Adios Chalmers Johnson

November 25, 2010

For those who know that Empire exists as deliberate policy and believe that it is deadly for any kind of democracy, Chalmers Johnson was not just an inspiration but a primary source. Johnson was an establishment insider and an academic heretic whose studies led him to our side and set the example of an ethical position at the heart of power. His work on the Japanese developmental state debunked neoliberal free-trade ideology and then, more importantly, his Blowback trilogy, launched before September 11, revealed the consequences of the Pentagon’s black budgets and its swollen network of overseas bases. I refer directly to Johnson’s work in my article on Dongducheon and the system of American military bases in South Korea; but he has influenced eveything I’ve written for the last decade, he helped me grasp the architecture of the postwar world order and its evolution since 1989. Thanks, man. Here are some initial obituaries, the last one goes the furthest. I will look for some more in-depth hommages later on.

New York Times

Tome Englehardt in The Nation

Steve Clemons

David Harvey’s latest

November 20, 2010

from http://davidharvey.org

Periodically I get a. irritated; b. furious; and c. depressed – usually in that order – by the legions of people willing to talk, give lectures, write books, organize events, start splinter parties and even try to politically organize by means of a technique which consists in taking the most basic things Karl Marx ever said, getting rid of the context that gave them their dialectical meaning and then turning them into excessively blunt instruments that always come down to some variation on “socially necessary labor time, surplus value, falling rate of profit, the bourgeoisie exploiting the workers.” One of history’s greatest philosophers and the one who, by far, had the most to say about social relations in a world dominated by economics, is routinely transformed into the author of a kind of phrase-book whose elements can be blurted out more or less at random on any occasion. The world view that results is crude and schematic, dominated by the factory which only figures marginally in contemporary Euro-American life (and please don’t fuck with me on this statement, not only have I worked in factories but I have also made efforts to visit and study lots of factories on several continents) and apparently ruled even to this day by Englishmen in black top hats smoking cigars and counting pieces of gold at night in their stone houses on the hill. What’s sadly absent from such a stripped-down and nostalgic discourse is most of the world, science, advanced technology, finance, education, transport, communications, consumption, aesthetics, party politics, welfare, corporate interest-groups, lobbying, and advertising, not to mention organizational forms, psychology, religion, the study of human motivations, war, law, criminality, deviance, drugs, the neo-imperial state,  the infinite varieties of sex and sexuality, nature, cultivation, architecture, linguistic difference, ecological thinking, the role of ritual and art in shaping collective aspirations, the forms and constraints of individualization, etc etc etc – in short, all the aspects of human existence in society which Marx, at his best, was able to thread into each other and present as elements of a dynamic equilibrium subject to crises in which organized groups could possibly intervene, in order to wrest the measure of value away from its current masters and open up new spaces of existence in which far more subtle and generous forms of human creation and interaction might take place.

Fortunately Marx has also had, not just followers, rote apprentices and quasi-religious devotees, but also perceptive and reflective admirers who continuously extended his methods into the new realms that have opened up with the continuous unfolding of history, whether it’s Gramsci, Benjamin, Polanyi, Lefebvre, Fanon, Guattari or in this case David Harvey, here in fabulously fine form, giving you a one hour and ten minute insight into the lifetime he has spent extending Marx’s dialectical understanding into the contemporary patterns of humankind’s occupation and transformation of planet Earth. For a short review of David’s latest book, The Enigma of Capital, and an outline of certain attempts to go further with the same way of thinking, see my article “Fault Lines & Subduction Zones: The Slow-Motion Crisis of Global Capital,” here.

Cartografías de la emancipación

October 30, 2010

[Mi ponencia al simposio de la UNAM en Mexico]

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Estamos aquí, segun la invitación que yo recebí hace unos meses, para explorar juntos los lazos entre la economía política marxista y las prácticas estéticas de emancipación. El planteamiento supone un análisis y una propuesta; o por lo menos, un cuadro de cuestionamiento y unos procesos experimentales para ir más allá. A un nivel básico, se podría decir que el planteamiento del simposio supone esfuerzos de percepción y de expresión. ¿Cual es la sociedad en la que vivimos? ¿Cómo verla, cómo sentirla, cómo hablar de ella al interior de ella misma? Y sobre todo, ¿Cómo salir de un contexto económico y político que condiciona lo que decimos y incluso, lo que sentimos?

