Cuando el multiformato entra en el aula de Oratoria
De la teoría a la práctica real con materiales creados con NotebookLM en secundaria
Mucho se ha debatido sobre las inteligencias múltiples y los estilos de aprendizaje; de hecho, hoy en día son conceptos que para muchos expertos parecen ya superados o incluso derogados en el ámbito académico más estricto. Sin embargo, más allá de la etiqueta teórica, la realidad del aula es evidente: cada alumno aprende a su forma y tiene sus propias preferencias. Personalmente, me reconozco como una persona muy visual; me resulta mucho más sencillo interpretar un gráfico que enfrentarme a un bloque denso de texto. Al final, cada uno aprende como puede o como sabe, y lo interesante de la época que nos ha tocado vivir es la facilidad pasmosa que tenemos para crear materiales en formatos radicalmente distintos para que cada estudiante encuentre su camino
Esta semana quise poner esto a prueba con mis alumnos de Oratoria de segundo de la ESO. Estamos ya en la tercera evaluación y, aunque para algunos es su primer año conmigo, la mayoría ya tiene integrados conceptos como la tesis, los argumentos, las refutaciones o las evidencias. Aprovechando que ya dominan la base, decidí diseñar una actividad de análisis, creación y memorización de un guion para una presentación oral poserior, utilizando un flujo de trabajo muy fluido. Primero utilicé Gemini para generar los textos base y luego, el paso clave fue subirlos como fuentes a un nuevo cuaderno de NotebookLM. Desde allí, el proceso fue sorprendentemente ágil: desactivando y activando fuentes, pedí presentaciones, audios y guiones adaptados a su edad, llegando a tener hasta diez materiales generándose de forma simultánea. (Entiendo que en la versión gratuita hay limitaciones temporales, pero aún así, este flujo es posible).
La dinámica en clase fue un pequeño experimento de autonomía. Dividí a los alumnos por grupos y cada integrante debía elegir un formato distinto para analizar un mismo tema: uno leía el texto, otro veía un vídeo (generado a partir del guion), otro escuchaba el audio y el último revisaba un PDF. Tenían que extraer la tesis y los argumentos principales para luego rotar y contrastar la información con un segundo formato. El objetivo final era que, tras pasar por todos los soportes, crearan una presentación de apenas cinco diapositivas donde la imagen mandara y su palabra fuera la verdadera protagonista durante la exposición oral.
Para que podáis echar un vistazo a lo que utilizamos y veáis cómo se estructuraron estos contenidos, os dejo por aquí el acceso a la carpeta con los materiales multiformato 🌐 (enlace aquí). Veréis que la sencillez del flujo de trabajo no resta calidad al resultado final y, sobre todo, permite que la preparación de una clase tan personalizada no nos robe días enteros de vida. Si disponemos de las herramientas adecuadas, crear itinerarios de aprendizaje diversos está realmente al alcance de nuestra mano.
Lo más revelador llegó al final, durante el ejercicio de metacognición. Les pedí que reflexionaran sobre qué formato les había ayudado más a memorizar su guion y a entender las ideas clave. Las conclusiones fueron claras:
Preferencia audiovisual: La gran mayoría se decantó por lo auditivo y, sobre todo, por el contenido en vídeo. Es el lenguaje en el que viven.
Apoyo visual: La presentación en PDF, al contener gráficos y elementos visuales, fue valorada como un paso intermedio muy útil para estructurar el pensamiento antes de hablar.
Resistencia al texto plano: Fue la opción menos popular, confirmando que su forma de consumir información ha cambiado radicalmente respecto a cómo aprendimos nosotros.
Sin embargo, no podemos dar la espalda al texto escrito. Es fundamental que sigan practicando la lectura profunda, porque aunque en sus vidas personales esté en desuso, en el ámbito académico y profesional sigue siendo el pilar maestro. Mi intención no es solo que consuman contenido, sino que descubran por sí mismos que hoy en día cualquier texto se puede pasar a vídeo o audio de forma muy sencilla.
Enseñarles esto es desarrollar sus competencias digitales, una etiqueta que quizás usamos nosotros porque aprendimos a ser digitales siendo analógicos. Pero la realidad es que, en una vida que ya es intrínsecamente digital, estas no son solo habilidades tecnológicas, sino competencias de la vida para la vida misma. Al darles la libertad de elegir cómo aprender y cómo transformar la información, les estamos preparando para un futuro donde la adaptabilidad será su mejor herramienta.


