¿Te cuesta ver que puedes cambiar algunas cosas que no te hacen feliz? Como psicóloga el éxito de mi trabajo acompañando personas es que sean capaces de ver que SI se puede. No importa de qué hablemos: dinámicas de vida, rasgos de tu personalidad, tu forma de relacionarte, de trabajar o de emprender, e incluso cómo enfrentas los conflictos. Seguro que muchas veces te descubres en tu diálogo interno convenciéndote de que no puedes cambiar.
Existe una idea muy extendida: que la gente no cambia. La escuchamos con tanta frecuencia que termina sonando a verdad absoluta. Arrastramos mensajes muy potentes que, aunque suenen inofensivos, pesan más de lo que creemos. Seguro que has escuchado alguna vez el refrán “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. ¿Qué te parece?
Desde la perspectiva científica, esto es una creencia, no sólo falsa sino muy limitante. Nos bloquea, nos hace aceptar situaciones que ya no funcionan y, poco a poco, nos empuja a una parálisis silenciosa. Cuando dejas de cuestionarte, dejas también de evolucionar.
El cambio no es solo posible: es imparable. Está ocurriendo constantemente, lo quieras o no. La vida cambia, el contexto cambia, las oportunidades cambian… y tú también cambias, incluso cuando intentas mantenerte igual. La diferencia radica en si eliges participar activamente en ese cambio o simplemente reaccionas cuando ya no queda otra alternativa.
La neurociencia ha demostrado con la neuroplasticidad que el cerebro humano tiene la capacidad inherente de reorganizarse y formar nuevas conexiones neuronales a lo largo de toda la vida, permitiéndonos aprender, adaptarnos y modificar nuestros comportamientos.
Los emprendedores jugamos con ventaja. Estamos más entrenados. Emprender implica detectar algo que podría ser mejor y no conformarse con el estado actual de las cosas. El cambio empieza justo ahí: en la incomodidad.
El mensaje es que podemos extrapolar esta competencia tan compleja a cualquier aspecto de nuestras vidas que nos esté generando conflicto. Hay que atreverse. Cambiar da vértigo. Supone salir de lo conocido, asumir incertidumbre y, muchas veces, equivocarse. En esto último los emprendedores somos expertos.
El cambio no empieza fuera, empieza dentro. En cómo te hablas, en lo que crees sobre ti, en las historias que te cuentas sobre lo que eres capaz de hacer o no. Si quieres mejorar tu proyecto, tu forma de trabajar o tus relaciones, primero necesitas permitirte cambiar tú. Desarrollar lo que en psicología se denomina flexibilidad psicológica —la capacidad de estar en contacto con el momento presente y adaptar nuestro comportamiento en función de nuestros valores, incluso en presencia de pensamientos o emociones difíciles— es clave para este proceso.
En un entorno que no deja de moverse, quedarse quieto no es una opción real. Es retroceder sin darte cuenta. Por eso, más que preguntarte si puedes cambiar, quizá la pregunta sea otra: ¿qué estás dispuesto a hacer para no quedarte donde ya sabes que no quieres estar?
Porque si algo puede mejorar, merece ser cambiado. Y no hay mejor momento para empezar que ahora. Como decía Maslow, “ lo que puedas llegar a ser, debes serlo”.
Psicóloga I Cofundadora y CEO de Supiha






