De cumpleaños a ùltima hora.

Un regalo de cumpleaños para Miss Mar,aka @Reina de los Gatos que no tiene LJ pero que creo que tenìa intenciòn de hacerse uno xD. Una vez màs, fic de un RPG con nuestros personajes originales, Icaro y Morpheus, ambos manos derecha y agentes principales (quien dice agente dice asesino también) de dos grandes lìderes unidos para exterminar todo signo de raza no-humana que se hacen llamar los Salvadores. Por supuesto, eso no les evita tener en nòmina a nuestros chicos, licàntropo alquimista (por llamarlo de algùn modo) y humano-ya-no-tan-humano por culpa de la sangre vampìrica al que no se le da nada mal la telepatìa/manipulaciòn mental. Respectivamente. Y no me pidàis que lo repita que bastante me ha costado describirles. Qué bizarradas de personajes nos hacemos siempre xD

Lo posteo aquì porque igual a glitterology y a jheans les hace gracia leerlo. (Y puede que a cimitarra y malena_sama aunque las pobres se unieron poco antes de que el RPG cerrara, booh xD)

Para que tengàis algo màs de contexto, nuestros niños eran pareja allà por el s. XIX, se querian con locura !y eran humanos! Pero entonces todo se torciò, Icaro fue atacado y maldecido, y todo se reducìa a Morpheus. Todo, absolutamente todo, era culpa suya (que un poco sì, pero aquì el emo acabò un poco tocado del ala y tal) Se obsesionò a tal punto que prolongò su vida con el fin de encontrarle, hacerle sufrir, y matarle.

BUT.

This.

Feliz cumpleaños dear :3

(Està sin betear ni revisar, lo siento >____<)



La batalla ha sido dura. La mansión Gauna quedará reducida a cenizas si los bomberos no han llegado ya. Sabe que el joven Gauna, el Salvador de Europa, sigue vivo en alguna parte. O eso espera. Dejó de preocuparse de él en el momento en que sabía que había abandonado el país. Porque aunque la señora Aldana y el desquiciado señorito Hyde tuvieran sus métodos para matarle allá donde fuera, a él ya no le importaba. Si se quedaba en aquella guerra era porque tenía asuntos pendientes con el otro lado. Sólo con una persona del otro lado.

El silencio no llega a formarse cuando todo acaba. Todavía se oyen algunos gritos moribundos, leves explosiones tardías, los conductos de agua de las fuentes inundándolo todo. Sabía que acabaría así, los Salvadores enfrentándose entre ellos. Pero ya no le importa nada. Espera que los chicos estén bien. Alan, Agatha, la dulce y perdida Nileida. El sol empieza a colarse entre el destrozo. Amanece cuando se marcha, arrastrando los pies.

No se molesta en ocultar su rastro, no para él. Tampoco cree que le hubiera sido difícil seguirle, pero el perro no estaba con él. Se oculta en un hotelucho de las afueras, donde nunca hacen preguntas.

Cuando aparece, le encuentra como aquella vez en la que otrora fue su casa, lavándose las manos, los antebrazos. Limpiándose de sangre, tanto propia como ajena, en vez de manchas de belladona e índigo. Huele a hierro y pólvora en vez de a éter y formaldehido.

Parecen un reflejo deformado y casi grotesco de lo que una vez fueron.

- No pienso dejar que me toques así.

Lo dice con un tono nostálgico, puede que con un toque de amargura. También lo recuerda, exactamente las mismas palabras. El rubio sigue lavándose las manos sin decir ninguna. Alza la vista para observarle en el reflejo del espejo. Está apoyado en el marco de la puerta del baño, con una mano en el bolsillo y la ropa manchada de sangre, pero apenas se fija en eso. Sólo puede mirarle a los ojos.

Saben que han luchado en bandos opuestos, que la mayoría de sus heridas se las han inflingido mutamente, que han estado a punto de matarse en una guerra que no es suya, sólo por acabar con su propia batalla personal. Morfeo le ha llevado hasta el límite, y casi se han matado.

Casi.

En sus vidas, ese casi lo significa todo.

- No pensaba tocarte.

Desvía la mirada, concentrándose en el agua del grifo y le oye reir suavemente. Se salta unas cuantas líneas (“No hará falta que lo hagas”, “Repito; no pensaba hacerlo”), avanza hacia él.

-Te he echado de menos.

Lo dice contra su cuello, como aquella vez. Ahora Ícaro no sonríe, pero su cuerpo responde al contacto y se deja caer levemente contra él, de forma casi inconsciente. Morfeo siempre decía que sus cuerpos se amoldaban perfectamente, y no le faltaba parte de razón. Se lo demostraban continuamente.

