“I AM HODLING”
Con esas tres palabras mal escritas, publicadas a las 10:03 AM de un 18 de diciembre de 2013, la historia de Bitcoin quedó marcada para siempre. No fue un manifiesto redactado por la mano derecha de Satoshi… sino que fue el desahogo visceral de un hombre que se hacía llamar GameKyuubi.
Solo en su casa, embriagado por el whisky y viendo cómo su inversión se hundía en el abismo mientras su novia se divertía en un bar de lesbianas.
Lo que pasó después de su error
La mayoría de los eslóganes financieros buscan proyectar éxito. Pero el diamante de HODL es precisamente su rareza: es un monumento a la derrota admitida. GameKyuubi no estaba presumiendo de su estrategia como haría un criptobró en Twitter. Nada más lejos de la realidad.
Estaba confesando que era un “pésimo trader”. Mientras el precio de Bitcoin caía en picado, él escribió: “Sé que soy un mal inversor... los que saben vender son genios, pero yo no soy uno de ellos”.
El ser humano ama a los miserables
Como explica la narrativa clásica, empatizamos con GameKyuubi porque es un personaje imperfecto y sufridor. En su publicación, se muestra vulnerable: reconoce que su novia está pasándoselo bien en un bar de lesbianas y que él está allí, bebiendo, sintiéndose impotente ante el mercado. Esa honestidad cruda reclutó al público como aliado instantáneo.
GameKyuubi no era una ballena, no era un trader que acertaba todo, era UNO DE NOSOTROS.
La filosofía del HODL
Lo que empezó como un lapsus al escribir borracho, pasó por un proceso interesante:
Minuto 1: Fue una burla en un foro.
Mes 1: Se convirtió en un meme divertido.
Año 1: Evolucionó en una estrategia técnica.
Hoy: Es una filosofía de convicción inquebrantable frente a la incertidumbre y estrategia de muchos.
El regalo de la paz mental
GameKyuubi nos dejó un regalo inesperado para estas fiestas: la libertad de no tener que ser perfectos. HODL es la validación de que, a veces, la mayor victoria no es ser el más listo, sino tener la resiliencia de no moverse cuando todo el mundo entra en pánico.
Los grandes movimientos no siempre nacen de planes maestros. A veces, nacen de la honestidad de admitir que no tenemos ni idea de lo que estamos haciendo, pero que no pensamos rendirnos.





Contenta tiene que estar la novia —si es que siguen juntos— de que no sea un “manos débiles” y esté aguantando el chaparrón. ¡HODL! ¡HODL!
Buenas historias, Iván 😅😅🥂🎄