Estas son exactamente las preguntas que yo me pongo, en el marco de un proyecto que se llama Deriva Continental. Pidiendo prestado a uno de los procedimientos característicos del arte de vanguardias, este proyecto personal y colectivo quiere extrañar la realidad cotidiana, diciendo que lo que parece más estable en la sociedad, o sea, el mismo suelo de la existencia colectiva, está huyendo por debajo de nuestros pies. Desde una década, con acciones políticas, investigaciones, colaboraciones artísticas y seminarios autónomos, voy tratando de acotar los rasgos y las consecuencias de un cambio de escala en la economía política, que me parece la experiencia la más compartida entre todas las personas que he podido encontrar durante este periodo. Hace poco, unas conclusiones del proyecto se han reunido en un libro de ensayos, disponible gratuitamente en mi página web. Lo que quiero hacer ahora es describir el proyecto, indicar sus cuadros de cuestionamiento, y mostrar algunos procesos experimentales de investigación y de emancipación. Hoy, voy a hablar a la primera persona. Quedará claro que este proyecto es muy parcial, a veces idiosincrático, que no pretende a ninguna autoridad y que además, viene del Norte de la planeta, una geografía que limita lo que puede alcanzar. Dicho esto, estoy muy contento de estar aquí en México, es el inicio de una nueva temporada en la que voy a pasar mucho más tiempo en América Latina; y lejos de ofrecerles un programa cerrado o un producto acabado, lo que quiero hacer con esta introducción a la Deriva Continental es invitarles a más conversaciones y tal vez, si hay ganas de eso, a unas colaboraciones en el futuro.

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Juegos, corporaciones y lejanas constelaciones

October 27, 2010

Reflexiones ociosas sobre arte, conocimiento y educación

Palle-Harding_Model

Palle Harding, Model for a Qualitative Society

[texto de 2005…]

Le joli mai (1962) de Chris Marker es un ensayo cinematográfico que documenta la modernización de la sociedad francesa en pleno periodo represivo y tumultuoso de la guerra de independencia de Argelia. En mitad de ese personalísimo inventario del cambio social que es el film hay una entrevista preparada, con dos ingenieros que con gran clarividencia describen el futuro tecnológico que se despliega ante sus ojos. Como ellos explican, ya están inventadas las máquinas que harán innecesario el trabajo; trabajar pasará a ser cosa del pasado. Las jerarquías actuales abandonarán sus necesidades materiales y surgirá una civilización del tiempo libre, de ocio para todos. ¿Por qué, entonces, pregunta el entrevistador, actúan todos como si nada hubiera ocurrido? Desconcertado, uno de los ingenieros replica: “Puede que en el futuro el mundo se divida en dos bandos fatalmente opuestos: los iniciados y los no iniciados. Está claro que esto es un problema… No un problema técnico, sino un problema de conciencia. Ahora la tecnología permite que los seres humanos sean libres. ¿Por qué entonces no quieren ser libres? No sé la respuesta. A decir verdad, no tengo la menor idea.”

Las utopías de los años sesenta surgieron de este tema del ocio conquistado tecnológicamente que abre espacios al esparcimiento civilizatorio, como describió el autor holandés Johan Huizinga en su Homo ludens. Tal vez la imagen más extraordinaria de esos sueños es la proporcionada por las ciudades fluctuantes de la Nueva Babilonia elaboradas como modelos a escala por el arquitecto Constant: una proliferación infinita de construcciones experimentales que serpentean por la campiña europea, siempre inacabadas, ofreciéndose a ser ocupadas retozonamente por sus habitantes, quienes si lo desean pueden dejarlas sin más para perderse en la naturaleza circundante. Mientras, en el subsuelo, en galerías subterráneas que nadie se ha tomado la molestia de describir, toda la producción necesaria para subsistir es llevada a cabo por robots.1 Por esa misma época Guy Debord, amigo de Constant y lector de Huizinga, escribía sobre “la batalla del ocio que tiene lugar ante nuestros ojos” y apelaba a los artistas para “posicionarse a favor de lo que nos traiga el futuro reino de libertad y recreo”. Según explicaba él, “obteniendo mediante la presión colectiva un pequeño incremento del precio de su trabajo por encima del mínimo necesario para la producción de ese trabajo, el proletariado conseguirá no sólo ampliar su poder combativo, sino también la extensión del campo de batalla. Surgirán entonces nuevas formas de esta lucha al lado de los conflictos directamente económicos y políticos.”2 La técnica de la deriva (dérive), la ciencia de la psicogeografía, las formas del urbanismo unitario y la construcción de situaciones serían los instrumentos de esta ampliación de la lucha hacia nuevos terrenos de la cultura. Se trataba de superar la pasividad, de prender la mecha de un protagonismo nuevo dentro de los campos del solaz civilizatorio. Con todo, esos instrumentos albergaban también la posibilidad de una mala utilización, como demostraría una industria cultural regresiva y comercializada. El complemento crítico a la estética situacionista sería un análisis de la mercantilización de la conciencia en la sociedad del espectáculo.

