En el mundo genial de las cosas que dices
he venido a desmentirte
Constitución de derechos no pedidos para sobrevivir a la hipermodernidad:
Artículo 1.
Queda prohibida la exigencia de felicidad como ideal vital. La sonrisa perpetua no será más síntoma de bienestar, sino de sumisión al relato dominante. En su lugar, se autoriza la paz eventual, el silencio amable e incluso la tristeza lúcida. No será penalizada la desgana ni la falta de entusiasmo.
Artículo 2.
Se reconoce el derecho al fracaso reiterado, al tropiezo reincidente y a la mala decisión repetida. No todo error exigirá corrección inmediata. La piedra con la que se tropiece podrá ser, también, punto de apoyo. No se sancionará la torpeza. Se valorará la coherencia de volver a equivocarse con convicción.
Artículo 3.
Queda permitido dudar de la capacidad de ordenarse por dentro. Se asume que las emociones a veces no pueden pulirse, solo sobrevivirse. En caso de recaer en la pretensión de insertar los sentimientos al Excel, se recomienda apoyarse en Sylvia Plath cuando dice: «quiero vivir y sentir todos los matices de la vida. Y no quiero tener miedo de sentir, ni siquiera el dolor, ni siquiera la desesperación».
Artículo 4.
Queda revocada la obligación de mejorarse a uno mismo. La identidad no será un emprendimiento ni el alma un start-up. Nadie estará obligado a transformarse en una mejor versión de sí. Se autorizará el estancamiento reflexivo, la evolución intermitente y el ser tal como se es: contradictorio, frágil e inconcluso.
Artículo 5.
Se reconoce el derecho a contradecirse sin previo aviso. A no llevarse bien con uno mismo. Cambiar de opinión no requerirá justificación ni disculpas. La coherencia absoluta será síntoma de rigidez, no de inteligencia. Pensar en contra de lo que uno piensa será considerado un ejercicio saludable. Las ideas no serán tatuajes. Serán barro.
Artículo 6.
Se desaconseja el consumo de frases hechas en estado de vulnerabilidad. Son adictivas, no alimentan. Contienen trazas de meritocracia espiritual. Si no se sabe qué hacer consigo, podrá uno llorar, leer a Delibes, fregar una taza, conversar con otro ser humano o caminar entre árboles sin mirar el móvil.
Artículo 7.
Queda permitido aburrirse. No hacer nada no será más una pérdida de tiempo: será recuperación. El ocio no requerirá disculpas. El vacío no exigirá contenido. Se autorizará mirar por la ventana sin propósito, escuchar una canción sin multitarea, dejar pasar la tarde o gastarla en besos. La energía no será más un deber. Ni la voluntad, un capital.
Artículo 8.
Se invalidará la idea de “dar vuelta la página” como solución universal. Habrá páginas que se queden abiertas. Existirán historias que no terminen porque no harán falta finales. No se exigirá limpieza emocional ni progreso narrativo. Vivir no será una novela de redención. Se podrá llorar lo mismo más de una vez. Se permitirá seguir pensando en lo que ya pasó. El cierre no será obligatorio.
Artículo 9.
No se exigirá claridad ni sentido. Pensar no siempre conducirá a conclusiones. El dolor no siempre traerá mensaje. Se aceptará la confusión como estado legítimo. Se podrá seguir sin entender. O parar sin motivo. No será necesario tener opinión sobre todo. Se asumirá la duda como estado natural y el silencio o el «no sé» como respuesta lícita.
Artículo 10.
Se autoriza el apego. A personas, a objetos, a lugares sin valor simbólico. No todo vínculo requerirá explicación. No todo lo que pese deberá soltarse. El afecto no se medirá en autonomía. Se podrá necesitar sin culpa. Quedarse también será una forma de seguir adelante.
Artículo 11.
Se permite la búsqueda de arraigo. Buscar casa. Hacer pie. Tener miedo de irse. Tener más miedo de no volver. No siempre habrá que soltar. No siempre se deberá huir. Se asumirá que hay afectos que sostienen, rutinas que protegen, territorios que salvan. El que se quede no será tachado de menos valiente. Se asumirá el hacerlo como forma individual de resistencia. Se autoriza, así, el desprecio por la neofilia. Podrá uno no rendirse al vértigo de la novedad ni fingir entusiasmo por lo último.
*Cláusula final: Todos estos artículos podrán ser revocados, ignorados o contradichos según la voluntad —o el estado de ánimo— del lector. También podrán aplicarse de forma parcial, intermitente o torpe. Se asume que cada uno tiene el poder de hacer siempre—en última instancia— lo que le dé la real gana.



Gracias por liberarme de la auto imposición y mi mejor versión que no es mía sino ajena
Gracias por recordar que somos humanos y no unas simples máquinas no-sintientes que deben seguir reglas