Podría contarte tantas cosas, eso es lo raro, que podría contarte cualquier cosa, podría inventar una historia y, sin embargo, elijo contar esta hoy y no contar otra.
Esta semana iba andando al gimnasio todavía de noche. Las mañanas nocturnas son terribles, así que debo poner mi cabeza a funcionar en otros menesteres para evitar deprimirme y eso provoca una ebullición algo especial: soy capaz de pensar sobre cualquier tema en esos dieciocho minutos exactos, no se me resiste un área, no hay recoveco sin cubrir.
Fue entonces cuando jugué a lanzar hipótesis sobre que podría haberme quedado, no haberme ido a estudiar fuera, podría no haber querido marchar ni haber querido, sobretodo, quedarme unos meses más, alargarlo. Podría no haber estudiado inglés, o mejor, podría no haber mentido sobre mi nivel de inglés para conseguir aquella entrevista. Podría no haber leído tanto El País Semanal, visto tanto Sexo en Nueva York. Podría haber buscado unas prácticas en mi ciudad. Podría haber tirado aquel diario ridículo y no haberlo querido ver más. Podría haberme cortado el flequillo recto, haberme sentado en otra fila de la clase. Podría no haber leído a Gloria Steinem, a Mariana Enríquez, a Peri Rossi. Podría no haber sido ambiciosa, podría no haberme subido a aquel avión con algo de miedo. Podría haberme pasado dos meses buscando un trabajo en una agencia a través de LinkedIn, podría estar buscando muebles para una casa preciosa que fuese mía, podría no haber pagado tantos alquileres desde el 2014.
Podría haber deseado otra cosa, de hecho, en muchas ocasiones desearía haber deseado distinto, más fácil. Pero deseé esto. Y esto mismo sólo es un recordatorio para cuando me pierdo, porque mira que me pierdo veces, y se me olvida por qué estoy haciendo esto tan difícil, por qué estoy recorriendo un camino empinado, con poca luz, agreste y profundo, por qué no voy por la autopista. Así que me escribo esto para cuando me pregunte por qué parece que estoy subiendo una montaña, por qué parezco senderista sin ser yo nada de eso.
Porque cuando la clarividencia no aparece y se me escapa entre las manos como el jabón duro que uno quiere agarrar en un impulso ilusorio de control, justo ahí, en esa vulnerabilidad del escapismo me acuerdo que estoy deseando esto y que todos esos deseos tan maleables, tan cambiantes, sólo cambiaron por ser leales a mí.
Porque podría haber deseado cualquier otra cosa, pero entonces no sería yo. Una yo que emerge a pesar de todos los condicionales que podrían ser y, sin embargo, no fueron.
Cosas bonitas de esta semana:
El fin de semana fue maravilloso y normal y pasé un montón de tiempo con gente que adoro. Ese sería mi resumen.
He estado los últimos días en Florencia viendo decenas, decenas, decenas de cuadros y comiendo pasta y paseando y bebiendo vino.
He tomado una decisión y decidir es siempre liberador.
Pasé la tarde del domingo empezando a crear una historia.



