Decisiones
Qué hacer con el newsletter. Spoiler: no hay respuesta
Algo tengo que hacer con el newsletter, pero no sé muy bien qué. Esta misma idea me acompaña desde hace unos cuantos meses, por no decir más de un año. En 2025 lo mantuve más o menos a flote pero la idea inicial seguía por ahí, algo tengo que hacer, me cuesta escribir, lo hago por compromiso, a veces me sale muy bien pero a veces sufro. Un poco la vida. Además, no quiero mantener nada a flote, es un concepto muy mezquino para esta cosa que me ha dado grandes satisfacciones, que me ha empujado a escribir cosas muy lindas, que quiero mucho, y que ha sido un espacio de compañía mutuo, para mi que escribo y para ustedes que lo reciben.
Hasta acá, un texto de mierda (no deja de ser real lo que puse).
Por lo pronto, eliminé los planes de suscripción que algunos seguían pagando mes tras mes, a pesar de que no recibían ningún texto. Me carcomía la culpa por no haberlo hecho antes (y por no escribir), pero al fin y al cabo, esto es el Diario de la Procrastinación y la procrastinación me acompañó incluso en este sentido, era una especie de estafador de sus lectores que no se decidía a dar de baja los planes de suscripción. Después lo hago. Así varios meses. Por supuesto, eran montos simbólicos, nadie aporta más que unos miles de pesos, no creo haber fundido a nadie (y si lo hice, pido perdón, manden alias y compenso), pero la cuestión me molestaba mucho y no la podía resolver. En un proceso tedioso y manual que no supe resolver de otro modo, creo que logré dar de baja a todos. Si alguno sigue activo me avisa respondiendo este mismo correo y lo soluciono.
¿Voy a dejar de escribir? ¿Ya no van a recibir más mis correos?
He aquí lo absurdo. En este 2026 tengo ganas de escribir tres diarios simultáneos. Así como suena de ridículo. Qué fácil es tener ideas y que difícil es concretarlas.
Un diario es de mi vuelta al running. Tengo un objetivo para este año, que en realidad empezó más a fines del año pasado, ya lo conté en Twitter. Volví a correr y quiero ver si puedo llegar a la media maratón en Buenos Aires. No sé bien cuando es, tipo septiembre u octubre supongo. Pero el plan es contar los días en los que voy entrenando.
2 de enero
Inicio el año de entrenamiento con un pantalón de River y una camiseta de la Sampdoria de Ariel Ortega. Necesito inspiración. El que sale a correr se aferra a pequeños detalles. Siempre es difícil salir, después te da satisfacción haberlo hecho. También sirve para la escritura. Odio escribir, amor haber escrito (la frase es de Dorothy Parker).
8 de enero
Corro con Luciano en Barra de Tijuca. Hacemos media hora con un calor insoportable, pero lo llevamos bien. El usa un pantalón de Gimnasia de La Plata, yo uno de River y chomba Nike Dri Fit, un producto de golfista. No sé si quiero registrar siempre la ropa que llevo puesta, aunque esta vez si quiero remarcar algo importante. Debutan mis nuevas zapatillas Nike. Los primeros 10 minutos de mi trote mi cabeza está puesta en la performance de las zapatillas, de posibles ampollas, de irregularidades en la plantilla o en la pisada. Pienso eso también para no pensar en que puedo morir del calor y salí a correr sin el DNI (aunque tengo un amigo al lado que podría identificarme).
De lo tremendo a lo gratificante: terminamos de correr y nos metemos al mar, que está tranquilo como pocas veces en la zona. Mi amigo se pone a charlar con otros platenses que se encontró, arranca la ronda de apodos y vínculos de los pueblos chicos, que puede convertirse en una charla infinita. Yo la sigo en silencio porque me transmite tranquilidad.
11 de enero.