Hoy en que la “batalla del ocio” suena a retórica risible y añeja, se ha hecho realidad en buena medida el sueño tecnológico de los dos ingenieros de Marker, al menos en los centros globales de acumulación. Lo que más llama la atención es el pequeño número de personas que quieren enterarse de ello. La economía postmoderna de la información pulsa ante nosotros, con sus palabras, sonidos, imágenes y ámbitos; un envoltorio semiótico construido de pura imaginación y, como tal, a disposición de todos. En los últimos cinco años diversas alteraciones del espacio político-cultural han revelado cómo los instrumentos de esa economía pueden ser reapropiados, transformados y desviados hacia otros usos. La experimentación con internet ha ido inseparablemente ligada a un rebrote de la democracia radical, esta vez a escala transnacional. Las protestas de calle, en constante aumento en cuanto a dimensiones y energía desde el cambio de siglo, han visto un reflorecimiento del arte de las situaciones construidas.3 Las propias instituciones estéticas —cuyas funciones normativas serán tratadas más abajo— parecen verse envueltas otra vez en un intenso debate acerca de la validez del arte y las vías de su expansión fuera de los cauces tradicionales. Pero cuando las exigencias conservadoras de nuevas formas de control de la ciudadanía ganan en legitimidad bajo la sombra del 11 de septiembre, surge una pregunta ante el millón de mentes insurrectas de hoy: ¿volverá a caer un manto de represión sobre la incipiente sociedad mundial a medida que el instrumental postmoderno sea progresivamente aventajado por mecanismos de vigilancia y entorpecido por leyes de propiedad intelectual, mientras los comportamientos disidentes son aplacados y normalizados dentro de marcos corporativos? ¿O será un activismo resurgente capaz de aprender de sus pasados errores y poner en marcha técnicas nuevas y más efectivas para la transmisión libre y abierta de saberes contraculturales? ¿Cómo ensanchar el círculo de iniciados? ¿Cómo incrementar las posibilidades de participación activa? ¿Cómo —y dónde— ampliar los campos de batalla?

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Manifiesto afectivista

October 12, 2010
Manifestación, Foro Social de los Estados Unidos, 2010
(foto: Claire Pentecost)

En el siglo XX, el arte se juzgó de acuerdo con el estado existente del medio. Lo que importaba era el tipo de ruptura que hacía, los elementos formales e inesperados que aportaba, la manera en que desplazaba las convenciones del género o la tradición. La recompensa al final del proceso de evaluación era un sentido distinto de lo que el arte podía ser, un nuevo ámbito de posibilidades para lo estético. Hoy todo eso ha cambiado definitivamente.

El trasfondo frente al cual el arte se sitúa ahora es un estado particular de la sociedad. Lo que una instalación, un performance, un concepto o una imagen mediada pueden hacer con sus rescursos formales y semióticos es marcar un cambio posible o real respecto de las leyes, las costumbres, las medidas, las nociones de civilidad, los dispositivos técnicos o organizacionales que definen cómo debemos de comportarnos y cómo debemos relacionarnos unos a otros en determinado tiempo y lugar. Lo que hoy en día buscamos en el arte es una manera diferente de vivir, una oportunidad fresca de coexistencia. ¿Cómo es que esa oportunidad viene a darse? La expresión libera afecto, y el afecto es lo que mueve. La presencia, la gestualización y el habla transforman la cualidad del contacto entre las personas, crean tanto quiebres como junturas, y las técnicas expresivas del arte pueden multiplicar estos cambios inmediatos a lo largo de miles de caminos de la mente y los sentidos. Un evento artístico no requiere de un juez objetivo. Sabes que ha ocurrido cuando en su estela tú puedes traer algo más a la existencia. El activismo artístico es un afectivismo, abre y expande territorios. Estos territorios se ocupan con el compartir de una experiencia doble: una partición del yo privado en el que cada persona se halla encubierto, y del orden social que ha impuesto esa forma particular de privacidad o privación.

Cuando un territorio de posibilidad emerge, cambia el mapa social, tal como una avalancha, una inundación o un volcán lo hacen en la naturaleza. La manera más fácil en que la sociedad protege su forma existente es la simple negación, pretendiendo que el cambio nunca ha tenido lugar: y eso de hecho funciona en el paisaje de las mentalidades. Un territorio afectivo desaparece si no se le elabora, construye, modula, diferencia o prolonga con nuevos avances y conjunciones. No tiene caso defender esos territorios, incluso creer en ellos es tan sólo el comienzo más nimio. Lo que se necesita de manera urgente es que se les desarrolle con formas, ritmos, invenciones, discursos, prácticas, estilos, tecnologías, es decir, con códigos culturales. Un territorio emergente es apenas tan bueno como los códigos que lo sustentan. Cada movimiento social, cada desplazamiento en la geografía del corazón y cada revolución en el equilibrio de los sentidos necesita su estética, su gramática, su ciencia y su legalidad. Lo que significa que cada nuevo territorio necesita artistas, técnicos, intelectuales, universidades. Pero el problema es que los cuerpos expertos que ya existen son fortalezas que se defienden a sí mismas contra otras fortalezas.

