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De impuestos al poder y el futuro de nuestras sociedades
Qué difícil es hablar sobre impuestos (o cuidados o la emergencia climática o de nuevas formas de organización económica, pues) en un país como México, a pesar de que cada vez es más evidente que son la mejor herramienta que tenemos como sociedad para reducir las extremas desigualdades que atestiguamos todos los días. Las respuestas inmediatas de “se los roban” o “no sirven para nada” cuando intentas hablar sobre lo injusta que es su recaudación inhabilitan cualquier diálogo que permita mostrar su poder, en tiempos en que parece que no tenemos poder alguno.
Esto es especialmente cierto en un país que nació con la injusticia fiscal en su estructura. Desde antes de que México se llamara México, hemos sido testigos como sociedad de lo injusto que es cuánto han extraído y despojado y cuán poco han pagado desde entonces para el bienestar de las mayorías. Incluso después de la Revolución Mexicana, los intentos por intentar revertir esta situación fracasaron apenas unos cuantos años después. El plan de gobierno de la candidatura de Lázaro Cárdenas (ese que llegó al poder en medio de la tercera transformación) en 1933 ya daba cuenta de la injusticia fiscal que hoy se mantiene: el impuesto sobre la renta —que comenzó a cobrarse durante el gobierno de Álvaro Obregón apenas doce años antes— había:
“venido desvirtuándose hasta convertirse en un gravamen que tiene por fuente principal la renta del trabajo asalariado por ser los causantes relativos los únicos que no pueden evitarlo”.
(En este texto con Max Jaramillo lo explicamos mejor)
Es decir, ni los 11 años de revolución lograron corregir esa tendencia a que quienes son dueños del capital en nuestro país (que son muy pocos y tienen mucho: 47 de cada 100 pesos de riqueza está en manos del 1% más rico, es decir, apenas 1.3 millones de personas) paguen una mayor proporción de los impuestos con los que financiamos la vida en común. A pesar de la poca información con la que contamos sobre quién y cuánto paga o deja de pagar en impuestos, sabemos que esto se repite hasta nuestros días.
0.15%. 15 centavos de cada 100 pesos. Esa es la proporción de los impuestos federales que pagaron los individuos que declararon ingresos por encima de los 500 millones de pesos anuales en 2024, de acuerdo con el cuarto informe trimestral de la Secretaría de hacienda. Esto claramente omite a la economía ilegal y la informal, pero incluye a Carlos, Ricardo, Germán y demás milmillonarios que aparecen sistemáticamente en las listas de Forbes desde hace décadas (una lista muy aburrida, pues los apellidos y las posiciones se mantienen casi sin cambios, sólo cambian los nombres de pila).
Espero que este espacio sirva como una luz para entender mejor sobre estas injusticias en medio de las tinieblas, pues se relacionan profundamente con amenazas muy presentes en nuestros tiempos como el avance de la ultraderecha reaccionaria, la emergencia climática y la automatización. Esto no tiene por qué ser así, pero implica atrevernos a pensar en alternativas económicas, políticas y sociales, a decidir una forma distinta de vivir y convivir. Sí hay alternativa, pero hay que construirla juntas.



Gracias por esto, querido. Necesitamos ampliar las conversaciones de estos temas, y nadie mejor que tú para ponerlo en términos sencillos y entendibles.
¡Bienvenidísimo!