 336 ss., donde Carmenta aparece como una ninfa, un ser intermedio entre la diosa y la mujer mortal, y madre de Evandro; por él los romanos habrían levantado en el Capitolio la Porta Carmentalis, a la que nos referiremos más abajo—, o en ESTRABÓN—Geografía V, 3, quien la asimila a Nicóstrata, madre de Evandro—.
Cf. LIVIO V, 25, 9; XXXIV 1 y 8.




Sinceramente, agradezco levantarme de la cama y poder empezar la jornada leyendo cositas como la que aquí nos ocupa. ¡Nos leemos!
Mandanga de la güena!!! Lo bifronte me ha resultado muy acausalmente significativo con mi último post 🤣🤣🤣🤣