El activismo tiene que confrontar obstáculos reales: guerras, pobreza, clase y opresión racial, fascismo rastrero, neoliberalismo tóxico. Sin embargo, lo que enfrentamos no son sólo soldados con armas sino sobre todo capital cognitivo: la sociedad del conocimiento, un orden atrozmente complejo. Lo impactante, desde el punto de vista afectivo, es el carácter de zombie de esa sociedad, su insistencia en el piloto automático, su gobernancia cibernética. Como los sistemas de control se llevan a cabo por disciplinas con accesos excesivamente regulados a otras disciplinas, el origen de cualquier lucha en los campos de conocimiento tiene que ser extradisciplinaria. Comienza fuera de la jerarquía de las disciplinas y se mueve a través de ellas transversalmente, adquiriendo estilo, contenido, aptitud y fuerza discursiva en el camino. La crítica extradisciplinaria es el proceso por el que las ideas afectivas –i.e. las artes conceptuales—se vuelven esenciales para el cambio social. Pero es vital mantener el vínculo entre la idea infinitamente comunicable y la performatividad incorporada y singular.

La sociedad mundial es el teatro del arte afectivista, el escenario en el que aparece y el circuito en el que se produce significado. Pero, ¿cómo podemos definir esta sociedad en términos existenciales? Primero, es claro que hoy en día existe una sociedad global: con comunicaciones globales, redes de transporte, sistemas educativos de referencia, tecnologías estandarizadas, instalaciones en franquicia para el consumo, finanzas globales, leyes comerciales y modas mediáticas. Ese estrato de experiencia es extenso, pero aun así es ciertamente delgado; sólo puede reclamar para sí parte del mundo de la vida. Para involucrarse con el arte afectivista, para criticarlo y recrearlo, no sólo tienes que saber dónde emergen nuevos territorios de sensibilidad –en qué localidad, en qué geografía histórica—sino también a qué escala. La existencia en la sociedad mundial se experimenta, o se vuelve estética, como una interacción de escalas calificándose unas a otras.

Suplementando lo global, hay una escala regional o continental basada en la agregación de poblaciones en bloques económicos. Se puede ver claramente en Europa, pero también en Norte y Sudamérica, en el Medio Oriente y en la red del sudeste asiático. No nos equivoquemos, ya hay efectos a esta escala, y movimientos sociales, y nuevas formas de utilizar tanto la gestualidad como el lenguaje, con mucho por venir en el futuro. Luego está la escala nacional, muy conocida, la escala con los conjuntos más enriquecidos de instituciones y los legados históricos más profundos, en los que los teatros de representación masiva están ya abrumadoramente establecidos y hundidos en inercias fantasmáticas. La escala nacional en el siglo XXI está en un estado febril de alerta roja continua, conectados en línea directa con el exceso e incluso a veces capaces de resonar con lo radicalmente nuevo. Luego de esto viene la escala territorial, hace mucho considerada la más humana: la escala de las movilidades cotidianas, la ciudad, el paisaje rural, que son las dimensiones arquetípicas de la sensibilidad. Este es el ámbito de la expresión popular, de las artes pláticas tradicionales, del espacio público y de la naturaleza como una presencia que se constituye con la humanidad: la escala en la que la subjetividad se expande por primera vez para encontrar lo desconocido.

Y así, al final alcanzamos la escala de la intimidad, de la piel, de las palpitaciones compartidas y los sentimientos, la escala que va de las familias y los amantes a las personas que se abrazan en la esquina o que charlan en un sauna o un café. Parecería que la intimidad, en nuestro tiempo, está cabizbaja, limitada con datos y vigilancia y seducción, aplastada con la influencia determinante de todas las demás escalas. Pero la intimidad es aún una fuerza impredecible, un espacio de gestación y por tanto una fuente del gesto, la noria en la que abreva el afecto. Sólo nosotros podemos atravesar todas las escalas, haciéndonos otros por el camino. De la cama del amante al abrazo salvaje de la muchedumbre al tacto ajeno de las redes, podría ser que la intimidad y sus expresiones artísticas sean lo que sorprenderán al siglo XXI.

 

 

Traducción de Javier Toscano revisada por el autor

Primero publicación en des-bordes, número 0

¡A la información!