Podía oler su sudor, su sangre y la de otros, incluso la de algún perro. Esperaba que no fuera la de Mefistófeles. No. Se lo habría dicho.

- ¿Qué tal en la universidad?

Su respuesta es una pregunta que rompe un silencio de respiraciones acompasándose adoloridas. Rompe otras muchas cosas. Marca un final y un principio. Porque por qué no seguir con aquella farsa, con aquel teatro del absurdo. Un teatro mágico no para cualquiera. Sólo para locos.

Oye el pequeño resoplido de incredulidad junto a su oído. Nota sus manos colándose bajo su camisa, recorriéndole el estómago, lleno de magulladuras. Le duele y le calma al mismo tiempo.

- Bien, he conseguido un par de informes bastante útiles. El viejo tardará por lo menos dos semanas en percatarse de su ausencia. Para entonces ya los habré copiado y recolocado.

Esta vez es él el que resopla, divertido. Palabra por palabra. Tal vez fuera buena memoria. O tal vez también se dedicó a repetir aquel día en su memoria durante casi un siglo.

- Eres una influencia horrible, Nicholas. No sé qué hago viviendo contigo.
- Habló el que roba productos químicos del laboratorio semana sí, semana también.
- Mis investigaciones buscan mejorar la calidad de vida del Hombre. Es por un bien mayor.
- Tus investigaciones son asquerosidades. El bien mayor sería que dejaras de hacerlas.
- Eso es lo que tú querrías. Y mis asquerosidades te han salvado la vida un par de veces.
- Eh, eso no vale, te has salido del guión.

En algún momento se ha girado, o le ha girado, no lo sabe bien. Se tienen frente a frente y apenas hay espacio para el aire entre los dos. Ícaro sonríe casi contra su boca, aunque sea cierto, Morfeo nunca reconocerá las maravillas de su alquimia. Y a una parte de él le encanta que eso siga siendo así. Cierra la distancia para lamerle los labios, saborea su sangre, diferente a la de un auténtico humano. Se pregunta si la suya propia sabrá igual, pero entonces le besa y deja de pensar.

Es tierno e intenso al mismo tiempo. Porque están destrozados y les duele todo el cuerpo, pero saben que eso no les va a parar. Morfeo responde un poco más hambriento, procura no morderle demasiado fuerte. Le sujeta por la cintura y le atrae contra sí. Se lamen las heridas y se quitan la ropa entre gruñidos de dolor.

- Aquella vez no me quitaste nada hasta que llegamos al sofá. –murmura Ícaro contra el cuello de Morfeo. Puede oler uno de sus compuestos en su piel. Sabía que le había afectado.
- Pero lo importante pasó en la cama. ¿Recuerdas el dosel?
- Eras un snob incluso cuando eso no existía.
- No me refería exactamente a eso.

Se sorprende al notar el rubor en sus mejillas. Afortunadamente la suciedad y la sangre lo ocultan, pero vuelve a odiarle un poco por seguir teniendo ese efecto en él, después de más de un siglo. La primera vez que se acostaron o, más concretamente, la segunda, Morfeo le sacó mucho partido al maldito dosel de la cama.

Se acomodan en la cama, más que dejarse caer. Ninguno va a reconocer estar cansado, y ninguno va a decir lo que de verdad están pensando. No todo.

Morfeo hace un gesto inconsciente hacia su collar cuando Icaro intenta quitárselo. Por puro acto reflejo, hace demasiado que lo lleva puesto.

- Quiero a Nicholas, no al Amo de los Perros.

Le observa desde arriba, memorizando una vez más su rostro. Un hilo de sangre se desliza por su frente, pero no parece darse cuenta. Baja la vista a su cuello, cuenta sus respiraciones.

- Entonces, quítate tú la pluma de Ícaro.
- Pero me la regalaste tú.
- Pero no quiero que se te vuelvan a quemar las alas. Sea por el sol o por mi. Quedémonos en la tierra, Dominic.

Ni siquiera es la primera vez que se acuestan desde que se han vuelto a encontrar. Pero todo es demasiado parecido a aquella primera vez, y demasiado diferente al mismo tiempo. Es otra primera vez. Porque ya no hay violencia, ya no hay odio de por medio. Ni rencor, ni incomprensión. Vuelven a ser ellos mismos, aun sin serlo del todo. Porque su complicidad ahora es distinta, más oscura, más sangrienta, más obsesiva. El producto del abismo en el que se hundieron y se perdieron, pero por el cual se han vuelto a conocer. Es otra primera vez, como la sucedida hacía más de un siglo, cuando se entregó por completo, sin importarle las consecuencias.

Y eso, vuelve a ser así.