
Tras la catarata de aumentos que enviaron las empresas de consumo masivo a las cadenas de supermercados tras el fin de “Precios Justos” -algunas la semana previa al cambio de gobierno y otras pos devaluación-, ahora la gran mayoría está expectante. Admiten que los precios actuales no se ajustaron al dólar de $800, y menos aún al importador de $940 (si se le suma el impuesto PAIS), pero afirman que antes de seguir remarcando quieren analizar cómo reacciona el consumo.
Nadie duda de que habrá una contracción del consumo y de la actividad productiva, pero es un análisis fino que debe hacer cada compañía en función de la participación de mercado que tenga cada una, y el riesgo a perder participación de mercado, y de cuál es la estrategia para cerrar los balances, por lo menos, en equilibrio.
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Más allá de los retrasos de precios que tenían en el canal moderno, el objetivo de las empresas es lograr equiparar la amplísima brecha que se generó entre canales, que en promedio superaba el 40% (según datos de la consultora Scentia), pero que llegaba al 100% en muchos ítems.
Lo que venía generando esta distorsión es que a los almacenes y autoservicios les convenía abastecerse en las grandes cadenas, donde las marcas tenían menos margen, y se afectaba ese canal, que vendía con precios más realistas. Ahora los aumentos llegaron con más fuerza a las cadenas y el objetivo es achicar esa brecha.
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Los supermercados aceptaron varias de las nuevas listas, pero a fuerza de duras negociaciones comerciales, por ejemplo, de los plazos de pago, que volverán a ser más largos.
Los proveedores cuestionan la resistencia de las cadenas y las acusan de querer seguir fomentando la brecha para seguir haciendo buenos negocios, y desde los supermercados se defienden y evalúan el impacto sobre las ventas de los aumentos recibidos. De todos modos, asumen que “habrá otra tanda más de incrementos durante este mes, aprovechando que en diciembre están las Fiestas y suele ser el mes de mejor consumo” y que “en enero, cuando todo se planche, volverán las promociones de las marcas”.
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¿Nueva canasta?
En este contexto, desde la Secretaría de Comercio se reunieron con las cámaras que nuclean a los supermercados, tanto con la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), que agrupa a las principales cadenas nacionales, como con la Cámara Argentina de Supermercados (CAS) y la Federación Argentina de Supermercados y Autoservicios (FASA), con el objetivo de transmitirles cuál es la filosofía de la nueva gestión y, además, que frente a la difícil situación económica, sugerirles la posibilidad de armar una pequeña canasta de productos a precios controlados por 90 días.
“Se terminan los controles, queremos dar vuelta la página de 17 años de controles de precios. Y habiendo terminado Precios Justos, pero en el difícil escenario actual, les planteamos a ver si ellos podían proponer algo. Apuntamos a tener acuerdos voluntarios, no que sea una imposición”, dijeron a este medio fuentes de la Secretaría.
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Desde ASU plantearon que no había margen, en el actual escenario, de armar una canasta económoica, por más pequeña que sea.
En tanto, representantes de CAS y FASA contaron que intentarán armar algo, pero asumieron las dificultades del momento.
“El Gobierno nos dice que no va a manejar más nada que tenga que ver con controles, pero quieren que haya algo para los consumidores, que nos hagamos cargo nosotros de armarlo. Lo intentaremos, pero con las subas que hay, no creemos que ningún proveedor quiera comprometerse con algo”, afirmaron fuentes de las cadenas regionales. Además, precisaron que se habló de 20 productos -los más básicos- por un lapso de 90 días, pero que podía ajustar si la inflación era muy elevada.
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En la misma línea, el gobierno intervino en un nuevo plan de cortes de carne más económicos que lanzarán los frigoríficos exportadores en al menos tres cadenas de supermercados nacionales la semana próxima (Carrefour, Cencosud y Changomás).

Tras el fin de los Precios Justos para la carne, los miembros del consorcio ABC ofrecieron cinco cortes para vender durante las próximas dos semanas a precios contenidos: asado (el kilo tendrá un valor de $4.900); matamdre ($5.900); vacío ($5.900); tapa de asado ($4.900) y falda ($2.900). A estos precios, en la Patagonia se le sumará un 6 por ciento.
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Estos valores no difieren demasiado de los precios que hoy se encuentran en las cadenas, pero “no es menor poder mantenerlos y además asegurar volumen a estos precios”, dijo a Infobae el directivo de un frigorífico exportador. La idea de estos acuerdos, por más mínimos que sean, apuntan a atenuar el impacto generado en los bolsillos de los fuertes aumentos de precios registrados antes y después de la devaluación.
Todavía no hay datos que confirmen una caída de las ventas, y probablemente no se note demasiado en diciembre. El peor impacto se espera para el verano. De hecho, hasta el 10 de diciembre, las ventas en las cadenas mostraban un aumento de 12,3% interanual, según Scentia.
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De todos modos, todavía resta conocer las cifras posteriores, que reflejarán lo sucedido a partir de los aumentos más fuertes en los últimos días. En las cadenas afirman que todavía no se percibe la baja. “Aún la gente consume porque cree que se puede anticipar a mayores subas de precios. Además, es un mes de mucha venta por las Fiestas”, dijeron en un supermercado.
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