Es complicado ponerse a escribir algo interesante sobre la situación de desbarajuste que vive hoy en día España, que no se haya dicho ya, por activa o por pasiva. Como aún no hay Gobierno, vamos a hacer un resumen o, como se dice en las mejores familias, un balance de los principales jugadores que definirán, más vale tarde que nunca, la composición del mismo. A saber:
Por una parte, tenemos a un partido, heredero del franquismo, en cuyo cesto hay tantas manzanas podridas que el propio mimbre está ya tumefacto. Hay quien pide su ilegalización, al equipararlos a una organización criminal; no seré yo quien les quite mano. Desde luego, motivos no faltan a los jueces para investigarlo como tal. Quizá, esto sí, un poquito de motivación. En general, la defensa que hacen del patriotismo y de la unidad de España suele ser directamente proporcional a lo desvalijada que dejan la caja pública (cuando la dejan, claro).

Éste es un país de orden
Por otra, está el clásico ejemplo de la perversión a que se enfrentan quienes traicionan sus ideologías por motivos crematísticos. Hombre blanco hablar con lengua de serpiente, ¿recuerdan? Esto, hablando de los de antes, claro. Los de ahora no tienen ni tan siquiera ideología. Algunos de ellos se autodefinen como “animales (políticos)” y se parecen bastante a los otrora sindicatos. Su especialidad es decir una cosa en campaña electoral y luego hacer otra distinta debido a «la presión de los mercados» o de «la Comisión Europea» etc…
Un tercer elemento está conformado por los reformistas, que siempre los hay en épocas convulsas, quienes pretenden beneficiarse de la situación penosa que viven los dos primeros, para recoger su testigo como custodios del establishment. Vista la partida, tenían buenas cartas (algunas marcadas, claro está), pero su impaciencia y exceso de confianza les hicieron enseñarlas demasiado pronto.
Y luego está el cuarto que, a la vez que representa también el clásico ejemplo de la tiranía de las urnas en un sistema democrático (si tus ideas no venden lo que te gustaría, “modúlalas”), parece ser la última esperanza del socialismo (o de lo que queda de él). Sin embargo, como novato quizá peca de exceso de inocencia en algunos aspectos: ¿un órgano decisorio completamente “horizontal”? ¿Unas negociaciones de investidura “con luz y taquígrafos”? Ya veremos.
Mientras tanto, la Unión Europea está en plenas negociaciones para aprobar el tratado sobre el comercio de servicios con países que no respetan las directrices de la OIT, a la vez que los refugiados se mueren en sus fronteras de hambre, de frío o ahogados. Pero de la UE hablamos otro rato.

Pero, de momento, a mí me convencen. Plantean puntos básicos, desde mi punto de vista, que cualquier formación que respete mínimamente a la ciudadanía debería presentar. Auditar la deuda y modificar la ley de la vivienda, por ejemplo. Y yo, al menos, voy a darles una oportunidad. Europa necesita un cambio de rumbo que devuelva la soberanía a los pueblos y a los ciudadanos.



