Voy al gimnasio, corro en la cinta. Por ahí se pasea un personal trainer que no para de hablar a los gritos, como todos los brasileros. Se llama Ricardo Leal Pereira, según veo en su remera (tiene el loguito de Instagram). Tiene una panza infernal, dura, pero se nota que en algún momento hizo fierros. Del esternón para arriba un personal trainer, del esternón para abajo un bebedor insaciable de cerveza. Imagino su vida mientras corro. Así se avanza. Pensando en la vida de los otros.
15 de enero
Ultima corrida en Brasil, otra vez por la Costanera. Esta vez voy solo y pienso en el retiro en esta ciudad, en un departamento en Ipanema o Leblon. Cuanto falta para el retiro y cuanto falta para terminar de correr hoy, dos preguntas esenciales.
22 de enero
Cuando termine de escribir esto voy a salir a correr.
Ya volví: en Puerto Madero, un tipo con un telescopio ofrecía sus servicios con este cartel: “Mirá la luna a voluntad”.
El diario de correr es también el diario de un tipo de 45, es decir un tipo que está a 15 años de los 60. Es un diario de la hipocondría, de los médicos que quiero ir a visitar, de los estudios pendientes. Por ejemplo, vi en Instagram un video sobre las lesiones en los ligamentos cruzados y su relación con la poca flexibilidad en los tobillos. Algo de eso me esta pasando, desde antes de ver el reel (o al menos eso creo). También siento algo raro en la pisada de mi pie derecho, en especial los tres dedos más chiquitos, como si se me cerraran cada vez que piso.
Un diario de sensaciones.
Voy a hacer otro diario más tradicional relacionado con los libros que vaya leyendo y quizás también con las películas que vea. Este es un plan más ambicioso. En 2026 quiero ver una película por semana. Creo que es un objetivo fácil y difícil al mismo tiempo.
Sería un diario de lectura y de escritura, de reflexiones sobre el oficio. Es el más ambiguo y menos concreto de todos. Ultimo libro leído: Una historia de la Felicidad.
También, creo yo, un diario sobre la música. Por ejemplo, antes de empezar a escribir ya sabía con qué tema iba a cerrar este correo. Porque eso es lo que más me gusta y lo que más fácil me sale.
Hace poco mi hija se quejaba por algo, no me acuerdo bien qué. Decía “duele, duele, duele más” y yo le dije que le iba a poner una canción que habla de eso (estaba haciendo un capricho, no era un dolor “real”). Puse “Más Duele” de Andrés Calamaro y me puse a bailar como un tonto frente a ella, a tocar la guitarra aérea, a pegarle a la batería también aérea, pude ver en su cara la risa y también la vergüenza de tener un papá así tan pavo, pero siempre la idea es cambiar el foco de la atención, una estrategia que sirve para todos los órdenes de la vida, sobre todo para quienes somos cobardes.
Desde entonces quedé bastante pegado a Calamaro y a ese disco doble. Y hace poco un amigo me pasó una versión buenísima de aquel mismo tema. Un Calamaro inspiradísimo, después de sus dos discos más exitosos, a los 38 años.
El tercer diario tiene un título concreto: Diario de la Ortodoncia.
Es posible que este año que me ponga aparatos o alineadores o lo que sea para acomodarme un poco los dientes. Es un diario de la sensación interna, de la autoestima, de las relaciones humanas. La dentista que probablemente sea la elegida me cayó mal, pero creo que podemos recomponer la relación; será eso más que todo, un diario de los vínculos.
¿Y entonces? No sé más nada, no sé si voy a abrir tres archivos de Word por separado, si va a estar todo junto, si los voy a mandar de manera semanal acá, o más espaciado. No sé nada.
Por lo pronto, hay un cambio: podría mandar este correo que escribí un jueves el sábado pero decido mandarlo directamente el viernes, como para romper las estructuras. Es un diario anticipado, pero que no promete nada.
Pueden responder este mismo mail, los leo.
Dejamos acá.





Se esperarán esos diarios con el previo fervor de quien esperaba la Anteojito de chico o El Gráfico de grande.
Aquí leeré. Sea uno, tres, espaciado o no.