October 10, 2010

(La historia invertida en el presente)

Osip Brik with logo of the journal Lef, photomontage by Aleksandr Rodchenko (1924)
 Makrolab on Campalto Island (2003)

English version of this text  here
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Dmitry Vilensky sostiene que los procesos experimentales del grupo Chto Delat? solo pueden avanzar «situándose permanentemente en el riesgo de una locura compartida». Precisamente en este sentido suscribo lo que sigue.

Al igual que les sucedió a los productivistas soviéticos, nos enfrentamos hoy a grandes cambios tanto en el sistema tecnológico como en las relaciones sociales que lo hacen funcionar. Desde 1989, la fuerza de trabajo capitalista se ha duplicado debido a la incorporación de los antiguos países comunistas al sistema de comercio internacional y a los cambios masivos que ha experimentado el campesinado, bien por el acercamiento de su producción a la economía de mercado, bien por su literal conversión en clase trabajadora metropolitana. Sea cual sea el nombre que les queramos dar —globalización, informacionalismo o acumulación flexible—, el caso es que estos procesos representan un cambio no menos dramático que los acaecidos con el advenimiento de la cadena de montaje en la producción industrial durante las primeras décadas del siglo xx. De este modo resumí la situación hace varios años: «Dispersión geográfica y coordinación global de la manufactura, producción justo a tiempo y distribución por contenedor, aceleración generalizada de los ciclos de consumo y fuga del capital sobreacumulado hacia la esfera financiera que opera a la velocidad de la luz, cuyos movimientos se reflejan y estimulan entretanto por la evolución igualmente rápida de los medios de comunicación globales: estas son algunas de las principales características del régimen de acumulación flexible tal como se ha desarrollado desde finales de los setenta.»[1] El nuevo régimen productivo abre inmensas posibilidades para aquellos artistas que quieran intervenir en él; y muchos, en efecto, lo han hecho. Cualquier mirada retrospectiva a los productivistas desde nuestra posición actual será incompleta si no trazamos al mismo tiempo paralelismos precisos con las actividades de los artistas en los agitados periodos de transformación que se han desarrollado en la memoria viva, y que siguen desarrollándose.

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Country Europa

October 7, 2010

Centro Penitenciario, Murcia, España

English version of this text here

En noviembre de 2009, el colectivo de artistas/curadores Chamber of Public Secrets (CPS) nos hizo llegar a Buenos Aires una invitación para participar en la Bienal Europea de Arte Contemporáneo Manifesta 8, que habría de tener lugar a finales de 2010 en la Región de Murcia. El encargo consistía específicamente en realizar una intervención artística en un arquetípico espacio segregado y protegido: una prisión.

Marcelo Expósito y Verónica Iglesia respondimos con la propuesta de un proyecto más general que enfocaría diversas tipologías contemporáneas de segregación espacial, división fronteriza y control del tránsito de personas, basadas en la articulación simultánea de diversas lógicas securitarias. Nuestra intervención en la prisión de Murcia —que adoptaría la forma de un taller fotográfico en el que, efectivamente, participaría un grupo mixto de internos e internas— no sería sino una pieza en el conjunto de un engranaje mayor; la cual, si bien gozaría de una autonomía como trabajo colectivo singular, habría de mostrarse no obstante yuxtapuesta a otros componentes de un proyecto más general.

A la hora de pensar cómo tratar el asunto de la extensión y la articulación actual de las lógicas securitarias, y su proyección en nuevas formas de división espacial y sistemas de fronteras, nuestro proyecto no quería recaer en el análisis distanciado y objetivador de un punto de vista externo que emite una crítica desde una posición inmaculada. ¿Acaso sería posible tratar —nos preguntábamos— la manera en que la segregación geográfica contemporánea materializa nuevas formas de fragmentación social y da lugar a nuevos modos de control sobre la movilidad de las poblaciones, sin poner en primer plano o sin someter a escrutinio nuestra propia experiencia como sujetos también conformados y atravesados por tales dinámicas?

Cables y alambres

Tejedores de redes en la sociedad de control

Ensayo para el proyecto "Country Europa"

Unos amigos me invitaron hace poco a una barbacoa al aire libre en su nueva casa, un antiguo taller de reparación de máquinas elevadoras sito en un distrito industrial y residencial del centro de Baltimore. Acabábamos de terminar un seminario sobre las finanzas electrónicas y la crisis a cámara lenta del capital global. Los últimos rayos del sol destellaban en las alambradas, nubes plateadas de un ciclón incrustado en las vallas erigidas por los comerciantes para proteger su bienes. Algo más tarde, cuando la bebida circulaba ya tan fluida como la conversación, unos helicópteros de la policía acudieron con sus reflectores a rastrillar el gheto circundante. Es la rutina de Baltimore, me dijeron. Y nuestra conversación volvía a centrarse una y otra vez en el nuevo hogar de mis amigos y en qué sucedería con este lugar, en si acaso el futuro de los activistas comunitarios podría ser diferente de jugar el papel de “pioneros urbanos”, o si quizá no puede ser otro el destino de los reconstructores blancos de barrios negros despedazados. Los distritos gentrificados del centro de la ciudad se sitúan poco más allá de donde estábamos, al otro lado de los puentes de la autopista.

Los enclaves lujosos rodeados de vallas de seguridad y con entradas protegidas por guardias son un rasgo omnipresente de los escenarios urbanos y suburbanos contemporáneos. Pero en lo que quiero centrarme ahora no es en ese paisaje material de privilegio, sino en los paisajes mentales donde las brillantes alambradas se mezclan intermitentemente con la luz pulsátil de las redes de comunicación. En la década de 2000, la gran historia de amor del nomadismo digital desembocó en la ambivalente consciencia del nuevo tipo de precariedad a la que se enfrentan hoy los sujetos productivos, las multitudes postmodernas cuyos deseos se suponía que habrían de tramarse libremente con la maraña planetaria de cables de fibra óptica. El colapso de la propiedad inmobiliaria ha desencadenado una nueva ola de pioneros urbanos independientes, que sienten con toda intensidad cuáles son los límites económicos y existenciales instalados en este “espacio liso” de la globalización financiera. Las redes se han afilado como cuchillas en esta época. Las zonas de inclusión y exclusión que esas redes definen son tan ágiles, móviles e hiperindividualistas como los mundos del riesgo calculado que también configuran. En mi cabeza resuena la pregunta de si se pueden crear espacios comunes en ese paisaje de dominios privados y señales aisladas y entrecruzadas.

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Arte extradisciplinar y neoliberalismo

September 30, 2010

Curso Extraordinario

Posgrado de Historia del Arte de la UNAM y Programa académico del MUAC, Campus Expandido

 

Harun Farocki, Creadores de los munndos de compras (2001)

English version of this text here

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Justificación

¿Cómo se fabrica la sociedad contemporánea, y cómo intervenir en esta fabricación?

Desde 1989 – y, con mayor contundencia, desde la firma del Tratado de Libre Comercio en América del Norte – los países y las poblaciones se ven enfrentados a acelerados procesos de transformación económica, revolviendo las escalas de la vida cotidiana y haciendo vacilar hasta la tierra por debajo de nuestros pies. Tal es la época de la “deriva continental”: una nueva geopolítica que se exprime directamente en la subjetividad de sus agentes.

Para describirla, hablamos de libre comercio, de globalización, de neoliberalismo. Pero estos conceptos, por importantes que sean, quedan abstractos, áridos, vacíos de contenido material y afectivo. Hace falta la experiencia concreta de las máquinas, de los procesos científicos y los códigos informáticos que se aplican día a día. El vínculo entre teoría y práctica se pierde, y las corporaciones siguen trabajando, cambiando el mundo sin pedir el más mínimo aviso de sus habitantes.

Planteamiento

Este seminario se dedica al arte extra disciplinar, o sea, a las nuevas prácticas de investigación estética y tecno-política. Todo empieza cuando el artista sale de su propio campo, informándose acerca de una disciplina ajena y abriendo su caja de herramientas. La ambición del arte extra disciplinar es la llevar a cabo búsquedas rigurosas en terrenos tan alejados como son las finanzas, la biología, el espectro electromagnético o la psiquiatría, para impulsar el “libre juego de las facultades” y para efectuar una crítica lúcida y precisa. Se trata de experimentaciones deliberadas y delirantes, que se despliegan mediante formas plásticas, protocolos de representación y situaciones de intercambio. Sátira, alucinación y activismo van de la mano con la sofisticación técnica y el estudio cuidadoso.

Metodología

Después de una reunión introductoria sobre los conceptos básicos, el seminario consistirá en el análisis de obras y proyectos particularmente significativos. Avanzaremos a través de los campos claves de la experiencia contemporánea investigando y revisando casos y problemas relacionados con las nociones de infraestructura y urbanismo; comunicaciones y finanzas; biotecnología y ciencias cognitivas; identificación y seguridad.

Los participantes traerán ejemplos, cada uno desde su disciplina, su práctica y su pasión para discutir en seminario y poder conceptualizar y explorar en conjunto las posibilidades críticas y expansivas de estas prácticas extra disciplinares.

La teoría del arte extra disciplinar se construye en paralelo con una nueva aprehensión de los espacios vividos del mundo neoliberal. La última reunión revisa el cuadro geopolítico inicial a la luz de las investigaciones artísticas, para añadir una dimensión nueva: el tiempo del otro.

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BLAST OF THE POSSIBLE

September 24, 2010

Performance with Angela Melitopoulos

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Here is the video remix of the screen performance I did with Angela Melitopoulos at the Berlin Documentary Forum last spring. We trawled the audiovisual archives of American society since 1945, using 16mm film, BetaCam video, video art transferred to CD-Rom and a melange of Internet sources in the attempt to find a visual translation of the ideas developed in my research  project Four Pathways through Chaos. The piece is structured around a concept from Jonathan Beller (The Cinematic Mode of Production). It opens with an extraordinary radiophonic text by Antonin Artaud and closes with a video letter by an African immigrant in Paris. Kudos to the folks at the Video Data Bank in Chicago, who made it all possible. And immense thanks to Angela for a voyage through the living intensity of historical images.

Summer writings…

September 17, 2010
http://occupyeverything.com

I decided to work collaboratively this summer, rather than always posting to this personal blog. Check out the texts on the Occupy Everything site, organized by an expanding group of people involved with the California university movements and The Public School in LA. Here are my contributions:

Report Back: The US Social Forum Detroit 2010

Come on, cognitarians: One more effort if you want some equality

The Slow-Motion Crisis of Global Capital

Interview with Michael Wilson: Steps Toward a Cultural Strategy

Future of the Public School (on the course offerings website)

I also did a seminar with the fabulously together folks at Red Emma’s in Baltimore (tell me, what other American anarchist collective is running a bookstore, an event space and a free school?) :

Fault Lines & Subduction Zones:The Slow-Motion Crisis of Global Capital

That seminar is gonna be held again this November in Chicago at Mess Hall, with the experience and questions from Baltimore integrated into the new format. The idea is to assemble and then distribute a database of texts, images and videos relating the current economic and social crisis to the one of the 1960s-70s. I expect to do many more self-organized seminars as the bottom falls out of the public universities (and the bottom is us, by the way). More on that soon enough. In the meantime, occupy whatever you can….

This book could be yours:

July 16, 2010

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Actually it is already yours, right here, for free :

https://brianholmes.wordpress.com/2009/01/19/book-materials

But if you’d like to have a beautifully realized physical object, I am glad to say the printed copy is now available in the US (it has been so for a while in Europe). It’s a bit like a dream come true, thanks to Dejan Krsic’s brilliant design and the illustrations contributed by so many of the artists and activists with whom I have worked over the last six or seven years. You can order it in North America from Half Letter Press and in Europe from the Van Abbe Museum. Thanks to everyone who contributed!

http://tinyurl.com/half-letter

http://tinyurl.com/van-abbemuseum

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Systems dynamics lives on!

April 27, 2010
click for more detailed bullshit

…And the company assuring its zombie afterlives for the US Army appears to be based in London.

CARTOGRAPHY WITH YOUR FEET

April 12, 2010

Visioning the Midwest Radical Cultural Corridor on the Roads to Detroit

Workshop at

Beaneath the University, the Commons

Driven by the pressures of corporate competition, Midwestern capital elites envision a network of highspeed trains linking the scattered cities of flyover land into a dense urban grid. Oblivious to territories, histories and peoples you whisk your way from center to center like a roulette ball spinning through the global casino. What gets lost in the dreams of power are the connections between the city and the country, the earth and the sky, the past and the future.

What kinds of worlds are installed on the ground by the neoliberal planning processes developed in the technocratic universities? How to start building a cultural and intellectual commons that can seep into the fabric of everyday life?

The Midwest Radical Cultural Corridor is a call for longer, slower, deeper connections between the territories where we live. It’s a cartography of shared experience, built up by those who nourish lasting ties between critical groups, political projects, radical communities and experiments in alternative existence. Why not help build the commons by overflowing your usual daily routines? Why not make the journey to the US Social Forum into a chance to discover the worlds we can create right here in our own region?

This workshop draws from the inspiration of Grace Lee Boggs and the travels of the Compass Group on the “Continental Drift through the Midwest Radical Cultural Corridor.” The idea is to propose an act of collective discovery and creation, carried out this summer by anyone who’s heading to the Social Forum. Multiple caravans each chart their particular pathways and organize their own activist campaigns, artistic exchanges, skill-sharing sessions, solidarity dinners or whatever else they desire on the roads to Detroit, then converge at the Allied Media conference and the US Social Forum to share stories, images and artifacts from their detours through the Midwestern labyrinth. Meanwhile, those with different priorities can invent their own forms of travel and exchange, explore diverging temporalities, set up “stationary drifts” in the neighborhoods they inhabit and continue the projects they’re pursuing, while the moving worlds pass through them.

By taking the time for a conscious experience of the territories we are continually traversing we can build up what Stephen Shukaitis calls an “imaginal machine”: a many-headed hydra telling tales of solidarity and struggle, daily life and outlandish dreams in the places that power forgets, leaving their inhabitants free to remember living histories and work toward better tomorrows. The Compass Group will present images, narratives and documents from their Continental Drift in 2008, then open up the concept to input and debate. With the help of anyone who’s interested, we hope to lay the basis for a collaborative process of self-organization and convergence at the USSF in Detroit and to sow the seeds of future meetings and projects.

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March Fourth Around the World

March 4, 2010

This is the day – at UC Riverside where I am, throughout the California public education system and across the country. There will be solidarity actions around the world for this. Endebted students, underpaid workers, exploited grads, adjuncts tossed from contract to contract, professors who can’t bear to see the insanity of the system, and staff who know from the inside what’s being done to destroy it will join members of the surrounding communities to call for a halt to business as usual and find a new way of running the university. Today people are going out to demand more than just the rollback of tuition increases, furloughs, budget cuts in the departments and closures of schools and facilities. People are going out to demand a more just and egalitarian way of organizing this society, not for corporations and the super-rich, not for the banks and the military, but for us, all of us, black, brown, yellow, white, red and green if that’s the case, the people who institutions are supposed to serve, and who are presently being treated like numbers with no heart and no meaning. March forth around the world!

Shit’s gonna happen today – don’t be surprised when it does. There are a lot of angry people out there and we have not exactly been seeing kinder and gentler police. Don’t be afraid and don’t be apologetic! The crimes are happening at the top, the foreclosure crisis, the cuts in every kind of public service, the transformation of the university into a military R&D system, the tolerance for racism in schools that have given up affirmative action and minority programs, the outright lies about the budget crisis and the lack of transparency about where the money goes. If windows get broken, buildings get occupied and people get arrested, support them in their struggle by continuing with yours! Now is not the time for compromise, it’s the time to take what you know is true and bring that to the public. Use your ears and listen to what other people are saying. Don’t let the media and the administrators speak in your place. In the days and weeks that follow there will be lots of negotiations, lots of dead ends and lots of new beginnings for the movements. Nothing like this has been done in a generation. It’s time to take back our institutions and our lives from the bean-counters who pad their bank accounts while stripping everything out of yours. Beyond the cheers and the fears, after the fire and the tear gas, what’s ahead is the work of creating a better society. Today, the universities finally start doing the job they were built for. Walk out of the classes, off the jobs and try the real thing: public education in the streets!

Neoliberal Appetites

March 3, 2010

A governance recipe in five easy pieces

– talk delivered at UC Riverside –

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1. How Sweet It Is

I want to begin with a few juicy anecdotes. Having lived outside the US for twenty years, one of the things I was curious about when I came back was, what exactly am I gonna eat? The food system in Europe has not progressed to the degree of industrialization that’s common in the US. Things aren’t so uniformly processed, people sit down for lunch, cows still graze and they still let some chickens run around, though that situation is changing. But here, it’s really on another level. And if you know something about current conditions – if you look, for instance, at the meat-packing plants shown in a film like Food, Inc. – then you might start to wonder what’s in your mouth-watering burger. Which makes it a little harder to take that first bite.

When I moved to Chicago, I discovered something new. I call it rich people’s food. Practically everyone with a good job at the universities in Chicago shops at a kind of modernized health-food supermarket called Whole Foods, and what’s more, they call it Whole Paycheck. The taste is delicious but you only find the stores in certain neighborhoods. That’s natural when you consider that in the US now, the top 1% of the population takes about a quarter of the total national income. The top 10% takes half the national income. That doesn’t leave much for all the rest. And you don’t have to get far away from those high-income neighborhoods before the grocery stores look very different.

About a year ago, some of the usual customers started to get a little nervous. The boss of Whole Foods, John Mackey, wrote an article in the Wall Street Journal called “The Whole Foods Alternative to ObamaCare.” In it he quoted a British lady named Margaret Thatcher: “The problem with socialism,” she said, “is that eventually you run out of other people’s money.” This the logic of those who have just taken all your money in the financial crisis. Mackey explained that Whole Foods gives all its full-time employees fabulous benefits, and here he seemed to find the core of the solution to the health-care problem. As he states very clearly: “Health care is a service that we all need, but just like food and shelter it is best provided through voluntary and mutually beneficial market exchanges.” I am just wondering what he would say to the 6.3 million people now faced with long-term unemployment?

This brings me to the question of the day. How does our society get us to swallow the two-tiered food system? How does it get us to swallow a failed health-care system, privatized universities and guaranteed bankruptcy insurance for the biggest investment firms and corporations? How does it get us to tolerate such massive inequalities, across the board, in every domain of social existence?

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